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lunes, 28 de diciembre de 2009

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS

Imagen: Antiqva


El claustro del monasterio de San Juan de Duero, emplazado a pocos metros de este río tras haber salido de Soria por el puente medieval, es un espacio que se brinda al visitante envuelto en la magia y la irrealidad.

El monasterio, de estilo románico, fue fundado en el siglo XII por los caballeros hospitalarios de San Juan de Acre. Las arquerías entrelazadas de su claustro, dotadas de estremecedora belleza y que acusan la influencia de los alarifes del Islam, se alzan desnudas a los cielos casi gritando en el silencio de Castilla. Las envuelve un entorno mágico que no es sino lo que los sorianos denominaron el Monte de las Ánimas.

Aquí, en este paraje sobrecogedor, habría de ambientar Gustavo Adolfo Bécquer una de sus más populares leyendas. En otros tiempos, nos dejó escrito, este monte fue el escenario donde se desarrolló una sangrienta batalla entre los Templarios, que tenían su convento en el cercano monasterio de San Polo, y los nobles sorianos. Fue un enfrentamiento despiadado entre dos grupos de cristianos que tenían intereses contrapuestos. Desde entonces, como Alonso habría de decir a su prima Beatriz, todos sabían del peligro que entrañaba acercarse al Monte de las Ánimas en la noche de Todos los Santos, cuando los fantasmas de los muertos volvían a cabalgar con sus espadas ensangrentadas. Bécquer, en su narración, recreaba como Alonso habría de encontrar la muerte en una noche de terror cuando intentaba complacer una desafortunada petición de su prima.

Por un camino que transcurre en paralelo al río, que nace en San Juan de Duero y que tras dejar atrás San Polo conduce a la cercana ermita de San Saturio, gustaba de pasear Antonio Machado, de la mano de Leonor, la niña esposa, en sus felices años sorianos…


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miércoles, 23 de diciembre de 2009

CAPONATA INQVISITIO



Imágenes: Antiqva



Cualquier persona que haya cursado estudios, siquiera elementales, de “Petrología Recreativa” es conocedora de que el corazón de los ángeles, cuando estos fallecen, suele mineralizar en bellas formas geométricas, que en el caso de los “serafines” adopta un sugerente aspecto triangular que desde siempre ha llamado la atención de Antiqva cuando este, paseando por el campo, se ha topado con alguno de estos angélicos fósiles.

Igualmente, es también conocido que los demonios, cuando fallecen, a pesar de haber sido también creados por el Altísimo, fosilizan en formas que se manifiestan revestidas de un aspecto material claramente “grosero”. Todos sabemos, además, que a los demonios se les castiga, desde tiempos inmemoriales, haciendo que las piedras en las que se reencarnan sus tristes corazones, tengan grabado a fuego en su corteza el mapa de alguna de las más siniestras regiones infernales.

Todo esto, insistimos, es conocido por cualquier persona que en su juventud haya cursado unos mínimos estudios de “Petrología Recreativa”. Hasta aquí, en esta crónica, no aportamos nada nuevo. Son cosas sabidas. Eso si, ilustramos este trabajo divulgativo con las imágenes de los fosilizados corazones de un pobre diablo y de un bellísimo “serafín”, que seguro que el avispado lector sabrá distinguir de inmediato.

Como absoluta novedad, sin embargo, podemos anticipar que Antiqva, tras unas investigaciones rigurosas llevadas a cabo en cierto templo en el que fueron enterrados hace siglos algunos “Familiares” de la Santa Inquisición (aquellos férreos guardianes de la fe, que no dudaban en acusar de herejía a cualquier persona del barrio que les despertara la más mínima sospecha), ha llegado a descubrir que los dedos índices de estos siniestros personajes, cuando murieron, quedaron fosilizados en forma de “Caponata”, nombre que nuestro investigador ha otorgado a todas esas piedras, desgraciadamente tan abundantes en la Naturaleza, que se brindan rematadas por una sugerente superficie plana que resulta apropiada para con ella, por ejemplo, “arrear” capones a los atemorizados vecinos de alguno de esos tipos siniestros que actuaban como “Familiares” del Santo Oficio.

Como anexo documental a este estudio aportamos las imágenes de uno de esos temibles dedos fosilizados de Inquisidor, así como la lápida sepulcral de alguien que cuando falleció quiso dejar constancia para toda la eternidad de que cuando vivió había actuado como “Familiar” del Ilustrísimo y Santo Oficio de la Inquisición.

Para finalizar esta reseña, queremos informar al lector de que el resultado de este sorprendente trabajo de investigación realizado por Antiqva va a ser publicado en la prestigiosa revista “La Nouvelle Historie Cotidienne” en el número correspondiente al próximo 28 de diciembre. En efecto, hemos podido saber que nuestro hombre, al fin, tras toda una vida dedicada a la investigación, ha conseguido que una publicación científica haya admitido uno de sus insólitos trabajos. Cuentan los que lo conocen que desde que ha tenido conocimiento de la noticia Antiqva está enloquecido… Una felicidad inmensa embarga su ánimo… Y, ciertamente, no es para menos… Al fin, por primera vez en su vida, el resultado de una de sus peculiares investigaciones será publicado en papel… Luego, como todos los artículos de “La Nouvelle Historie”, su estudio titulado “Caponata Inqvisitio” será procesado en las bases de datos de las más prestigiosas bibliotecas del mundo… Será entonces, gracias a su inclusión en los archivos y listas bibliográficas, cuando el nombre del autor, Antiqva, habrá de arribar, al fin, a una feliz existencia de eterna inmortalidad…


domingo, 20 de diciembre de 2009

DE LA REALIDAD

Imagen: Antiqva




El tremendismo de la realidad,
su incurable tendencia
al melodrama y a lo absurdo.

La realidad es psicópata:
jamás se compadece de sus víctimas.
Hace trampa al jugar con la esperanza.
Todo lo escribe mal con letras chuecas.

Llenas de errores de sintaxis.
Ignora el ritmo, el tono, la armonía.
Confunde los papeles asignados.
Olvida lo que dijo en otra página.

Debería entrar en un taller literario,
aprender cuando menos rudimentos
de verosimilitud, coherencia y orden.

Sin embargo, posee en alto grado
una virtud artística suprema:
siempre es nueva,
siempre nos deja con la boca abierta.

José Emilio Pacheco (Como la lluvia)






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sábado, 19 de diciembre de 2009

LUCES Y SOMBRAS

Imagen: Antiqva



Estos días, en la indolencia, todos hemos podido ver como iba naciendo un mártir.

Una mujer, mie
ntras tanto, se estaba muriendo.

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martes, 8 de diciembre de 2009

DIDO, REINA DE CARTAGO


Imágenes: Antiqva



-Antiqva –me dijo Isabel-, se que te encantan los gatos, ¿podrías mandarme una fotografía de alguno de ellos para ilustrar una entrada que voy a publicar en “Mujeres de Roma…”

Ante esa petición, Antiqva envió a Isabel Barceló por e-mail varias imágenes de uno de los gatos asilvestrados que frecuentan su casa. Se decidió por el más sociable y delicado de ellos, un gato blanco, hijo de la gata Natacha. Se trata de un animal encantador, que ocupa un puesto claramente subalterno en el orden jerárquico de la tropa gatuna que nos visita. Quizás por eso sea tan dulce…

-Amigo -me contestó ella-, me han encantado las imágenes. Dime como se llama el animal, para hacerlo constar en el pie de foto.

La respuesta de Antiqva fue que el gato no pertenecía a nadie… Vivía salvaje entre los árboles y ni siquiera tenía nombre. Se llamaba, simplemente, “gato”. Fue entonces cuando Isabel propuso que se llamara Jano.

Así fue como Jano, una fiera bellísima, fue amadrinado por Isabel Barceló, cuyo blog “Mujeres de Roma” recomendamos a todos aquellos que lean estas palabras. Algunos meses antes había sucedido algo similar con nuestra amiga Natacha, cuyo blog much@s, sin duda, conocéis. La gata Natacha, madre de Jano, debe su nombre a una petición similar de nuestra entrañable amiga. Cuando Natacha vio una imagen “preñadísima” de la gata, tendida en el suelo, nos pidió que pusiéramos su nombre a uno de los gatitos…

-¿Cómo a algún gatito –respondió Antiqva-, se lo pondremos a la madre, que todavía, a estas alturas, está sin bautizar…

¡Ah, a veces se producen bellísimas interacciones entre los mundos real y virtual…!

