Páginas

domingo, 30 de noviembre de 2008

CACHARROS Y CACEROLAS

Juan Lascano




IMÁGENES Y PALABRAS HA LLEGADO A SU ENTRADA NÚMERO 500

.
Los nebulosos recuerdos de la infancia me trasladan, envuelto en los sueños, a un caserón de adobe, de dos plantas, que se alzaba en el Paseo de Farnesio, frente a las tapias del ferrocarril, en Valladolid. Allí, en una vivienda de la planta superior, fue donde Antiqva vivió sus primeros años.

En el que quizás sea el primer recuerdo que tengo me veo, con cierta nitidez a pesar del tiempo pasado, sentado en una inmensa mesa hecha con tablones de madera (posiblemente la recuerdo tan grande porque Antiqva era muy niño). Estoy en la galería descubierta que se habría al patio interior y contemplo como la gata Perona, siempre hambrienta, se está atragantando con las escasas sobras de comida. Al poco, el pequeño Antiqva, enfrente de la gata, sentado, entre risas, consciente de que está siendo contemplado por su madre y su hermana, está canturreando una antiquísima canción: “Cocinero, cocinero…”, que posiblemente habrá escuchado hace un momento en la radio. Precisamente, estos días pasados pude localizar en ese rincón de sueños que es YouTube esa entrañable –para uno- cancioncilla.

Todo parece sugerir, como podréis ver, que en aquellos tiempos nebulosos Antiqva debía ser un pequeño diablo. En estos momentos parece que estoy escuchando como mi madre, algo sofocada, habla con mi abuela:

-“Madre –le dice-, el niño “nos ha salido” llorón… Por las noches se pone a llorar y no nos deja dormir… No sabemos cuantas noches llevamos sin poder “pegar un ojo”… Vaya con el niño…”

-“Pero Leo –le responde mi abuela- eso tiene una solución sencilla. Cuando el niño se despierte por la noche, le llevas a la cocina y le dejas allí jugando. Verás como se entretiene el solito. Se ve que es un niño vital y no necesita dormir mucho. Tú, hija, tranquila, le pones los zapatitos y dejas que juegue en la cocina.”

No fue necesario que mi abuela dijera aquello dos veces. Mi madre, tan bondadosa como ingenua, esa misma noche, cuando Antiqva comenzó a llorar, no lo dudó. Al poco, el niño estaba en la cocina, que era el lugar más caliente de la casa, él solo, para que se entretuviera con sus juegos.

Lo que no podía sospechar Leo, ni mi abuela, es que antes de que la primera hubiera podido llegar siquiera a la cama, Antiqva, que había abierto las puertas del armario de la cocina, había sacado de su interior varias sartenes, pucheros y cacharros, y maravillado con los metálicos ruidos que producían se había puesto, enloquecido, a golpear con una de las sartenes a los pucheros y cazuelas que había antes desparramado por el suelo.

Los gritos de las vecinas, al momento, rompieron el desarrollo de la infantil “cacerolada”:

-“Leo, Leo… -chillaba la señora Elena- ¿Qué pasa en tu cocina, que parece que se está cayendo todo…? ¿Ay, Dios mío, habrá que avisar a los bomberos…? –preguntaba a voces la señora Jesusa-…”

-“No, no…, no pasa nada… -se escuchó decir a mi madre-, es que el niño está jugando…”

Fue entonces cuando mi madre –estremecida- sintió que el atronador vocerío de la vecindad se incrementaba hasta alcanzar niveles insospechados. Parece ser –me habría de contar mucho tiempo después, entre risas, que en aquella casa, en la noche, nunca nadie había gritado así:

-“Pero Leo, mujer, por Dios, sujeta al niño, que nuestros maridos tienen que madrugar… Menuda “escandalera”… Vaya con el angelito… Pero a quien se le ocurre…”

Aquel entrañable acontecimiento habría de tener varias consecuencias que incidirían en el posterior desarrollo de Antiqva: de un lado, su madre, una adorable jovencita, maduró “de golpe” y dejó de prestar esa atención tan especial a algunos de los consejos de mi abuela; de otro, Antiqva supo pronto lo poco entrañable que resultaba que a uno le arrearan con la mano, suavemente, en ese adorable lugar en el que la espalda termina perdiendo su bello nombre.
.

sábado, 29 de noviembre de 2008

NUEVO AMANECER




Nuestra amiga Costarossa (Mi vida ordinaria en una costa glamurosa) nos ha hecho seguir el premio "NUEVO AMANECER", en el que parece que el galardonado debe buscar una imagen que le haya atraido por algún motivo y pasar a nominar a ese otro blog de donde procede. La imagen elegida por Costarossa fue una que reproduce un detalle del lienzo de la etapa del esplendor califal de uno de los muros de la Mezquita de Córdoba. Decía nuestra amiga: "La foto que me gusta mucho es ésta y se la paso a Antiqva para que nos siga inspirando con las imágenes de Córdoba, una ciudad que me conquistó con su misterio y dónde me gustaría volver.
.
Bueno, pues ahora Antiqva ha decidido publicar aquí una imagen tomada de ISIS DE LA NOCHE, a la que animanos a proseguir con este, digamos, juego. Y lo hacemos porque nuestra amiga Isis, tan mistérica y tan estudiosa de lo profundo, siempre nos atrae con la magia de sus palabras.

.

jueves, 27 de noviembre de 2008

PEQUEÑO CUENTO TRISTE





El hombre, que caminaba abatido, suspiró con fuerza.

Fue entonces cuando algunos vieron como su alma, aprovechando el momento del suspiro, salía de su cuerpo y corría deslumbrado tras los ojos de una mujer con la que poco antes se había cruzado.

Parece que el alma, poseído por una extraña fascinación, nunca regresó, pero cuentan algunos que el hombre, tan abatido, nunca llegó a reparar en ese abandono.
.

martes, 25 de noviembre de 2008

DE TRES AMIGAS

¡Gracias, Costarossa!

¡Gracias, Marinel!

¡Gracias, Susuru!


