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domingo, 31 de agosto de 2008

LATIDOS DE ANTIQVA





Hace unos días Antiqva decidió reflexionar acerca de “esa cosa” que llamamos “bloggs”. Mientras lo hacía, en la lejanía, más allá de los cristales, María, disfrazada de una tan bella como sugerente “campesina”, estaba vareando los frutos de uno de los almendros, armada de una caña tan larga como inflexible. Se escuchaban sus voces:

“¡Siempre igual…! donde andará este hombre, que cuando tiene que echar una mano nunca está…”

Y Antiqva, reflexivo, reparó en que desde que “bloggea” la factura mensual de su psicólogo se ha venido reduciendo de manera drástica, para desesperación de su psicólogo.

Y pensó que, quizás, podía ser buena cosa brindar a sus amigos bloggeros alguna sencilla muestra de cariño con la que agradecerles su presencia y sus palabras.

Y como es un acreditado fotógrafo, decidió fotografiar los “latidos” de unas ínfimas florecillas (¡ah, amigos, todos los secretos del cosmos, incluso del cariño, están concentrados en la geométrica estructura de esas florecillas!, algún día los científicos terminarán reparando en ello…)

Y como sus hijas le están iniciando en los insondables conocimientos mistéricos de los retoques fotográficos, decidió crear un galardón en el que estampó (¿quién sabe como?) las palabras “Latidos de Antiqva”.

Y decidió, finalmente, establecer lo que podríamos llamar “bases” por las que habría de regirse el otorgamiento de ese galardón.

Y resultaron ser las siguientes:

Punto 1) La concesión de esta muestra de cariño no está sujeta a ninguna norma especial. Cada uno de los amigos galardonados puede hacer con el galardón lo que desee.

Punto 2) No obstante lo anterior, caso de que el galardón sea vendido a terceros con ánimo de lucro el vendedor (o legítimos herederos, en su caso) se compromete a aportar a la Fundación para el Estudio y Mantenimiento de los Gatos Silvestres de Antiqva el 50 % del efectivo conseguido por esa vía.

Punto 3) Para no “inquietar” a sus amigos, Antiqva ni siquiera les notificará la concesión de este galardón, y es que piensa –ingenuo él- que poco a poco todos iréis pasando por aquí, y así no os pongo “en el compromiso”.

Punto 4) Y después de haber diseñado el galardón, Antiqva pensó: “Vaya, a ver si estas florecillas le van a producir alergia a alguien…” Y decidió Antiqva crear otro galardón, por si acaso, de modo que tomó su máquina, se salió al camino y disparó contra una pequeña mata de desconocido nombre. Creo, de hecho, que la pobre no tiene ni siquiera historia. Los botánicos, siempre en busca de nuevas especies en el Polo Norte o en los fondos abisales, creo que ni siquiera han reparado todavía en ella. Eso sí, gente “que sabe” me ha asegurado que no produce alergia.







Y decidió, Antiqva, galardonar (¡Señor, que palabra), con ese “galardón”, a sus amigos bloggeros, que con sus cuadernos “le llegan al alma” (seguiremos en la relación de amigos un orden similar, más o menos, al que estos a su vez siguieron cuando fueron “apareciendo en escena!):

Óyeme con los ojos
-Porque, amigos, en “Imágenes y palabras” hubo un antes y un después de que Cristina, desde México, accediera con sus comentarios. Hasta entonces, el cuaderno de Antiqva había venido siendo “Latidos de soledad”. Con la llegada de Cristina todo comenzó a cambiar. Fue la primera persona a la que “conocí” en la red. Desde entonces la considero una entrañable “compañera de viaje”. Sin la presencia de Cristina es posible que “Imágenes y palabras” ni siquiera existiera. Ella, sin saberlo –claro-, con su presencia y sus comentarios, me animaba a proseguir.

Las palabras son mis ojos
-Clarice llegó, también desde México, envuelta en esa nube de frescor que Cristina había aportado. Sus comentarios, especialmente los relacionados con el mundo del cine y de la fotografía, me resultan siempre especialmente atractivos. En esas materias, y en tantas otras, claro, la considero una adorable maestra.

Navegando por mis orillas
-Poco después, Momo irrumpió como otro bellísimo tornado, paseando ahora por las calles de “Imágenes y palabras de Córdoba”. Me emocionó aquel día en que dejó escrito que tras leer algo que uno había plasmado sobre algún rincón de la Judería cordobesa había sentido que algo tiraba de su falda animándola a pasear por ese lugar. Desde hace muchos meses veo a Momo como una mujer tan viajera como solidaria, que siempre nos muestra, con un candor especial, el resultado de sus experiencias. Por cierto, Momo, de niña, vivió en Córdoba, y claro…

Un país en la Luna
-Creo que Natacha, realmente, no existe. Creo que es algo así como esas “ideas” de las que nos hablaba Platón. Para uno, Natacha viene a ser la personificación de la idea del “cariño”. Es una persona tan arrebatadoramente cariñosa que creo que cualquiera “que la trate” terminara considerándola una “hermana espiritual”. Además, por si fuera poco lo anterior, se ha entregado a la “causa” de los bloggs con una pasión tan intensa que Antiqva, a veces, llega a sentirse cansado cuando contempla como ella trabaja, y –claro- ya se sabe, una persona cariñosa e incansable termina siendo “incansablemente cariñosa”, para la intensa felicidad de los que la rodeamos. Ah, por cierto, Natacha fue la madrina de la gata Natacha, ese felino salvaje especializado en “ausencias”.

La tierra de los árboles
-Es también un viejo amigo Goathemala, autor de bellísimos cuentos y amante, igualmente, de la fotografía. Oriundo de Andalucía y amante de la Naturaleza, tenemos muchos puntos en común que hacen que podamos disfrutar de nuestros respectivos cuadernos.

El corazón del escorpión
-Conocí a Tawaki, creo recordar, a través de sus comentarios en el blogg de Momo. Es una persona tremendamente activa, viajero y fotógrafo al igual, que con frecuencia nos habla de viajes de leyenda por lugares de todo el mundo. Ah, las crónicas de su viaje por Egipto, ¡qué maravilla…”

Mujeres de Roma
-En Isabel concurren dos virtudes que hacen que su cuaderno me resulte imprescindible. De un lado, es una prosista consagrada, autora de magníficas historias; de otro, esta “loca” por la “Antiqva Roma”, lo que hace que Antiqva esté igualmente “loco” por sus historias. ¡Ah, que decir de sus alabanzas a la colección de lucernas romanas que Antiqva exhibe…”

Entre naranjas y jazmines
-Jerusalem es cordobesa, o al menos ha vivido en Córdoba, lo que hace que con frecuencia nos transmita sugerentes noticias acerca de espacios que Antiqva conoce y que suele elegir como destino en sus paseos. Nos brinda, con sus palabras, una imagen de energía y de apasionamiento. Es, sin duda, una persona que tiene claro que la vida es una oportunidad para disfrutar de lo que nos rodea.

Verdades y mentiras diarias
-Fabrisa es una mujer que transmite una imagen clara de apasionamiento y entereza. Sabe disfrutar de todo y cuando se tiene que enfadar por algo, no veáis entonces –amigos- “como chilla”. Es un encanto, que nos invita continuamente a reír. Por cierto, Antiqva la considera su “maestra de cocina” y maestra, también, en el arte de saber vivir.

Vivencias de la Gata Flora
-Es Almatina una mujer que brinda dos componentes que aparentemente son contradictorios, pero que ella sabe conjugar –en sus textos- de una manera sabia. En efecto, es tan enérgica en sus palabras como espiritual en su trasfondo. Creo que acumula en sus entrañas alguna “sabiduría” especial que quizás algún día nos explique como consiguió.

