Ensoñación fotográficaUno de aquellos días sucedió que Senptah llegó a Menfis a la hora del mediodía. Estaba cansado tras haber realizado un viaje y se acostó en el jardín buscando la dulce sombra de un sicomoro.
Fue entonces, en el momento en que el sol alcanzaba su cenit, cuando su mente vagaba por el mundo de los sueños, cuando sintió que Imhotep, el gran dios, hijo de Ptah, tomaba posesión de su cuerpo. Pudo así Senptah escuchar como la Majestad de este noble dios, de mismo modo en que un padre se dirige a su hijo, le hablaba a través de su propia boca. Le dijo:
-Mírame, obsérvame, Senptah, amado por Ptah, mi padre… Quiero que me escuches, hijo mío, soy Imhotep, tu padre. Me has pedido un hijo varón y yo he accedido a concederte eso que tu corazón desea. Yo te daré un hijo varón y toda la tierra que ilumina el Ojo de Ra se sentirá feliz. Tu mandíbula reirá plena de gozo. La mandíbula de Taimhotep, tu esposa, te acompañará en la risa. Debes saber que mi rostro lleva fijándose en ti desde hace muchos años. Mi corazón te pertenece y tú me perteneces a mí.
-Antes -prosiguió el dios-, debes escucharme. Quiero pedirte algo…
(Estos días veraniegos vengo dedicando algo de tiempo a dar forma a dos nuevos “Cuentos Egipcios”… Uno de ellos se titulará “El fantasma del Valle de los Reyes”. Hace algún tiempo ya publiqué un pequeño fragmento en “Imágenes y palabras”. El otro cuento, del que ahora publico su inicio llevará por título “El sueño de Senptah” y girará en torno a la legendaria figura de Imhotep, el hombre que llegó a ser dios.
De momento, estoy dando forma a los dos cuentos… Espero ser capaz de terminarlos en estos próximos días…)

