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jueves, 31 de marzo de 2011

miércoles, 30 de marzo de 2011

SOLEDADES

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Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.


Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)


No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuanto te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.


Eduardo Galeano, Vagamundo, Mujer que dice chau.

sábado, 26 de marzo de 2011

LA SEÑORITA C. Y EL SEXO

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Cuando don Manuel Moreno habló, la señorita C. estaba leyendo un tratado sobre “El afeitado de hombres a cuchilla”…

-Hay momentos que son muy momentáneos –dijo don Manuel.

La señorita C. sentenció:

-Es lo que sucede con los orgasmos de los ángeles.

-¿Amó alguna vez a un ángel? –preguntó él.

-No, no, claro que no… -respondió ella.

La señorita C. se quedó pensativa…

martes, 22 de marzo de 2011

DEL SOL Y SUS RAYOS

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Aquella mañana el cielo estaba nublado y el Sol hacía lo que buenamente podía para alcanzar la tierra con sus rayos. Contemplando las nubes, mientras paseaba, reparé en algo que me llamó la atención. Tenía la máquina digital a mano, de modo que disparé algunas fotografías.

Si os fijáis en esta imagen, técnicamente mediocre ya que enfoca directamente al Sol, podréis apreciar que en su zona central los rayos que descienden están delimitando la silueta de una etérea pirámide.

Aquí está la idea que fundamentó que los monumentos funerarios más conocidos de los egipcios adoptaran, hace ya casi 5.000 años, la forma piramidal. Para las gentes del valle del Nilo el Dios primigenio era Atum, que identificaban con el Sol (Ra) cuando este se manifestaba a los humanos. Vinculadas a ese culto al Sol los egipcios alzaron pirámides que habrían de permitir que los faraones, una vez que fallecieran, ascendieran al Reino Celeste. Las pirámides eran “maquinas” que permitían la ascensión del espíritu del rey en un viaje solar que habría de culminar cuando se integraran con Aquel que los había creado.

En un antiquísimo texto egipcio, que hoy conocemos como “La historia de Sinuhé”, se nos habla de ese proceso que ha de acontecer tras la muerte:

“En el año treinta de su reinado, en el mes tercero de la inundación, en el día séptimo, el rey del Alto y del Bajo Egipto Sehetepibra, el dios, subió a su horizonte. El dios voló hacia el cielo para unirse con Atum; el cuerpo divino se unió con el creador. La Residencia (palacio real) estaba en silencio y los corazones estaban de luto…”

Los egipcios, hace ya mucho tiempo, repararon en ese aspecto piramidal de los rayos del Sol desparramándose sobre la tierra y decidieron emprender la construcción de pirámides cuya cúspide estaba coronada por una piedra revestida con planchas de oro o bronce (el piramidión) que despedía un brillo intenso, símbolo del propio fulgor del Sol.

domingo, 20 de marzo de 2011

DUPLICIDADES

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Lo esencial carnavalesco no es ponerse careta, sino quitarse la cara.

Antonio Machado




Poco después, agobiado por la máscara, sintiéndose tironeado cada vez más por los hilos invisibles de una marioneta que empezaba a no controlar, estuvo tentado de descubrir su juego. Pero el trato que la viuda le dispensaba era tan dulce y cariñoso que de pronto sintió pena de los tres, de ella y de Faneca y de sí mismo, y se levantó y se despidió.

Pero en vez de meterse en casa tomó el ascensor y bajó hasta la planta baja, dirigiéndose a la cafetería del edificio. Se instaló en la barra y pidió un vino, y luego otro y luego dos más. Estuvo allí hasta que cerraron el bar, solo, probando suerte en una máquina tragaperras que emitía una música fantasmagórica, una tonadilla artificiosa y sideral. Se sintió inesperadamente reconfortado, conformado a la propia falacia y al artificio electrónico y musical que manejaba, mientras una mano invisible palmeaba amistosamente su espalda, animándole: Si te conviertes en otro sin dejar de ser tú, ya nunca te sentirás solo.


