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martes, 30 de octubre de 2007

ESPEJOS


Cuando la señora P. se miró en el espejo se dio cuenta, sorprendida, que el rostro que le devolvía la mirada no era el suyo propio, sino el de su madre.

Comentado el asunto con su esposo, este no manifestó ninguna extrañeza por ello.

MITRA Y EL TORO


En 1952 ingresó en el Museo Arqueológico de Córdoba una escultura acerca de la cual la Memoria de ese año nos dice lo siguiente:

Un grupo escultórico que representa el sacrificio del toro solar por el dios Mitras. El dios, vestido con indumento persa y gorro frigio, domina al toro, arrodillado, sujetándole por el hocico con la mano izquierda, mientras con la derecha hunde su cuchillo en el cuello del animal.

La arrogante figura del dios ha perdido mucho con la rotura del manto que ondearía a sus espaldas agitado por el aire. La cara es alargada y juvenil y encuadrada por larga cabellera, al uso persa.

La figura del toro, algo desproporcionada en relación con la de Mitras, pues es algo menor; pero el conjunto del grupo, en triángulo equilátero es armonioso en vista frontal, aunque excesivamente estrecha de perfil.

El asunto repite servilmente modelos coetáneos superiores en técnica, si nos referimos a los ejemplares conocidos de los Museos del Louvre y del British Museum. Mide 90 cm. de altura y 1,10 m. de ancho.

Fue hallado en el lugar llamado la Fuente de las Piedras, del término municipal de Cabra, a 5 km. de la población y en las primeras estribaciones de la sierra.

lunes, 29 de octubre de 2007

SANTUARIO MITRAICO


El pasado sábado un grupo de amigos nos desplazamos a Puente Genil para visitar las excavaciones que se vienen realizando en la villa romana de Fuente Álamo.

Se trata de un yacimiento arqueológico en el que se tienen identificados bellos mosaicos, de los que algún día hablaremos, pero como novedad de especial interés dejamos en estas notas constancia de que en estos meses pasados el equipo que viene realizando las excavaciones, dirigido por Luis Alberto López Palomo, ha identificado la planta y buena parte del alzado de lo que según los expertos consultados sería un santuario del culto a Mitra, divinidad de origen persa que se difundió de manera importante en el imperio romano.

Es posible que cuando los cristianos se hicieron con las riendas del estado romano, a partir de Constantino, los iniciados en los cultos mistéricos de Mitra buscaran refugio en las villas rurales, alejadas de las ciudades y de todo lo que ello implicaba.

No podemos sino destacar que en otra villa romana, situada en este caso en Cabra, en la Fuente de las Piedras, se encontró hace años una magnífica representación escultórica en la que Mitra, de acuerdo con la iconografía mistérica usual, se muestra sacrificando un toro.

En Cabra, nos decía nuestro amigo Luis Alberto, se encontró una escultura de Mitra, sin haberse identificado el santuario; ahora, en Puente Genil, ha sucedido lo contrario.

viernes, 26 de octubre de 2007

AQUEL CALOR TENUE


Pies Ligeros, una niña de ocho años perteneciente al clan de los Hombres Rojos, se esforzaba por llevar a cabo la tarea que tenía encomendada. Con sus dientes, sujetaba fuertemente uno de los extremos de la piel, en tanto que con su mano izquierda mantenía firme el otro extremo y con la derecha restregaba, una y otra vez, tenaz a pesar de su corta edad, una herramienta de sílex con la que raía la cara interna de aquel pellejo, liberándolo de pelos y grasa. Una anciana, que superaba los treinta años de edad, vigilaba con atención el modo en que la jovencita realizaba el trabajo.

Pasado un buen rato, la niña, cansada por el esfuerzo, distrajo su atención unos momentos al escuchar el griterío que se formaba en el poblado cuando los cazadores regresaban del Gran Río. Al volver la cabeza para mirar a los que llegaban, sus dientes soltaron el extremo de la piel y en un movimiento ajeno a su voluntad su mano derecha soltó también la raedera que fue a estrellarse contra su boca.

Con un gesto claro de dolor y contrariedad, Pies Ligeros, gritando, se levanto enfurecida y, sin pensarlo, lanzó la piedra tan lejos como le fue posible. La anciana, indignada, se puso también de pie, emitiendo feroces gruñidos con los que manifestaba a la niña su repulsa por la torpeza de su actuación.