La ciudad Sinnombre
-No recuerdo como llegué a conocer a Alfaro, la verdad, pero si recuerdo que desde el primer día sus textos, en apariencia “desgarradores”, me llegaran al alma. Desde entonces no he cesado de visitar su cuaderno, en el que he encontrado la inspiración de más de uno de mis “Cuentos Mínimos”. ¡Ah, amiga Alfaro, cuanta lucidez acumulas…!, y Antiqva, de vez en cuando, dándote consejos, como si tú los necesitaras…

Inuit
-Esta mujer “esquimal”, solamente en apariencia “de hielo”, es en realidad un ser tremendamente bondadoso que acumula en su interior una intensa espiritualidad que aflora continuamente, como la sabiduría, por los poros de su piel. Es un honor tener como amiga a esta mujer, que está siempre “tan pendiente” de todo.

Letras derramadas
-Marinel, asentada sin dudas en la tierra, deja con frecuencia volar su imaginación para hablarnos de luces, hadas, estrellas, niños, lunas… Y su cuaderno, con todo eso, se ha convertido en un espacio lleno de ilusión en el que la fantasía, a poco que nos dejemos, nos desborda. Siempre me ha llamado la atención la sencillez que adorna a su personalidad y, sobre todo, su sensibilidad tan especial.

Los cuentos de la abuela
-Creo que Kety, española, llegó a “Imágenes y palabras” desde México, donde con frecuencia visita a las amigas de aquel lejano país. Es otra mujer cuya sensibilidad y sabiduría aflora por todos los rincones de su cuaderno. Ella es, amigos, la responsable de que algunos seres que la seguimos nos hayamos embarcado en la alocada tarea de reescribir el “Don Quijote”.

Compartiendo experiencias
-Conchi, profesora y cordobesa, es la “Seño” de Antiqva. Ah, como disfrutamos cuando nos pone alguna tarea, como escribir –por ejemplo- el cuento “del árbol, la niña, la silla y el ratón”. Cuando, aplicados todos, terminamos el ejercicio, Conchi, “la Seño”, nos envió a todos un “librito” en el que había recogido todos y cada uno de los cuentos que habían surgido de aquella idea. Guardo la copia impresa “como oro en paño”. Por cierto, creo que nuestra “Seño” nos aprobó a todos. ¡Qué encanto!

Pequeños besos de Luna
-Sendieva es una amiga tremendamente entrañable a la que conocimos hace pocos meses a través del cuaderno de Natacha. A pesar del poco tiempo que ha pasado, lo cierto es que la sentimos muy próxima debido a diversas circunstancias, entre ellas que vive en Valladolid, donde Antiqva nació, lo que “no es poca cosa”. De Sendieva nos llama la atención, además de su cariño, su intensa franqueza en todo lo que dice y el especial apasionamiento que siempre pone en sus palabras. Admirable mujer, sin duda. La debemos, por cierto, un café en la Plaza Mayor de Valladolid…

Esto es para ti
-Cuando piensa en Perséfone, Antiqva no puede sino pensar en sus propias hijas… Una de las virtudes de Perséfone es que, siendo una “niña”, varias veces ha dejado plasmado en su blogg que quisiera seguir siéndolo siempre. Esa idea trasluce de continuo en su bella forma de plasmar por escrito sus pensamientos: cuando, en su cuaderno, sentimos su alegría o su enfado, estamos sintiendo la “sinceridad” de una mujer/niña que no tiene ningún reparo en decir lo que piensa. Y, claro, a uno le encanta vibrar con las palabras de esa mujer tan lúcida, como mujer, y de esa niña, tan sincera, como niña.

Nunca es tarde para soñar
-Escorpiona, con sus “sueños”, nos permite acceder a los pensamientos, a las realidades, a los viajes, a las vivencias cotidianas… de los hermanos del otro lado del Océano. Brilla, pensamos, en su cuaderno la sinceridad, la humildad y el derroche de simpatía. No hace mucho que la conocemos, pero ya nos sentimos atrapados…

Petiteses
-Antiqva conoce a Petitapetitesa desde hace pocas semanas. Llegamos a su cuaderno recomendados por Inuit, nuestra amiga esquimal, y nos encontramos con una mujer que declara vivir en la Antártida y acerca de la cual tuvimos la extraña sensación de que la conocíamos desde hacía varios siglos… Nos encantan sus fotografías, nos encantan sus palabras (en las que se mezclan los desgarros y la lucidez) y nos encantan sus respuestas a los comentarios que sus lectores dejan en sus entradas. Es todo un lujo para Antiqva poder considerarla su amiga.

Mi pluma de cristal
-Conocí a María, en fechas muy recientes, gracias a una sugerencia que encontré en el cuaderno de Natacha. Fue así como llegué a “Mi pluma de cristal” y contemplé que María estaba llorando, despidiéndose de una amiga que había decidido –desconozco los motivos- alejarse del mundo de los bloggs… Pensé, inmediatamente, que debía quedarme allí.

Mamita
-Mami es también una amiga reciente. Me gusta visitar su espacio y conozco su interés por la pintura, así que espero que algún día cumpla cierta digamos “`promesa” y me diga: “Mira, Antiqva, lo que pinté a partir de una de tus fotografías de Córdoba…” Y, claro, ese día se le saltarán a uno las lágrimas. Me encanta también encontrarme con ella en alguno de los cuadernos que ambos visitamos, ya que sus comentarios, siempre acertados, me suelen dejar “con la boca abierta”.

Pues bien, amigos, estas reflexiones llegan a su fin. He descargado mis emociones internas y además no he tenido que pagar “ni un duro” al psicólogo. Así es, amigos, como Antiqva os ve. Todos y cada uno de vosotros habéis llegado a mi corazón y es hora, al menos, de daros las gracias. Podéis, si queréis, coger alguna de las “estampitas”, incluso las dos, si os gustan. Algo de mi cariño a vosotros irá con ellas, seguro.

Y os dejo, que María me está diciendo que es hora, también, de recoger las almendras que, tras la “paliza” al árbol, están amontonadas en las viejas sabanas que ella, previsoramente, había colocado en el suelo…

(Veréis, amigos, que “raro” es Antiqva, que ahora que ya “no se lleva eso de los premios”, decide crear uno y al final, en vez de uno, le salen dos…)




jueves, 28 de agosto de 2008

DON QUIJOTE





Hace unos días, trasteando en el cuaderno de Kety, persona entrañable, nos encontramos con un proyecto de sorprendente trascendencia. Nuestra amiga invitaba “al público” a escribir una versión actualizada, apócrifa por supuesto, adaptada a los tiempos modernos, de “Don Quijote”, proyecto –sin duda- claramente “quijotesco”.

Kety proponía que narrásemos las andanzas del alocado Quijano en unos ambientes situados en el siglo XXI: en efecto, don Alonso sería un funcionario prejubilado que dedicaría todo su tiempo a “bloggear” y “chatear” en su ordenador y que fruto de esa obsesión:

De un lado, estaría a punto de perder a su esposa, que llena de pavor se habría refugiado en las playas de Benidorm.

De otro, habría contactado con una labriega, tipo ecologista, sin duda, de nombre Dulcinea, que a través de Internet le estaría sorbiendo el escaso raciocinio que, tras tantos años de trabajar como “chupatintas”, aun quedaba en su mente.