Juan Marse, El amante bilingüe

viernes, 18 de marzo de 2011

LA SEÑORITA C. Y EL MEDITERRÁNEO

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Paseando por las ruinas de Cartago, en la costa tunecina, la señorita C., al contemplar el color del cielo y del mar, tuvo la certeza de que las gamas de los azules habían sido inventadas allí...

jueves, 17 de marzo de 2011

LA SEÑORITA C. Y LOS DOMINGOS POR LA TARDE

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Las tardes de los domingos, mientras el negro Raúl, en el bar, seguía los partidos de futbol, la señorita C., en su soledad, dejaba que los sueños la soñaran.

miércoles, 16 de marzo de 2011

MI PLUMA DE CRISTAL




Hace unos meses María me hizo una entrevista en su blog "Mi pluma de cristal". La podéis leer "pinchando" en el enlace. Estos días pasados, como una muestra de afecto, nos ha enviado a todas las personas que participamos en ese proyecto de su blog una imagen que rememora esos bellos momentos. Para uno fue un honor participar en él, como lo es haber conocido, hace ya varios años, a esta persona tan especial... ¡Gracias, amiga!


domingo, 13 de marzo de 2011

ANOCHECE EN LA CIUDAD


Esta imagen de un anochecer la tomé ayer, en la que carretera que desde Córdoba se dirige a Santa María de Trassierra (Sierra Morena). La tomé "a pulso", en unas condiciones de luz un tanto penosas. A pesar de todo, sin embargo, me encanta. ¡Que le vamos a hacer...! Ay, algún día de estos tendré que hacer caso a mis amigos fotógrafos y comprar un trípode, y un "teleférico" de esos, y no se cuantas cosas más...

Ah, se me olvidaba. Los colores son totalmente naturales. La imagen está enmarcada pero no retocada. Está como salió de mi mente, digo de mi cámara...

sábado, 12 de marzo de 2011

DE LAS ROSAS Y LOS ESPEJOS





Sopla un viento amoroso el agua de la fuente...
Balbuceo palabras y rozo con mis labios
el caracol marino de tu pequeño oído,
húmedo como rosa que la aurora regase.

Pablo García Baena, Jardín



Permitid, Señor, un poco de lujuria en este mundo.
Permitid que el roce de los labios sea caliente levadura,
permitid que las pupilas de luto del deseo se hundan en el pozo de otros ojos,
permitid que la mano del osado amante palpe la sangre ajena estremecida.

Dejad hervir la entraña de los machos sobre la piel desnuda,
dejad el juego de los adolescentes labios bucear en los senos de los lirios,
dejad las vírgenes con su secreto fuego ardiendo en piras escondidas,
dejad los muslos de los verdes tallos mezclarse en llamas
de tacto, en apretadas lianas de caricias.

Que el rubor se desnude enteramente y la escultura
surja de tactos y torrentes,
que los zumos de ojos exprimidos y de brazos,
manen de fuentes secretas y de labios.
Permitidlo, Señor, que ya sufrieron sus penas los humanos,
que ya, bastante, la carga duró sobre los hombros.

Juan Bernier, Tiempo de deseo

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Hace unas semanas publiqué en el blog una imagen onírica de una rosa. Antes, utilizando diversas artes mágicas que para uno resultan de difícil comprensión, había trucado la fotografía de modo que la flor se manifestaba reflejada irrealmente, simulando una visión especular.

Estos días pasados, Conchi, una amiga entrañable autora de “Compartiendo experiencias”, me ha enviado la imagen de una creación pictórica que ella ha realizado inspirándose en esa fotografía.

La “cosa”, la “experiencia compartida”, me ha brindado tanta alegría que he pensado que debía publicar la fotografía del truco, la creación artística de Conchi y algún poema, de esos encendidos de pasión y clasicismo, de Juan Bernier, el último gran humanista de Córdoba.

Gracias, Conchi, por esta alegría que me has brindado…

jueves, 10 de marzo de 2011

IRREALIDADES

Imagen: Antiqva







Alice se pasaba la mayor parte del tiempo viviendo en un mundo de seres imaginarios, y Míster Bones se vio arrastrado a ese mundo convertido en su compañero, en coprotagonista, en principal personaje masculino. Los sábados y los domingos se dedicaban a aquellas disparatadas improvisaciones. Hubo el té al que asistieron en el castillo de la baronesa de Dunwitty, una conspiración magnífica, pero peligrosa y maquiavélica, para apoderarse del reino de Floriania. Hubo el terremoto de México. Hubo el huracán del Peñón de Gibraltar, y hubo el naufragio que los dejó perdidos en la isla de Nemo, donde la única comida eran bellotas y cogollos de plantas, pero si hallaban la lombriz mágica que vivía casi a flor de tierra y se la comían de un bocado, se les concedería el don de volar. (Míster Bones se tragó la lombriz que ella le dio, y luego, con Alice agarrada a su lomo, salieron los dos volando y escaparon de la isla.)

