lunes 30 de noviembre de 2009

SOBRE EL CUENTO DEL PAPAGAYO

Imagen: Antiqva



Este pasado domingo, Antiqva decidió abrir la “Caja de los Truenos” para ver si sus amigas lectoras de España y América, ante una situación claramente forzada, tenían o no la misma perspectiva.

Con esa intención, decidí publicar el cuento del Papagayo, en el que la protagonista era una mujer americana a la que Antiqva presentaba de manera “impresentable”. Uno había trasladado a la breve narración muchos de los tópicos que en España podemos tener acerca de los hermanos del otro lado del mar.

Al mismo tiempo, y para desorientar a las amigas de América, ese mismo día enviaba una presentación con versos árabes de los tiempos de al-Andalus. De algún modo, pretendía crear en ellas un cruce de sentimientos contradictorios. Posiblemente pensarían: “Este Antiqva es un tipo raro… En el cuento aflora su vena “española” pero luego, con los poemas andalusíes, parece que tiene cierta delicadeza… Quizás este tipo tenga algo de aprovechable todavía…”

Los resultados del “ejercicio” podrían ser:

-Las amigas españolas han dejado sus comentarios y en ellos no se acusa ninguna sensación de encontrarse molestas con el texto. El cuento sería una mera narración humorística. Nadie nos ha acusado de tratar de una manera “tan tópica” la imagen de una mujer americana.

-Las amigas americanas, por el contrario, se han limitado a no decir nada. Posiblemente no les haya gustado el relato pero han demostrado su talla no diciendo nada, quizás por temor a molestar a su amigo Antiqva. Varias de ellas, incluso, me han dirigido correos indicando que les habían gustado los poemas árabes.

Llegados a este punto, quiero expresamente pedir disculpas a todas las personas que habéis leído el cuento. Perdonad si os ha molestado en algo. Deseaba, simplemente, ante una situación “tópica”, ver si la respuesta de españolas o americanas era la misma o no. Creo, sinceramente, que existen diferencias y es que a pesar de que son muchas las cosas que nos unen también son muchas las cosas que a lo largo de la historia nos han separado.

Ojalá ahora, con esta cosa de Internet, nos sintamos cada vez más unidos.

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domingo 29 de noviembre de 2009

DE CHUSMAS Y PAPAGALLOS

Imagen: Antiqva



El General, a su regreso de las colonias, se había traído una "entretenida" tan apretada en carnes como apasionada en amores. Con ella llegó un papagayo dominicano de plumones coloridos.

En 1860, tras dos años de hambre en Andalucía, la chusma se echó a la calle y los alborotadores, entre otros desmanes, apedrearon el palacio del Gobierno Militar. Una de las piedras, para desconsuelo de la mujer, tras destrozar la cristalera del caserón, terminó rompiendo la crisma de “Don Pedrito”, el papagayo florido, que en ese momento estaba entonando con su ama el dúo de “La Creación” de Joseph Haydn.

La respuesta de la criolla no se hizo esperar: ordenó al General que fusilara de inmediato, para escarmiento de la canalla, a media docena de indigentes, y luego, en actitud beatífica, dio instrucciones a la abadesa de Santa Isabel para que durante nueve semanas se dijeran misas a la memoria del ave inocente en la iglesia conventual.

La mujer, desde entonces, con insistencia machacona, en la celebración de las pascuas militares recordaba siempre a todos que el ánima de “Don Pedrito”, encarnación piadosa del Espíritu Santo, se le aparecía todas las tardes. Dicen que le acompañaba en el rezo cotidiano del Santo Rosario.


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jueves 26 de noviembre de 2009

SIERRA DEL GUADARRAMA





A veces, cuando contemplamos fotografías antiguas, sentimos que una sensación agridulce de melancolía se apodera de nosotros. Mientras palpamos alguna de esas imágenes congeladas en el tiempo y contemplamos personas con las que en otros tiempos nos sentimos unidos no podemos sino pensar: “¿Qué habrá sido de este…”, “¡Señor…! ¿Cómo se llamaba aquella…? Ya ni siquiera recuerdo su nombre…”

En esta imagen, tomada en la Sierra del Guadarrama, estamos posando un grupo de jóvenes. Antiqva es ese que está sentado. Luce unos inmensos calcetines blancos que casi llegan a sus rodillas. En aquellos tiempos no existían los equipamientos deportivos actuales y nos las ingeniábamos como mejor podíamos para soportar el rigor de la nieve cuando caminábamos por la sierra. Debajo de cada uno de esos calcetines, Antiqva solía llevar una bolsa de plástico como aislante contra la humedad, y por debajo de ese plástico, otro calcetín. Como calzado, unas robustas botas militares, compradas a precio de saldo en la tienda “de viejo” (ah, aquellas entrañables “traperías”) del señor Gabino. Con ese pobrísimo equipamiento nos lanzábamos a caminar por la Sierra. Entonces, ni siquiera se había inventado la palabra senderismo. ¡Qué tiempos aquellos, tan ingenuos…!