.
En estos últimos días Antiqva, un tipo afortunado, ha recibido tres muestras de afecto por parte de tres amigas "invisibles": Susuru, desde Argentina, le ha mandado un beso de esos que se sienten en la mejilla; Marinel, entrañable amiga de estas cosas de Internet, le hace saber que está contenta de considerarle su amigo (¡qué honor para uno, claro...!) y Costarossa, que debe saber que a Antiqva le tienen medio locos unos gatos de vida nocturna le ha hecho llegar un galardón que premia precisamente esa "alevosa nocturnidad" tan propia de los felinos.... Gracias, amigas, por estas muestras de efecto, que Antiqva envía de corazón a todas aquellas personas que de vez en cuando vienen leyendo estas "Imágenes y palabras".
.

LA MALDICIÓN DE SINUHÉ (Y II)

El difunto es conducido por Anubis al Juicio de Osiris



La terrible noticia se divulgó por la ciudad con la rapidez con que la luz del amanecer irrumpe en la tierra. Pronto todos los hombres supieron que Sinuhé, el que había sido médico del rey, posiblemente no había podido alcanzar la inmortalidad.

Pronto, también, los rumores comenzaron a extenderse por los barrios de Tebas. Eran muchos los que sabían que Senet, el sacerdote que había dirigido los ritos funerarios, el hombre que revestido con la piel de un leopardo había viajado al más allá para buscar el Ka de Sinuhé, no era precisamente un hombre adornado por las virtudes que son gratas a los dioses. Muchos sabían de su amor a la cerveza y de la pasión que sentía por las mujeres y pronto se comenzó a escuchar que en la noche que precedió a los funerales se le había visto acompañado de Nerit, una cortesana que con su cuerpo hacía gratas las horas de los hombres sin escrúpulos.

Todo sugería que en ese abominable acto de impiedad podía encontrarse la causa de la desgracia que se había abatido sobre Sinuhé. Se sabía que los dioses tenían establecido que los sacerdotes que hubieran de llevar a cabo los ritos funerarios debían estar plenamente puros, pulcros en el lavado y vestido, sin haber comido alimentos impuros y sin haber mantenido relaciones sexuales con mujer alguna. Senet, que había gozado con el cuerpo de Nerit la noche anterior, era un hombre impuro. Nunca hubiera debido participar en los rituales que habrían de devolver la vida a Sinuhé. Poseído por el vicio había sido incapaz de arribar al Reino de los Muertos, y todo hacía pensar que el Ka de Sinuhé había quedado extraviado en el Inframundo por toda la eternidad.

Las sospechas se confirmaron pronto. A la mañana siguiente Senet fue encontrado muerto en su lecho. Nadie vertió lágrimas por él. Merecía morir por el acto de impiedad que había cometido. Nadie se ocupó de sus funerales. Su nombre fue borrado de los libros. Su cuerpo fue quemado y sus huesos quedaron abandonados en la Tierra Roja del desierto.

Muchos hombres sabían que Sesostris, cuando hizo construir la tumba de Sinuhé, había ordenado grabar en una de las paredes la más terrible de las maldiciones:

“Oh, viajero que llegas a la tumba de Sinuhé. Pronuncia mi nombre para que sea recordado por toda la eternidad. Un hombre vuelve a la vida cuando su nombre es pronunciado. Oh, viajero, pide también ofrendas para mi a los dioses, que nunca falten en mi tumba las ofrendas de pan y de cerveza. Pide para mi que nunca falten en mi tumba todas las cosas buenas. Si así lo haces, mi espíritu velará por ti durante toda la eternidad.

Oh, quienquiera que seas, que llegues a esta tumba en estado de impureza o con malas intenciones: se consciente de que el espíritu de Sinuhé te atrapará en la noche, como si fueras un pajarillo, y te destrozará con sus manos. Ten además la certeza de que Sinuhé te denunciará ante el Tribunal de los Dioses y que estos ordenaran que seas aniquilado de inmediato, por toda la eternidad.”

Y fue así como aquella noche todos los hombres y todas las mujeres de Tebas se sintieron felices. La maldición de Sinuhé había producido su efecto y Senet, el sacerdote impuro, había sido aniquilado. Además, el triunfo de Sinuhé confirmaba que el que había sido médico del rey, con sus grandes conocimientos de magia, había sido capaz –él solo, iniciado en los Grandes Misterios- de encontrar su Ka en el Reino de los Muertos, e igualmente todo nos decía que su espíritu había superado el Juicio de Osiris y había podido acceder, finalmente, a la existencia feliz durante Millones de Años.

Todos supimos así, envueltos en la alegría, que Sinuhé había sido declarado “Justo de Voz” por el Tribunal de los Dioses.


.

lunes, 24 de noviembre de 2008

LA MALDICIÓN DE SINUHÉ (I)

El oficiante, cubierto con una piel de leopardo, va a realizar el ritual de la Apertura de la Boca a la momia




Ese día se iban a celebrar los funerales de Sinuhé y todos los hombres y mujeres de Tebas habían llorado.

Hacía muchos años, Sinuhé, que había sido médico en la Gran Mansión de Amenemes I, había quedado atrapado en el miedo cuando tuvo conocimiento de que el rey había sido asesinado. De forma apresurada, invadido por el temor, decidió abandonar la Tierra Negra y encaminó sus pasos al país de los asiáticos, cruzando los Muros del Príncipe, en la noche, tal y como hacen los fugitivos.

Habrían de pasar muchos años para que Sinuhé, ya envejecido, tuviera conocimiento de que Sesostris, hijo de Amenemes, había tenido piedad de él. Le había hecho saber que no deseaba que Sinuhé muriera en las tierras de los asiáticos sino que quería que retornase a Egipto para morir y ser enterrado en la Tierra Negra.