Amig@s, se trataba –sin duda- de un proyecto ilusionante y Antiqva no dudó en acceder a colaborar en él. ¡Señor, se le brindaba la oportunidad de integrarse en un equipo que habría de escribir “Don Quijote”, casi nada…”

Veamos, finalmente, el fragmento que, sin ningún pudor, decidió aportar nuestro amigo Antiqva:

Comenzamos:

Fermina, la señora que prestaba servicio, en ausencia de la esposa de don Alonso, poniendo un poco de orden en la casa, entró de manera atropellada en el cuarto donde nuestro caballero chateaba de manera impenitente:

“Señor, exclamó, pero desde cuando no sale un poco a pasear por el campo”. “Venga, venga, atienda al cartero, que está esperando en la puerta, mientras una ventila un poco esta “cochiquera”, y apague el ordenador ese, no sea que me vaya a dar “calambre”, como la semana pasada.” “Ay, don Alonso, que a gusto estará su señora en la playa…”

-“Que pasa, `pregunto don Alonso al cartero, con la cara algo desencajada por haber tenido que abandonar su guarida?”

-El funcionario le entregó la carta certificada, recogió la firma en el justificante de entrega y dio media vuelta sin siquiera despedirse. Sabía que era inútil.

Don Alonso, tembloroso, al ver que era una notificación oficial de la Seguridad Social, leyó el escrito con cierto sentimiento de estupefacción.

“Señor –pensó- ahora resulta que estos esbirros de la Seguridad Social me dicen que llevo mas de un año sin pagar la cuota del Régimen Especial de Autónomos Prejubilados y que, por tanto, dentro de tres años, cuando me llegue la jubilación, no voy a cobrar ni un duro…”

-“¡Maldita sea, Señor!, ¡por el Caballero del Vellocino de Oro!, como me pueden exigir a mi, a un hidalgo castellano, que llevo todavía migas de pan en la pechera, de lo que ayer cené, que me acuerde de algo tan miserable como pagar unos simples recibos…”

-“Tunantes, bellacos, malandrines…” “Ahora mismo enfundo mis armas y me dirijo al Ministerio, a derribar gigantes”. “Voto a brios, celestial ayuda reclamo para este tan meritorio empeño…”



miércoles, 27 de agosto de 2008

martes, 26 de agosto de 2008

AMORES








A SENDIEVA, que seguro que reconoce algunos
de los lugares que se citan en el texto




Antiqva, cuando era niño, tuvo un amor platónico, lo que ocurre es que entonces la gente del barrio no sabía quién era Platón y los amigos, cuando veían que Antiqva entraba en éxtasis, se limitaban a decir: “Vaya, ha visto de nuevo a Lucía y otra vez se ha quedado embobado.” Esa expresión infantil, tan certera, y otras de tipo similar, terminaron creando en la confusa mente de Antiqva la idea de que el “amor platónico” debía ser cosa de “bobos”, ya que él, de hecho, cuando se cruzaba marginalmente con aquella niña de cabello rubio y ojos azules, era así como se sentía.

En aquellos tiempos, Antiqva estudiaba en el colegio estatal “Miguel de Cervantes”, en la planta de los niños, en tanto que Lucía lo hacía en un cercano colegio de monjas (las “Hermanas de los Pobres”), lo que hizo que jamás pudiera coincidir con ella en alguna actividad de tipo escolar. Aquello dificultaba de manera notable las posibilidades de encuentro físico. Jugaba, además, en contra de Antiqva el hecho de que los padres de aquella bella criatura la criaban y educaban con extremo celo, de modo que nunca se la veía en la calle, salvo los domingos, en que a la hora del paseo salía con sus padres y hermanos. Aquella familia vivía en una casa bastante grande, de hecho contaba con un patio inmenso en su interior, de modo que era en ese espacio en el que, cuando dejaban abierto el portón de acceso, Antiqva podía ver, desde la calle, “perdida la razón”, como la niña jugaba con alguna de sus amigas.

En alguna ocasión, el niño, invadido por una insufrible tensión, aprovechando que sus amigos, descuidados, entre risas, se habían alejado del lugar, había intentado penetrar en aquel “sagrado” espacio pero lo cierto es que sus intentos de aproximación siempre resultaron vanos. En aquel lugar, apacible en apariencia, habitaba un monstruo de feroz aspecto, el perro “Barbas”, que en cuanto Antiqva atravesaba el portón, al encuentro de su “amada”, salía de algún insospechado rincón y en un contexto de ladridos estrepitosos le ponía en fuga sin miramiento alguno. “No corras, no corras, que es peor… Además, no ves que no muerde…”, exclamaban las niñas, mientras con sus alborotadas risas se unían a los ladridos de la fiera contribuyendo a romper el silencio de la tarde.

De modo que Antiqva, a su pesar, nunca pudo acercarse a menos de quince metros de aquella encantadora criatura que tanta turbación le producía. Comprenderéis, amigos, que con estas explicaciones, uno, de momento, no sea capaz de brindar el tan deseado “final feliz” a esta tan entrañable como ya casi olvidada historia.

No obstante, como cualquier situación es siempre susceptible de empeorar, pasados algunos años, la cosa, incluso, se complicó. Era entonces Antiqva uno de esos jovencitos “asimétricos” que no parecían gozar de demasiado “sex appeal” entre sus amigas, algo que posteriormente, muchos años después, habría de ser acreditado gracias a unos rigurosos estudios que expertos británicos de la Universidad de Brunel habrían de publicar en la prestigiosa “Proceedings of National Academy of Science”.

Ese acontecimiento que agravaría de manera irreversible esas “ansias amatorias” de Antiqva hacia aquella vecinita tan bella como insondable tuvo lugar en una de las sesiones de baile que se celebraban en el barrio con motivo de la verbena popular que todos los años se montaba en el mes de julio en el cercano Paseo de Farnesio. Aquella tarde, nuestro jovencito había acudido a la verbena, acompañado de un grupo de amigos, algunos todavía residuales de aquellos tiempos en que él se había mostrado con frecuencia “embobado” al contemplar los encantos de su idealizada ninfa, y resultó que allí estaba Lucía, en medio de otro grupo de amigas, y nuestro joven lo tuvo claro: “Esta es la ocasión –pensó- no puedo dejar pasar esta oportunidad, la tengo que sacar a bailar como sea, ahora que no está por aquí ese maldito perro.”

Y Antiqva, sin dudarlo, se acercó al grupo de jovencitas con la decisión tomada de conseguir aquella tarde, como fuese, bailar con la niña, que por cierto “lucía” angelical con el adorno de sus bellísimos rizos dorados. Llegó nuestro joven al grupo y en el momento en que, nervioso, estaba saludando cortésmente a las muchachas pasó algo inesperado que habría de destrozar, sin miramientos, los planes que se había trazado:

“¡Antiqva…! –escuchó decir a otra jovencita de aspecto igualmente angelical, que le regalaba una sonrisa bellísima- ¡qué alegría verte por aquí…! ¡Vamos a bailar un poco…!”

Aquel otro ángel se llamaba María.




lunes, 25 de agosto de 2008

domingo, 24 de agosto de 2008

FASCINACIÓN




“Nefertari, aquella por quien el sol brilla.”


(Ah, que bello “Cuento Mínimo” ordenó esculpir Ramsés II en la fachada del templo menor de Abu Simbel, dedicado a la diosa Hathor y a la reina Nefertari.)

En la imagen: Nefertari, “Gran Esposa Real” de Ramsés II, en las pinturas de su tumba (QV 66) en el Valle de las Reinas.

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viernes, 22 de agosto de 2008

CONSORCIOS AMOROSOS

Helena y Paris
Eduardo García Benito (Art Déco)


HELENA:

¡Vienes de la lucha, y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Ares, en fuerza, en puños y en el manejo de la lanza; pues provócale de nuevo a singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que en seguida sucumbas, herido por su lanza.

