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sábado, 31 de enero de 2009

CÓRDOBA:LA MEZQUITA Y EL GUADALQUIVIR




Puente Viejo de Córdoba



Voy a intentar, amig@s, enseñaros dos de las joyas más destacadas con que cuenta Córdoba, la ciudad que me conquistó hace ya muchos años.

He tenido el honor de que se me invite a hablaros, nada menos, que del Guadalquivir, a su paso por Córdoba, y de un edificio que fue el asombro del mundo en los tiempos en que Andalucía, y buena parte de España y Portugal, eran conocidas con el nombre de al-Andalus, quizás “La Tierra de los Vándalos”, uno de los pueblos bárbaros que invadieron Hispania y Mauritania en los momentos finales del Imperio Romano.

Ese edificio que os voy a invitar a conocer, que mantiene todavía intacta su capacidad de misterio y embrujo, es la Mezquita Aljama de Córdoba.


EN EL PUENTE VIEJO

Cuando Gerald Brenan, el gran hispanista inglés, visitó esta ciudad y paseó por la ribera del Guadalquivir no pudo sino rememorar la denominación de “gran rey de Andalucía” que Luis de Góngora (cordobés) había otorgado a nuestro río en un soneto inmortal. En el poema, Luis de Góngora evocaba las murallas y las torres de Córdoba, que estaba contemplando, posiblemente, desde las inmediaciones de la Torre de la Calahorra, al otro lado del río, cruzando el Puente Viejo, frente a la Mezquita. Al fondo, más allá de la ciudad, que se desparrama en el llano, el poeta evocaba las sierras encumbradas, cuya silueta, en el horizonte, otorga a la ciudad de Córdoba su imagen distintiva. Córdoba, regada por el Guadalquivir, el “Río Grande” de los musulmanes, está enclavada en ese fértil valle del que nos habla el genial poeta barroco, entre el propio río y las estribaciones de Sierra Morena:



¡Oh, excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh, fértil llano, oh sierras encumbradas,
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos
que enriquecen Genil y Darro baña
tu memoria no fue alimento mío,
nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tus muros, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!




Molino de la Albolafia




Luis de Góngora contemplaba Córdoba desde las inmediaciones de la Calahorra, en el Campo de la Verdad. Desde esa torre, “Balcón de Luz” en palabras de Luis Jiménez Martos, las perspectivas sobre el Puente Viejo, la Puerta del Puente y la Mezquita son magníficas. A la izquierda del observador se sitúan, también, los restos de varios molinos, mientras que en la ribera de más allá sobresale la abundante vegetación y sobre ella las murallas del Alcázar, sede de la Inquisición en siglos pasados.

Un viejo sello de la ciudad, fechado en 1360, ya nos ofrecía una imagen idealizada y simbólica de este bello conjunto que gira en torno a la Mezquita, el Puente y el Molino de la Albolafia. Desde entonces esta imagen se ha utilizado una y otra vez, en diversas interpretaciones, en la decoración de cordobanes y guadamecíes, típicos productos de la artesanía de calidad cordobesa.

También, desde tiempos remotos, estos parajes, hoy idílicos e impregnados de nostalgia, han estado vinculados a la muerte y al sufrimiento. Desde los siglos del dominio islámico aquí se colocaban para exposición y escarnio público los cadáveres de los ajusticiados, muchas veces crucificados. Después, en los tiempos de la Inquisición, se sabe que en estas pequeñas islas próximas al puente era donde como culminación de los autos de fe ardían los cuerpos de los herejes condenados a la pena de hoguera.




Mezquita de Córdoba



LA MEZQUITA ALJAMA

Amig@s, desde el Puente Viejo, restaurado en fechas recientes y que luce de manera bellísima, nos vamos a desplazar ahora, no sin dejar de admirar antes la Puerta del Puente, que se remonta a los tiempos de Felipe II, al edificio colosal de la Mezquita, cuyos lienzos amurallados estamos ya vislumbrando.