Fue así como Sinuhé, sintiendo un inmenso alborozo, abandonó las arenas en las que vivía y retornó a su amada Tebas, en donde fue recibido por nuestro rey en medio de una gran alegría. Ordenó entonces Sesostris que fuese construida para él una tumba magnífica en la necrópolis de la Tierra Roja y se preocupó también de que todas las necesidades de este hombre, mientras viviese y luego tras la muerte fuesen atendidas adecuadamente. Con esa finalidad, ordenó Sesostris que se le nombrara un Sacerdote Funerario, que habría de encargarse de los cultos debidos a su Ka una vez que Sinuhé arribase al momento de partir al mas allá. Para atender los gastos que implicaba ese culto funerario mandó también el rey que se le asignaran las rentas a producir por una explotación agrícola que concedió a Sinuhé, tanto mientras viviese como luego, durante toda la eternidad, para el mantenimiento de su memoria.


LOS FUNERALES

------------------------

Muerto Sinuhé, una vez que su cuerpo fue embalsamado en la Casa de la Muerte, el sarcófago que contenía su momia, tras cruzar las aguas del Nilo y arribar a la orilla de la Muerte, situada el oeste de Tebas, fue colocado sobre un trineo del que tiraban dos bueyes. Abrían la comitiva funeraria dos Sacerdotes Puros, que iban arrojando agua y leche delante del trineo en la justa cantidad para evitar que este se hundiera en la arena, una vez que esta había sido humedecida y pisada.

Llegados a la puerta de la tumba el Sacerdote Lector fue recitando las fórmulas mágicas en tanto que el Sacerdote del Ka procedió a tocar la boca de Sinuhé con una azuela de hierro celeste, para conseguir que la vida retornara al cuerpo momificado.

Dijo el Sacerdote Lector: “Salve Osiris, Toro del Occidente, soy Sinuhé, el más divino de los dioses protectores. He luchado por ti. Soy uno de los dioses del tribunal que ha proclamado justo a Osiris en el día del peso de las palabras. Pertenezco a tus gentes, Osiris. Soy uno de los hijos de Nut que masacraron a los enemigos de Osiris y que capturaron a los que se habían rebelado contra él…”

Y prosiguió: “¡Oh vosotros, espíritus que abrís los caminos, que despejáis los senderos a las almas perfectas que caminan hacia la mansión de Osiris! ¡Abrid los caminos a Sinuhé, despejad los caminos a su alma, que está purificada con vosotros…”

Y mientras la boca era tocada con la azuela fabricada con hierro celeste: “Que mi boca sea abierta por Ptah, que las vendas que amordazaban mi boca sean desatadas por el dios de mi ciudad… Mi boca me ha sido restituida, mi boca me ha sido abierta… ¡Qué los dioses rechacen cuantos sortilegios y conjuros mágicos se hagan contra mí! ¡Qué se apongan a ellos todos y cada uno de los dioses de la Enéada!”

Todos sentimos una emoción de especial intensidad cuando llegó el momento en que el Sacerdote, cubierto con una piel de leopardo, tras recitar diversos conjuros a un ritmo trepidante, envuelto en el humo del divino incienso y atrapado en el ruido de los tambores que tocaban de manera frenética varios hombres mientras bailaban la danza de los “muu”, fue entrando en estado de trance. Todos sabíamos que ese era un momento de gran peligro, ya que el sacerdote, protegido por la piel de la fiera, debía entrar en el Reino de los Muertos y regresar con el Ka de Sinuhé, que tendría de nuevo que incorporarse a su cuerpo momificado para que la vida retornara.

Con preocupación, todos nos fuimos dando cuenta, envueltos en un gran pesar, de que algo inusual estaba sucediendo. El Sacerdote, cada cierto tiempo, abandonaba su estado de delirio pero todos veíamos que el ansiado retorno del Ka de Sinuhé no se producía. Pasaron las horas y llegó el momento de dar comienzo a los rituales de las Cuatro Antorchas de Glorificación; había llegado la noche y el espíritu de Sinuhé debía atravesar las siete puertas de Osiris, situadas en el Reino de los Muertos, único medio de llegar a la Sala de la Doble Maat, donde su corazón habría de superar el Juicio de Osiris para, si era declarado Justo, poder acceder a la inmortalidad. Fueron realizados los rituales de las antorchas, pero todos sentimos que la Luz de Ra no parecía atraída por los conjuros y el cuerpo de Sinuhé, quizás desprovisto de su Ka, hubo de quedar, al fin, depositado en la tumba. Todos los hombres y todas las mujeres lloraban, ya que pensaban que la momia de Sinuhé, quizás, no había podido retornar a la vida, y por tanto la inmortalidad le habría sido negada. De ser así, su espíritu habría sido aniquilado.



.

domingo, 23 de noviembre de 2008

ALQUIMIAS Y SOLOMILLOS TURDETANOS

Solomillos turdetanos


Natacha al acecho, por si sobra algo...




Proseguimos avanzando en nuestra acreditada sección de “Cocina Recreativa”.

Son pocos los que saben que solamente algunos tenemos conocimiento de que ciertos procesos alquímicos especialmente sofisticados permiten transmutar unas piezas de solomillo ibérico en un suculento bocado en el que se integran todas las virtudes tradicionalmente reconocidas a los pueblos integrados en las antiguas culturas turdetanas, es decir propias de la tierra de María Santísima.

En un acto impío de divulgación de esos procesos misterios Antiqva ofrece hoy a sus amig@s ese ignorado proceso de transmutación, que hasta ahora solo se había trasmitido de viva voz, de madres a hijas, como las buenas herencias.

Veamos lo que dice esa tradición:

Ante todo, las piezas de solomillo se deben sacar del frigorífico y han de situarse sobre una plancha o sartén sin aceite, con la finalidad de que se vayan “plancheando” en su propio jugo. Se añadirá sal gorda. ¡Ah, la Divina Sal…! ¿Qué tiempos aquellos en que nadie sabía que la sal era cloruro de sodio…!

Cuando las piezas estén prácticamente “plancheadas”, al gusto de cada uno, que Antiqva en eso no se mete, se debe verter sobre ellas un chorrito de aceite de oliva virgen extra elaborado en la Subbética cordobesa, comarca donde siguen todavía produciendo el aceite del mismo modo que lo hacían los romanos.