Respondióle Paris con estas palabras:

PARIS:

Mujer, no me zahieras con amargos baldones. Hoy ha vencido Menelao con el auxilio de Atenea; otro día le venceré yo, pues también tenemos dioses que nos protegen. Más, ea, acostémonos y volvamos a ser amigos. Jamás la pasión se apoderó de mi espíritu como ahora; ni cuando, después de robarte, partimos de la amena Lacedemonia en las naves surcadoras del ponto y llegamos a la isla de Cránae, donde me unió contigo amoroso consorcio: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.

Dijo, y empezó a encaminarse al tálamo; y en seguida le siguió la esposa.

Acostáronse ambos en el torneado lecho…


Homero (Ilíada, rapsodia III)
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jueves, 21 de agosto de 2008

POEMAS HOMÉRICOS


Las sirenas cantaron, dejando oir su hermosa voz
(Odisea, canto XII)
Eduardo García Benito (Art Déco)




Ningún poeta ha ejercido tanta influencia sobre las letras occidentales como Homero. Su “Ilíada”, poema de guerras y batallas, está escrita con entusiasmo, con un vigor heroico y apasionado. En su “Odisea”, en cambio, ese vigor se hace reflexivo, la reflexión se torna moral, la moral, artificio, y el artificio, sentimiento.

Lo que en la “Ilíada” es poesía bélica, en la “Odisea” es aventura novelesca. Si en la “Ilíada” el paisaje se reduce a la vasta llanura que separa la playa de los muros de Troya, en la “Odisea” el poeta despliega ante nosotros toda una colección de paisajes legendarios por los que discurre Ulises u Odiseo, el héroe novelesco por excelencia. Si en la “Ilíada” aparece la aristocracia heroica en la cumbre de su poder, en la “Odisea” la vemos seriamente quebrantada, y hasta satirizada en las personas de los pretendientes.

La “Ilíada” es, sin duda, más antigua que la “Odisea”. Así lo demuestran el lenguaje y el estilo narrativo. Parece lógico y verosímil que Homero compusiera la primera en sus años juveniles, y que reservara para más adelante la redacción de la “Odisea”, un poema de curso menos tenso y más sosegado. De cualquier forma, las diferencias de estilo y de temperamento entre “Ilíada” y “Odisea” no excluyen, de manera alguna, su comunidad de origen. El poeta, como diría Borges, puede ser, a la vez, “otro y el mismo”.

Los poemas homéricos han admitido gozosamente a lo largo de la historia traslaciones iconográficas de todo tipo. Esta de García Benito, de 1939, nos regala un Homero exquisitamente “déco”. Benito acierta tanto en la factura de las ilustraciones como en la elección de los pasajes ilustrados. Se merecía este homenaje.

Luis Alberto de Cuenca (Homero Déco)




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CANCIÓN TRISTE



“Me abandonó,
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó del espejo
su vivo retrato,
y, fui, tan torero,
por los callejones
del juego y el vino,
que, ayer, el portero,
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento,
en el mismo momento
que ella me lo mande…”





¡Ay, amigo Joaquín, que dolor…! Este fin de semana “el Innombrado”, ese gato negro que está llegando ahora a su madurez, y Antiqva, por las noches, entristecidos, nos hemos tomado más de una copa de Pedro Ximénez, con los ojos húmedos, mientras mirábamos al cielo y contemplábamos las estrellas.

Y es que Natacha, la gata blanca, madre de “el Innombrado”, ha decidido “echarnos al mundo” a los dos y se ha largado, sin dejar sus señas, con sus dos nuevos gatitos blancos.

“El Innombrado”, amigo Joaquín, lloroso, intentaba explicarme el jueves pasado, por la noche, lo que había sucedido: “Hijo –le había dicho Natacha- ya estás hecho “todo un gato” y no te puedo seguir criando. Te tienes que buscar la vida tu solo. Lárgate –hijo-, te ha llegado la hora de hacerlo.”

“Pero mami, que estás diciendo…”

“Qué te largues de una vez, que una –decía cada vez con más energía Natacha- tiene más que de sobra con los dos “ositos” blancos que me han caído encima.”

Pero –según me contó el animal- la que se largó, sin dejar rastro, fue ella, llevándose, detrás, a los dos “ositos”. “Ah –le dijo cuando se alejaba con los críos- y le dices a Antiqva que su dudosa hospitalidad no nos sirve. Precisamos “pensión completa” todos los días y no solamente los fines de semana, como él nos ofrece.”

A la sombra de las estrellas, “El Innombrado”, estas noches pasadas, me seguía contando, siempre entre lágrimas, que él no había podido hacer nada. Su madre había tomado una decisión y se había largado, sin mirar atrás, quién sabe adonde.

Y aquí estamos, “El Innombrado” y Antiqva, tirados como “unos zapatos viejos”, consolándonos el uno al otro, en la noche, mientras nos tomamos unas copitas de vino dulce amontillado. Ahora mismo le estoy mirando, mientras el animal paladea las gotitas de riquísimo licor, con los ojos, eso si, empañados por la niebla.

Y es que “El Innombrado”, ese bello gato negro, me ha dicho que ha decidido, de momento, quedarse con nosotros, siempre que no le tengamos demasiado atosigado y que no le pongamos horarios cuando, por las noches, salga de parranda.

Y entre sorbo y sorbo de Pedro Ximénez hemos decidido cristianizarlo, que ya era hora. Y, claro, nada mejor que ponerle el nombre de su padre, animal que por cierto desapareció sin dejar ninguna pista hace ya demasiados meses (el padre de los “ositos” blancos es otro).

A partir de ahora, “el Innombrado”, ese gato negro que cada vez me parece más bello, ya tiene nombre, se llama, al igual que su papá: “Rubito”.

¡Pensar que nos quedan, al menos, 500 noches de lamentos en la oscuridad por Natacha y sus “ositos”!


ACLARACIÓN
Es triste, pero lo cierto es que el trasfondo de este cuento es plenamente real. Natacha y sus “ositos” blancos han desaparecido, en tanto que “Rubito” ha estado rondando nuestra casa, a todas horas, tan solitario como incansable, todo el fin de semana.


lunes, 18 de agosto de 2008

HABLEMOS DEL CORAZÓN





Dice el capítulo 30 A del “Libro de los Muertos” de los antiguos egipcios:

“Fórmula para impedir que el corazón del difunto N. se oponga a él mismo en el Más Allá”

Que diga (el difunto, al llegar a la Sala de Maat, donde habrá de ser juzgado en presencia de Osiris, la divinidad del Inframundo):

“¡Oh mi corazón (proveniente) de mi madre, oh mi corazón (proveniente) de mi madre, oh víscera de mi corazón de mi existencia terrenal! ¡No levantéis falsos testimonios contra mí en el juicio, ante los Señores de los bienes! ¡No digáis a propósito de mí: “Hizo aquello, en verdad” con respecto a lo que hice; no os levantéis contra mí delante del Gran Dios, Señor del Occidente!

¡Salve a ti, corazón mío! ¡Salve a ti, víscera de mi corazón! ¡Salve a vosotras, entrañas mías! ¡Salve a vosotros, dioses preeminentes, portadores de majestuosos penachos, cuyo poder radica en vuestros cetros! Anunciadme a Re, recomendadme a Nehebkau cuando llegue al Occidente del cielo.