Llegados al templo, a medida que nos vayamos internando en su interior no nos será difícil percibir cierto sentimiento de estremecimiento: nuestras mentes están siendo invadidas por una creciente sensación de prodigio... Pocas veces puede el hombre, como sucede en este misterioso edificio, tomar conciencia de que ha llegado al reino de la pura extensión vacía, y es que la Mezquita de Córdoba, desprovista de todo lo que no sea espiritualidad y cálculo matemático en su construcción, nos brinda un itinerario de estremecimiento y penumbra. El inmenso “bosque de columnas”, que nadie sabe como ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, se nos brinda –en su inmenso silencio- como un claro ejemplo de lo que pueda ser la casualidad o el milagro. Córdoba contó con unas 300 mezquitas en su momento de máximo esplendor. Solamente esta, la Aljama, se ha conservado.



Bosque columnas



Las columnas y los arcos de la Mezquita de Córdoba, que se inspiran en el modelo clásico de los acueductos romanos, nos recuerdan un bosque inmenso de palmeras a cuya sombra acudirían los hombres del Islam para sentir el gran Misterio. Se dice que los arquitectos habían querido reproducir la estructura que según la tradición había tenido la Casa del Profeta en Medina: una gran sala de oración sostenida por troncos de palmera y techada con barro y palmas; junto a ella había un patio rectangular, y el edificio entero estaba rodeado por una cerca protectora.


Cúpula octogonal


Sigamos ahora, amig@s, a Antonio Muñoz Molina y caminando con él, hacia el sur, por la nave central que lleva directamente al mihrab de al-Hakam II vamos a internarnos en la espesura del bosque de los símbolos. Pronto veremos que el techo plano de la inmensa sala de oración, de súbito, se levanta a los cielos para transformarse en una bellísima cúpula octogonal de nervios entrecruzados:

“El espacio cuadrado que dibujan las columnas se convierte en octógono en la base de la cúpula y luego en un hemisferio cubierto de mosaicos dorados, señalando las fases de la ascensión simbólica, el viaje del alma desde lo visible y lo audible hacia lo invisible y hacia el silencio que trasciende todo sonido: el cuadrado es el mundo material, y por eso su forma se dibuja en el suelo, el octógono es el trono de Dios sostenido por las jerarquías de los ángeles, la cúpula es la concavidad del cielo y de la presencia divina.”

Vamos ahora, amig@s, tras haber contemplado ese bello prodigio que constituye el espacio que construyó al-Hakam II, a desplazarnos a los laterales del inmenso templo. Tendremos así ocasión, ahora, de recrearnos admirando multitud de piezas artísticas y arqueológicas (la Mezquita es un museo riquísimo) que nos permitirán evocar las diversas culturas que en esta ciudad de Andalucía han estado asentadas a lo largo de los siglos: veremos así que antiguos sarcófagos romanos conviven con ladrillos visigodos o epigrafías islámicas. Si reparáis en los suelos, pronto observaréis sugerentes inscripciones que nos hablan de que en tal o cual lugar está enterrado alguien que, en siglos pasados, fue “Familiar” de la Inquisición o Escribano Público… La Historia, el Arte y la Arqueología asoman por cada uno de los rincones del edificio que estamos visitando.




Patio de los Naranjos


Todos esos vestigios nos hablan de un tiempo que ya pasó, y es que –en palabras nuevamente de Muñoz Molina-: “la visita a la Mezquita nos permite evocar lo que no fue sino un gran naufragio olvidado, el de Córdoba, el de sus calles y sus alcázares…”

Pero, amig@s, no tenemos tiempo para entristecernos, invadidos como estamos ahora por la Historia y el Misterio… Tenemos que abandonar –no sin cierta sensación de pesar- la inmensa sala de oración califal. Afuera, en el bellísimo Patio de los Naranjos, nos están esperando unos amigos que nos van a llevar a conocer la Judería, el barrio que arropa a la Mezquita, y las tabernas, siempre tan queridas por todo lo que representan, de Córdoba… Vayamos a su encuentro…

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(Publicado en COMPARTIENDO EXPERIENCIAS)