Sucede ahora que Jano, últimamente, está loco de contento. El motivo es que Antiqva le ha contado que Isabel, la mujer a la que debe su nombre, ha publicado una novela titulada “Dido, reina de Cartago”. El animal, que es más listo que el hambre, no puede ocultar su satisfacción. María, cuando lo ve, tan avispado, suele decir que es una pena que no hayamos podido “darle estudios”… Seguro que hubiera sido capaz de sacar, al menos, una carrera de grado medio…

Amig@s, Antiqva está leyendo ahora “Dido, reina de Cartago”. La atracción que uno siente por la Historia y la simpatía hacía la autora hacen que estemos disfrutando inmensamente de la lectura. Además, hace pocos meses, tuvimos oportunidad de visitar las ruinas de Cartago, en las inmediaciones de la actual ciudad de Túnez, de modo que conocemos algunos de los lugares que Isabel cita en la novela.

Finalmente, enlaza con estas cosas, por una feliz coincidencia, que en estos meses se puede visitar en el Museo Arqueológico de Sevilla una magna exposición que lleva por título: “El Carambolo, 50 años de un tesoro”, cuyo contenido nos conduce al apasionante mundo de Tartessos y los fenicios. Estos días pasados hemos viajado a Sevilla para admirar esta muestra, que incluye las piezas originales del tesoro, de oro puro, que habitualmente están protegidas en una cámara acorazada.

Hasta fechas recientes, se había pensado que El Carambolo, yacimiento situado en el término municipal de Camas, cerca de Sevilla, había sido el palacete de alguno de los reyes de Tartessos. Hoy, los arqueólogos nos dicen que se trataba, realmente, de un templo alzado por los fenicios y consagrado al culto a su diosa Astarté. Los primeros momentos de ese templo se remontarían al siglo IX antes de Cristo, unos tiempos próximos a aquellos en que una mujer fenicia, Dido, había fundado Cartago.

Nos llamó poderosamente la atención que en el templo de El Carambolo el altar reproducía la forma de una piel de toro desplegada… ¡Lo mismo que había hecho Dido cuando fundó Cartago, hicieron los fenicios que construyeron este santuario a su diosa Astarté…!

Parece que la causa que motivó que los fenicios alzaran su templo tan cerca de lo que hoy es Sevilla es que en aquellos tiempos estos parajes estaban próximos al Atlántico, que en los comienzos del primer milenio antes de Cristo llegaba, al menos, hasta la cercana Coria del Río. Dicen los arqueólogos que por estos lugares tenía el Guadalquivir su desembocadura.

Por cierto, el Guadalquivir (nombre árabe, Wadi el-Kebir, el Río Grande), antes había sido conocido como Betis por los romanos, y antes aún, en los albores de la historia de Andalucía, su nombre habría sido, según recogieron los propios geógrafos latinos, río Tartessos.

Amig@s, si os atrae la novela histórica, no dudéis en leer la novela que acaba de publicar nuestra amiga Isabel… Estoy seguro de que disfrutaréis con ella.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CUENTO DE AMOR

Imagen: Antiqva


Estudios recientes habrían confirmado que la energía que se desprende de los hipotálamos de dos personas que se han enamorado podría abastecer de electricidad, durante cuatro días, a una ciudad de mediana dimensión.


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lunes, 30 de noviembre de 2009

SOBRE EL CUENTO DEL PAPAGAYO

Imagen: Antiqva



Este pasado domingo, Antiqva decidió abrir la “Caja de los Truenos” para ver si sus amigas lectoras de España y América, ante una situación claramente forzada, tenían o no la misma perspectiva.

Con esa intención, decidí publicar el cuento del Papagayo, en el que la protagonista era una mujer americana a la que Antiqva presentaba de manera “impresentable”. Uno había trasladado a la breve narración muchos de los tópicos que en España podemos tener acerca de los hermanos del otro lado del mar.

Al mismo tiempo, y para desorientar a las amigas de América, ese mismo día enviaba una presentación con versos árabes de los tiempos de al-Andalus. De algún modo, pretendía crear en ellas un cruce de sentimientos contradictorios. Posiblemente pensarían: “Este Antiqva es un tipo raro… En el cuento aflora su vena “española” pero luego, con los poemas andalusíes, parece que tiene cierta delicadeza… Quizás este tipo tenga algo de aprovechable todavía…”

Los resultados del “ejercicio” podrían ser:

-Las amigas españolas han dejado sus comentarios y en ellos no se acusa ninguna sensación de encontrarse molestas con el texto. El cuento sería una mera narración humorística. Nadie nos ha acusado de tratar de una manera “tan tópica” la imagen de una mujer americana.

-Las amigas americanas, por el contrario, se han limitado a no decir nada. Posiblemente no les haya gustado el relato pero han demostrado su talla no diciendo nada, quizás por temor a molestar a su amigo Antiqva. Varias de ellas, incluso, me han dirigido correos indicando que les habían gustado los poemas árabes.

Llegados a este punto, quiero expresamente pedir disculpas a todas las personas que habéis leído el cuento. Perdonad si os ha molestado en algo. Deseaba, simplemente, ante una situación “tópica”, ver si la respuesta de españolas o americanas era la misma o no. Creo, sinceramente, que existen diferencias y es que a pesar de que son muchas las cosas que nos unen también son muchas las cosas que a lo largo de la historia nos han separado.

Ojalá ahora, con esta cosa de Internet, nos sintamos cada vez más unidos.

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domingo, 29 de noviembre de 2009

DE CHUSMAS Y PAPAGALLOS

Imagen: Antiqva



El General, a su regreso de las colonias, se había traído una "entretenida" tan apretada en carnes como apasionada en amores. Con ella llegó un papagayo dominicano de plumones coloridos.

En 1860, tras dos años de hambre en Andalucía, la chusma se echó a la calle y los alborotadores, entre otros desmanes, apedrearon el palacio del Gobierno Militar. Una de las piedras, para desconsuelo de la mujer, tras destrozar la cristalera del caserón, terminó rompiendo la crisma de “Don Pedrito”, el papagayo florido, que en ese momento estaba entonando con su ama el dúo de “La Creación” de Joseph Haydn.

La respuesta de la criolla no se hizo esperar: ordenó al General que fusilara de inmediato, para escarmiento de la canalla, a media docena de indigentes, y luego, en actitud beatífica, dio instrucciones a la abadesa de Santa Isabel para que durante nueve semanas se dijeran misas a la memoria del ave inocente en la iglesia conventual.

La mujer, desde entonces, con insistencia machacona, en la celebración de las pascuas militares recordaba siempre a todos que el ánima de “Don Pedrito”, encarnación piadosa del Espíritu Santo, se le aparecía todas las tardes. Dicen que le acompañaba en el rezo cotidiano del Santo Rosario.


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jueves, 26 de noviembre de 2009

SIERRA DEL GUADARRAMA





A veces, cuando contemplamos fotografías antiguas, sentimos que una sensación agridulce de melancolía se apodera de nosotros. Mientras palpamos alguna de esas imágenes congeladas en el tiempo y contemplamos personas con las que en otros tiempos nos sentimos unidos no podemos sino pensar: “¿Qué habrá sido de este…”, “¡Señor…! ¿Cómo se llamaba aquella…? Ya ni siquiera recuerdo su nombre…”

En esta imagen, tomada en la Sierra del Guadarrama, estamos posando un grupo de jóvenes. Antiqva es ese que está sentado. Luce unos inmensos calcetines blancos que casi llegan a sus rodillas. En aquellos tiempos no existían los equipamientos deportivos actuales y nos las ingeniábamos como mejor podíamos para soportar el rigor de la nieve cuando caminábamos por la sierra. Debajo de cada uno de esos calcetines, Antiqva solía llevar una bolsa de plástico como aislante contra la humedad, y por debajo de ese plástico, otro calcetín. Como calzado, unas robustas botas militares, compradas a precio de saldo en la tienda “de viejo” (ah, aquellas entrañables “traperías”) del señor Gabino. Con ese pobrísimo equipamiento nos lanzábamos a caminar por la Sierra. Entonces, ni siquiera se había inventado la palabra senderismo. ¡Qué tiempos aquellos, tan ingenuos…!

Actualmente no mantenemos relación alguna con esos jóvenes con los que en aquellos tiempos compartimos momentos de felicidad e, incluso, algún que otro “primer amor”… Contemplando imágenes como esta, no podemos sino tomar conciencia de que la vida, en realidad, no sería sino un flujo de personas que sentimos que revolotean en torno a nosotros. A veces, notamos que esas personas nos envuelven y arropan, pero después lo usual es que tengamos que contemplar como siguiendo alguna ley inexorable se alejan de nuestras vidas, frecuentemente para siempre.