¡Que sea durable sobre la tierra, que yo no muera en el Occidente, que sea allí un bienaventurado”


ACLARACIONES
-El ba (alma) del difunto, tras atravesar con éxito el Inframundo y haber sido purificado, accedía, al fin, a la Sala de la Doble Maat, en donde habría de ser juzgado en presencia de Osiris, acompañado de Isis, Neftis y otras divinidades.

-En algunas de las ilustraciones del “Libro de los Muertos” se ve que en uno de los platos de la balanza está colocado el difunto y en el otro, su propio corazón.

-Para que el resultado del juicio fuese favorable al alma era necesario que el hombre, en su vida, hubiese actuado de acuerdo con lo establecido por su corazón, órgano en el que reposaba la idea de lo que es verdadero y justo (es decir, símbolo en el hombre de Maat, la diosa de lo justo y del equilibrio en el cosmos).

-Vemos en este conjuro que el alma pide a su propio corazón que no levante falsos testimonios contra ella, ya que en ese caso sería aniquilada y no alcanzaría la vida eterna.

-Nos llama la atención la frase que dice literalmente: “¡No digáis a propósito de mi: “Hizo aquello, en verdad” con respecto a lo que hice…” Con esta frase parece que el alma está suplicando a su corazón que no la delate ante el Gran Dios (Osiris), que no informe de que cometió alguna concreta falta o pecado en su vida. Se está suplicando que no se diga al tribunal que el difunto hizo tal cosa, entendemos que pecaminosa.

-En decir, en esta formula del capítulo 30 A (existe otra fórmula diferente a aplicar en otras circunstancias, la denominada 30 B), el difunto le hace a su corazón dos peticiones distintas: de un lado, que no levante falso testimonio contra él; de otro, que no lo delate por aquel pecado que cometió.

-Más adelante, el difunto saluda e invoca tanto a sus propias entrañas como a los cuatro dioses de majestuosos penachos. Estas divinidades eran los cuatro hijos de Horus: Ansit, Hapy, Duamutef y Qebehsenuf, bajo cuya protección se colocaban determinadas vísceras del cadáver del difunto en el momento de la momificación.

-Todo parece sugerir que el difunto piensa que tanto su propio corazón, como sus entrañas y los dioses que presiden la actuación terrenal de esas entrañas, son de alguna manera responsables de sus actos, y por tanto son también responsables de aquella falta o pecado que cometió, acerca de la cual pide a su corazón que no le delate en este momento trascendental.

-En suma, el corazón –suplica el hombre- debe callar acerca de algo negativo que sabe que el hombre hizo en su vida, para que su alma no sea ahora condenada a la aniquilación en el Juicio de Osiris.

Es decir, que el alma del difunto no pide perdón ni manifiesta arrepentimiento, como sería usual en nuestra cultura, sino que suplica a su corazón que calle lo que sabe, ya que de alguna forma serían las propias divinidades las responsables últimas de sus actos.

¡Señor, dice uno ahora cuando estudia estas cosas, que sutiles eran los antiguos egipcios!

A nosotros, con todo lo modernos que somos, seguro que en el momento del Juicio Final no se nos ocurriría decirle a Dios:

“Cierto, Señor, sabes que fui un pecador, pero no puedes condenarme por ello, ya que realmente el responsable de mis pecados eres Tú, que inculcaste en mi cuerpo la semilla que permitió que yo actuara de esa forma y no de otra.”



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jueves, 14 de agosto de 2008

ANTIQVA COLECCIÓN





Que Antiqva es un tipo raro es algo generalmente reconocido.

Algunos dicen que a veces escribe extraños “Cuentos Mínimos” que nadie lee. Sostienen otros que con cierta frecuencia se le ha visto, por el campo, persiguiendo a una familia de gatos silvestres que, al parecer, no le hacen ningún caso. Se dice, incluso, que últimamente le ha dado por escribir, ¡Santo Dios!, algún que otro cuento para niños.

En estos últimos días afirman algunos que le han escuchado decir que “la vida seguiría latiendo y se conservaría en las cosas que alguien, alguna vez, ha querido”, de modo que habría decidido abrir un nuevo cuaderno, pleno de “cachivaches”, que habría titulado:
Sin duda, es un tipo extraño.


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miércoles, 13 de agosto de 2008

EL ÁRBOL CANSADO



CUENTO PARA NIÑOS



Aquella tarde, el árbol estaba cansado, así que decidió sentarse en una silla.

-“Uf –dijo- que a gusto estoy aquí, sentado en esta silla, porque estaba cansado, de verdad…”

Pensaba, incluso, el árbol echar una cabezadita, vamos dormir la siesta, cuando alguien, gritando, interrumpió su feliz descanso:

-“Eh, eh, tú… -estaba chillando una niña que se le acercaba-, ¿que haces –le dijo al árbol- sentado en mi silla…?”

-“Bueno -dijo el árbol- es que estaba cansado y como no había nadie. Es que es agotador estar todo el día de pie… Me duelen las raíces una barbaridad. Es que peso mucho, ¿sabes? Y como he visto una silla vacía, pues me he sentado.”

-“Claro -dijo la niña- y que hago yo ahora cuando aparezca el ratón.”

-“¿Qué ratón?” - preguntó el árbol.

-“Pues un ratón que todos los días, cuando está anocheciendo, sale del rinconcito donde vive y corretea un poco por este jardín.”

-“¿Y que pasa con ese ratón juguetón? ¿Qué tiene que ver eso con que me haya sentado en la silla?”

-“Pues que cuando salga el ratón –respondió la niña- y a mi me dé miedo no me voy a poder subir en la silla y no tendré más remedio que ponerme a llorar como una loca, hasta que venga mi mama.”

-“Pues, vaya, eso no lo había pensado yo –dijo el árbol-, pero bueno, verás como eso tiene fácil arreglo –prosiguió-. Escucha, escucha… - le dijo a la niña-“

Un ratito después, cuando comenzó a anochecer, un ratón juguetón que había estado durmiendo como un lirón, salió de su escondite. ¿Os habéis dado cuenta –niños- de cómo les gusta dormir a los ratoncitos durante el día?

Muy alegre, nuestro ratoncito comenzó a corretear por el jardín. Sin embargo, de repente, se paró extrañado. Era la primera vez en su vida que veía a un árbol sentado en una silla.

Pero es que, además, el árbol había bajado una de sus ramas casi hasta la altura de la silla y una niña se había sentado encima de ella.

¡Menuda pareja que hacían el árbol y la niña!

Viendo como el árbol y la niña le miraban, sonrientes, el ratoncito no pudo sino pensar:

-“Que cosas tan raras estoy viendo hoy. Ya solo faltaría que la silla hablase…”

Pero resulta que la silla le había oído, y –claro- habló:

-“Oye tu, ratoncito, ¿Cómo no voy a saber hablar? ¡Claro que sé! Lo que ocurre es que ahora casi no tengo ni fuerzas para hacerlo, como tengo a ese árbol tan gordote sentado encima de mi…”

Para entonces, el árbol y la niña reían como locos. Y al momento la silla también se puso a reír. Y claro, pronto, también, el ratoncito se puso igualmente a reír a carcajada limpia.

Ah –niños- que risa me dio a mi también mientras veía como todos se reían tan felices…


martes, 12 de agosto de 2008

CARTA A UNA AMIGA









Querida amiga:

Este sábado, a primera hora de la mañana, viví una experiencia especialmente simpática con la gata Natacha y su hijo, el gato negro “sin nombre”, de modo que como tuve oportunidad de disparar algunas fotografías no he dudado en “construir” un, digamos, cuento y lo he trasladado al blog. Espero que te guste.