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jueves, 29 de enero de 2009

DE MÁSCARAS



Imágenes: Antiqva


¡Que bello espectáculo se monta en la plaza de la Corredera de Córdoba cuando se celebra el “Mercado Medieval”… Aunque no cese de llover, como ha sucedido este año, no deja por eso Antiqva de disparar una y otra vez su cámara fotográfica…

(A Susuru, que Antiqva sabe que le encantan las mascaras)

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martes, 27 de enero de 2009

MÁRTIRES, TUMBAS Y NIÑOS

Imagen: Antiqva





A Alfaro, que en uno de sus comentarios me animó
a que recordara estas
cosas



-“Cuidado con esa niña –gritó alguien-, fijaros como corre… Se puede caer…”

-“Pero, ¿que es lo que lleva en las manos…?” –preguntó una de las mujeres.

-“Ay, Señor…” –exclamó María angustiada- “Pero, ¿qué es lo que ha cogido…?”

Aquello sucedió hace muchos años. Un grupo de personas estaba visitando unas excavaciones arqueológicas en Córdoba. Habían contactado con un amigo arqueólogo que les estaba explicando las singularidades del yacimiento. Parece que había aflorado la cimentación y una pequeña parte del alzado de los muros de lo que pudo haber sido, en los tiempos del Bajo Imperio romano, un grandioso edificio que posiblemente tuvo un uso administrativo o palaciego. Era, sin duda, un edificio público.

Mucho tiempo después –les había explicado el arqueólogo- una parte del conjunto habría sido reutilizada como monasterio o basílica cristiana, posiblemente en tiempos visigodos, y todo sugería que ese uso había proseguido cuando los musulmanes llegaron a Córdoba, ya que se había podido identificar una pequeña necrópolis, en el entorno de la basílica, cuyo estudio había atestiguado que allí habían sido enterrados hombres que en los tiempos del Emirato de al-Andalus seguían practicando la religión cristiana. Lo que el grupo estaba contemplando ahora, en suma, era un cementerio mozárabe en el que habrían encontrado reposo los monjes de este pequeño monasterio o basílica, en los tiempos inmediatamente anteriores al esplendor del Califato de Córdoba.

El joven arqueólogo hablaba y hablaba, y los integrantes del grupo, absortos en sus explicaciones, no se habían percatado de que una de las hijas de Antiqva, la más pequeña, que por aquellos tiempos tendría tres o cuatro años, aprovechando que nadie la vigilaba, no había dudado en meterse en uno de los “hoyos” -en una de esas tumbas mozárabes- para rápidamente, en un “abrir y cerrar de ojos”, echar mano de todos los huesos que encontró al alcance de su mano y luego, pegando torpes saltos, abandonar el tan lúgubre “agujero” y salir corriendo por el campo, enloquecida y pegando gritos de satisfacción por el “rico” botín que había obtenido.

Cuando María reparó en que era su hija la que estaba corriendo y gritando por el campo, con las manos “llenas de huesos”, aunque fuese de unos difuntos tan “arqueológicos”, alguno declarado “Santo”, quizás, o muerto en el martirio, emprendió de inmediato su persecución… “Señor, Señor, que asquerosidad…” –gritaba la mujer- “Veo que me coge alguna enfermedad…”

La persecución culminó pronto, una vez que María terminó dando alcance a la angelical criatura, que por entonces reía de manera tan nerviosa –por haber sido sorprendida en su acción- como encantadora.

Antiqva, mientras tanto, balbuceando, pedía disculpas a su amigo arqueólogo.

“No te preocupes, Antiqva, si los huesos tienen más de 1.000 años y están totalmente desinfectados por el tiempo… No te preocupes…”

Pero, para sus adentros, sin duda pensaría: “Pues vaya con la niña, que veo que nos va a destrozar la excavación…”



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domingo, 25 de enero de 2009

LA GATA NATACHA

Amenazante mirada: "Pero Antiqva, porqué me despiertas..."


Como una esfinge, al acecho de los pájaros


Continuamente está marcando su territorio con las garras



Esto, amig@s, es lo que hace cuando Antiqva le dice: "Me dejas que te acaricie el lomo..."