Al momento, la mujer y la niña se pusieron a buscar el trozo de sílex pero no tuvieron éxito. Los cazadores, además, habían retornado hambrientos y ya no había tiempo para entretenerse en la búsqueda.

En ese momento, Pies Ligeros no podía sospechar que cuarenta mil años después, un hombre, paseando por la terraza cuaternaria próxima al Gran Río, entre naranjos, habría de encontrar fortuitamente esa lasca de sílex que ella, gruñendo, había arrojado tan lejos como su furia le había permitido.

Sorprendido por el hallazgo, el hombre, cuando cogió la piedra, todavía pudo sentir, emocionado, a pesar del tiempo transcurrido, el calor tenue que la mano de aquella niña neandertal había impregnado en ella.

PASEANDO


Cogidos de la mano,
dulcemente,
aquel día,
paseábamos.

El cielo estaba gris
y lloviznaba,
pero nosotros,
cogidos de la mano,
dulcemente,
paseábamos.

Han pasado los dias,
han pasado los años,
y sigue la lluvia
-insistente-,
nuestros cuerpos
empapando.

Pero nosotros,
tu y yo,
venciendo a la lluvia
-insistentes-,
cogidos de la mano,
seguimos,
dulcemente,
paseando.

NEGOCIOS


- ¡Mal negocio es el hombre! –dijo el ricachón.

- Sin duda, respondió la señora B., piense que ni siquiera cotiza en bolsa.

jueves, 25 de octubre de 2007

miércoles, 24 de octubre de 2007

COLORES


A mediados del siglo XVI, tras haber sido torturada por los hombres del Santo Oficio, Beatriz Montano, vecina de Zamarramala, terminó confesando, entre gemidos, que los ojos del diablo tenían un color azul intenso.

martes, 23 de octubre de 2007

LA TABERNA DE LOS PLATEROS


Dicen que quieren cerrar
la taberna del Potro,
la de San Francisco.
la de los Plateros.

Dicen que quieren cerrar
la taberna más antigua,
la que tiene más recuerdos,
más historias,
de nuestro pueblo.

Dicen que quieren cerrar
los recuerdos de los hombres,
las historias de la Historia,
nuestra historia.

Alguna vez he soñado,
hace tiempo, y vi
que Julio Romero,
entre vinos, aquí,
hablaba,
-humos de cigarros
y olor a trabajo-
con hombres de cobre,
que eran sus hermanos.

Otra vez soñé,
con el soñador Pacheco,
revolucionario,
general de gitanos,
bandido alocado,
que aquí reclutó
la corte de “tirados”
que a la calle sacó.
Murió de un disparo.

También soñé aquí que un día,
un domingo cualquiera,
Anguita, una copa,
de Fino Peseta,
complacido, bebía.
Hablaba con todos,
los sonreía.
A todos quería.

¿Quién lo iba a pensar?
Dicen que los Plateros
no gustan de los recuerdos,
de las historias,
de nuestro pueblo.


ACLARACIONES

Estos versos fueron encontrados, hace más de ochenta años, en un baúl que contenía diversas ropas y objetos que habrían pertenecido a Quintín García Roelas, legendario hombre de acción del que se dice que en su vejez compuso poesías premonitorias. Creo que Pío Baroja habló de él en alguna de sus novelas. En un bolsillo de uno de sus trajes estaban los versos. Me los vendió un tratante de La Corredera.

La prensa local –por otro lado- ha publicado estos días la noticia de que la taberna que la Sociedad de Plateros de Córdoba tiene en las inmediaciones de la Plaza del Potro tiene sus días contados. Los Plateros, que desprecian el hecho de que esta taberna es la más antigua y legendaria de la ciudad, tendrían intención de transformarla en un hotelito.

He decidido dar a la luz estos versos (estamos a siete de octubre de 2007) una vez enterado de que diversas personas afirman que han escuchado los ruidos que producían los huesos de Quintín García Roelas, enterrado en el paradójico “Cementerio de la Salud”, al estremecerse cuando escuchaba la noticia.

EL ESPÍRITU Y LOS SUEÑOS


¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

¿Allí, desnudo de la humana forma,
allí, los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora, y aborrece y ama,
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?

¡Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros;
pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco!

Gustavo Adolfo Bécquer (Rima LXXV)

OTROS MUNDOS


- ¡Otros mundos son posibles! –exclamó aquel hombre.