Lo esencial del proceso es que el aceite no se fría, es decir que no se queme, con objeto de evitar sufrimientos estériles y que sus propiedades “vivas” se incorporen a la carne. Una vez retirados los solomillos de la plancha puede resultar de interés añadir unos toques de pimienta y de hierbas provenzales.

En la imagen mostramos el resultado final del proceso. A los solomillos turdetanos se ha incorporado una fritanga de verduras (alcachofas, apio, zanahoria, pimientos verdes y rojos, champiñones, cebolla y jamón) cuyo proceso de elaboración no estamos autorizados a divulgar en este momento; vamos, que María se niega a darme la receta, ya que tiene miedo de que me corte algún dedo o me queme con las sartenes.

Esta receta mistérica, debido a la incorporación de procesos alquímicos que consiguen la transmutación de las propiedades físicas de los solomillos, que pasan de ser carne cruda y muy fría, por eso de haber estado en el frigorífico, a convertirse en un bocado suculento, es una cosa verdaderamente secreta; no debes permitir que las gentes de condición inferior la conozcan, en cualquier lugar en que te encuentres, y no debes permitir que la conozcan los habladores ni ninguna otra persona, excepto tú y tu verdadero Amigo íntimo.

¡Esta receta –dicen los antiguos- ha sido verdaderamente eficaz millones de veces!

Los iniciados en los misterios saben que las propiedades del bocado mejoran, incluso, si el plato se acompaña con una copa de vino tinto de la Denominación de Origen “Ribera del Duero”, ya que a las reconocidas virtudes gastronómicas de los solomillos turdetanos se unirán ahora las exquisitas propiedades de los vinos vacceos de la tan celtibérica como vieja Castilla.


.

jueves, 20 de noviembre de 2008

OTRO ADIÓS



La mermelada duró más que el amor…,
no tendré que bajar ya por la confitura.
Chillan los gorriones no informados:
¡Levantaos amantes que dormís las mañanas frías!
Terminaron los desayunos para dos.
Vuelve a tu duro pan de solitario.

Pablo García Baena (Otro adiós)

.


-En un acto presidido por la propia Reina fue ayer entregado a Pablo García Baena, poeta cordobés, el decimoséptimo Premio “Reina Sofía de Poesía Iberoamericana”. Se ha querido reconocer la contribución del poeta al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España mediante el culto a la belleza, la palabra y la sensibilidad.


.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

DE PIEDRAS, ALMAS Y HADAS










A veces, caminando entre los arroyos de la Sierra, arriba uno a lugares perdidos en los que se conservan vestigios que nos hablan de otros tiempos pasados en que allí habitaron seres de leyenda: hadas, elfos, cíclopes, enanos del Misterio... Esos lugares, en los que se siente que la energía de la tierra explota de súbito y que Antiqva sabe reconocer con facilidad, se distinguen, de un lado, por presentar una vegetación exhuberante, y de otro por mantenerse todavía en pie algunas construcciones que cayeron en desuso hace cientos de años, cuando esas gentes tan especiales se extinguieron. Es el caso de ese puente de la imagen, cuyo alma se mantiene todavía en pie, en medio de ningún lado, en el viejo cauce del Arroyo del Molino, en Santa María de Trassierra... Quién sabe adonde podría conducirnos el espíritu de ese viejísimo puente, tan solitario, tan perdido en la memoria, si uno se atreviera a cruzarlo y se adentrara en la espesura...


.

EMOCIONES





Escribía para liberarse de sus emociones. Una vez trasladadas al blog, la mujer –mientras suspiraba- era consciente de que el problema había pasado a ser de otro.
.
.
.

lunes, 17 de noviembre de 2008

ARTES

Boceto de mujer, Rodin


No conoce al arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

Cristina Peri Rossi (Bitácora)

.

domingo, 16 de noviembre de 2008

ROBOS



En la noche entraremos
a robar
una rama florida.

Pablo Neruda (La rama robada)



-El acebuche (olivo silvestre) de la imagen, traído de la sierra en las entrañas de algún pájaro, fue robado por Antiqva a la naturaleza hace unos años y plantado en una maceta. Algo de cariño debe de haberle llegado cuando pasado tanto tiempo sigue viviendo, tan feliz como destartalado, a pesar de que es sabido que las plantas silvestres no suelen admitir el cautiverio. Esa prisión, para tranquilidad de las mentes sensibles, salvó sin duda la vida de la planta, que en otro caso habría sucumbido a los herbicidas de uso agrícola.

.

viernes, 14 de noviembre de 2008

PAISAJES DE ANTIQVA




Amig@s, si os animáis a ver "El libro de las Aguas" sed conscientes, cuando estéis contemplando los paisajes de Sierra Morena, que por lugares como esos es por donde Antiqva, de vez en cuando, disfruta caminando. Esa luz tan intensa, esos musgos amarillentos en las encinas, esos cielos, son los mismos por los que Antiqva se siente tan atraído...


.

EL LIBRO DE LAS AGUAS



Ayer se estrenó en Córdoba “El libro de las aguas”, película dirigida por Giménez Rico, que ha insistido en su esfuerzo por adaptar al cine la obra de Alejandro López Andrada, que aunque se trate de una novela está impregnada de una atmósfera profundamente poética.

El director del filme ha querido poner de relieve que encontró una atmósfera triste y melancólica en el texto, "una atmósfera que me cautivó". Se refirió a las consecuencias terribles de la guerra civil y la imposibilidad de la historia de amor entre dos jóvenes narrada en la película.

Por su parte, el autor de la novela, Alejandro López Andrada, ha manifestado ayer que tras ver por primera vez la película se sentía emocionado y se le habían escapado algunas lágrimas. Dijo que la película respeta en su esencia todo el espíritu de la novela. “Mi mirada es poética y la suya es cinematográfica. Ha logrado captar a la perfección el alma del Valle de los Pedroches".
.