Hablemos hoy, amig@s, de gatos… Hablemos de esos bellos animales que parece que fueron creados por Dios para que los humanos pudieran, de vez en cuando, darse el capricho de acariciar a una fiera…

Bueno, lo cierto es que todo sugiere que en ese proceso creador gatuno de Dios hubo de haber algún fallo, ya que Natacha, la “gata blanca” con la que Antiqva viene tratando desde hace ya mucho tiempo, jamás ha consentido que alguien pase la mano por su lomo. De hecho, cuando alguna vez Antiqva, de manera ocasional, en un acto de audacia, ha sido tremendamente ágil y ha conseguido acariciar suavemente, con la punta de los dedos, a la fiera, esta se ha revuelto de inmediato con cara de malas pulgas maullando maldiciones e improperios de todo tipo.

Pero, claro, ya se sabe: “Amor sufrido, amor querido…”, de modo que no por ello Antiqva ha dejado de sentir cariño por este animal tan inhóspito. Con el paso del tiempo uno se ha acostumbrado a que la relación con la fiera se limita a la obligación de brindarle algo de alimento (no demasiado, ya que es un animal “tragón” y luego se tiene que “purgar” masticando hierbas) y a observar con simpatía como se mueve a sus anchas por su entorno natural.

Frecuentemente suele ocurrir que cuando Antiqva está paseando por el campo, tomando fotografías, de repente se encuentra con nuestra amiga que esta tomando el sol o jugueteando en cualquier rincón, oportunidades que uno aprovecha para inmortalizar al animal, como ha sucedido con las imágenes que más arriba he reproducido.

Por cierto, dejemos constancia de que el animal debe su nombre a que hace muchos meses fue "amadrinado" por otra Natacha, esta vez humana, que seguro que muchos de vosotr@s conocéis. En aquellos tiempos Natacha ni siquiera tenía nombre. Antiqva, entonces, la llamaba simplemente “gata blanca”.
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viernes, 23 de enero de 2009

VIENTOS

Imagen: Antiqva
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A Costarossa, que fue quien reparó en ello



Quién le iba a decir, cuando tomó la fotografía, que al girarla habría de quedar al descubierto, soplando con fuerza, el propio Dios de los Vientos...


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jueves, 22 de enero de 2009

MUNDOS EGIPCIOS

Imagen: Antiqva



Los antiguos egipcios, en su concepción global del mundo, distinguían entre distintos espacios claramente diferenciados. Ante todo, resultaba evidente la existencia de nuestro propio espacio terrestre, el Reino de los Vivos, cuyo centro estaba situado en Egipto. El río Nilo constituía el eje del mundo terrenal y los egipcios pensaban que más allá de su país todo estaba regido por el caos y por la amenaza continua de los enemigos de Egipto.

Sobre la tierra, sostenida por cuatro inmensos pilares que se apoyaban en sus cuatro confines, se elevaba la bóveda celeste en la que estaban situados el sol, la luna y las estrellas. Era el Reino de Re, el Cielo Superior, que simbolizaban a través de la diosa Nut, a la que usualmente representaban como una mujer arqueada sobre la tierra, apoyando sobre ella sus manos y sus pies. El cuerpo de Nut sería la bóveda celeste.

Re, rey del Cielo Superior, era simbolizado por el sol; cada mañana recorría su reino utilizando para ello una inmensa barca que cada anochecer se sumergía en el Inframundo. Cuando el rey desaparecía de la vista de los hombres, durante la noche, la luna y las estrellas eran las encargadas de alumbrar el cielo.

En ese Inframundo, el tercer espacio que concebían los egipcios en su esquema del mundo, se encontraba la Duat, el Reino de los Muertos (o de Occidente), cuyo monarca era Osiris, Señor de los Occidentales. En la Duat era donde los espíritus de los hombres fallecidos tenían que pasar por diversos procesos de purificación que habrían de permitir, si conseguían arribar al estado de Glorificado, que fueran admitidos finalmente en el Reino Celeste de Re, en el Reino de las Estrellas.