- Cierto, respondió la señora B., todos ellos están en nuestra mente.

DE LA MANO


Ahora, pasados los años, cuando a mi vuelve la infancia, recuerdo aquella mano que de niño me conducía. Retorna a mí la imagen de aquel niño feliz que caminaba, sin temores, de la mano de su madre.

domingo, 21 de octubre de 2007

COMPLICES


De los hombres, el alma,
con sus misterios,
a través de los versos,
a la Luz, llama.

En el secreto de las sombras
cuando el sol ha huído,
temeroso de la noche,
nos refugiamos los hombres en los versos,
en tus versos,
en nuestros versos,
y vivimos nuestros sueños.

Custodiamos los hombres,
en los versos,
los secretos de las noches;
los hombres,
con los versos,
nos unimos,
nos conocemos.
Con ellos, accedemos
a espacios deliciosos,
lugares del amor;
también al misterio,
a mundos de angustia
y dolor.

Son de nuestras almas
cómplices los versos;
en ellos, del hombre,
se guardan los secretos.

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

PIEDAD


Hemos hablado de la plaza de San Pablo, de Valladolid, y que muy cerca de ella -a unos pasos- se sitúa un antiguo colegio de dominicos (San Gregorio).
.

Es ese antiguo colegio de Teología se encuentra enclavado el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, en el que se muestran bellísimas obras de escultura barroca.
.
En la imagen, hemos reproducido una Piedad, de Gregorio Fernández, que para nosotros es una de las piezas más emblemáticas del museo.

MORIR SOÑANDO


(Último poema de Unamuno, muerto el 31-XII-1936)


Au fait, se disait-il à lui-meme, il parâit que
mon destin est de mourir en rêvant.
Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX, “La tranquilité”


.


Morir soñando, sí, más si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar, nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿Y esto qué enseña?

Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿a qué poner en ello tanto empeño:

aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?

28 –día de los Inocentes- de diciembre de 1936

lunes, 15 de octubre de 2007

EL MÁS ALLÁ Y EL FIN DE LOS TIEMPOS


El capítulo 175A del “Libro de los Muertos” contiene interesantes reflexiones en relación con el más allá y sobre como habrá de ser el fin de los tiempos, de acuerdo con las creencias propias de los antiguos egipcios.

El capítulo tiene por título: “Fórmula para no morir otra vez” y en una rúbrica el sacerdote nos dice que su contenido se tenía que pronunciar sobre una imagen de Thot, hecha en loza fina, la cual se colocaría en la mano del hombre, lo que le permitiría una larga vida sobre la tierra y el no morir de muerte rápida. Conocer este capítulo habría de salvar al hombre –dice esa rúbrica.

Todo sugiere, en suma, que este texto lo debía conocer el hombre en vida, no tras la muerte, como es habitual en el “Libro de los Muertos”. Es posible que sea uno de los textos destinados a los hombres que estaban siendo iniciados en lo que conocemos como “Misterios” de los egipcios.

Veamos su contenido, en la traducción de Federico Lara Peinado (las notas aclaratorias son nuestras):

Palabras dichas por el Osiris N.(1):

-“¡Oh Atum, ¿qué es lo que ha ocurrido para que yo deba ser conducido a un desierto(2)? Allí no hay agua, ni aire; es muy profundo, muy oscuro y prácticamente infinito.”

-“¡Vivirás allí con felicidad!” –respondió Atum.

-“¡Pero no se podrá encontrar allí ningún placer(3)!”

-“En él puse glorificación(4) en vez de agua, aire y placer, y puse felicidad en vez de pan y cerveza” –dijo Atum.

-“¿Y podré contemplar tu rostro(5)?”

-“En efecto, no soportaría que estuvieses necesitado de su contemplación.”

.../...

-“Pero, ¿qué va a ser mi duración de Vida eterna?” –contestó el Osiris N.

-“Estás destinado a vivir millones de años, a tener una duración de Vida eterna de millones de años(6). En cuanto a mí, yo destruirá todo lo que he creado, el país volverá al estado de Nun, al estado de Ola, como fue su estado primigenio(7). Yo soy lo que restará de todo lo creado junto con Osiris, cuando me transforme otra vez en serpiente(8), hechos que los hombres no podrán conocer ni los dioses(9) podrán contemplar.”