VOLVER AL SUR



"Me gusta sentir tristeza por aquel mundo perdido en el que ya no podré entrar."
Orham Pamuk






"El aire del sur, como una flor de escaramujo, ha hundido en mi sangre el aroma de aquel tiempo. He vuelto a pisar, de nuevo, el mismo mundo; todo parece igual, nada ha cambiado. El silencio, las ruinas, la soledad y un perfecto abandono siguen siendo los dueños de este paisaje: igual que antes. Sin embargo, si miro atrás, sólo veo lluvia y un hombre perdido huyendo entre las aguas. A pesar de intentarlo, no sé reconocerme. Me siento un extraño en este inhóspito rincón, en este paraje herido por las sombras donde no habita nadie que no sean los autillos cruzando, al anochecer, el cielo negro. En este lugar, ahora mismo, no soy yo. Aquél que escapó de esta tierra desolada, tras sortear la muerte, ya no existe. Sólo flotan escombros dentro de mi alma. En mi corazón fermentan los recuerdos."

Alejandro López Andrada (El libro de las aguas)




.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

LIBRO PARA SALIR A LA LUZ DEL DÍA





El “Libro de los Muertos” de los antiguos egipcios contiene diversas fórmulas mágicas cuya finalidad, curiosamente, no es ayudar a los espíritus de las personas fallecidas sino que se pretende que sean conocidas y practicadas por hombres que todavía viven y que previamente han sido iniciados en los misterios de la vida y la muerte.

Los antiguos egipcios entendían la muerte como un proceso de liberación en el que el espíritu, abandonando la materia, pasaba por una glorificación que culminaba con su llegada a la Luz y su transformación en akh (espíritu luminoso o ser de Luz asimilado al gran dios primordial).

El “Libro de los Muertos” es el nombre que damos nosotros a un conjunto de rituales y conjuros que los egipcios denominaban como “Libro para salir a la Luz del día”. Con la ayuda de los textos mágicos que lo integran, el espíritu del fallecido veía facilitado su tránsito al más allá, ya que antes de alcanzar la glorificación debía superar diversas pruebas para lo que resultaba especialmente valiosa la ayuda de la magia del libro.

El “Libro de los Muertos” era un manual que, en principio, solamente habría de ser leído por el fallecido, en su tránsito al Reino de Osiris, así como por el Sacerdote Lector (Jery-Hebet), instruido previamente en la Casa de la Vida, con ocasión de los rituales que habrían de celebrarse en la tumba del difunto. Los conjuros que se integran en el libro, dotados de unos intensos poderes mágicos, formaban parte de un conocimiento secreto e iniciático al que los profanos no podían tener acceso.

Ese carácter iniciático del conocimiento sagrado que envuelve al “Libro de los Muertos” y, en general, a los textos religiosos y funerarios egipcios, hace que en nuestro tiempo su contenido se nos presente como contradictorio y carente de sentido. El hombre moderno ha perdido el vinculo con lo trascendente y las inscripciones mágicas que emanan de la espiritualidad egipcia se nos muestran tremendamente alejadas en el tiempo, careciendo por nuestra parte de las claves que permitirían comprender su significado liberador del espíritu del hombre dominado hasta su muerte por los sentidos materiales.


Misterios egipcios
------------------------

De entre los misterios egipcios sobresalen, posiblemente por el conocimiento que de ellos tuvieron los filósofos griegos que viajaron a Egipto, los relacionados con el mito de la muerte de Osiris y su resurrección mágica gracias a los poderes de su esposa Isis.

Los misterios de la muerte y la resurrección de Osiris constituían unas enseñanzas iniciáticas que se desarrollaban en las Casas de la Vida. Eran recibidas, envueltas en el sigilo y el secreto, por grupos de adeptos que después de haber probado que eran merecedores de ello por sus cualidades morales y personales eran instruidos en esos legendarios conocimientos que nos hablaban de la vida después de la muerte. El origen de los antiquísimos cultos mistéricos egipcios se remonta a unos tiempos en que estos hombres, todavía, ni siquiera habían llegado a conocer la escritura. De acuerdo con estas enseñanzas iniciáticas, del mismo modo que Osiris, tras su pasión y muerte, fue resucitado y glorificado por la magia de Isis, también los iniciados en los misterios tenían la esperanza de que el hombre, cuando le llegase la muerte, habría de renacer de nuevo y transfigurarse en Dios.

Los conjuros, ritos y creencias que se plasman en el “Libro de los Muertos”, que en buena parte recopilan anteriores escritos procedentes de los ”Textos de las Pirámides” y de los “Textos de los Sarcófagos”, no pretenden, en suma, sino ayudar al difunto, iniciado en los misterios, a superar las trabas que habrá de vencer en el proceso de glorificación que le han de permitir transformarse en un espíritu de Luz.

Los antiguos egipcios nos han dejado algunas referencias que nos hablan de la creencia, propia, sin duda, solamente de los círculos de iniciados en los misterios, de que el hombre es Dios no solo en el más allá, tras superar el proceso de glorificación que antes hemos apuntado, sino también aquí, en nuestro mundo inferior. Existen, en ese sentido, algunas inscripciones que nos sugieren que los textos mágicos eran ofrecidos a círculos de iniciados que tenían oportunidad de acceder en vida a unos conocimientos sagrados de gran trascendencia. François Daumas cita a un personaje que buen conocedor de las cuestiones teológicas parece aludir en su biografía a las enseñanzas iniciáticas a las que habría tenido acceso. El individuo, un tal Paheri El Kab, que nos habla de un modo ciertamente sibilino, para no traicionar la obligación que tiene de guardar secreto, nos dejó escrito lo siguiente:

“He sido puesto en la balanza. He salido de ella examinado, intacto, salvado. Yo iba y venía, con las mismas cualidades en mi corazón. No he dicho mentiras contra nadie, pues conocía al Dios que está en el hombre, estaba perfectamente instruido y sabía distinguir esto de aquello. He cumplido con todas las cosas con arreglo a las palabras.”

.

martes, 11 de noviembre de 2008

FRUTOS DEL BOSQUE

Hongos en la umbría
(Sierra Morena - Hornachuelos - Córdoba)




A través de cosas sencillas, paseando por las sierras, se sentía cada vez más cerca de aquella “Gran Madre” a la que los hombres de la Prehistoria habían rendido culto.





.