Actualmente no mantenemos relación alguna con esos jóvenes con los que en aquellos tiempos compartimos momentos de felicidad e, incluso, algún que otro “primer amor”… Contemplando imágenes como esta, no podemos sino tomar conciencia de que la vida, en realidad, no sería sino un flujo de personas que sentimos que revolotean en torno a nosotros. A veces, notamos que esas personas nos envuelven y arropan, pero después lo usual es que tengamos que contemplar como siguiendo alguna ley inexorable se alejan de nuestras vidas, frecuentemente para siempre.

Dejando a un lado los “benditos” amarres de la familia, todo parece sugerir que “lo demás” no sería sino vidas que se acercan a nosotros y luego, pasado un tiempo, se alejan. Esa ley despiadada, que sólo excepcionalmente es incumplida, hace que algo de esas personas, al menos de algunas de ellas, quede en nosotros y que algo de nosotros, igualmente, se vaya con ellas. Hasta ahora, pensábamos que estas “cosas”, tan propicias para la nostalgia, sólo sucedían en el mundo real, sin embargo desde hace unos años estamos tomando conciencia de que en mundo de los blogs también ocurre lo mismo. Posiblemente lo que sucede es que este mundo virtual de Internet es tan real como el otro, el de las nieves de la Sierra del Guadarrama.

martes 24 de noviembre de 2009

IRREALIDADES

Imagen: Antiqva




Desafortunados aquellos que sueñan y se enamoran de la mujer soñada.


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domingo 22 de noviembre de 2009

NUBARRONES

Imagen: Antiqva



Antiqva, perplejo y asustado, viendo que el hombre no se marchaba, descerrojó el fusil y con un golpe seco introdujo la primera bala en la recámara. Luego lo encañonó. Les separaban unos ocho metros. Él hombre, aturdido, le miró… Durante unos interminables segundos no hizo nada… La lluvia los estaba empapando a los dos…


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jueves 19 de noviembre de 2009

LAGUNA NEGRA DE SORIA

Imagen: Antiqva




Cuando Antiqva tuvo antes sus ojos la Laguna Negra de Soria no pudo sino evocar los versos que Antonio Machado nos había plasmado en “Campos de Castilla”:

“…agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas…”

Pensó Antiqva entonces que quizás algún día intentara escribir alguna ensoñación que le ayudara a recordar ese mágico lugar…





En las tierras altas de Urbión,
recordando a Antonio Machado





Cuando encontraron su cuerpo arropado en el barro,
nadie reparó en que su alma,
entre las negras aguas,
observaba.

Nunca, compañera fiel, había huido
de las frías honduras en las que el hombre
había dormido.

Cuentan todavía, tantos años pasados,
que a veces, por la noche, con las estrellas,
en el agua la han visto jugando.

Dicen que esas noches la Luna
refleja su sonrisa
en la negra laguna.


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jueves 12 de noviembre de 2009

A UNA MUJER MUERTA





“Al excelente espíritu de Ankhiry:

Quiero que sepas, Ankhiry, tú que fuiste mi esposa, que yo, Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, nunca cometí ningún crimen contra ti… Todas las noches, sin embargo, estoy sumergido en el miedo que me produce contemplar, horrorizado, como tu espíritu se manifiesta ante mi corazón. Los estremecimientos que me produces, desde hace muchos meses, impiden que Ahmosis pueda dormir. No se porqué has decidido que el miedo sea el señor de mi cuerpo… ¿Qué falta cometí para que cada noche me acose tu espíritu?, ¿qué es lo que hice para quedar esclavo de ese temor que tú, la mujer a la que tanto amé, me produces cada noche?

Quiero que sepas que yo, Ahmosis, siempre te traté del modo en que un oficial del faraón debe tratar a su esposa… Solo una vez me aleje de ti. Fue cuando nuestro rey me ordenó viajar a la Tierra del Horizonte. Su Majestad deseaba que Ahmosis trajera de aquel país lejano una Mujer Belluda y un Hombre Niño… Cuando regresé supe que Ankhiry ya no vivía en la Tierra Negra… Tu espíritu se había ido al Reino de los Muertos. Sabes que lloré por ti y que hice todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta.