Notas


(1) El Osiris N. es el difunto, que ha superado el Juicio de los muertos y se ha transformado ya en dios (Osiris). Ya no se llama N., sino Osiris N.

(2) El difunto, desorientado, se dirige a Atum (Dios Primigenio de los egipcios), manifestando su extrañeza por encontrarse en la necrópolis, en su propia tumba.

(3) El difunto hace una alusión a si en su nueva vida va a poder disfrutar de placeres de tipo sexual. Le siguen preocupando cuestiones de tipo puramente material.

(4) Culminado el proceso de Glorificación, el difunto habrá de transformarse en un ente espiritual, asimilado a la divinidad. La nueva vida que le espera le ofrece espiritualidad, no materia.

(5) Los egipcios eran conscientes de que uno de los atributos de Dios es el de resultar incognoscible para el hombre. Solamente tras la muerte puede el hombre contemplar el rostro de Dios. Los atributos esenciales de la divinidad estaban ocultos a los hombres.

(6) La expresión “millones de años” hace referencia a la idea de inmortalidad.

(7) En este punto, el “Libro de los Muertos” describe como habrá de ser, en palabras del propio Dios Primigenio, el fin del mundo. Cuando llegue, por decisión de Dios, el fin de los tiempos, todo volverá a ser como era antes de que comenzara la Creación, todo volverá al Nun, a las aguas primordiales.

(8) Atum, en ese momento, volverá a integrarse, transformado en serpiente, en las aguas primordiales del Nun, y todo dejará de existir. La vida sería, de acuerdo con esas creencias, un momento temporal que discurriría entre dos nadas: la nada (Nun) de la que todo fue creado y la nada a la que todo volverá cuando así lo decida Atum.

(9) Vemos aquí que los egipcios distinguían sutilmente entre Atum, el Gran Dios Primigenio, el Único Dios, y el resto de los dioses, que ocupaban un lugar intermedio entre Dios y los hombres. A pesar del aparente politeísmo de los egipcios lo cierto es que creían (al menos los iniciados en los Misterios) en un Dios Único, al que acompañaban una multitud de divinidades menores o secundarias. Dios era Único, si bien se manifestaba de múltiples formas.

NORTH BERWICK


Recomendamos al viajero que visita Edimburgo que se desplace hasta el pequeño pueblo costero de North Berwick, para lo que deberá seguir una carretera que discurre en paralelo al costado sur del estuario de Forth.

En el camino podrá ir disfrutando con las bellas estampas del estuario que se ofrecen a su vista. Playas inmensas, en parajes solitarios, pobladas de multitud de aves, constituyen un indudable atractivo para la excursión.

En el punto en el que el estuario se funde con el Mar del Norte se alza North Berwick, pequeña población que ofrece bellísimas panorámicas marinas y que conserva de tiempos pasados curiosas leyendas relacionadas con las brujas que poblaron estos parajes en esos momentos.

Desde este pueblecito costero, por una carretera que avanza en paralelo al mar, puede el viajero acercarse a Dumbar y a St Abb´s Head, ya casi en la frontera con Inglaterra.

domingo, 14 de octubre de 2007

AIRES NACIONALES


Se pegó muy a conciencia... Se zurró con tan generosa voluntad y se quebraron en la fiesta tantas varas, que se peló de florestas Castilla.

Valladolid estuvo tres días con tres noches tartamuda bajo las ráfagas del tiroteo, con las manos en las orejas, medio ojo abierto sobre la soldadesca tiznada de pólvora, que penetraba a culatazos en las tabernas y hacía servicio de retén a la custodia de conventos y Bancos.