MUJERES DE ROMA

Venus (Museos Capitolinos, Roma)



Hoy Publio Ovidio ha tratado de desnudarme a plena luz del día. Según él, nuestros cuerpos están hechos para ser contemplados y los dioses no pueden aprobar en modo alguno que los ocultemos. Le he manifestado mi vergüenza, y creo, incluso, que mis mejillas se han puesto más rojas que si hubiera bebido una copa de vino sin agua. “Mira la Venus que esculpió Praxíteles” – insistía –. “Ni siquiera ese gran artista respetó el pudor de la diosa. Y dime ¿no te gustaría saber si me pareces más hermosa que ella?” Le he vuelto la espalda para ocultar mi azoramiento y él, aprovechándose de mi debilidad, me ha mordisqueado la nuca y murmurado al oído: “No podré escribir ni un solo verso más si te obstinas en negarle a mis ojos toda posibilidad de inspiración. Y dirán los siglos venideros que fue Corina la culpable de que enmudeciera mi poesía”. Haciendo inútiles esfuerzos para zafarme he protestado: ”Jamás había escuchado argumentos más vacíos!”. Pero sus manos… ¡Ay sus manos...! Esas no necesitan argumentos.

Isabel Barceló (Corina habla de su siesta con Ovidio)

(Antiqva ha temblado de emoción al ver que la autora le ha dedicado este texto en su blog MUJERES DE ROMA. Si entráis en él, lo que os recomiendo, podréis conocer los motivos.)


domingo, 9 de noviembre de 2008

PALABRAS INEXISTENTES




Interesado en que la “Cocina Avanzada” encuentre adecuada difusión entre capas amplias de la población, Antiqva propone hoy a sus lector@s una nueva y sugerente receta.

La integramos en lo que nosotros llamamos “Cocina Avanzada” o “Alta Cocina”, que requiere para su elaboración de sólidos conocimientos previos por parte del alumno.

En este caso, el lector debe ser capaz, por si solo, de saber freír un huevo. Ya hablamos de ello en un capítulo anterior y no podemos ahora volver atrás. Hemos de avanzar en la divulgación del arte culinario y no podemos detenernos en hablar de algo que ya se trató en su día.

La persona interesada en esta receta de “Alta Cocina” debe ser consciente de que precisará tener amplio dominio sobre tres condicionantes que pasamos seguidamente a exponer:

-Debe ser capaz de freír un huevo, según hemos expuesto.

-Igualmente, debe ser capaz de manejar simultáneamente dos sartenes puestas al fuego, lo que requiere de insólitas precauciones.

-Finalmente, debe tener disponibilidad para trasladarse a la serrana población cordobesa de Hornachuelos, en donde deberá comprar un par de chorizos de venado.

El chorizo de venado tiene poquísima grasa, de modo que para poder freírlo en una de las sartenes, mientras en la otra se va friendo el huevo, se debe poner un chorro de aceite de oliva en ella.

El resultado, sin duda espectacular, es el que se brinda en la imagen: un plato de aspecto campero en el que al huevo estilo Antiqva, del que insistimos ya tratamos en un capítulo anterior, se han incorporado unas suculentas rodajas de chorizo de venado.

¡Riquísimo…! -diría una persona usual-.

¡Teta de novicia…! -exclamaría un castellano viejo, del tipo de Antiqva, si no fuera porque ese tipo de expresiones han caído en desuso en estos tiempos modernos en que reina la globalización… Retiro por tanto, algo asustado, esa expresión y coloco en su lugar la más adecuada, y educada, de “Bocado de cardenal”…

Fijaros, amig@s, que represión tan feroz reina en estos tiempos globalizadores que cuando he escrito la palabra “teta” he visto que el corrector de Word, inmediatamente, la ha subrayado en rojo, de manera tenue, insinuando así que sería una palabra que no existe en el idioma castellano…
.

viernes, 7 de noviembre de 2008

DEMONIO, ÁNGEL MÍO

Córdoba




Sabía que vendrías a hablarme
y no te huía,
demonio, ángel mío, tentación en el aire.
Sabía que tus ojos ahogarían mis ojos
cansados ya de largos horizontes de hastío
y de copiar tranquilos paisajes de remanso.
Antes de verte, lejos, te adiviné en mi alma,
como algún fauno joven que con su flauta báquica
avivara en mi carne
un fuego leve, quieto,
amenazado casi de apagarse algún día,
rodeado de hielos, engaños de mi mismo.
Al escuchar mi oído la brisa de tus voces,
ángel mío, demonio, tentación en el aire,
aquel día que el cielo brillaba y era agosto
sentí en mi alma un roce de blandas plumas blancas
como si frescas alas me nacieran de pronto,
y mi ser se llenara de pájaros cantores…

Aunque me hayas quitado a Cristo, al que perdona,
el comprensivo, el dulce, el manso Jesucristo,
un día volveré al alba, ya cansado,
con mis descalzos pies sangrantes de la senda
y lloraré las lágrimas, las que tú no ves nunca,
hasta borrar el último recuerdo del pecado.

Pablo García Baena (Tentación en el aire)

.

jueves, 6 de noviembre de 2008

POEMA DE LA GENTE IMPORTANTE





Cuando vinieron los ingenieros al cortijo eran gente importante.
Cuando nos citaron porque venía el inspector, eran gente importante.
Cuando el ministro, negra curiana, vino con sus lentes de oro, eran gente importante.
Cuando el periódico en grandes letras anunció que el Jefe del Estado venía, eran gente importante.
Nos afeitábamos, nos lavábamos y usábamos de los trajes oscuros.
Lo mismo que la misa que el obispo ofició.
Sí. Nos vestíamos con el más oscuro de nuestros trajes,
usábamos de la colonia y de los “Chéster” y éramos gente importante.

Pero cuando queríamos vivir, nos desnudábamos e íbamos al río,
nos poníamos los pantalones rotos y la camisa vieja
e íbamos a los pinos, gateando entre las rocas.
Cuando queríamos vivir, con nuestro gastado pijama quedábamos en casa,
con nuestros libros, nuestro café, nuestra soledad.