Rodeándolo todo, el espacio terrestre, el Inframundo y el Reino Celeste, estaban las aguas primordiales, el Nun, de donde todo había surgido en el momento de la Creación. Del Nun era precisamente de donde tomaba sus aguas el Nilo en los momentos inminentes al fenómeno anual de la crecida.
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martes, 20 de enero de 2009

EL AMOR Y LOS SUEÑOS

Conjunto arqueológico de Madinat al-Zahra

Imagen: Antiqva



Por fuerza ha de tener todo amor una causa que le sirva de origen. Al hablar de estas causas, empezaré por la más remota de todas las posibles para que la declaración siga su orden, aunque siempre suele empezarse por lo más fácil y común.

Entre estos motivos hay uno que, de no haberlo visto con mis propios ojos, ni siquiera hablaría de él, por su extrema rareza.

La cosa fue así: Un día fui a ver a nuestro amigo Abu-l-Sari Ammar ibn Ziyad, mawla de al-Muayyad, y lo hallé pensativo y muy acongojado. Le pregunte qué le pasaba y, si bien se resistió un tanto a decírmelo, al cabo rompió: “-Lo más raro que nunca has oído.” “-¿Qué es?”, le atajé. Y me contestó: “-Esta noche he soñado con una esclava, y, al despertarme, noté que mi corazón se había ido en pos suyo, y que me había enamorado perdidamente de ella. Por culpa de su amor me veo en el más penoso estado.”

Durante muchos días –más de un mes- continuó acongojado y triste; tan enamorado, que nada le divertía, hasta que al fin yo se lo reproche y le dije: “-No tiene perdón de Dios el que estés pensando en esa nonada y que tengas la imaginación pendiente de algo irreal, que no existe. ¿Sabes acaso quién es?” “-No, por Dios”, me dijo. “-Flaquea tu juicio –le atajé entonces- y cegado está tu entendimiento, si amas a quien nunca has visto, que ni ha sido creado ni anda por el mundo. Si te hubieras enamorado de una de las imágenes de los baños, tendrías más disculpa a mis ojos.” Y no le dejé en paz hasta que se le pasó con grandes fatigas.

Es éste, a mi parecer, un caso de sugestión anímica o de pesadilla, que entra dentro del campo de los deseos reprimidos y de las fantasías del pensamiento.

Ibn Hazm de Córdoba (El collar de la paloma)


domingo, 18 de enero de 2009

viernes, 16 de enero de 2009

DESGARROS

Imagen: Petita Petitesa


Anoche,
cuando volvía a casa,
sentí que algo se había roto.

Hasta la luna temblaba.
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NUEVOS PREMIOS





ALMA LIBERADA, en la parte superior, es un premio que hemos recibido de nuestra amiga SUSURU (LOS UNOS Y LOS OTROS). La autora nos desea que sintamos todos que nuestras almas se liberan y que juntos nos podamos unir para mejorar como personas, construyendo puentes que destruyan definitivamente los muros que puedan separarnos. Bellísimo deseo.

“BUEN GRUPO”, en la parte inferior, es una imagen que ha preparado nuestra amiga CONCHI (COMPARTIENDO EXPERIENCIAS) y que rememora unos días de risas y de juego en que gracias a las artimañas de esta cordobesa sus lectores se sintieron especialmente unidos.
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miércoles, 14 de enero de 2009

EL ORIGEN DEL ALMA

Dionisios era la divinidad a la que rendían culto los órficos
Museos Capitolinos de Roma
Imagen: Antiqva





En las antiguas creencias órficas griegas el alma tendría sus raíces en el éter, que era el espacio celeste más elevado y puro, donde residía la divinidad. El alma venía de esa divinidad y se encarnaba en la materia, pero después de un proceso de purificación cuya duración habría de ser más o menos larga podría conseguir recuperar esa esencia divina y reintegrarse nuevamente en el éter.