En Santa Clara, de Valladolid, la monja organista quedó loca para muchos días, suceso no extraño si se atiende a que una bala le rozó las tocas cuando sacaba agua del pozo. En aquel tiroteo hubo cinco muertos en la calle y un lorito en el balcón de Capitanía. Todo lo acarreaba la judaica pasión por los bienes terrenales, ahora más temosa con la quiebra fraudulenta del Banco de Castilla. Eran muchos los que lloraban arruinados, y unánimes en el rencoroso clamor por el castigo del presidente y los consejeros, santones de la opinión moderantista en las riberas del Pisuerga. Una providencia judicial, alzando el auto que los tenía en cárcel, sirvió de pretexto a los enemigos del orden. Comenzó la jarana con pedrea y rotura de cristales, alarma de gritos y susto de carreras. Salió la tropa, resbaló un caballo, holgóse el motín callejero alternando chifles y vayas, abroncáronse con estos los pechos militares, sonaron cornetas, encendió el aire la fusilada, y entre cirrus de pólvora, en charcas de sangre, cantaron su triunfo las ranas del orden. Cinco paisanos muertos, y aquel verdigualda cotorrín antillano, que las furias populares inmolaron a pedradas en el balcón de Capitanía. El restablecimiento del orden nunca se logra sin el sacrificio de vidas inocentes. La muerte de su cotorrín desconsoló a la señora generala. Recibía visitas de pésame en el estrado, y con mimos de cuarterona solicitaba del veterano esposo un castigo ejemplar para los crímenes de la demagogia. El general, marido complaciente, dictó un bando de farrucas retóricas y extremó ternezas conyugales disponiendo que fuese disecado el cotorrín para consuelo de su dueña y adorno de la consola. La generala, entre soponcios y congojas, con beata simplicidad, prometía donárselo a las monjas de Santa Clara: Su mitológica fantasía de criolla cuarterona ambicionaba que la maravilla verdigualda del cotorrín, emulase en los limbos monjiles a la blanca paloma del Espíritu Santo.

Ramón del Valle-Inclán (La Corte de los Milagros)

jueves, 11 de octubre de 2007

SÚPLICA



¡Padre, perdóname!

Lo recuerdo de continuo...

Aquel día,
acababas de dormirte.
Poseído por la tierra,
te ofendí.

Angustiado,
lo recuerdo de continuo.

Inquieto,
siento que el tiempo,
tan veloz,
no ha pasado.

Quizás una señal,
quizás un sueño de la mente,
en la noche,
me hablen de tu perdón.

Quisiera, padre, soñar contigo.

Quisiera, padre,
abrazarte en la noche,
y sentirte cerca,
muy cerca,
como antes.

Y conversar contigo,
y hablarte de estas palabras,
que, pensando en ti,
he escrito.

Y pedirte, de nuevo, perdón,
y saber que me has perdonado.

MADRE


No me digas
que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño,
que se te han caído los dientes,
que ya no puedes con tus pobres remos hinchados, deformados por el veneno del reuma.

No importa madre, no importa.
Tú eres siempre joven,
eres una niña,
tienes once años.
Oh, sí, tú eres para mí eso: una candorosa niña...

Dámaso Alonso (Hijos de la ira)

CRISTIANOS VIEJOS


-Pues como eso sea –respondió Sancho-, no hay sino encomendarnos a Dios, y dejar correr la suerte por donde mejor lo encaminare.

-Hágalo Dios –respondió don Quijote- como yo deseo y tú, Sancho, has menester, y ruin sea quien por ruin se tiene.

-Sea por Dios –dijo Sancho-; que yo cristiano viejo soy, y para ser conde esto me basta.

-Y aun te sobra –dijo don Quijote…

Miguel de Cervantes (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, XXI)

martes, 9 de octubre de 2007

MUJER AMENAZADA


En la barriada cordobesa
del Polígono del Guadalquivir,
un hombre enloquecido
ha degollado a su exnovia,
una joven de 35 años.
.
.
Un dolor de siglos te persigue
y te amenazan las furias de la tierra,
y huyes, mujer,
en la noche huyes.

Buscando los secretos de la vida,
el hombre penetraba en tus entrañas.
Toda tú le dabas
y toda tú poseía.

Pero no bastó.

Buscando los secretos de la vida,
mujer,
el hombre encontró el calor de tus entrañas,
y quiso poseerte más,
y más,
y más...

Y no dejó que tú fueras Tú,
y un dolor de siglos te persigue,
y la tierra, furiosa, como un hombre,
quisiera aniquilarte,
te amenaza.

Y huyes.

En un sórdido vagón de tren nocturno,
sin saber adonde,
huyes.

Perdida la esperanza,
de las furias de la tierra escapas.

Pero, mujer,
¡ten fuerzas!

Las nubes, las cosechas y las aguas,
todas ellas,
contigo viajan,
y con ellas
nuevas esperanzas
te aguardan.

domingo, 7 de octubre de 2007

EL CIPRÉS Y LAS NUBES


Estoy en la huerta,
en la vieja casa,
entre los naranjos.