Pero, amiga, no es ese ahora el motivo de que te escriba, o al menos no es el motivo principal. Ya sabes que a mediados de junio, nuestra asilvestrada gata mostraba síntomas evidentes de estar preñada. Sin embargo, a finales de julio, cuando volvimos de las vacaciones, no lo estaba, por lo que pensamos que posiblemente la cosa se habría malogrado, ya que el animal tiene una cierta edad y la vida en el campo no deja de ser dura, sobre todo por el continuo acoso de los perros.

Pues bien, amiga, este mismo sábado, por la tarde, cuando estaba anocheciendo, tuve oportunidad de toparme, de súbito, con una escena tan bella como inesperada. A la sombra de una buganvilla que tenemos al lado de la casa, nuestra amiga estaba recostada en el suelo y, a su lado, jugueteaba un gatito tan blanco como ella. No veas la cara que puso cuando me dijo: “Ojo, Antiqva, que como te acerques demasiado, empiezo a maullarte… y cuídate de intentar toquetear a los críos, que te conozco…”

Y es que al fondo, sobre la propia tierra, debajo de la buganvilla, dormía placidamente otro gatito. Si, si… resulta que nuestra asilvestrada amiga, efectivamente, parió hace algún tiempo y, al menos, le han sobrevivido dos gatitos, que tiene ya prácticamente “criados”. ¿A saber donde los habrá tenido escondidos durante todo este tiempo? No cabe duda de que estos animales tienen una sabiduría natural especial, sobre todo por esa continua amenaza que supone la presencia de los perros.

Tan pronto como me recuperé “del susto”, me fui rápidamente a la cocina y volví con un par de salchichas troceadas y las puse a su lado. “Come, come…, Natacha, que ahora estás criando”, le dije. Pero para mi sorpresa uno de los gatitos (el otro siguió durmiendo) también se animó a comer salchichas. Y no veas como le cundía. Vamos que es cierto que nuestra amiga “ya los tiene criados”. Por eso, posiblemente, no ha dudado en presentarlos “en sociedad”. Como diciendo: “Antiqva, entérate de que ya mismo los dejo de alimentar y vas a tener que ponernos doble ración de ese rico pienso de salmón, con vitaminas y minerales”

Lo realmente hermoso del asunto es que el animal, para ese acto de presentación en sociedad, haya elegido nuestro jardín, lo que acredita –sin duda- que aquí se encuentra a gusto. Aunque, eso si, sigue sin dejar que pase mi mano por su lomo.

En suma, amiga, que ahora, además de una ahijada, tienes dos, digamos, “nietecillos”, de lo que he pasado rápidamente a tenerte informada, dada la debilidad que se que sientes por estos simpáticos animales.

Un abrazo, amiga, y espero que la noticia te brinde un momento de alegría.






domingo, 10 de agosto de 2008

GATOS AL AMANECER









A Natacha, amiga entrañable



Aquel día, Antiqva se había levantado temprano. Intentando no hacer demasiado ruido se dirigió a la puerta de la casa y salió al pequeño jardín. Sabía que Natacha, la gata blanca, y su hijo “Innombrado”, un bello y desconfiado gato negro que ni siquiera tenía nombre, estarían esperando el desayuno. En una de sus manos portaba un saquito de pienso.

Efectivamente, a las 8 de la mañana de un sábado, allí estaban los dos gatos silvestres esperando que aquel tipo extraño quisiera darles algo de comer. Corría el mes de agosto y el día amenazaba un calor inmenso, sin embargo, inesperadamente, se puso en marcha una pequeña ráfaga de viento y una de las puertas del pasillo se cerró bruscamente. Sonó un portazo estrepitoso.

-“Santo Dios, Antiqva, se puede saber que haces levantado a estas horas y armando ese ruido…”, exclamó María, sobresaltada.

-“Nada, nada, cariño, había salido a ver que tiempo hacía”, mintió el hombre.

Antiqva, mientras tanto, había dejado el saco de comida en el suelo y había vuelto a la casa para cerrar todas las puertas con gran cuidado intentando evitar así nuevos posibles portazos.

Cuando volvió al jardín, para su sorpresa, el hombre se encontró a Natacha y al Innombrado olisqueando –curiosos- aquel extraño bulto.

-“Mami, que diantres será esto”, escuchó decir al Innombrado.

Antiqva, algo atolondrado a esa hora de la mañana, reparó pronto en que los animales, sin duda tan hambrientos como juguetones, tenían un interés especial en averiguar que era “aquella cosa”, así que retrocediendo otra vez sobre sus pasos se dirigió de nuevo a la casa en busca de su cámara fotográfica. “Por lo que pueda pasar”, pensó.

Para entonces, María, en estado de dormivela, no cesaba de refunfuñar:

-“Pero se puede saber que buscas ahora… Menudo jaleo que estás armando…”

-“La máquina de fotos, cariño” –respondió nuestro amigo algo tembloroso.

-“¿Y para que quieres la máquina de fotos a estas horas? Te estás volviendo loco. ¡Ah, no, claro…! –reparó la mujer- seguro que son esos gatos que te tienen trastornado… En esta casa no hay quien duerma…”

Sin decir palabra, Antiqva, máquina en ristre, salió de nuevo a la calle en busca de los tan mentados gatos silvestres. En ese momento, el Innombrado, con sus manitas, dominado por el hambre y la curiosidad, estaba golpeando el saquito de pienso. Pronto, alborotados por el olor a salmón y otros pescados que salía de su interior, los dos gatos se estaban atropellando metiendo sus respectivos hocicos en él, sin consideración alguna de edades o dignidades, y sacando con sus dientes lo que habría de constituir aquel día su desayuno.

En cuestión de segundos, el saco –envestido una y otra vez por las fieras- había terminado rodando por el suelo y los dos animales, sin temor o miramiento alguno, tenían metidas sus cabezas en su interior. Solamente sus lomos estaban ahora fuera del saco.

Fue entonces, cuando los dos felinos masticaban “como fieras”, ajenos a todo, cuando Antiqva pensó:

-“Señor, que buena ocasión, ahora que están distraídos, para pasarles la mano por el lomo y acariciarles siquiera por un instante.”

Sin embargo, recapacitó y no lo hizo. Era plenamente consciente de que esos gatos no querían que los humanos los acariciasen. Si él lo hacía, aprovechando su distracción momentánea, los dos animales, indefensos en el interior del saco, se llevarían un susto “morrocotudo” y posiblemente perderían toda la confianza que habían depositado en en él en los últimos meses.

Cuando, al poco, se hartaron de comer y “salieron del saco”, fue el momento que Antiqva aprovechó para, en un gesto tremendamente rápido, pasar delicadamente su mano por la punta del rabo de la blanca Natacha.

“Fuff, fuff, fuff…”, refunfuñó la gata, como siempre, mientras le mostraba al hombre con tintes de amenaza sus fieros colmillos. “Te quieres estar quieto, Antiqva.”

“Vamos, vamos… -escuchó también decir en ese momento el hombre a María-, deja en paz de una vez a los gatos, que es hora de preparar nuestro desayuno… Señor, señor… mira que siempre desayunan los gatos antes que nosotros…”









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viernes, 8 de agosto de 2008

MARÍA Y EL EXTRANJERO





“María estuvo a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba. “¿Por qué, entonces, casarte conmigo?”, dijo. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lo deseaba podíamos casarnos. Por otra parte era ella quien lo pedía y yo me contentaba con decir que sí. Observó entonces que el matrimonio era una cosa grave. Respondí: “No.” Calló un momento y me miró en silencio. Quería saber simplemente si habría aceptado la misma proposición hecha por otra mujer a la que estuviera ligado de la misma manera. Dije: “Naturalmente.” Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada sobre ese punto. Tras un momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso mismo, pero que quizá un día le repugnara por las mismas razones. Como callara sin tener nada que agregar, me tomó sonriente del brazo y declaró que quería casarse conmigo…”

Albert Camus (El extranjero)


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PERMITID, SEÑOR





Permitid, Señor un poco de lujuria en este mundo.
Permitid que el roce de los labios sea caliente levadura,
permitid que las pupilas de luto del deseo se hundan en el pozo de otros ojos,
permitid que la mano del osado amante palpe la sangre ajena estremecida.