Filósofos posteriores como Aristóteles afirmaban que en los llamados poemas órficos se decía que el alma, que procedía del universo exterior, llegaba a nuestro mundo arrastrada por los vientos y penetraba luego en nuestro cuerpo a través de la respiración. Esta idea de que la divinidad ha creado los vientos para que traigan el aire que penetrando por la nariz llena de vida, es decir anima, a hombres y animales, era sostenida por los antiguos egipcios, de los que posiblemente pudo ser tomada por los órficos griegos.

En sintonía con esas creencias pensaban también los clásicos que cuanto el hombre moría, en su último suspiro, el alma salía por su boca y abandonada el cuerpo. Una versión poética de esta creencia la encontramos en el Arte de Amar de Ovidio, en un episodio en el que el poeta nos narra las funestas consecuencias que pueden acarrear los celos, todo ello en relación con el drama mítico de Céfalo y Procris. Veamos ese momento en que Procris muere atravesada accidentalmente por la jabalina de su amado Céfalo:

“El (Céfalo) abraza contra su pecho entristecido el cuerpo moribundo de su amada y lava con sus lágrimas las crueles heridas. Sale el espíritu y al escaparse del pecho temerario (de Procris), la va recogiendo la boca del infeliz marido (en un último beso).”

Pensaban, pues, los antiguos griegos que cuando se aspiraba el aire, don de la divinidad, se estaba de algún modo recolectando una parte del propio alma del Supremo.



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martes, 13 de enero de 2009

REFUGIOS

Imagen: Antiqva



Cuando los hombres olvidan a sus almas, suele ocurrir que ellas, extraviadas, buscan consuelo en las nubes.





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domingo, 11 de enero de 2009

A LAS MIRADAS APAGADAS DE GAZA

Imagen: Antiqva





POEMA DE INUIT


Te enterré con desgarro
con pena de madre
te lloré
en el dolor del sueño
a lo lejos la desazón del mundo.
Los árboles crujen quejidos
chirrían las puertas en el silencio de la noche
el viento gime dramáticamente tanta sinrazón
los dientes tiritan gélidos en el corazón de las madres
huérfanas de hijos.
Los llantos ácidos y amargos
tu cuerpo inerte
mi ser reventado
entre heridas putrefactas de ciénaga.



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jueves, 8 de enero de 2009

HOMENAJE DE ANTIQVA

"Elegías de Sandua", de Ricardo Molina
Edición de 1948 en la revista "Cántico"
Dibujos de Ginés Liébana



HOMENAJE A LAS "ELEGÍAS DE SANDUA"
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Que las cosas tienen alma es algo sabido,
y que las tierras son cosas, también.

Algunos saben, incluso,
que ciertas almas tienen corazón.

Sin embargo, generalmente, se ignora
que el alma de Andalucía
tiene su corazón enterrado
en algunos rincones de Sierra Morena.

Parece, según dicen, que solo el sol y las nubes,
y ciertas estrellas,
lo saben.

Sandua podría ser uno de esos lugares.

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martes, 6 de enero de 2009

BUSCANDO CASTILLOS

Toño en Torrelobatón



Antiqva en Portillo





Fruto de ese frenesí por la búsqueda de restos antiguos, Toño y Antiqva reincidieron una y otra vez en desplazarse a diversos pueblos para contemplar y fotografiar cualquier resto constructivo que pudiera tener un origen vacceo, romano o medieval. Antiqva, todavía, conserva muchas de esas imágenes, con las que se sumerge en los ensueños de vez en cuando. Lamentablemente no se les ocurrió tomar fotografías de las propias “gentes”, tan rurales, con las que se iban topando en esas tan penosas, por invernales, excursiones. En estos días esas imágenes antiguas de personas habrían tenido un valor documental inmenso.

En aquellos días de pasión, a medida que las excursiones se prodigaban los jóvenes iban acumulando anécdotas, producidas sobre todo por la inclemencia del tiempo y la extrañeza que manifestaban las gentes de los pueblos o caseríos, que no estaban acostumbradas a ver llegar a unos jóvenes de la ciudad que, enloquecidos, parecían buscar algo a lo que nadie por allí había prestado nunca la más mínima atención.