En la casa,
una luz en la noche,
un jardín.
Entre hadas, nubes y estrellas,
crecen el ciprés, el laurel
y el jazmín.

Siento, poco a poco
-sosiego, espíritu-
-entre los naranjos-
-entre mis libros-,
que me voy haciendo
-entre los pájaros-,
sin pasión,
-entre tu amor-
serenamente.

Mientras leo, a ratos,
contemplo el ciprés
señalando las nubes;
contemplo el laurel,
pienso en el futuro;
contemplo el jazmín,
sueño con las hadas.

Y crece el ciprés,
y crece el laurel,
y crece el jazmín,
y mientras, voy creciendo,
me voy haciendo,
con mis sueños,
como ellos.

¿Quién diría, entonces,
que soy yo el mismo
que el otro,
el de la ciudad,
el del trabajo,
sin hadas,
sin nubes,
sin estrellas,
sin pájaros,
sin jazmín?

viernes, 5 de octubre de 2007

ALEJANDRÍA Y EL MITO DE HERMES


Los orígenes misteriosos atribuidos a la alquimia encontraron su expresión más influyente en la figura legendaria de Hermes Trimegisto, aparecida en las escuelas alejandrinas cuando Egipto se integró en la cultura griega. Trimegisto (el “tres veces grande”) estaba relacionado tanto con el dios griego Hermes, inventor de las artes, como con la divinidad egipcia Thot; los maestros medievales creían todavía en su origen sobrenatural y mítico, y veían en Hermes al depositario de una sabiduría confiada por las potencias celestes: el primer adepto de la historia de la humanidad y el primer padre de la Tradición.

Trimegisto fue considerado el autor de las obras más celebres de la literatura alquímica: los diálogos del “Corpus Hermeticum” y la famosa “Tabla de la Esmeralda”. Pero el gran número de textos que se le atribuyen sugiere que su figura fue utilizada como un recurso de “autoridad” para permitir la concentración de un conjunto de conocimientos.

Los progresos de la alquimia grecorromana están documentados en el “Papyrus Holmiensis” y el “Papyrus X de Leyde”, del siglo III. En Alejandría, patria mítica del saber occidental, se definieron los rasgos básicos de la alquimia: en un fenómeno inigualado de sincretismo cultural, entraron en contacto los vastos conocimientos míticos y técnicos de los sacerdotes de Heliópolis, los misterios iniciáticos de Samotracia, los saberes de los Curetes de Creta y de los Telquinos de Rodas. Allí tuvo lugar el encuentro y la fusión de los conocimientos iniciáticos del mundo antiguo. Los primeros tratados de entonces conforman los eslabones iniciales de la gran cadena del saber tradicional, así como la fuente específica de la alquimia occidental.

A principios del siglo IV, las enseñanzas alquímicas se liberaron del ámbito de la leyenda y adquirieron los fundamentos de una verdadera ciencia en los textos de María la Profetisa, Cleopatra y, sobre todo, Zósimo de Panópolis. Este último sistematizó las operaciones de transformación metálica según un ritual que simbolizaba la muerte y la resurrección, sentando las bases del imaginario científico que la alquimia representa.

Andrea Aromatico (Alquimia, el secreto entre la ciencia y la filosofía)

miércoles, 3 de octubre de 2007

ACERCÁNDOME


Quisiera creer que la vida
no es sino un camino
en el que el hombre
se va acercando, cada vez más,
a sí mismo.

Me acercan a mí mismo
las estrellas,
imperecederas, inmortales.

Me acercan a mí mismo
las nubes,
las maravillosas nubes.

Me acercan a mí mismo
el Sol y la Luna,
cuya luz ilumina las tinieblas.

Me acercan a mí mismo
nuestras conversaciones sobre lo Eterno.

Me acercan a mí mismo
las palabras que escribo,
¿las leerán otros?

Me acercan a mí mismo
las palabras de los hombres.
Con ellas nos transmiten sus esperanzas.

Me acercan a mí mismo
los versos que otros escribieron.
A veces, parece que fueron escritos para mí solo.

Me acercan a mí mismo
los recuerdos de mis padres, que sueñan,
y las vivencias con mis hermanos.

Me acercan a mí mismo
los paseos entre los naranjos.
¡Qué inmensa delicia!

