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miércoles, 30 de marzo de 2016

Amanece en Madrid





El cuento es un perfume, un vacío transitorio, un paréntesis. Un buen cuento debe contar un transbordo de Metro, esos cinco minutos que invierte un hombre, cualquier hombre de la calle –o, más bien, de debajo de la calle- en pasar de un andén a otro del ferrocarril subterráneo. Al cuentista no debe importarle de dónde viene ese hombre ni adónde va.

Francisco Umbral – Teoría de Lola





domingo, 27 de marzo de 2016

Semana Santa






Dios también vio a su hijo desangrarse en un madero y asistió a su tortura como ningún padre lo hubiera hecho. “Tendrás un lugar junto a mí en el Cielo”, le susurró con las garras de pontífices y escribas ya enganchadas en sus talones. Pero, entre el prendimiento y el Calvario, el Hijo tuvo tiempo de ver malograrse la esperanza. El Padre no estaba allí…


Jesús Carrasco – La tierra que pisamos





domingo, 28 de febrero de 2016

De los conventos





Ni las novicias más montaraces ni las más persuasivas habían logrado que dijera una palabra desde que la llevaron al convento. Una mañana, cuando estaba aguando la cal en el balde, oyó una música de cuerdas que parecía una luz más diáfana en la luz del desierto. Cautivada por el milagro, se asomó a un salón inmenso y vacío de paredes desnudas y ventanas grandes por donde entraba a golpes y se quedaba estancada la claridad deslumbrante de junio, y en el centro del salón vio a una monja bella que no había visto antes, tocando un oratorio de Pascua en el clavicémbalo. Eréndira escuchó la música sin parpadear, con el alma en un hilo, hasta que sonó la campana para comer. Después del almuerzo, mientras blanqueaba la escalera con la brocha de esparto, esperó a que todas las novicias acabaran de subir y bajar, se quedó sola, donde nadie pudiera oírla, y entonces habló por primera vez desde que entró en el convento.

-Soy feliz –dijo.

De modo que a la abuela se le acabaron las esperanzas de que Eréndira escapara para volver con ella…

Gabriel García Márquez – La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada





miércoles, 10 de febrero de 2016

Anochecer





La luz cede poco a poco… El panorama se oscurece lentamente, como un dibujo sobre el cual se acumulan demasiadas líneas. Una campana deja caer el comienzo de la noche. Asustado, palpo mi cuerpo y echo a correr temeroso de disolverme en el crepúsculo.

Juan José Arreola – Confabulario definitivo





domingo, 7 de febrero de 2016

Alegría en la calle





No tenemos tiempo de ser nosotros mismos, sólo tenemos tiempo de ser felices.

Albert Camus





martes, 26 de enero de 2016

El niño del pozo





Recuerdo que mi abuelo me advertía constantemente que bajo ningún concepto debía acercarme al pozo. Tal era su obsesión que tampoco me permitía hacerlo cuando él estaba presente. Aunque siempre supo que en el fondo mi curiosidad era grande y que tarde o temprano acabaría mirando para descubrir por qué tanto misterio. Por eso se inventó lo del fantasma del niño que cayó un día al interior y que agarraba por la camisa a todos los que osaban asomarse al agujero. Sé que fue un invento porque en todos los años que llevo aquí dentro nunca he visto a ningún niño. Y como no quise que las indicaciones del abuelo cayeran en saco roto, desde ese día me dedico a asustar a todos los que se atreven a acercarse al brocal.

Diego Marín Galisteo - El vigía





domingo, 17 de enero de 2016

Espacios





Ya lo decía el poeta Leopardi: “como el aire llena los espacios entre los objetos, así la melancolía llena los intervalos entre un gozo y otro”.

Héctor Abad Faciolince – Tratado de culinaria para mujeres tristes





domingo, 10 de enero de 2016

El viaje imaginario





¿Se pueden tener memorias y nostalgias de un lugar donde nunca se estuvo?

Alvaro Cunqueiro – Viajes imaginarios y reales





domingo, 3 de enero de 2016

Foto de familia





“El ser humano ama la compañía, así sea la de una vela encendida”, escribió Lichtenberg durante un crepúsculo del siglo XVIII. Aunque algunos ermitaños conciben la felicidad como el retiro a un desierto donde se alimentan de raíces, la mayoría de nuestros congéneres son gregarios. El problema es que no siempre encuentran la compañía que desean.

Juan Villoro - ¿Hay vida en la Tierra?





miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ciudad de provincia





En ciertas ciudades de provincia se encuentran casas cuya vista inspira una melancolía igual a la que producen los claustros más sombríos, los páramos más desolados o las ruinas más tristes. Y es que tal vez en esas casas se unen el silencio de los claustros, la aridez de las landas y la osamenta de las ruinas. La vida y el movimiento permanecen en ellas en un estado tal de tranquilidad que se las creería inhabitadas si no fuese porque de pronto se da con la mirada inexpresiva, fría, de una persona inmóvil cuyo rostro poco menos que monástico se alza sobre el alféizar de la ventana, al ruido de un paso desconocido.