Dejando a un lado los “benditos” amarres de la familia, todo parece sugerir que “lo demás” no sería sino vidas que se acercan a nosotros y luego, pasado un tiempo, se alejan. Esa ley despiadada, que sólo excepcionalmente es incumplida, hace que algo de esas personas, al menos de algunas de ellas, quede en nosotros y que algo de nosotros, igualmente, se vaya con ellas. Hasta ahora, pensábamos que estas “cosas”, tan propicias para la nostalgia, sólo sucedían en el mundo real, sin embargo desde hace unos años estamos tomando conciencia de que en mundo de los blogs también ocurre lo mismo. Posiblemente lo que sucede es que este mundo virtual de Internet es tan real como el otro, el de las nieves de la Sierra del Guadarrama.

martes, 24 de noviembre de 2009

domingo, 22 de noviembre de 2009

NUBARRONES

Imagen: Antiqva



Antiqva, perplejo y asustado, viendo que el hombre no se marchaba, descerrojó el fusil y con un golpe seco introdujo la primera bala en la recámara. Luego lo encañonó. Les separaban unos ocho metros. Él hombre, aturdido, le miró… Durante unos interminables segundos no hizo nada… La lluvia los estaba empapando a los dos…


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jueves, 19 de noviembre de 2009

LAGUNA NEGRA DE SORIA

Imagen: Antiqva




Cuando Antiqva tuvo antes sus ojos la Laguna Negra de Soria no pudo sino evocar los versos que Antonio Machado nos había plasmado en “Campos de Castilla”:

“…agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas…”

Pensó Antiqva entonces que quizás algún día intentara escribir alguna ensoñación que le ayudara a recordar ese mágico lugar…





En las tierras altas de Urbión,
recordando a Antonio Machado





Cuando encontraron su cuerpo arropado en el barro,
nadie reparó en que su alma,
entre las negras aguas,
observaba.

Nunca, compañera fiel, había huido
de las frías honduras en las que el hombre
había dormido.

Cuentan todavía, tantos años pasados,
que a veces, por la noche, con las estrellas,
en el agua la han visto jugando.

Dicen que esas noches la Luna
refleja su sonrisa
en la negra laguna.


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jueves, 12 de noviembre de 2009

A UNA MUJER MUERTA





“Al excelente espíritu de Ankhiry:

Quiero que sepas, Ankhiry, tú que fuiste mi esposa, que yo, Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, nunca cometí ningún crimen contra ti… Todas las noches, sin embargo, estoy sumergido en el miedo que me produce contemplar, horrorizado, como tu espíritu se manifiesta ante mi corazón. Los estremecimientos que me produces, desde hace muchos meses, impiden que Ahmosis pueda dormir. No se porqué has decidido que el miedo sea el señor de mi cuerpo… ¿Qué falta cometí para que cada noche me acose tu espíritu?, ¿qué es lo que hice para quedar esclavo de ese temor que tú, la mujer a la que tanto amé, me produces cada noche?

Quiero que sepas que yo, Ahmosis, siempre te traté del modo en que un oficial del faraón debe tratar a su esposa… Solo una vez me aleje de ti. Fue cuando nuestro rey me ordenó viajar a la Tierra del Horizonte. Su Majestad deseaba que Ahmosis trajera de aquel país lejano una Mujer Belluda y un Hombre Niño… Cuando regresé supe que Ankhiry ya no vivía en la Tierra Negra… Tu espíritu se había ido al Reino de los Muertos. Sabes que lloré por ti y que hice todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta.

Sabes también que antes de ese viaje a la Tierra del Horizonte, del que regresé con riquezas y esclavos, siempre te traté como una mujer debe ser tratada. Nunca permití que tu corazón sufriera. Siempre quise que estuvieras a mi lado. Nada te oculté en los días de tu vida. No consentí que sufrieras dolor alguno. Nunca me acusaste de que te sintieras desatendida. Nunca te traté como si yo fuera un campesino que entra en una casa extraña y desconoce como debe comportarse. Sabes que repartí entre tu cuerpo y el de nuestra amada esclava Gilukhipa mis deseos sexuales, tal y como debe actuar un oficial del faraón. Ahmosis siempre quiso complacer tanto a su esposa como a la Mujer de Ojos Ardientes a la que hizo esclava tras derrotar a los Hombres de las Arenas. Bien sabes que nunca entré en la noche en los cuartos de tus hermanas. Sabes también, Ankhiry, que nunca dejé que te faltaran tus ungüentos, tus provisiones y tus ropas. Nunca me desentendí de ti. Siempre dije a los hombres: “Ella está aquí y Ahmosis cuida de ella”.

Pero, mira, Ankhiry, no sabes apreciar el bien que hice contigo. Desde que supe de tu muerte ordené que todas las cosas buenas estuvieran en tu Casa de Eternidad. Nunca han faltado en tu tumba las ofrendas de carne, cebada y espelta. Todo lo que un oficial del rey debe hacer por su esposa muerta lo ha hecho Ahmosis por Ankhiry. Sabes también que hice que Gilukhipa, la “Mujer de las Arenas”, llorase también tu ausencia.

¿Porqué, entonces, no eres capaz de distinguir el bien del mal?, ¿porqué tu espíritu se manifiesta todas las noches y me produce miedos intensos?, ¿porqué no dejas que mi cuerpo descanse por las noches?. Mira, Ankhiry, he escrito esta carta, que voy a depositar en tu Casa de Eternidad, para que sepas que he decidido emplazarte ante el Tribunal de la Enéada de dioses. Ra y los grandes dioses sabrán que Ahmosis, capitán de los arqueros del faraón, está siendo atormentado por tu excelente espíritu. Ellos serán, cuando sepan que el miedo invade mi corazón, los que decidirán que es lo que se tiene que hacer.”


Nota del traductor
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Esta documentado que los antiguos egipcios, en ciertas ocasiones, no dudaban en escribir cartas a los muertos. La carta que nos ocupa habría sido depositada junto con algunas ofrendas en la tumba de su esposa por un viudo atormentado por el excelente espíritu de ella. En el texto el hombre hace saber a la difunta que va a denunciarla ante el Tribunal de los dioses.

Deseando profundizar en esta inquietante cuestión, Antiqva no dudó en consultar los archivos de la Casa de la Vida del templo de Amón en Tebas. Al poco, tuvo la suerte inmensa de encontrar en un antiguo papiro el reflejo de las actas de ese juicio celestial. Un escriba Ágil de dedos se había encargado, hace miles de años, de reproducir lo que Ankhiry había argumentado en el proceso y lo que, finalmente, los dioses habían establecido conforme a Maat. Supo así Antiqva que lo que la difunta reprochaba a su esposo era que cuando ella murió su cuerpo había sido momificado y se le había practicado la magia de la Apertura de la Boca. Luego se había depositado su momia en la Casa de Eternidad, pero nadie se había ocupado de realizar el ritual de las Cuatro Antorchas de Glorificación, a través del cual la Luz divina de Ra tendría que haber iluminado al espíritu de Ankhiry cuando este, en la noche, estaba atravesando el Inframundo de Osiris en busca del Reino Celeste de Ra.

Sin la luz de Horus que emiten las antorchas y sin las palabras mágicas de los rituales, Ankhiry había quedado atrapada en el Reino de la Noche y por eso, una y otra vez, su espíritu, lleno de terror y angustia, se manifestaba ante su viudo, solicitando su auxilio. Lo que ocurre, seguro que todos lo sabéis, es que los muertos no son capaces de traducir a los vivos, en palabras, lo que desean. Ese fue el motivo de que Ahmosis, tras las continuas apariciones del espíritu de la difunta, hubiera estado a punto de enloquecer de miedo.


Nota final
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Debe Antiqva dejar constancia de que todo lo que el lector ha leído es una mera fabulación. Sin embargo, en el Papiro Leyden 371 se ha conservado el texto de una carta real que un viudo dirigía a su esposa muerta, llamada precisamente Ankhiry, nombre que hemos querido mantener en nuestro cuento. Parece que el papiro se encontró enrollado en torno a una figurita femenina en la tumba de la mujer.

Digamos, finalmente, que Antiqva ha sabido que una vez que se realizaron los rituales de las Cuatro Antorchas de Glorificación, tal y como están establecidos en el capítulo 137 del “Libro de los Muertos”, Ankhiry cesó de manifestarse a su atormentado esposo. Desde entonces, en el Cielo, luce una estrella más.


martes, 10 de noviembre de 2009

EL REINO DE LOS CUENTOS





A veces suceden cosas prodigiosas, como que los lectores del “Blog de los Cuentos” decidan conceder cierta distinción a uno de los relatos que Antiqva había publicado en ese bello cuaderno. Tocaba el tema “Magia” y uno había concurrido con “El estigma del diablo”

Amig@s, si no conocéis el “Blog de los Cuentos” os invito a visitarlo. Para Antiqva es un honor pertenecer al grupo de personas que colaboran en este espacio que creó hace algo más de un año nuestra entrañable amiga Natacha.