No puedo ahora sino recordar, por ejemplo, los arduos intentos de aproximación de nuestros amigos a lo que había sido el poblado vacceo (celtíbero) de El Soto de Medinilla (por situarnos en el tiempo, contemporáneo de la Numancia que se enfrentó a Roma). Por más que preguntaron nadie era capaz de darles alguna pista que permitiera que, al fin, pudieran poner sus pies sobre las viejas ruinas. Al fin, después de muchas pesquisas, en medio de un campo en el que estaba naciendo el trigo, encontraron a alguien que parecía tener alguna información:

-“Hace muchos meses estuvieron por aquí unos individuos que venían de Valladolid y que buscaban algo, picaron en algunos sitios y se terminaron yendo, aburridos, llevándose algunas tejas y trozos de tinajas… En el pueblo pensábamos que estaban locos, pero ahora veo que venís también vosotros buscando lo mismo… Aquellos tipos escarbaron allí, donde crece el trigo, pero no se os ocurra acercaros, que con vuestras botas “de soldado” me lo vais a destrozar todo…”

Viene también a mi mente el recuerdo de otra excursión que realizaron al pueblo de Olmedo intentando localizar los escasos restos de una villa romana que habría estado situada en las inmediaciones de Almenara de Adaja. Hoy ese yacimiento arqueológico es el buque insignia de la arqueología vallisoletana pero en aquellos días todo era un barrizal inmenso. Había llovido a cantaros y los caminos de tierra estaban llenos de agua y lodo, de modo que la moto se les atascó y tuvieron que volver a la carretera llevándola “en volandas”. El barro había impregnado todos los mecanismos de transmisión de la máquina.

Podríamos seguir evocando otras tantas excursiones que realizaron en aquellos tiempos. Visitaron poblaciones como Tordesillas, Simancas, Torrelobatón, Medina del Campo, Peñafiel, Villalba de los Alcores, Portillo, Montealegre, Tordehumos…, en busca, siempre y sobre todo, de viejos castillos cuyas imágenes todavía conserva Antiqva, como antes indiqué, con verdadera devoción.

Hemos hablado, hasta ahora, de tiempos pasados pero no menos interés reviste en estas cuestiones el tiempo presente, y es que afortunadamente puedo dejar constancia, por tener conocimiento de ello, de que Toño y Antiqva, a pesar del tiempo pasado y de la distancia geográfica que les separa, siguen manteniendo unos intensos lazos de amistad. De hecho, puedo afirmar que Antiqva sigue considerando a Toño como uno de los mejores amigos que jamás haya tenido, lo que no es poca cosa.

No os debe extrañar, por tanto, que en el verano del año pasado, a modo de ejemplo, Toño y Antiqva, acompañados ahora por Silvia y María, rememorando quizás aquellos viajes legendarios, decidieran hacer una grata excursión a una de aquellas poblaciones, en este caso Urueña, cuyas murallas se mantienen ahora de un modo especialmente esplendoroso.





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domingo, 4 de enero de 2009

COSAS DE CASTILLA

Toño en Simancas



Antiqva en Villalba de los Alcores




Eran unos tiempos en que las fotografías se hacían en blanco y negro, y en los que la Arqueología no estaba, ni mucho menos, de moda. Todo parece sugerir que por aquel entonces el turismo cultural ni siquiera había sido “inventado”, al menos en lo que se refiere a los viejos pueblos de la Castilla profunda.

Toño y Antiqva, que se conocían del barrio, habían coincidido aquel año estudiando “Preuniversitario” en el único instituto que existía en la ciudad. Se trataba de un amplio edificio de ladrillo que se sigue alzando en la magnífica plaza de San Pablo. Estudiaban en horario nocturno, ya que en aquellos tiempos Toño tenía un trabajo fijo (lo que le permitía ser propietario de una vieja motocicleta) en tanto que Antiqva, ocasionalmente, se ocupaba en empleos precarios que le impedían asistir a las clases en el más razonable horario de la mañana.