Honoré de Balzac – Eugenia Grandet





domingo, 27 de diciembre de 2015

Soledades





Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba un negocio colosal.

El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?

-¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.

-Sí, ¿por qué lo duda?

-Me esperaba al príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.

-A tal alma, tal diablo –contestó-. Vayamos al negocio.

Slawomir Mrozek – La vida para principiantes





martes, 15 de diciembre de 2015

A propósito del amor





Amor s. Insania temporaria curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las cuales ha contraído el mal. Esta enfermedad, como las caries y muchas otras, sólo se expande entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras, que respiran el aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación. A veces es fatal, aunque más frecuentemente para el médico que para el enfermo.

Ambrose Bierce – El diccionario del Diablo





miércoles, 9 de diciembre de 2015

Fantasmas





-Quieres que te cuente un secreto? No pude responderle tampoco a estas palabras, pero naturalmente que quería conocer su secreto. Ella, que debió de leer tal deseo en mis ojos, continuó: -Mi hermana no es como los demás. Pero júrame que no le contarás a nadie lo que te voy a decir. ¡Anda! ¡Júramelo! Y esperó hasta que yo hice ante ella un solemne juramento. –Por las noches –continuó- los ojos de Bene se convierten en otra cosa. Yo los he visto y me parece que se hacen de cristal. Pero es un cristal de otro mundo. Con ellos lo puede ver todo, hasta las cosas invisibles. Me lo ha dicho ella, ¿sabes? Y también me dijo que, algunas veces, ve cosas de las que no se puede hablar. -¿Tú has estado con ella cuando le pasa eso? –Sólo una vez. Y me dio tanto miedo que salí corriendo por el campo hasta el río y allí me quedé toda la noche. -¿Y yo, puedo verla así también? –Me parece que no. Sólo deja que la vean de esa forma los hombres, y yo, porque soy su hermana.

Adelaida García Morales – Bene


- Imagen tomada a pulso en el puerto de Málaga en ese tiempo que llaman "la hora azul".





jueves, 3 de diciembre de 2015

Atardecer en la Casa Grande





Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro… Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba entonces que tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios. Quizás por eso elegiste aquella casa, a dos kilómetros de la ciudad, perdida en el campo, sin vecino alguno. Era muy grande para nosotros.

Adelaida García Morales – El Sur





martes, 1 de diciembre de 2015

El Sur





Yo entonces no sabía nada de tu pasado. Nunca hablabas de ti mismo ni de los tuyos. Para mí eras un enigma, un ser especial que había llegado de otra tierra, de una ciudad de leyenda que yo había visitado sólo una vez y que recordaba como el escenario de un sueño. Era un lugar fantástico, donde el sol parecía brillar con una luz diferente y de donde una oscura pasión te hizo salir para no regresar nunca más.

Adelaida García Morales – El Sur





martes, 17 de noviembre de 2015

Judería de Córdoba





Aquél era su pueblo, el lugar en el que había vivido más años de su vida. Formaba parte de ella como una huella genética, era el lugar al que volvía cuando soñaba.

Dolores Redondo – El guardián invisible





jueves, 5 de noviembre de 2015

La espera






Había algo en todo aquel juego que la fascinaba. Nunca se había interesado por la fotografía, pero adivinar el movimiento invisible de la mente que elegía el encuadre de cada foto le pareció un ejercicio de precisión absoluta. Igual que cazar.


Susana Fortes – Esperando a Robert Capa





lunes, 26 de octubre de 2015

Otoño en Santorini






Por la ventana, encima de la mesa, entraba la tarde madura, y sin embargo adolescente, del otoño. El cielo, de un azul sin mancha, se alzaba falto de gravidez… Se oyó una risa de niño, el ruido de un mueble ligero al caer, otra risa, las voces de una mujer en mitad de la tarde, tersa como la piel de una manzana…


Antonio Gala – El imposible olvido





miércoles, 21 de octubre de 2015

Los payasos son hombres tristes





Cuando sea mayor, creo que seré payaso –dijo Dill. Jem y yo nos paramos en seco. –Si, señor, payaso –repitió él-. En relación a la gente, no hay cosa alguna en el mundo que pueda hacer si no es reirme; por lo tanto, ingresaré en el circo y me reiré hasta volverme loco. –Lo tomas al revés, Dill –advirtió Jem-. Los payasos son hombres tristes; es la gente la que se ríe de ellos. –Bien, yo seré un payaso de una especie nueva. Me plantaré en mitad del círculo y me reiré de la gente.

Nelle Harper Lee – Matar a un ruiseñor





lunes, 19 de octubre de 2015

La casa azul





Se me ocurre que aquí puede residir una de las diferencias entre la juventud y la vejez: cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás.

Julian Barnes – El sentido de un final