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domingo, 8 de noviembre de 2009

LA ARQUITECTURA DEL MISTERIO

A estos ídolos oculados rendían culto las gentes que alzaron los dólmenes.
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Corredor del dolmen de la Pastora

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Ciertos lugares atraen especialmente el interés de los amantes de la fotografía...


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Cámara funeraria central. Sobre una base de lascas de pizarra se han situado bloques ciclópeos que dan forma a una falsa cúpula que se cubre con una inmensa losa pétrea.
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Imágenes: Antiqva




Este fin de semana, Antiqva –con un grupo de amigos- ha tenido la gozosa oportunidad de viajar a la población sevillana de Valencina de la Concepción, en el extremo norte de la cornisa del Aljarafe, en donde los arqueólogos tienen identificado un extenso yacimiento que se ha datado en los tiempos de la Edad del Cobre y el Bronce Antiguo. En él sobresalen diversos dólmenes (monumentos funerarios), que fueron construidos hace unos 4.000 años. Teníamos especial interés en visitar el denominado dolmen de la Pastora, que fue descubierto de manera fortunita en 1860, oculto bajo un cúmulo de tierra, cuando las gentes del lugar realizaban trabajos agrícolas.

El dolmen de la Pastora es un sepulcro tipo “tholos”, dotado de un largo corredor que culmina en una cámara funeraria. Las paredes de la construcción, levantadas con lajas de pizarra, están luego techadas con losas de dimensiones espectaculares. El impresionante corredor, que alcanza 46 metros de longitud y cuya escasa altura obliga a la persona que lo transita a caminar agachada, está dividido en tres tramos que están separados por losas que sobresalen a modo de puertas internas.

Cuando Antiqva, con la cabeza agachada, caminaba por ese interminable pasillo alumbrado por una luz tenue, tenía la clara certeza de que los hombres de la Prehistoria, cuando lo recorrieron igualmente, no hubieron de tener ninguna duda de que estaban dirigiendo sus pasos al Reino de la Muerte. Allí, sepultados bajo una colina artificial, en ese pasillo tan angosto y de difícil tránsito, la sensación de estar uno dominado por la magia y el misterio es claramente palpable.

Cuando, al fin, tras esos 46 metros de corredor funerario, llegamos a la propia cámara sepulcral, de planta circular, pudimos comprobar que sus paredes eran igualmente de lajas de pizarra, sustituidas a partir de cierta altura por sillares ciclópeos que por aproximación paulatina iban conformando una falsa cúpula techada por una losa pétrea inmensa. ¿Cómo fueron capaces los hombres de la Prehistoria de construir este tipo de sepulcros? Quizás sea cierta esa afirmación de la Biblia que dice (Génesis 6, 4) que hubo un tiempo en que habitaban en la tierra los gigantes…

De esta impresionante construcción, que nos remonta a los momentos iniciales de la historia de la arquitectura en España, nos llamó poderosamente la atención que su entrada no está orientada al sol del Levante, como es usual en los megalitos andaluces, sino hacia el sol del Poniente. No se orienta a la Luz, sino directamente al Inframundo…

Allí, en las inmediaciones del dolmen, alguien nos hizo saber que en el Aljarafe sevillano se tienen identificados más de veinte dólmenes, si bien en estos momentos solamente se puede visitar el de la Pastora, en el que nos encontrábamos. Nos causó cierta extrañeza que las autoridades responsables de la cultura no hayan decidido poner en valor, al menos de manera paulatina, esta sugestiva riqueza patrimonial que está situada a menos de veinte kilómetros de Sevilla. Esperemos que algún día alguien decida poner en marcha lo que sería una sugestiva ruta por los dólmenes del Aljarafe sevillano. Una ruta que nos llevaría, en suma, por los misterios de la vida y la muerte en los momentos finales de nuestra Prehistoria.


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lunes, 2 de noviembre de 2009

ALAMBRADAS

Imagen: Antiqva




La señora R. habría la marcha. Con una linterna alumbraba débilmente el sendero por el que un grupo de amigos caminábamos contemplando las estrellas en una noche de prodigio, sin nubes ni luna. La negrura de la noche, en las alturas de la sierra, lo envolvía todo y arriba, en el cielo, las estrellas se manifestaban con un porte lujurioso.

Admirando la belleza de la Vía Láctea, yo cerraba la marcha. Delante de mi, a tres o cuatro metros, temiendo dar algún traspiés en la oscuridad, caminaban Lucía y el señor H. Charlaban entre ellos amigablemente.

Aquella noche, conscientemente, me iba quedando rezagado. No quería que las conversaciones distrajeran mi atención de lo que consideraba importante: contemplar el cielo. La verdad es que nunca antes había tenido una conciencia tan clara de lo bella que resulta la Vía Láctea cuando se contempla desde una cierta altura, envuelto uno en la oscuridad.

En cierto momento, sin embargo, dejé de contemplar las estrellas. Había reparado en que el señor H. le estaba contando algo a Lucía. Entre los susurros de la noche, había creído escuchar ciertas palabras que remitían a algo que habría sucedido en un campo de concentración en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Pensé que hablaban de algún documental emitido en la televisión.

Algo después, terminado el paseo nocturno, ya en el hotel, me interesé por esa conversación de la que había escuchado palabras inconexas.

-Fíjate –decía Lucía- lo que me ha contado H. es realmente increíble… Tan increíble como terrible o maravilloso. Todo ello se aúna.

Miré interrogante a mi amigo, el señor H., un hombre nacido en Bélgica…

-Hace unos meses –comenzó a hablar él- uno de mis sobrinos, desde Bélgica, se puso en contacto conmigo y me hizo saber que había descubierto que en cierta web alguien había puesto a la venta unos manuscritos de cuentos infantiles que habrían sido escritos por mi padre… Mi sobrino sabía que él había sido escritor y se le había ocurrido escribir su nombre en el buscador de Google intentando acceder a alguna información que pudiera existir en Internet sobre él. Había sido así como había reparado en ese ofrecimiento de venta.

-En 1940 –prosiguió el hombre- mi padre fue deportado por los alemanes, junto con otros belgas, a un campo de trabajo en el que estuvo internado hasta los momentos finales de la guerra. Él no solía hablar de esos años terribles pero cuando alguna vez lo hizo nos dijo que su vida allí había sido relativamente soportable. Trabajaban talando árboles en un bosque cercano al campo y aunque la comida era escasa lo cierto es que allí no morían de hambre. Considerando la barbarie nazi, lo cierto era que en aquel campo, destinado mayoritariamente a franceses y belgas, se podía sobrevivir.

-Sin embargo –decía el señor H.- junto al campo de trabajo de mi padre había otro, en el que las personas retenidas eran mujeres polacas de origen judío a las que los alemanes, simplemente, dejaban morir de hambre. Cada mañana, mi padre, y tantos otros –proseguía nuestro amigo- cuando marchaban al trabajo en el bosque, intentaban llevar algún mendrugo de pan que arrojaban a esas mujeres, por encima de las alambradas, cuando pasaban a su lado. Él nunca pudo olvidar como ellas, esqueléticas y enfermas, se arrastraban por el suelo intentando alcanzar los trozos de pan. Esa fue, sin duda, su peor experiencia en aquellos espantosos años.

Supe así en el transcurso de la conversación, que ahora, pasado tanto tiempo de aquello, alguien había puesto a la venta unos manuscritos, dos sencillos cuadernos, que contenían diversos cuentos que nuestro hombre había escrito en aquellos tiempos. El vendedor, que resultó ser una persona que vivía en Polonia, afirmaba que además de la firma del autor, en la primera página estaba escrito su nombre y una fecha: 1943. El señor H. nos dijo que todo eso encajaba. El sabía que su padre había sido una persona meticulosa y que en sus manuscritos dejaba siempre constancia, además de su propio nombre, del año en que lo había terminado.

Supimos, finalmente, que gracias a la ayuda de una intérprete, el señor H. había podido ponerse en contacto con el vendedor del libro de cuentos, que manifestó que desde siempre había pertenecido a su familia. Al parecer un hombre se lo había regalado a sus abuelos que le habrían proporcionado comida cuando esa persona, en los tiempos finales de la guerra, llegó a su granja. El vendedor había escuchado decir a su madre que en aquellos tiempos eran muchas las personas desplazadas por los vaivenes bélicos y quién dejó los manuscritos en su casa parece que les había dicho que intentaba, simplemente caminando, retornar a su patria.