Y cuando queríamos gozar, nos desnudábamos enteramente
y fundíamos nuestros besos, nuestra carne y nuestro sexo,
sin ser hombres importantes; hasta que un día
nos vestían enteramente con el más oscuro de nuestros trajes,
nos enfundaban entre madera pintada de negro,
y éramos otra vez hombres, hombres importantes,
entre una comitiva de hombres importantes.

Juan Bernier (Una voz cualquiera)

.

martes, 4 de noviembre de 2008

MIGUEL HERNÁNDEZ




Preso desde la primavera de 1939, a mediados de septiembre de ese mismo año, por motivos que no conocemos demasiado bien, Miguel Hernández es puesto en libertad.

Arrastrado por el amor hacia su familia, el poeta se dirige a Orihuela, donde muy pronto será de nuevo encarcelado en el seminario de San Miguel, que ha sido convertido en prisión.

En los breves días de libertad Miguel Hernández dirigió una carta a José María de Cossío, en cuya obra sobre los toros había colaborado el poeta en tiempos pasados.

En esa carta, fechada el día 19 de septiembre de 1939, Miguel Hernández, apesadumbrado por la situación económica de su familia, solicita abiertamente la ayuda del escritor, del que presume que ha intervenido en la concesión de su libertad:

“Querido Cosío:

Desde ayer en Cox, no me queda otro remedio que recurrir inmediatamente a nuestra vieja amistad y a sus no muy viejas proposiciones de resolución de la situación mía. Libre de aquella carga que pesaba sobre mí en Madrid, ahora me encuentro atado a la vida de mi libertad frente a mi indefensa familia. Como no me encuentro bien de salud, ya que mi cabeza se resiste a mejorar, no me será posible dedicarme a un trabajo como el que hacía en Espase Calpe a su lado. Pienso en su tierra de Tudanca, y estoy dispuesto a trabajar en ella, a pastorear sus vacas, a lo que sea un trabajo manual, con tal de sacar mi familia, numerosa y necesitada, adelante. Si puede enviarme algún anticipo, o como quiera llamarle, por mi futuro trabajo en su tierra, hágalo sin demora, porque el hambre apremia, y me he encontrado a mi familia bastante agotada de salud y de recursos. No he podido aclarar con Llosent en Madrid de dónde ha provenido el favor de reintegrarme a mi familia. Si me puede orientar, aunque presumo que algo hay de parte de su interés, dígame para agradecérselo más todo su interés vigilante por mí...”

Poco después de escribir esta carta, Miguel Hernández volvería a ingresar en prisión. Ya no saldría con vida.

.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Soldados de Salamina. Suspiros de España.

DE SOLDADOS




Los reclutas de la 1ª Compañía, todos incorporados voluntarios al Servicio Militar, fuimos alojados en un barracón de madera que estaba abarrotado de literas. El mes de octubre estaba avanzado y en aquellas tierras leonesas hacía frío, de modo que al no contar con ningún tipo de calefacción, teníamos que dormir prácticamente vestidos. Nos quitábamos el “tres cuartos”, prenda militar tipo chaquetón, pero nos dejábamos el resto de la vestimenta, incluidos los pantalones.

Los dos primeros días los veteranos que estaban al servicio de la compañía los dedicaron a cortarnos el pelo y a vacunarnos contra todo tipo de enfermedades. En esos primeros momentos todos estábamos impresionados ante el aspecto chulesco de tres o cuatro tipos cobrizos que tenían largas melenas. Al día siguiente, les cortaron el pelo y lo cierto es que desde entonces sus caras, con los cráneos rapados, nos dejaron de causar miedo. Una vez pelados habíamos pasado a ser todos iguales. La primera impresión de dureza de aquellos tipos se esfumó.

El segundo día, por la tarde, el alférez empezó a darnos las primeras clases de teórica militar. El hombre, un universitario de las milicias, hablaba de un modo tan monótono que cuando, inesperadamente, fue interrumpido por un sargento chusquero que pedía voluntarios para barrer no dudé un momento y alcé la mano. Prefería barrer y moverme un poco antes que seguir en aquel estado de dormivela. Curiosamente, a los cuatro o cinco reclutas que nos levantamos, nos llevaron a un almacén cercano en el que nos encargaron distribuir “tres cuartos” entre los integrantes de una compañía vecina. Aproveché aquella oportunidad inesperada para hacerme con una de las prendas que presentaba mejor aspecto, si bien lo cierto es que todos aquellos chaquetones militares estaban muy deteriorados por el uso.

Entre los veteranos de la compañía pronto destacó un cabo primero que siempre hablaba a voces. Una mañana, cuando estábamos en formación esperando la llegada del alférez, sin venir a cuento, nos lanzó una seria proclama de advertencia. En tono chulesco aconsejaba que nos enteráramos bien de quien era él, yo que no iba a admitir ninguna tontería por nuestra parte. Era un tipo de unos cuarenta años, impregnado de rusticidad, que a grandes voces proclamaba que era hijo de una familia honesta y trabajadora y que había tenido cinco hermanos. Su gran orgullo, nos dijo entonces y habría de repetirlo en diversas ocasiones en el futuro, era poder decir que de esos cinco hermanos solamente él había hecho carrera en la vida, de lo que estaba muy orgulloso. En aquellos tiempos se le conocía como “el cabo Pacurri” y tenía la mala leche propia de su edad y condición. Era, claro está, un ignorante, que a base de acumular reenganches había llegado a ser con el paso de los años cabo primero.

Algunas noches se presentaba haciendo ronda por la compañía y los reclutas, que supuestamente dormíamos, aprovechábamos para sisearle. Nos amparábamos en el anonimato que nos brindaba la oscuridad. Su respuesta –rojo de ira- era siempre la misma:

- “Cayabus la boca, maldita gentuza…”
.

EVANGELIO DE JUAN




Al principio era el Verbo,
y el Verbo estaba en Dios,
y el Verbo era Dios.



.

sábado, 1 de noviembre de 2008

PLAZA MAYOR DE VALLADOLID



A Cristina, de la Nueva Valladolid mexicana, a la que prometí hace tiempo que hablaría de esta plaza; a Sendieva, con la que algún día nos tomaremos un café en este mágico lugar, y a María José, que le encanta pasear por ella.