A pesar de que en aquellos tiempos, en los ambientes obreros en que estos dos jóvenes se movían, no se haya podido documentar que existiera el más mínimo interés por la Arqueología, lo cierto es que alguien podría haber afirmado que Antiqva parecía haber venido a este mundo dominado por una inmensa atracción por el estudio de los tiempos más remotos de la Historia, convirtiéndose esa atracción en auténtico frenesí cuanto se hablaba de algo relacionado con “cosas” egipcias o romanas. La justificación, quizás, sería que desde niño Antiqva había sido lector fiero de las aventuras de unos héroes apasionados (“El Jabato” y “El Capitán Trueno”), que sabían moverse a sus anchas por los recovecos antiguos de la Historia.

Por aquellos tiempos, debíamos estar en 1970, Antiqva –un jovencito con la mente algo despistada, sin duda- había acabado de “devorar” “Dioses, tumbas y sabios”, de modo que se mostraba dominado por un ardor frenético que traslucía en las conversaciones que mantenía con sus amigos del barrio a los que trasladaba –con las palabras “atragantadas” por la emoción- sus tan apasionados como recientes conocimientos acerca de las leyendas de la antigua Grecia homérica o sobre las deslumbrantes victorias militares de Ramsés III.

Las gentes del barrio –perplejas ante ese “extraño” frenesí de Antiqva por las cosas antiguas-, no podían sino aprovechar la más mínima oportunidad para alejarse con algún inventado pretexto de aquella mesa tabernaria en la que ante algún “chato” de vino tinto nuestro enloquecido amigo pontificaba. Toño, sin embargo, aún cuando no tenía especial interés por la Historia y menos aún por la Arqueología, era un entrañable amigo al que en alguna ocasión Antiqva prestaba sus apuntes nocturnos, de modo que no solo rehuía la fácil huida sino que incluso, en algún momento, habría pronunciado ciertas palabras que producirían consecuencias insospechadas:

-“Bueno, Antiqva –exclamó una tarde-, ya sabes que tengo una moto. Cuando quieras podemos salir a dar un paseo por el campo para acercarnos a alguna de esas ruinas de las que tanto hablas… Nuestros pueblos –prosiguió- están llenos de ruinas de castillos…”

-“¡Castillos…!. –habría tronado Antiqva-, por supuesto, amigo, salgamos a ver los castillos que se están cayendo por los pueblos, y junto a los castillos podremos fotografiar las ruinas de antiquísimos poblados celtíberos o los escasos vestigios que puedan quedar de lo que antaño fueron lujosas villas romanas…”

Fue así como Toño, timoneando la motocicleta, y Antiqva, con una máquina fotográfica tristona que había obtenido unos años atrás acumulando los puntos que regalaban comprando tabletas de “Chocolates La Llave”, se lanzaron, en lo crudo del invierno, sin esperar siquiera a la llegada del verano, a recorrer los pueblos de Valladolid buscando los vestigios de esas culturas remotas que en siglos pasados se habían desarrollado en esos lugares.
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(...continuará...)
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viernes, 2 de enero de 2009

PREMIOS







En estos días pasados hemos recibido los dos galardones que con gran satisfacción hemos insertado.

Se trata, de un lado, del Premio “SYMBELMINE” que nos han hecho llegar nuestras amigas Conchi (COMPARTIENDO EXPERIENCIAS) y Kety (LOS CUENTOS DE LA ABUELA).

De otro, Aheo (DEL CIELO, LA TIERRA Y EL MAR) nos ha mencionado con especial cariño en su entrada “Cosecha”.

Agradecemos estas nuevas muestras de afecto recibidas y las trasladamos a todas las personas que habitualmente visitáis IMÁGENES Y PALABRAS, cuaderno que sin vosotros posiblemente ya no existiría.

Gracias a todos.
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jueves, 1 de enero de 2009

A VECES...

Imagen: Antiqva



Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y se hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Ángel González (A veces, en octubre, es lo que pasa…)

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NUEVO AÑO 2009

Imagen: Antiqva
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(Mercado medieval en la plaza de la Corredera, Cordoba)
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