Así fue como, al fin, por un modesto precio, unos 180 euros, el señor H. pudo conseguir esa obrita de incalculable valor para sus sentimientos. De un modo inesperado había llegado a sus manos un par de cuadernos en los que su padre había escrito diversos cuentos infantiles en unos tiempos terribles. En este punto de la narración, el hombre tenía los ojos enrojecidos. Lucía y yo sentíamos una presión inusual en nuestras gargantas.

Nos dijo, finalmente, nuestro amigo que su padre, en los cuadernos había plasmado once cuentos que destacaban por la ingenuidad que desprendían las historias. Sin duda, habían sido creados para ser leídos a niños. Ninguno de ellos estaba ambientado en algún espacio que pudiera ser reconocible, si bien en uno, el último que escribió, la acción se desarrollaba en un paisaje boscoso en el que, de manera vaporosa, su padre hablaba de cierta alambrada y de cierta persona, quizás un soldado, que la vigilaba. Los niños que protagonizaban ese cuento tenían prohibido acercarse allí.

Pienso que es posible que el padre del señor H., cuando fue internado en el campo, hubiera hecho saber de sus habilidades literarias a sus guardianes, que habrían sido quienes le habrían suministrado aquellos cuadernos con la idea, posiblemente, de que creara cuentos destinados a los hijos de los mandos nazis del campo. Así se podría explicar que a pesar de estar detenido hubiera podido escribir estos sencillos relatos. Nunca lo sabremos. Lo que si nos dijo el señor H. es que su padre, antes de que estallara la guerra, había publicado varios libros de poesía. Sin embargo, cuando la guerra terminó, jamás volvió a escribir un poema. Desde entonces solamente escribió cuentos. Quizás las experiencias vividas con los hombres en aquellos años terribles tuvieran algo que ver con esa decisión que tomó.

En todo caso, el padre de nuestro amigo –según este nos decía-, en las escasas ocasiones en que hablaba de esos tiempos, solía decir que su vida en el campo nazi había sido relativamente soportable. Lo peor habría de ocurrir cuando a punto de terminar la guerra los soviéticos liberaron el campo. Fue entonces cuando los soldados del Este atemorizaron a los detenidos y les robaron todas sus pertenencias, tan escasas como pobres: relojes, medallas, ropa… Igualmente, las mujeres que encontraron fueron violadas. Para entonces la inmensa mayoría de las mujeres polacas internadas en el vecino campo habían fallecido. Todo sugiere que los manuscritos habrían pasado desapercibidos para los saqueadores. Los soldados, sin duda, no prestaron especial interés a esos cuadernos en los que alguien, en una lengua que les sería desconocida, había escrito cosas incomprensibles.

Tras la desbandada nazi, los detenidos de aquel campo de trabajo, violentados y robados por sus liberadores, habrían de ser luego abandonados a su suerte en aquella tierra de nadie situada entre Alemania y Polonia. Comenzaba ahora una penosa odisea para el padre del señor H. en su deseo de lograr volver a casa. El Ejército Rojo no tenía tiempo para ocuparse de ellos. Al modo de un lobo inmenso y hambriento todas las fuerzas soviéticas se dirigían al corazón de Alemania. Tenían prisa por conquistar Berlín.

Habría sido en este contexto cuando nuestro hombre, famélico y desorientado, con el único equipaje de aquellos cuadernos, habría llegado a esa granja en la que sus atemorizados habitantes le dieron algo de comida. El hombre nunca pudo pensar que aquellos manuscritos que les regaló en señal de agradecimiento, habrían de llegar algún día a manos de su propio hijo.


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martes, 27 de octubre de 2009

FOTOGRAFÍA EN EL ALCÁZAR



Timoteo de las Casas, funcionario de Correos, cuando falleció dejó una herencia tan modesta como su propia vida. Su viuda, doña Paula, tras los funerales, convocó a sus dos hijos en la cocina familiar. Allí, sobre la mesa, había colocado tres cajas de hojalata en cuyo interior se conservaban a salvo de las humedades las pertenencias del difunto.

En la primera de las cajas, envuelto en plástico, estaba guardado un pequeño fajo de billetes. Doña Paula, ante sus hijos, lo contó: “Aquí hay 20.800 pesetas”, concluyó la mujer. “Con este dinero y con la pensión de la Mutualidad podremos irnos defendiendo”, sentenció.

En la segunda de las cajas, envuelta en un trapo anaranjado, había guardado el difunto una máquina fotográfica Leika que en los últimos años le había proporcionado momentos felices. Amante de la fotografía nuestro hombre, privándose de otros caprichos, había adquirido esa máquina con la que en ocasiones especiales retrataba a su familia.

En la tercera caja, finalmente, estaban amontonados varios cientos de imágenes que Timoteo había tomado en esos años de afición. A su lado, envueltas en plástico, estaban también depositadas ocho monedas, algunas de plata y otras de cobre, emitidas en los tiempos en que en España reinaba Alfonso XII. Nadie supo nunca donde guardaba Timoteo los negativos de las fotografías. Jamás aparecieron.

Requeridos por doña Paula para que se repartieran esos “recuerdos” de su padre, Esperanza, la hija, más sentimental, se decidió por la colección de imágenes y por las monedas alfonsinas que, ¿quién sabe porqué?, uno de los abuelos del difunto había decidido hacía muchos años conservar.

Salvador, el hijo, tras escuchar las palabras de su hermana, decidió quedarse la maquina Leika. Aunque no sentía interés alguno por la fotografía se prometió a si mismo que aprendería a usarla, quizás como un acto entrañable de homenaje a su padre.

.../…

Era sábado y aquella tarde Salvador se acercó a los jardines del Alcázar de la ciudad con la idea de tomar algunas fotografías. En su mano, enfundada, portaba la cámara que había heredado de su padre. De manera paulatina, ¿quien sabe como?, se había ido aficionando a su uso, de modo que al fin compartía la pasión que había poseído a don Timoteo durante los últimos años de su vida.

En la escalinata de la torre de los Leones, se topó Salvador con una niña que vestida “de Primera Comunión” jugueteaba con sus primos. “Niños –exclamó- posad un momento y os haré una foto”, pero no tuvo tiempo de hacerlo… En el momento en que los niños, formalitos, posaban, llegó allí un grupo alborotado de jóvenes. Salvador no lo dudó y los invitó a unirse al grupo. Ninguno de ellos conocía a los niños, pero aceptaron entre risas.

Fue entonces, en el instante en que pulsaba en el disparador, cuando el fotógrafo reparó en el modo tan bello en que estaba posando una de las jóvenes, rubia, que parecía mirar al cielo mientras sonreía de una manera angelical… Entonces, al momento, cuando apretó el pulsador, fue cuando sucedió algo insólito…

“Que ocurre –le dijo la muchacha rubia de la sonrisa- que todos se han quedado inmóviles… Nadie se mueve… ¿Qué pasa…?” En los ojos de ella se percibía el modo en que la sorpresa y el miedo, en similares proporciones, se habían mezclado…

“No te preocupes –respondió él- me ha pasado alguna otra vez… Son cosas de la cámara, creo que tiene demasiados años… A veces, cuando tomo imágenes, al pulsar, pasa algo y durante un tiempo el mundo queda en suspenso… Pero no es nada grave… Solamente algunas personas especiales, como es tu caso, escapan de esa influencia. A mi, por lo que ves, tampoco me afecta. No te preocupes, amiga, pronto todo volverá a ser normal…”

“Ven -prosiguió Salvador- vayamos a aquella fuente y bebe un sorbo de agua, te encontrarás mejor… No tengas miedo… Nada va a suceder… Ven… Toma mi mano…”

La muchacha, confusa, como caminando entre las nubes, aceptó la mano de Salvador y los dos se encaminaron al cercano surtidor… No entendía nada de lo que estaba pasando, pero se sentía atraída por aquel joven que no parecía apreciar nada extraño en la tan insólita situación que estaba viviendo.

Para entonces, él solamente pedía al cielo que “aquello” duraba todo el tiempo posible… Aquella joven, tan encantadora, le resultaba bellísima y deseaba tener tiempo para conocerla. Así fue como caminando de la mano, entre las sonrisas de él y el indudable sentimiento de temor de ella, llegaron a la fuente. La joven sentía el frescor del agua en sus labios cuando algo, de súbito, rompió el hechizo. Se escuchó una voz… Alguien gritaba:

“María, por Dios, ven aquí, que todos se han ido –exclamaba un joven delgado cuya silueta, al lado de ella, se recortaba en la fotografía-. “¡Vamos…, que nos quedamos rezagados…!”