Paul Auster, Tombuctú

lunes, 7 de marzo de 2011

LA SEÑORITA C. Y SUS INQUIETUDES

Imagen: Antiqva



A veces, la señorita C. reparaba en que le faltaban algunos trozos de si misma y poseída por cierta inquietud se aventuraba a buscarlos.

Nunca le era posible recuperarlos todos, pero en ciertas ocasiones encontraba algunos que habían quedado impregnados en las gotas de agua de lluvia o atrapados más allá de los cristales de las ventanas.

Entonces, con esos fragmentos recuperados, procedía a recomponerse.

viernes, 4 de marzo de 2011

LA SEÑORITA C. Y EL BOMBERO





La señorita C. se había enamorado de un bombero que escribía poesía.

Ante sus compañeros del parque móvil, el hombre nunca hablaba de su pasión por la poesía. Esos tipos duros nunca lo habrían entendido.

Los martes y los jueves por la tarde, cuando se reunía en la tertulia de los poetas, jamás mencionaba que el oficio que le permitía vivir era el de bombero. Ellos, tan alejados del mundo real, se hubieran reído de él.

Ante la señorita C. actuaba indistintamente como bombero y como poeta, según las circunstancias, de modo que cuando paseaban por la ciudad y se cruzaban con algún conocido la señorita C. nunca sabía como tendría que comportarse. Llegó un momento incluso en que ya ni siquiera se atrevía a hablar. Tenía miedo de decir algo que no resultara conveniente.

Sometida a esa tensión tan intensa, unos meses después, la señorita C. comenzó a mostrar claros signos de estar enloqueciendo. Fue entonces cuando empezó a susurrar a todo el mundo que su amante la engañaba. Al parecer había descubierto que el bombero-poeta mantenía relaciones con la novicia Rosalía, una monja de clausura de las Clarisas de Santa María Magdalena que los fines de semana actuaba como domadora de tigres en el Circo de la Luna…

miércoles, 2 de marzo de 2011

ELLOS VENÍAN DESDE LEJOS




Si hubieran conocido la lengua de la ciudad, habrían podido preguntar quién hizo al hombre blanco, de dónde salió la fuerza de los automóviles, cómo se sostienen los aviones, por qué los dioses nos negaron el acero.

Pero no conocían la lengua de la ciudad. Hablaban el viejo idioma de los antepasados, que no habían sido pastores ni habían vivido en las alturas de la sierra nevada de Santa Marta. Porque antes de los cuatro siglos de persecución y de despojo, los abuelos de los abuelos de los abuelos habían trabajado las tierras fértiles que los nietos de los nietos de los nietos no habían podido conocer ni siquiera de vista o de oídas.

De modo que ahora ellos no podían hacer otro comentario que el que les nacía, en chispas burlonas, de los ojos: miraban esas manos pequeñitas de los hombres blancos, manos de lagartija y pensaban: esas manos no saben cazar, y pensaban: sólo pueden regalar regalos hechos por otros.

Estaban parados en una esquina de la capital, el jefe y tres de sus hombres, sin miedo. No los sobresaltaba el vértigo del tráfico de las máquinas y los transeúntes, ni temían que los edificios gigantes pudieran desprenderse de las nubes y derrumbárseles encima. Acariciaban con las yemas de los dedos sus collares de varias vueltas de dientes y semillas, y no se dejaban impresionar por el estrépito de las avenidas. Sus corazones se compadecían de los millones de ciudadanos que les pasaban por encima y por debajo, por los costados y por delante y por detrás, sobre piernas y sobre ruedas, a todo vapor: “¿Qué sería de todos ustedes –preguntaban lentamente sus corazones- si nosotros no hiciéramos salir el sol todos los días?”

Eduardo Galeano, Vagamundo.