Dejad hervir la entraña de los machos sobre la piel desnuda,
dejad el juego de los adolescentes labios bucear en los senos de los lirios,
dejad las vírgenes con su secreto fuego ardiendo en piras escondidas,
dejad los muslos de los verdes tallos mezclarse en llamas
de tacto, en apretadas lianas de caricias.

Que el rubor se desnude enteramente y la escultura
surja de tactos y torrentes,
que los zumos de ojos exprimidos y de brazos,
manen de fuentes secretas y de labios.
Permitidlo, Señor, que ya sufrieron sus penas los humanos,
que ya, bastante, la carga duró sobre los hombros.

Juan Bernier (Permitid, Señor)

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jueves, 7 de agosto de 2008

martes, 5 de agosto de 2008

EL ÚLTIMO GRAN FARAÓN



Cuando corría el año 1176 antes de Cristo, los hombres de Egipto sintieron atemorizados que los cimientos de su tierra temblaban. Llegaban noticias de que una horda inmensa formada por gentes tan heterogéneas como belicosas, que nadie sabía realmente de donde procedían, había sometido a los antiguos griegos (los micénicos que poco antes habían luchado en Troya) y tras expandirse por las riberas del Mediterráneo estaban a punto de asolar Egipto.

Corría entonces el año octavo del reinado de Ramsés III, el último gran faraón y por fortuna para su pueblo el rey-dios puso pronto en pie un ejército formidable con el que no dudo en enfrentarse a esos denominados “Pueblos del Mar” que poco antes habían hecho desaparecer, casi de un plumazo, al hasta entonces potente reino de los hititas.

Los relieves del templo de Millones de Años que Ramsés III ordenó levantar en Medinet Habu nos han transmitido información precisa acerca del modo en que los hombres de Egipto fueron capaces de repeler a los invasores. El faraón había ordenado que en la boca del Nilo formase una inmensa muralla de navíos de guerra y cuando los intrusos intentaron con sus naves penetrar en el delta para saquear el país fueron exterminados por los arqueros egipcios que desde los barcos y desde las orillas del río disparaban oleadas continuas de flechas contra ellos. En las inscripciones, el monarca dejó constancia de que: “Respecto a aquellos que alcanzaron mi frontera (los Pueblos del Mar), su semilla ya no existe, sus corazones y almas han sido exterminados para siempre…”






Desde esos acontecimientos, que libraron a Egipto del caos y la desolación, Ramsés III ha producido una intensa fascinación entre los hombres, a pesar de lo cual nada podría evitar que una conspiración urdida en el propio Harén Real por Tiy, una de sus esposas secundarias, ensombreciera los últimos momentos de vida del monarca, que para entonces contaba más de sesenta años de edad. Todo sugiere que Ramsés III habría muerto posiblemente envenenado en el curso de esa conjura.

Con todos estos antecedentes sobre Ramsés III, una de las figuras más atrayentes de la historia de Egipto, no debe causaros extrañeza –amigos- que hace unas semanas, cuando paseábamos por las calles de Salamanca, Antiqva no dudara en adquirir una bella representación de este hombre-dios con la que nos habíamos topado en una tienda de artículos de artesanía. Próximamente hablaremos de algunas de sus singularidades.
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LA CORONA DE RAMSÉS III



Hemos hablado algo de Ramsés III, del que decíamos que habría sido una de las figuras más atrayentes de la historia de Egipto. Pues bien, amigos, hace unas semanas, cuando paseábamos por las calles de Salamanca, Antiqva no dudó en adquirir una bella representación de este hombre-dios con la que nos habíamos topado en una tienda de artesanía situada en la calle de la Compañía, cuando estábamos curioseando por si acaso encontrábamos unas “bocas” de las que nuestra amiga Natacha nos había hablado.

Se trata de una representación que para nosotros está dotada de una intensa belleza y de la que quisiéramos destacar ahora las singularidades de la corona que el faraón luce en su cabeza, que el artesano ha sabido reproducir de manera magistral.

Ante todo, Ramsés, que cruza sobre su pecho los tradicionales atributos de los faraones (el cayado y el fragelo) luce la usual barba postiza (símbolo también de la realeza) y cubre su cabeza con el denominado “nemes” que era un tocado de tela que caía a ambos lados de la cara y que se anudaba en la parte posterior. Es de color azul (lapislázuli) con rayas doradas o amarillentas que simbolizaban la eternidad e incorruptibilidad del sol. Este tocado se utilizó desde los tiempos del Reino Antiguo y es el que luce, por ejemplo, la Esfinge de Guiza, que está enclavada junto a las grandes pirámides.

En el centro del “nemes”, en la frente de Ramsés, la serpiente cobra “ureus”, erguida, era un símbolo protector de especial eficacia para los antiguos: escupía llamas de luz que aniquilaban a los enemigos del faraón.







Por encima de este bello tocado mágico protector, Ramsés III luce una versión especialmente llamativa de la denominada Corona “Atef”, considerada tradicionalmente como símbolo de Osiris, la divinidad de la ultratumba. Ante todo podemos apreciar como encima de la cobra “ureus” el artesano ha reproducido un disco solar, símbolo de la divinidad primigenia: Ra (el sol), del que nacen unos retorcidos cuernos de carnero que sirven de asiento a la propia corona, que está adornada en sus dos lados por dos plumas de avestruz (símbolo de Maat, de la que luego hablaremos). Las plumas tienen sus filos resaltados en oro y están coloreadas en rojo, azul y negro. Todo el conjunto está coronado por otro disco, en este caso de color oro, que es propio de los tiempos del Reino Nuevo, cuando reinó Ramsés III y que algunos especialistas han relacionado con el fruto del árbol “Ished” (otro símbolo solar, nuevamente).

Las dos plumas de avestruz están coronadas, si os fijáis, con la representación de sendos chacales, animales que simbolizaban a Anubis, el dios que acompañaba a los muertos en sus primeros pasos por las regiones del Inframundo. A ambos lados de las plumas, igualmente, se han situado otras dos cobras protectoras del tipo de la que Ramsés luce en la frente.

La Corona “Atef” que porta nuestra imagen facilitaba al faraón, si seguimos las creencias egipcias, su renacimiento en el Más Allá tras la muerte. A veces, se complementaba con otros añadidos que igualmente tenían una especial fuerza simbólica, como sucede en esta imagen en la que “colgados” de los extremos de la cornamenta podemos distinguir a dos figurillas que están sentadas. Las dos portan una pluma de avestruz y simbolizan a la diosa Maat, que era la divinidad que presidía en el antiguo Egipto las ideas del orden, el equilibrio y la justicia. Maat era además la señora de la sala en la que, delante de Osiris y otros dioses, se juzgaban las acciones de los hombres cuando estos fallecían.

Por cierto, antes comenté que el faraón portaba un fragelo y un cayado. El hecho de que uno de los atributos del rey fuera un cayado no era otro sino que, para los egipcios, el faraón era “el buen pastor” de su pueblo, algo –amigos- que sin duda os sonará.
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lunes, 4 de agosto de 2008

CONIMBRIGA

Reconstrucción del patio de una villa romana de Conimbriga. El patio, rodeado por una galería porticada, integraría bellos jardines y estanques. En torno a ese patio, se articulaban las distintas habitaciones de la villa.