¡Adios, adios…! –exclamó la muchacha-, “Me está llamando Antiqva…! ¡Adios, amigo…! Espero que algún día nos des una copia de esa fotografía” –terminó diciendo mientras se alejaba-.

En aquel momento, ella no podía sospechar que muchos años después, cuando contemplaba una colección de fotografías anónimas alojadas en Internet, Antiqva habría de reconocer la imagen.



domingo, 25 de octubre de 2009

COSAS DE LOS MARES

Imagen: Antiqva



La Luz, cuando deseó crear el mar, no era consciente de que ciertos ángeles habrían de quedársele atrapados en las olas.





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miércoles, 21 de octubre de 2009

SE DESPRENDIÓ MI SANGRE...

Imagen: Antiqva



Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De que color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

Concha Méndez Cuesta (Niño y sombras)

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Quizás ninguna mujer ha reflejado como lo hizo Concha Méndez la terrible angustia producida por la pérdida de su primer hijo.



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lunes, 19 de octubre de 2009

LA DAMA DEL LAGO

Imagen: Antiqva


“Mirad, habiendo descendido al estanque que está próximo a estos pastos, vi allí a una mujer; no era de la raza de los hombres. Mis cabellos se erizaron cuando vi su peluca ensortijada, y como era de lisa su piel. Jamás haré yo lo que ella dijo: el temor que ella me ha causado está aún en mi cuerpo…”
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(Así comienza un texto egipcio que se conoce con el nombre de “El pastor que vio a una diosa”. Se trata de un relato fantástico o maravilloso que se ha conservado incompleto y que está fechado en los tiempos del Reino Medio.

Todo sugiere que el pastor se ha topado con una diosa o un espíritu que ha intentado seducirle. Se sabe que las mujeres egipcias, como un reclamo de tipo sexual, gustaban de utilizar pelucas.

La versión íntegra del cuento se puede encontrar en "Mitos y cuentos egipcios de la época faraónica", de Gustave Lefebvre.)

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viernes, 16 de octubre de 2009

GRAFITOS DE POMPEYA

Pintura en una casa de Pompeya
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Imagen: Antiqva


“Primero con el embrujo de tus ojos me has hecho arder de pasión,
y ahora das rienda suelta a las lágrimas por tus mejillas,
pero las lágrimas no pueden apagar mis llamas:
ellas me queman el rostro y me consume el corazón.

Ésta es una composición poética de Tiburtino.”

(Este poema fue escrito hace dos mil años en una de las paredes de un teatro de Pompeya. Hoy día, como se aprecia en la imagen, los gráfitos son ciertamente deplorables. Los modernos turistas no dudan en garabatear sobre los preciosos frescos romanos...)


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miércoles, 14 de octubre de 2009

lunes, 12 de octubre de 2009

LOS DESENCANTOS

Imagen: Antiqva



“¿Por qué nos diste el don de admirar la belleza
y corazón ardiente para amarla?”

Ricardo Molina (Los desencantos)






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miércoles, 7 de octubre de 2009

CHIFLADURA EN TRES MOMENTOS



Momento primero

Jano, que dormía placidamente en el hueco de una ventana, lanza una mirada un tanto desencajada al tomar conciencia de que ciertos ruidos que alguien esta provocando están haciendo que el “Duende de los Sueños” abandone su cuerpo… “Maldita sea –gruñe el animal- ¿se puede saber que pasa…?”




Momento segundo

Jano observa, en la quietud del desvelo, como el genio huye…




Momento tercero

El mismo Jano, una vez que ha descubierto que es ese extraño “hermano” que tiene, siempre tan torpe, quien está armando el jaleo… “Antiqva, por Dios –le dice-, que no son horas…”
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domingo, 4 de octubre de 2009

EL ESTIGMA DEL DIABLO

“Stigma Diaboli” de una bruja fosilizado en piedra.


Cuando corría el año 1695, Ricardo Monzón, agricultor de Montilla, presentó una denuncia ante el Santo Oficio. Acusaba a su vecina Margarita Cuevas de que esta, con magias de brujería, malograba todos los huevos que ponían sus gallinas. Todos ellos, inexplicablemente, cuando se abrían, estaban impregnados de sal. “Excelencia –había dicho Ricardo Monzón al Inquisidor-, por culpa de los hechizos de esa mujer hay en los huevos más sal que en las propias aguas del mar.” Además, habría argumentado nuestro hombre, Margarita mostraba en su pecho uno de esos estigmas con los que el Maligno marca a sus fieles más distinguidos. En efecto, aclaró Ricardo, su vecina tenía tres pezones en el pecho, en lugar de los dos que resultan habituales en las mujeres.

Se dice que los inquisidores admitieron la denuncia, de modo que pronto dieron comienzo los interrogatorios y las torturas que se prolongaron durante casi dos años. Margarita, al cabo, reconocería que todo aquello de lo que era acusada era cierto. Se declaró culpable, por tanto, de que los huevos de las gallinas de su vecino resultaran insoportablemente salados, así como de tener en su pecho, además de los dos habituales pezones, una tercera “tetilla” con la que, sin duda, la había marcado Satanás en el mismo momento de su nacimiento. En aquellos tiempos, el conocimiento científico estaba algo atrasado de modo que a los inquisidores ni siquiera se les pasó por la mente comprobar si los huevos que ponían las embrujadas gallinas estaban realmente salados o no. La bruja, apaleada, había confesado su crimen y eso les bastaba.

Mucho antes de que se hiciera desfilar a Margarita por las calles de Córdoba, camino de la plaza de la Corredera, en el Auto de Fe que se celebró en esta ciudad el 7 de agosto de 1699, las gentes de Montilla supieron que la misma noche en que Ricardo Monzón interpuso la denuncia, su esposa había abandonado el hogar familiar. Parece que su marido nunca supo aclarar porqué sabía que la vecina tenía tres pezones…



Escena familiar de los felinos en reposo.

Señales malignas
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Pronto, en el pueblo, corrió la voz de que el Inquisidor de Córdoba, don Iñigo de Meléndez, tras la confesión de Margarita Cuevas y el mágico suceso de los huevos embrujados, se había desplazado a Montilla guiado por el ánimo de investigar la posible presencia allí de otras brujas. Las gentes lo habían visto acompañado de cierta muchacha de Écija de la que decían que sabía reconocer en el cuerpo de las hechiceras el “Stigma Diaboli”, esa señal que el demonio marca en las gentes descarriadas cuando sus almas entran a su servicio… Pronto un miedo intenso sacudió a las mujeres montillanas.

Poco después, sin embargo, todas ellas pudieron suspirar con alivio contemplando como con ciertas urgencias los hombres del Santo Oficio regresaban a Córdoba. Parece que la noche de antes de la partida, en ausencia de la Luna, cuatro gatos asilvestrados, tres de ellos blancos y el cuarto negro, habían atacado a la muchacha que don Iñigo de Meléndez había contratado, que mostraba ahora en sus delicados pechos, tras los envites gatunos, las marcas de trece de esos diabólicos estigmas.
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jueves, 1 de octubre de 2009

martes, 29 de septiembre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

DE MUJERES Y FLORES

Imagen: Antiqva



“-Es una niña!

-Lo sabía –murmuró doña Ana lacónicamente.

Los últimos nueve meses habían sido los peores de su vida. En los dos embarazos anteriores todo marchó de maravilla y se sintió mejor que nunca. Los dolores de cabeza que heredó de su madre y que comenzaron a atacarla cuando se hizo mujer, no aparecían mientras estaba encinta, pero esta gestación había producido en doña Ana el efecto contrario. Beatriz le dijo que era porque esperaba una hembra y que las sustancias vitales de ella revueltas con las de la niña provocaban una mezcolanza agresiva que daba como resultado esas terribles jaquecas que la postraron en la cama durante días enteros y que la convirtieron en una especie de sonámbula los días que podía levantarse. Beatriz, que sabía mucho acerca de los poderes curativos de determinadas piedras y plantas, llenó la casa de flores de espliego que, según aseguraba con convicción docta, espantaban la melancolía, aliviaban los dolores de cabeza y relajaban los sentidos enervados. Plantó espliego por todo el jardín y en las macetas de los balcones, colocó las flores en los jarrones de la casa y una vez que se secaban, las utilizaba para mezclarlas con las plumas de la almohada de doña Ana y para preparar con ellas tisanas y sahumerios. Los días que el dolor de cabeza le impedía levantarse, Beatriz le frotaba el cuerpo de la cabeza a los pies con una esponja empapada en agua de espliego y, antes de que se fuera a dormir, le masajeaba el vientre preñado con un ungüento denso y oloroso producto de la maderación en aceite de las flores azules. A pesar de tanto trajín floral, el remedio del espliego no conseguía aplacar del todo las jaquecas de doña Ana y solamente servía para tranquilizarle los nervios, justo el efecto contrario del que producía en su esposo, que consideraba los perfumes símbolo de promiscuidad y aseguraba que una mujer decente no debería ir oliendo a flores si no quería levantar sospechas de concupiscencia o algo mucho peor. Según los sabios conocimientos de don Luís, solo las brujas usaban hierbajos y tanta limpieza corporal y tanto aroma floral la señalaban perniciosamente en la misa de tarde.