No esperéis, amigos, que uno sea objetivo cuando cuente “cosas” acerca de la Plaza Mayor de Valladolid. En esa ciudad fue donde Antiqva nació hace ya demasiados años y nadie puede confiar que cuando se habla de la ciudad en la que uno ha nacido, ese uno vaya a expresarse con el adecuado rigor. Es probable que lo que venga a la mente “del uno” no sean sino recuerdos atropellados.

Con estos antecedentes previos es fácil comprender que Antiqva no tenga reparos en afirmar que, según él lo siente, la Plaza Mayor de Valladolid es el espacio público más acogedor y cálido de todos los que existen en España. Eso, al menos, es lo que ese tal Antiqva piensa… ¡faltaría más!

Entenderéis, con estas anotaciones, que María y Antiqva, todos los años, en verano, como las aves migratorias, nos desplacemos a pasar unos días a esta tan entrañable para nosotros ciudad en la que reposa la capitalidad administrativa, que no artística, de Castilla y León. Nos encanta pasar unos días allí disfrutando con nuestra familia y con algunos amigos que, ¡a Dios gracias!, todavía nos quedan.

La plaza de la que hablamos, amplio y animado núcleo central de la vida vallisoletana, debe su estructura actual a la reconstrucción que impulsó Felipe II (que había nacido en Valladolid) tras el terrible incendio de 1561, que asoló buena parte de la ciudad y arrasó la que antes era Plaza del Mercado y sus alrededores.

Paseando este verano por la plaza pudimos comprobar que este año se ha cumplido el centenario de la construcción del edificio de su Ayuntamiento, del que brindamos una imagen. La plaza, en principio, tiene una estructura propia de los tiempos del Renacimiento, si bien con el paso de los años se fueron cometieron diversas tropelías en algunos de sus edificio, que ahora –poco a poco- se viene intentando normalizar, con el objetivo a medio plazo de que el aspecto de conjunto llegue a resultar razonablemente homogéneo.

¡Ay, amigos, que rincones tan entrañables custodia Valladolid en las inmediaciones de su Plaza Mayor…! ¡Qué decir de las patatas bravas y los calamares fritos (y de los mejillones, claro) de la cercana “La Mejillonera”… Ah, y de tantos otros lugares, tan próximos, en el espacio y en nuestro corazón, como míticos: “La Mina”, “El Caballo de Troya”, “La Sepia”, “El León de Oro”… Comprenderéis, amigos, que uno no pueda ser objetivo cuando la boca se le está llenando de saliva.

Y es que Antiqva no puede ser riguroso cuando entre esos viejos soportales castellanos, alzados con “piedra caliza de Campaspero”, ha pasado uno algunos de los mejores años de su juventud. Eran tiempos deliciosos en que uno acudía a este espacio para celebrar, por ejemplo, la fiesta de “Fin de Año”, rodeado de una alegría tan inmensa como generalizada, o para correr, tan alocado como temeroso, intentando escapar de la carga policial de aquellos hombres siniestros que vestían uniformes “de gris”.

Ah, por cierto, se me olvidaba comentar que en el centro de la plaza, frente al Ayuntamiento, se alza la estatua del Conde Ansúrez, mítico fundador del Valladolid medieval. Eran entonces los castellanos hombres de “armas tomar”; lo podría confirmar Abd-Allah, el último rey zirí de Granada, antes de la llegada de los Almorávides.

Cuentan, en efecto, las viejas crónicas (estoy hablando de memoria) que un día aciago las mesnadas del Conde Ansúrez llegaron a Granada para demandar al rey musulmán el pago de ciertos tributos que el rey de Castilla, creo que era Alfonso VI, exigía. El granadino, sorprendido, se negó en tajante a pagar esos impuestos. Nuestro hombre, ese Abd-Allah, argumentó que no tenía sentido que tuviera que pagar tributos a un rey cristiano tan desconocido como lejano, cuando –además- entre Castilla y Granada había por medio otros poderosos reinos musulmanes, como Toledo y Córdoba.

Pero, claro, resultó que nuestro hombre no sabía con quien se estaba “jugando los cuartos”. Pronto, el reino de Toledo había caído en manos de los castellanos y Abd-Allah, agobiado por desesperación, no tuvo otra salida que demandar el auxilio de los fieros guerreros Almorávides que ocupaban las tierras del Norte de África. “Prefiero ser camellero entre los Almorávides -habría exclamado Abd-Allah- antes que servir como porquerizo a los cristianos.”

Y lo cierto es que no se equivocó: los africanos -seguidores de la más pura ortodoxia islámica- echaron raíces en Al-Andalus y destronaron a todos los reyezuelos (los denominadas Taifas) que habían venido gobernando aquellas tierras tras la desintegración del Califato de Córdoba.

Por cierto, amigos, antes Antiqva decía que posiblemente, en estas materias, no iba a ser razonablemente objetivo. ¿Como iba a sospechar, sin embargo, que hablando de la Plaza Mayor de Valladolid iba a terminar contando la historia de aquel rey de Granada, que habría de ser destronado por los Almorávides por haberse negado a pagar los impuestos que le exigía aquel fiero conde castellano?

Ah, se me vienen ahora a la mente aquellos tiempos ya lejanos en que Antiqva, de “crío”, plantado ante su estatua, de la mano de su madre, no era capaz de distinguir entre “El Conde Ansúrez” y otros personajes legendarios muy similares en la distancia de los siglos, como “El Capitán Trueno” o “El Guerrero del Antifaz”. Todos aquellos hombres, con sus espadas y sus cruces, se presentaban muy parecidos en nuestra imaginación.

Ay, amigos, algún día tendré que hablar de los inquisitoriales “Autos de Fe” que se celebraron en siglos pasados aquí, en esta bella Plaza Mayor. En ellos se inspiró Miguel Delibes para escribir su obra “El hereje”. Cuando pienso que durante un tiempo afortunado tuve el privilegio de ser alumno, ya en la Universidad, de este hombre “tan humano”…
.