Lucerna romana de barro adquirida en el museo de Conimbriga, en el que se expone la pieza original. Una divinidad alada sostiene en sus manos una medalla y una espiga con las que se desea prosperidad a su poseedor.


Todo sugiere que los portugueses consideran a la ciudad de Coimbra la capital cultural de su país. Es una ciudad, dicen, especialmente “romántica”, que destaca por su ambiente “universitario”, cuyos fundamentos se remontarían a los tiempos del siglo XII, cuando –tras la Reconquista- con la construcción de un nuevo puente sobre el río Montego y la erección del monasterio de la Santa Cruz habría de comenzar una etapa de esplendor para la ciudad.

La Universidad de Coimbra, que hace que muchos consideren a esta ciudad como la “Atenas portuguesa”, habría sido fundada algo después, en 1230, por el rey don Dinis y desde entonces parece que sucesivas generaciones de estudiantes habrían ido perfilando el estilo de vida y la fama de Coimbra.

Con estos antecedentes, cuando visitamos la ciudad en julio pasado la verdad es que uno, esperanzado, confiaba encontrarse con algo similar a nuestra querida Salamanca castellana. Pensábamos que el recorrido por Coimbra iba a ser uno de los “platos fuertes” del itinerario que estábamos realizando por las tierras de Portugal.

Pues bien, nos equivocábamos. A medida que fuimos conociendo Coimbra, tomamos pronto conciencia de que actualmente las huellas de su pasado esplendoroso han quedado diluidas en un contexto de decadencia y suciedad. Nos llamó poderosamente la atención el pésimo estado de conservación de las zonas universitarias “más nobles” de Coimbra: suelos en mal estado, desconchones en las paredes, los azulejos de las paredes rotos en miles de pedacitos… y sobre todo, una sensación inmensa de suciedad y abandono que lo invadía todo.

En fin, que lo más grato que recordamos de Coimbra es el paseo que hicimos por lo que es su centro comercial, en donde –al menos- el abandono no es tan evidente. Los monumentos de su casco histórico, por el contrario, tenían adherida una capa de “mugre”, que no dejaba de llamarnos la atención.

El resto de la jornada, ya por la tarde, tras el almuerzo, lo dedicamos a visitar el yacimiento arqueológico de Conimbriga, en donde estuvo asentada la antigua ciudad romana, conocida en sus primeros momentos como Aeminium. Sus vestigios están situados a pocos kilómetros de Coimbra y merece la pena su visita, ya que las partes más nobles de la ciudad, es decir las lujosas mansiones en las que residieron los patricios, han sido adecuadamente restauradas y se manifiestan en un atractivo estado de conservación, adornadas con abundantes jardines.

Pudimos completar la visita a las propias ruinas de Conimbriga con la que realizamos también a su modesto pero atractivo museo arqueológico, en el que –como siempre que tenemos ocasión- compramos una pieza cerámica, con cuya imagen hemos “ornamentado” estas palabras. Se trata de una lucerna romana de barro, de una sola piquera, que nos brinda uno de los temas usuales en este tipo de piezas: una diosa alada que porta una gran espiga en su mano izquierda y nos enseña una medalla que sujeta con su mano derecha. Todo ello es símbolo y deseo de prosperidad y lo usual es que en la medalla existiera alguna inscripción confirmatoria de ese deseo.

En suma, no nos gustó nada el estado de conservación del casco histórico de Coimbra; nos llamó la atención la razonable “buena presencia” de algunas de las villas más nobles de Conimbriga, y nos encantó –finalmente- la bella lucerna de barro que pudimos adquirir en su interesante museo arqueológico.

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COSAS SENCILLAS






Algunas cosas sencillas, como un beso o unas lágrimas, hacían que a la mujer, de repente, se le manifestase lo invisible.



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domingo, 3 de agosto de 2008

MUJERES DEL RENACIMIENTO





En la actualidad, los expertos en el medievo afirman unánimemente que el tremendo incremento demográfico correspondiente a este periodo, se debió, sin duda, al renacimiento del amor. Por mi parte, si no es demasiado tarde, quiero expresar mi agradecimiento a las mujeres renacentistas, por el entusiástico celo con que se entregaron al movimiento. Mujeres como aquéllas, no se encuentran ya.

Indiscutiblemente, el amor fue el elemento determinante del aumento de la población. Pero, aun el amor, con lo poderoso que es, precisa de la cooperación del sexo fuerte, y, en aquella época el sexo fuerte se hallaba activamente ocupado en la apertura de nuevas rutas comerciales. ¿Qué hay que pensar, entonces? ¿Existe solución para este enigma? El misterio subsistió durante centurias, hasta que hace un año, el doctor Max Krum, autor de “El amor y las rutas comerciales”, aventuró una hipótesis que fue aceptada y abucheada con igual entusiasmo. Sugería en ella la posibilidad de que, aprovechando la ausencia de los maridos, comprometidos en la búsqueda de las rutas comerciales, descendieran sobre las ciudades grupos nómadas de godos. Es probable que los godos, cantando acompañados del rasgueo de sus guitarras a lo largo de las vías urbanas, no tardaran en atraer la atención de las chicas renacentistas, con las consecuencias previsibles en ausencia de los varones medievales…

Groucho Marx (Memorias de un amante sarnoso).


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PREMIOS




En estos días hemos recibido tres nuevas muestras de cariño, que pasamos a comentar seguidamente y que agradecemos con el alma y el corazón:

Y LA LUZ SE HIZO nos ha enviado el Premio “A LA LUZ INTERIOR”. ¡Santo Dios, que detalle tan de agradecer…”




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UN PAÍS EN LA LUNA nos ha trasmitido el Premio “BLOG ÁCIDO”, magnífico galardón para una persona que, como Antiqva, disfruta paseando entre los naranjos de Andalucía.



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LA CIUDAD SIN NOMBRE, finalmente, a puesto a disposición de sus amigos el Premio “BRILLANTE WEBLOG”, y Antiqva, como es su amigo, pues no ha dudado un segundo en tomarlo…

Un fuerte abrazo, amigas Natacha y Alfaro, que estáis detrás de todo esto.

Y por mi parte, los tres premios los hago seguir, con todo mi alma y todo mi corazón, a las personas que una y otra vez me venís brindando momentos de felicidad con los comentarios que dejáis plasmados en este cuaderno.

Un fuerte abrazo y gracias a todos por vuestra presencia y vuestras palabras.
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viernes, 1 de agosto de 2008

LOS SUEÑOS DE LOS MUERTOS





El coronel la persiguió con una mirada completamente inconsciente. Ella habló en la penumbra cuando cerró la ventana.

-¿Usted sueña con frecuencia?

-A veces –respondió el coronel, avergonzado de haber dormido-. Casi siempre sueño que me enredo en telarañas.

-Yo tengo pesadillas todas las noches –dijo la mujer-. Ahora se me ha dado por saber quién es esa gente desconocida que uno se encuentra en los sueños.

Conectó el ventilador eléctrico. “La semana pasada se me apareció una mujer en la cabecera de la cama”, dijo. “Tuve el valor de preguntarle quién era y ella me contestó: Soy la mujer que murió hace doce años en este cuarto.”

-La casa fue construida hace apenas dos años –dijo el coronel.

-Así es –dijo la mujer-. Eso quiere decir que hasta los muertos se equivocan.

El zumbido del ventilador eléctrico consolidó la penumbra…

Gabriel García Márquez (El coronel no tiene quien le escriba)

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