-La única limpieza de la que se tiene que preocupar un buen cristiano es de la espiritual –sentenciaba...”

Nerea Riesco (El país de las mariposas).


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jueves, 24 de septiembre de 2009

VUELOS

Imagen: Antiqva



"Hervé Joncour siguió llevando durante días una vida retirada, dejándose ver poco en el pueblo y empleando su tiempo en trabajar en el proyecto del parque que antes o después construiría. Llenaba hojas y hojas de dibujos extraños, parecían máquinas. Una noche Hélene le preguntó

-¿Qué son?

-Es una pajarera.

-¿Una pajarera?

-Sí.

-¿Y para qué sirve?

Hervé Joncour mantenía los ojos fijos en aquellos dibujos.

-Se llenan de pájaros, todos los que se pueda, y después, un día en el que suceda algo feliz, se abren sus puertas de par en par y se mira como vuelan libres..."

Alessandro Baricco (Seda)

martes, 22 de septiembre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

EL VELO DE ISIS

Imagen: Antiqva



Cierto día, de súbito, mientras acariciaba a su gato, la mujer sintió el deseo de acceder a la Luz de Ra, de modo que se puso en camino. Necesitaba encontrar a un maestro que quisiera iniciarla en los misterios de la vida y la muerte.

Cuando, tras una búsqueda ardua, alguien le presentó al maestro, este le dijo:

-Si deseas recibir la Luz de Ra, si deseas ser una “Iluminada”, debes limitarte, simplemente, a vivir el tiempo presente. Entonces serás capaz de olvidar el pasado. Dejarás, también, de temer al futuro. Sentirás, en ese momento, que para quien busca la Luz solo existe el ahora. Sabrás que nada del pasado y del futuro es real y a nada temerás. Será entonces, cuando solo vivas el tiempo presente, cuando gracias a la meditación, si Ra te concede ese don, habrá de llegarte la Iluminación.

-Sin duda –prosiguió el maestro- esta será una tarea difícil. Debes ser consciente desde ahora de que en una sola vida quizás no seas capaz de conseguir tu objetivo… Si así sucede, cuando te llegue la muerte y tu alma tenga que volver a encarnarse en la materia, debes recordar lo que te estoy diciendo. Solo recordando podrás, algún día, acceder a la Luz. Cuando eso suceda, a partir de entonces, tu espíritu habrá vencido a la materia y lograrás, al fin, eludir la rueda de las reencarnaciones. Entonces, sentirás que Ra está cerca de tu alma.

-Hace mucho tiempo, un hombre sabio lo dejó escrito –terminó diciendo el maestro-:


“Vivir en la Luz consiste en no pensar en nada.
Una vez lo comprendes, estar de pie, sentarse o estar tumbado,
todo lo que haces es Luz.
Comprender que la mente está vacía es ver a Ra.”


Durante toda su vida, la mujer se esforzó por hacer lo que el maestro le había explicado, pero siempre sintió que no era capaz de acceder a la Luz. Para ella, el pasado y el futuro seguían existiendo. Siempre fue consciente de que a pesar de su empeño jamás había conseguido vivir solamente el tiempo presente. Nunca se sintió libre de preocupaciones.

Dicen los que saben de estas cosas que cuando murió, la mujer quiso reencarnarse en un gato. Ella sabía que estos animales solo viven el momento presente. La mujer, sin duda, no había olvidado las palabras del maestro.

Algún tiempo después, las gentes de la aldea, sorprendidas, supieron que alguien se había topado en las calles con un gato cuyo cuello estaba circundado por una correa. Sujeto a ella, alguien había colocado una lámina de cobre en la que se podía leer una inscripción enigmática:



“El velo que oculta la Luz:
¡Palabras!
El camino va más allá del lenguaje,
ya que en él no hay
ayer
ni mañana
ni hoy.”



Todos sabían que en los últimos años de su vida la mujer había llevado esa lámina de cobre sobre su pecho, colgando del cuello. Decía, cuando alguien le preguntaba, que no quería que su corazón olvidara esas palabras. Así fue, según dicen, como todos supieron que su espíritu había retornado a la aldea.

Cuentan los maestros que cuando el gato murió se reencarnó en una diosa… Parece que todos la llaman Isis y afirman las gentes que saben de estas cosas que ningún mortal ha conseguido, hasta ahora, “descubrir su velo”.




ACLARACIONES



Este cuento que hemos titulado “El velo de Isis” es una fabulación en la que conscientemente hemos incurrido en algunos “anacronismos” en los que pretendemos profundizar:

Ante todo, los historiadores sostienen que los egipcios no creían en la reencarnación. Antiqva, sin embargo, sabe que Heródoto afirmó que los egipcios habían sido los primeros hombres que habían creído en estas cosas y que los iniciados griegos, seguidores de Orfeo, no habían hecho sino adoptar sus creencias. Llama la atención, por tanto, que los antiguos griegos pensaran que los egipcios habían sido los primeros hombres que habían creído en la reencarnación y que, sin embargo, los historiadores modernos lo nieguen.

En este contexto de creencias, Antiqva siempre ha tenido la sospecha de que es posible que los egipcios con sus ritos de momificación de los cadáveres quizás lo que pretendían era que el Ba (espíritu) de los difuntos quedase vinculado al cuerpo del fallecido durante toda la eternidad. Existiendo ese vínculo potente entre el espíritu y el cuerpo es posible que el espíritu no pudiera reencarnarse en otro cuerpo distinto, de modo que quedara libre para “volar al Cielo”. Los “Textos de las Pirámides” ya lo sugieren cuando indican que “el cuerpo es para la tierra y el Ba es para el Cielo”, entendiendo el Cielo como el Reino de la Luz de Ra. Si eran conscientes de que el cuerpo “era para la tierra” ¿porqué se tomaban tanto interés en conservarlo momificado?

Por otro lado, el trasfondo de este cuento estaría, sin duda, vinculado estrechamente con las creencias propias del Budismo. De hecho, el poema que hemos intercalado en el texto se debe a la pluma del maestro Bodhidharma que nos dejó escrito lo siguiente:



“El Zen consiste en no pensar en nada.
Una vez lo comprendes, estar de pie, sentarse o estar tumbado,
todo lo que haces es Zen.
Comprender que la mente está vacía es ver a Buda.”



Lo que ocurre es que realmente no sabemos en que consistían las creencias mistéricas egipcias, si bien Antiqva siempre ha pensado que en el fondo posiblemente fueran similares a las de otras antiguas culturas que también se han interesado por estas mismas cuestiones.

A fin de cuentas, estas son las posibilidades que uno puede manejar cuando escribe una fabulación y no un texto puramente histórico… En el caso de los cuentos, el escritor se puede atribuir ciertas licencias, aunque Antiqva, que intenta ser honesto, desea dejar constancia de ellas.


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miércoles, 16 de septiembre de 2009

UNA MUESTRA DE CARIÑO


Una amiga entrañable cuyo nombre refleja el amor a lo insondable: "SOY LA QUE SOY" ha tenido la gentileza inmensa de incluir a ANTIQVA entre sus "PRÍNCIPES"... Le agradecemos esta muestra de cariño, que bien sabe que es recíproco... ¡Gracias, amiga!



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domingo, 13 de septiembre de 2009

FRANCISCO UMBRAL Y LOS SINDICALISTAS

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Antes de que publicara “Los helechos arborescentes” en 1980 Antiqva había tenido oportunidad de conocer personalmente a Francisco Umbral, ya que era un hombre vinculado con Valladolid y con cierta frecuencia participaba en actos estudiantiles de tipo literario. Recuerdo que en cierta ocasión, corría entonces el año 1973, corrió la voz de que Umbral pronunciaría una conferencia, creo que sobre la poesía de Luís de Góngora, en el salón de actos de la Facultad de Medicina. Aquello atrajo a un nutrido grupo de estudiantes que acudimos a la convocatoria. En el salón no cabía un alma y Francisco Umbral comenzó su disertación que trataba, como estaba previsto, de cosas de poesía…

En aquellos tiempos, lamentablemente, se estaba celebrando en el temido Tribunal de Orden Público franquista el que habría de ser llamado “Proceso 1001”, que pronto se saldaría con la condena a muchos años de cárcel para todos los dirigentes del clandestino sindicato Comisiones Obreras, vinculado al Partido Comunista. Al parecer, un año antes, el 24 de junio de 1972, toda la dirección de Comisiones Obreras, principal opositor a la dictadura en los ámbitos obreros, había sido detenida en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde se encontraba reunida.