Sabes también que antes de ese viaje a la Tierra del Horizonte, del que regresé con riquezas y esclavos, siempre te traté como una mujer debe ser tratada. Nunca permití que tu corazón sufriera. Siempre quise que estuvieras a mi lado. Nada te oculté en los días de tu vida. No consentí que sufrieras dolor alguno. Nunca me acusaste de que te sintieras desatendida. Nunca te traté como si yo fuera un campesino que entra en una casa extraña y desconoce como debe comportarse. Sabes que repartí entre tu cuerpo y el de nuestra amada esclava Gilukhipa mis deseos sexuales, tal y como debe actuar un oficial del faraón. Ahmosis siempre quiso complacer tanto a su esposa como a la Mujer de Ojos Ardientes a la que hizo esclava tras derrotar a los Hombres de las Arenas. Bien sabes que nunca entré en la noche en los cuartos de tus hermanas. Sabes también, Ankhiry, que nunca dejé que te faltaran tus ungüentos, tus provisiones y tus ropas. Nunca me desentendí de ti. Siempre dije a los hombres: “Ella está aquí y Ahmosis cuida de ella”.

Pero, mira, Ankhiry, no sabes apreciar el bien que hice contigo. Desde que supe de tu muerte ordené que todas las cosas buenas estuvieran en tu Casa de Eternidad. Nunca han faltado en tu tumba las ofrendas de carne, cebada y espelta. Todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta lo ha hecho Ahmosis por Ankhiry. Sabes también que hice que Gilukhipa, la “Mujer de las Arenas”, llorase también tu ausencia.

¿Porqué, entonces, no eres capaz de distinguir el bien del mal?, ¿porqué tu espíritu se manifiesta todas las noches y me produce miedos intensos?, ¿porqué no dejas que mi cuerpo descanse por las noches?. Mira, Ankhiry, he escrito esta carta, que voy a depositar en tu Casa de Eternidad, para que sepas que he decidido emplazarte ante el Tribunal de la Enéada de dioses. Ra y los grandes dioses sabrán que Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, está siendo atormentado por tu excelente espíritu. Ellos serán, cuando sepan que el miedo invade mi corazón, los que decidirán que es lo que se tiene que hacer.”


Nota del traductor
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Esta documentado que los antiguos egipcios, en ciertas ocasiones, no dudaban en escribir cartas a los muertos. La carta que nos ocupa habría sido depositada junto con algunas ofrendas en la tumba de su esposa por un viudo atormentado por el excelente espíritu de ella. En el texto el hombre hace saber a la difunta que va a denunciarla ante el Tribunal de los dioses.

Deseando profundizar en esta inquietante cuestión, Antiqva no dudó en consultar los archivos de la Casa de la Vida del templo de Amón en Tebas. Al poco, tuvo la suerte inmensa de encontrar en un antiguo papiro el reflejo de las actas de ese juicio celestial. Un escriba Ágil de dedos se había encargado, hace miles de años, de reproducir lo que Ankhiry había argumentado en el proceso y lo que, finalmente, los dioses habían establecido conforme a Maat. Supo así Antiqva que lo que la difunta reprochaba a su esposo era que cuando ella murió su cuerpo había sido momificado y se le había practicado la magia de la Apertura de la Boca. Luego se había depositado su momia en la Casa de Eternidad, pero nadie se había ocupado de realizar el ritual de las Cuatro Antorchas de Glorificación, a través del cual la Luz divina de Ra tendría que haber iluminado al espíritu de Ankhiry cuando este, en la noche, estaba atravesando el Inframundo de Osiris en busca del Reino Celeste de Ra.

Sin la luz de Horus que emiten las antorchas y sin las palabras mágicas de los rituales, Ankhiry había quedado atrapada en el Reino de la Noche y por eso, una y otra vez, su espíritu, lleno de terror y angustia, se manifestaba ante su viudo, solicitando su auxilio. Lo que ocurre, seguro que todos lo sabéis, es que los muertos no son capaces de traducir a los vivos, en palabras, lo que desean. Ese fue el motivo de que Ahmosis, tras las continuas apariciones del espíritu de la difunta, hubiera estado a punto de enloquecer de miedo.


Nota final
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Debe Antiqva dejar constancia de que todo lo que el lector ha leído es una mera fabulación. Sin embargo, en el Papiro Leyden 371 se ha conservado el texto de una carta real que un viudo dirigía a su esposa muerta, llamada precisamente Ankhiry, nombre que hemos querido mantener en nuestro cuento. Parece que el papiro se encontró enrollado en torno a una figurita femenina en la tumba de la mujer.

Digamos, finalmente, que Antiqva ha sabido que una vez que se realizaron los rituales de las Cuatro Antorchas de Glorificación, tal y como están establecidos en el capítulo 137 del “Libro de los Muertos”, Ankhiry cesó de manifestarse a su atormentado esposo. Desde entonces, en el Cielo, luce una estrella más.