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martes, 19 de agosto de 2014

El niño que se perdió en el bosque





El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté:

.¿Qué soñaste anoche?

Me contestó:

-Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta y saliste vos.

Con súbita curiosidad me preguntó:

-Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?


Francisco Acevedo – Memorias de un bibliotecario





lunes, 18 de agosto de 2014

Una luna llena estaba siniestra en el cielo





De repente Lori no aguantó más y llamó por teléfono a Ulises:

-Qué hago, es de noche y estoy viva. Estar viva me está matando poco a poco, y estoy toda alerta en la oscuridad.

Hubo una pausa, llegó a pensar que Ulises no había oído. Entonces él dijo con voz calmada y apaciguante:

-Aguanta.

Cuando colgó el auricular, la noche estaba húmeda y la oscuridad suave, y vivir era tener un velo cubriendo el pelo. Entonces con ternura aceptó estar en el misterio de ser viva.

Antes de acostarse fue a la terraza: una luna llena estaba siniestra en el cielo. Entonces se bañó toda ella en los rayos lunares y se sintió profundamente tranquila.

Poco a poco fue adormeciéndose de dulzura, y la noche estaba bien adentrada. Cuando la noche madurase vendría el velo más lleno de brisa de madrugada. Mientras tanto, estaba delicadamente viva, durmiendo.


Clarice Lispector – Aprendizaje o El Libro de los Placeres




sábado, 16 de agosto de 2014

La noche de los sueños





Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba: “Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.”


Eduardo Galeano – El libro de los abrazos