Mientras Umbral hablaba de Góngora, todos los presentes fuimos tomando conciencia de que entre el público se estaba orquestando un claro ambiente de jaleo… Las voces iban creciendo y en cierto momento nadie se esforzó por disimularlas. Fue de súbito cuando alguien avanzó por el pasillo central de la sala y tronó:

-“Paco –vociferó un tipo barbudo-, los que luchan por el pueblo están en el “trullo” y tú nos hablas de poesía… Maldita sea ahora la poesía… Tenemos que aprovechar que nos han dejado reunirnos para hablar de lo que está pasando en Madrid… Este no es momento de poesía sino de acciones de protesta… Tenemos que ayudar a los presos…”

El acto se había interrumpido. Francisco Umbral, que por entonces escribía finísimos textos periodísticos con los que superando inteligentemente la férrea censura impuesta por el régimen hacía brotar ideas críticas contra la dictadura, no dijo nada. Los agitadores, que crecían en su alboroto, vociferaban llamando a la acción. El escritor, desbordado, intentó decir que: “él estaba allí para hablar de la vida y la obra de Góngora… Y muchos de los que allí estaban habían venido a escuchar hablar de eso… Él lamentaba lo que estaba sucediendo en Madrid con los dirigentes de Comisiones Obreras pero…”

Sus palabras se cortaron. Sucedía que el jaleo de los alborotadores no le permitía continuar. Fue entonces, en medio del tumulto, cuando la voz de otro tipo volvió a tronar. Dijo algo que hizo que la risa brotase de las gargantas de todos los presentes, para entonces ya claramente invadidos por los nervios:

-“Sabes lo que te digo, Paco, que si no podemos hablar aquí del “Proceso 1001”, propongo ahora mismo a todos que nos vayamos a la playa del río y hagamos un “party” sexual…”





En ese momento, cuando aquel tipo habló, todo explotó… Para entonces, los policías “de la Secreta”, presentes en el acto, habían informado a sus jefes de lo que estaba pasando… Afuera, en los pasillos de la facultad, un amplio contingente policial, los temibles “grises”, nos estaba aguardando. Portaban en sus enfundadas manos las porras de durísimo caucho. Uno de ellos, como siempre, sujetaba con su mano derecha un “clarín”. Lo tendría que utilizar si los estudiantes no se disolvían y era necesario cargar contra ellos. En aquellos tiempos, Antiqva habría de escuchar más de una vez ese toque siniestro de clarín.

Umbral, para entonces, permanecía mudo. Había perdido el protagonismo del acto. Alguien uniformado entró en el salón e hizo saber a los presentes que debían abandonarlo. Diez policías vigilaban en la puerta… Afuera estaban los demás. Cuando Antiqva, con los brazos en alto y el documento de identidad en la boca, abandonaba la facultad no podía sino pensar: “¡Diantres, esa propuesta de jolgorio en la playa no parecía tan mala idea…!”

En aquellos años, la agitación estudiantil en la universidad de Valladolid fue creciendo de manera alarmante para las autoridades del régimen franquista. De hecho, en 1975, por temor a esas actividades políticas que se desarrollaban en las aulas, los responsables de la dictadura habrían de decretar el cierre de todas las facultades vallisoletanas. Ese año no hubo, por tanto, curso lectivo. Fue un año que no existió en la Universidad de Valladolid. Cree Antiqva que nunca escuchó que sucediera algo similar en otras universidades españolas.

Poco después llegaría la democracia a España. Marcelino Camacho, líder de Comisiones Obreras, y las gentes que estaban en prisión por motivos políticos o sindicales fueron liberados de inmediato. Las “columnas” que diariamente publicaba Francisco Umbral, crítico siempre con la dictadura, primero en “El Norte de Castilla” y luego en el “El País”, ayudaron a que ese anhelo de libertad de las gentes pudiera, al fin, hacerse realidad.

Alguien diría que desde entonces han pasado cientos de años…

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viernes, 11 de septiembre de 2009

"LA MADRUGA" Y FRANCISCO UMBRAL

Imagen: Antiqva



Siente uno que algún mecanismo ignoto se ha puesto en marcha y estoy recordando esos días del frío en que mi madre hacía “de niña de los recados” en el taller de costura de “la Madruga”…

Corrían entonces los años “del hambre”, los primeros de la década de los “cuarenta” del siglo pasado. Con la pretensión de que la cría aprendiera un oficio mi abuela la había llevado a ese taller. Su trabajo consistía en hacer los recados cotidianos y aprender lo que buenamente pudiera, escuchando y mirando lo que hacían las demás.

-“Leonorcita, ve a la mercería y pregunta si llegaron los botones…”

-“Niña, tienes que ir a casa de doña Ana… Le dices que su chaqueta ya está preparada… Qué cuando le venga bien, puede venir a probarse…”

Según escuché a mi madre, “la Madruga” era una mujer muy alta en aquellos tiempos en que los españoles eran gentes bajitas. Decía que era tan alta que no se atrevía a salir a la calle, ya que temía que los niños, despiadados, se metieran con ella. Por ese temor, contaba mi madre, solamente en las primeras horas de la madrugada se la veía paseando por los jardines del Campo Grande, acompañada por alguna de las muchachas que trabajaban en su taller. “La Madruga”, acomplejada por los comentarios que su altura despertaban en la gente, solamente salía a la calle antes de que hubiera amanecido. Habrían de ser esos paseos a horas extrañas los que harían que pasara a ser conocida como “la Madruga”… Mi madre siempre se refería a ella de ese modo: “la Madruga”… Sin acento en la última letra. No la llamemos “la Madrugá”, que es la palabra que identifica las procesiones que con ocasión de la Semana Santa se llevan a cabo en Andalucía en la noche del Jueves al Viernes Santo.

Contaba también mi madre que en aquellos tiempos “del hambre” esta mujer había recibido una oferta de la Facultad de Medicina, que ella habría aceptado, consistente en permitir que a cambio de determinada cantidad de dinero, cuando muriera, su esqueleto pudiera ser estudiado por la Universidad. Parece que en aquellos tiempos nadie entendía, ni siquiera en los ambientes de la ciencia, que una mujer pudiera ser tan alta.

Cuando Leonor hablaba de estas cosas, Antiqva era un niño… Habrían de pasar algunos años para que ya hombrecito se topara de nuevo con otra referencia a esa mujer legendaria. Esa nueva noticia que hablaba de “la Madruga” la encontraría leyendo “Los helechos arborescentes”… Francisco Umbral, su autor, hijo de madre soltera, aunque tuvo que nacer en un hospital de beneficencia madrileño a causa de la miseria y el miedo a las habladurías, estuvo siempre muy vinculado a Valladolid, ciudad donde vivía su madre cuando quedó embarazada y donde él se crió. No es extraño que Umbral, que vivió en ese Valladolid arropado por el hambre escuchara hablar, como Antiqva, de “la Madruga”, persona que entonces debía llamar la atención de las gentes, de modo que en la novela, en algún pasaje ocasional, el escritor habló de ella, haciendo así que el nombre de “la Madruga” recibiera un fugaz aliento de inmortalidad.

Dice en la reseña de la edición que Antiqva posee de “Los helechos arborescentes” (1980):

“Francisco Umbral ha escrito la novela de un niño que vive dos vidas paralelas, complementarias, que se aureolan y justifican una a la otra dentro de su alma escalonada en tres estadios como los tres patios sucesivos de una casa: la cultura, la gente, la soledad. Figuras de la Historia (Zumalacárregui, Zorrilla, Mariano de Cavia, Millán-Astray, don Alvaro de Luna, Franco), de la cultura (la Pardo Bazán, Giner de los Rios, Giménez-Caballero, Estebadillo González) y de la intrabiografía mágica del niño narrador, van y vienen libremente por siglos como salones, se encuentran, se saludan y se matan. Un gran esperpento histórico…”

“La Madruga”, precisamente, habría sido uno de esos personajes de la intrabiografía mágica de Paco Umbral, y del niño Antiqva, claro.



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