
Dice la leyenda que cierto día, cuando habían pasado cientos de años desde que el Egipto Sagrado se había extinguido, la diosa, sintiendo que las lágrimas de felicidad corrían por sus mejillas, quiso agradecer cierto acto de los humanos y lo hizo saber al hombre.
Le dijo Maat: -Amado “Hijo de mi Voz” ha pasado mucho tiempo desde que un hombre dejó escrito lo siguiente:
“Un tiempo ha de venir en que parecerá que los egipcios han sido fieles en vano a la divinidad, que su piadosa mente, su atenta devoción y toda su santa veneración se revele como ineficaz y estéril.
Un tiempo ha de venir en que los dioses retornen con premura de la tierra al cielo y dejen abandonado a Egipto; un país que fue sede de prácticas religiosas se verá despojado de los dioses y ya nunca gozará de su presencia; pues los extranjeros asolarán este país y esta tierra mostrando desprecio por la religión y, lo que es más grave, prohibiendo, con presuntas leyes y bajo penas prescritas, toda práctica religiosa, devoción o culto a los dioses; esta sagrada tierra, sede de santuarios y de templos, se cubrirá entonces de tumbas y de cadáveres.
¡Ay Egipto, Egipto!, de tu religión sólo sobrevivirán fábulas y éstas increíbles para tus descendientes, las palabras que cuentan tus piadosos hechos sólo permanecerán grabadas en las piedras; tu tierra se verá invadida por el escita, el indio o cualquier otro vecino bárbaro. Los dioses volverán al cielo; los hombres, abandonados, morirán en su totalidad y entonces, oh Egipto, privado de dioses y de hombres, te convertirás en un desierto…
¿Por qué lloras, Asclepio? Egipto ha de verse sometido a algo más grave y mucho peor que estas cosas, peores calamidades han de mancillarlo todavía. Egipto, el en otro tiempo santo y bien amado de la divinidad, la única fundación de los dioses sobre la tierra por su piedad, maestra de santidad y devoción, se convertirá en modelo de la impiedad más extremada...”
Ultimada la evocación de este pasaje del “Libro de Asclepio”, la diosa prosiguió: -Amado Hijo: he contemplado, complacida, como en las palabras que has plasmado en tus escritos y en otras palabras que diversos mortales han pronunciado, se han vuelto a escuchar los Nombres Santos de los dioses que una vez reinaron en la Tierra Negra. Te hago saber que es mi deseo, hombre extranjero, que trasmitas a esos mortales que Maat está satisfecha por todo lo que ha podido escuchar de ellos, pues son todos “Justos de Voz” y tú, hombre extranjero, debes hacerles llegar la gratitud de Maat, que siente que la Regla que rige los destinos del cosmos está impregnando los corazones de esas personas.
Así fue como el hombre, siguiendo las directrices de la diosa, decidió crear “El Oro del Lector”, símbolo que habría de entregar a aquellos mortales que habían destacado con sus comentarios en esos textos a los que la diosa se había referido.
E hizo saber el hombre que Maat había establecido que dado que esas lecturas habían ocupado un total de once entradas (“papiros”, en la terminología anticuada de la diosa) “El Oro del Lector” debía ser entregado a todos aquellos que hubieran dejado escritos, al menos, cinco comentarios, de modo que los mortales reconocidos habrían de ser, gracias a los misterios de la Alquimia, precisamente once, coincidiendo así el número de galardonados con el de los "papiros" que habían sido estudiados.
Fue así como esos mortales, que habían logrado que las lágrimas resbalaran por las mejillas de Maat, habrían de ser, tras un sesudo estudio matemático en el que el hombre estuvo a punto de perder la razón:
SUSURU - 14 anotaciones
INUIT - 13 anotaciones
ALFARO – 13 anotaciones
SENDIEVA - 11 anotaciones
PETITA PETITESA - 10 anotaciones
MARINEL - 8 anotaciones
NATACHA - 8 anotaciones
ISIS DE LA NOCHE -6 anotaciones
MARÍA – 5 anotaciones
TAWAKI – 5 anotaciones
CLARICE BARICO – 5 anotaciones
Y fue entonces cuando el hombre, como en alguna otra ocasión anterior, decidió establecer lo que habrían de ser dos normas imperativas que habrían de regular los efectos “jurídicos” de ese reconocimiento. Y esas normas serían:
PRIMERA: Cada galardonado podría hacer con el galardón lo que buenamente desease.
SEGUNDA: En el hipotético caso de que el galardón fuese enajenado a terceros, con ánimo de lucro, el enajenante tendría que comprometerse a aportar no menos del 50 % del precio a la Fundación “Para el Cuidado y Mantenimiento de la Gata Natacha”.
Y fue así, una vez que se había cumplido lo que la diosa había deseado, que el hombre se sintió feliz…
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