Me acercan a mí mismo
las muestras de cariño de los hombres,
tan infrecuentes,
tan inusuales.

Me acercan a mí mismo
los años pasados,
que vamos acumulando en nuestro ser.

Me acercan a mí mismo
los recuerdos de la infancia,
cuando, entre sueños,
caminábamos de la mano de nuestra madre.

Me acercan a mí mismo
las piedras,
en las que late la vida.

Me acercan a mí mismo
los murmullos de los pájaros,
tan cantarines, tan presurosos.

Me acercan a mí mismo
las flores
¿Quién te enseñó, Dios mío, a hacer las flores?
cantó hace siglos un hombre.

Me acercan a mí mismo
las miradas huidizas de los gatos,
en los que duerme una fiera
a la que podemos acariciar.

Me acercan a mí mismo
las sonrisas de nuestras hijas.
Gracias, Dios mío.

Me acercan a mí mismo
tus besos,
tus dulces besos.

Me acercas a mí mismo
Tú.

EN LAS FRÍAS AGUAS DEL ARROYO


Contemplando esta imagen no he podido sino recordar aquellos tiempos ya tan alejados, allá por los años treinta del siglo pasado, en que la abuela Justa, en su aldea de Granada, acudía por las mañanas al río para lavar la ropa.

Muchos años después, todavía seguía quejándose de “los fríos” que había pasado de joven, en las mañanas de invierno, cuando, arrodillada, tenía que introducir sus manos en las aguas heladas.

No somos, en general, conscientes de la tremenda revolución que la mujer ha podido realizar en estos últimos cien años en su modos de vida.

¡Qué inmensa diferencia entre las vidas de esas mujeres que, de rodillas, lavan sus prendas en las aguas del arroyo, y las de las mujeres modernas!

¡Quién diría que solamente han pasado tres generaciones!

martes, 2 de octubre de 2007

OCTUBRE


Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

Juan Ramón Jiménez (Sonetos espirituales)

-Como habría de recordar el propio Juan Ramón Jiménez, este soneto impresionó a los hombres de la Institución Libre de Enseñanza y desde luego no pasó desapercibido para el propio Ortega y Gasset. Sus dos tercetos sintetizan a la perfección el meollo de la filosofía que preside al proyecto pedagógico de la Generación de 1914.

LAS AGUEDAS: LA VIRGEN DE LOS PECHOS


El día 5 de febrero se celebra en los pueblos de Castilla la fiesta de Santa Águeda, la “Virgen de los Pechos”.

Santa Águeda, mártir siciliana de los primeros siglos del cristianismo, sufrió un terrible martirio, ya que antes de morir la habrían cortado los pechos, al no querer renegar de su fe.

Dice un romance castellano que recogió José María de Cossío:

Águeda que no quisiste
a los dioses adorar
en prueba de tu constancia
los pechos te han de cortar
y le respondió la santa
con efecto singular:
“Que cuerten por donde quieran
que cuerten si han de cuertar”
y le cuertaron las tetas
como aquél que cuerta pan.


Fuente: José Luis Alonso Ponga (Tradiciones y costumbres de Castilla y León)

lunes, 1 de octubre de 2007

CUANDO MANDABAN LAS MUJERES


La fiesta religiosa dedicada a Santa Águeda tiene una serie de connotaciones paganas que no hay que perder de vista. Ese día es, además, la fiesta por antonomasia de las mujeres. De algún modo se trata de uno de los últimos restos de una ginecocracia que ese día se admitía gustosamente por los hombres.

En efecto, en los pueblos de Castilla, las mujeres, agrupadas en cofradías, se hacían cargo ese día del mando del pueblo, de modo que el alcalde las cedía, incluso, la propia vara de la justicia.

Las mujeres, alborotadas, hacían sus propios bailes, normalmente de mujeres solas, y si admitían a los hombres eran ellas las que tenían derecho “a pedir baile”.

En San Román de la Hornija, pequeño pueblo de Valladolid, se cantaba esta copla que ofrece un diálogo entre el marido, preso en casa al cuidado de los niños, y la mujer, que está bailando en la fiesta:

Santa Águeda Maqueda
Reina y Señora
venga usted a dar la teta
al niño que llora.

-Ni puedo ni quiero
ni tengo lugar
que estoy en el baile
y quiero bailar.

Fuente: José Luis Alonso Ponga (Tradiciones y costumbres de Castilla y León)