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viernes, 25 de marzo de 2016

Tiempo de soñar





Si me siento culpable es, supongo, porque dejé que él siguiera soñando cuando yo ya había dejado de soñar.

Truman Capote – Desayuno en Tiffany´s





jueves, 17 de marzo de 2016

De la belleza






La siguiente certeza quizá sea la primera que percibimos, aunque sea de forma inconsciente. Se trata de la belleza absurda de la realidad. Desproporcionada. No era necesario que el mundo fuera tan hermoso para que funcionara bien.


Guadalupe de la Vallina – Ustedes van a morir (Jot Down)





lunes, 21 de diciembre de 2015

El corazón del otoño





Me detuve justo en la linde del bosque. Inesperadamente, pareció hacerse transparente. Algunos pájaros grandes y sombríos batían las alas entre la enramada. Ya había desaparecido, o casi, el último verdor que protegía el corazón del otoño. Y entre las hojas doradas y brillantes resaltaban los troncos negros de los árboles. El bosque parecía desamparado, porque el invierno no había entrado en él todavía. Y temblaba entre la duda, el temor y la soledad. Entré como un ladrón, despacio…

Ana María Matute – Demonios familiares





sábado, 12 de diciembre de 2015

De las propiedades de las hierbas





En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortarás de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y deja que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébela sorbo a sorbo de espaldas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada. Si al terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que él no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.

Héctor Abad Faciolince – Tratado de culinaria para mujeres tristes





miércoles, 28 de octubre de 2015

Las plantas oyen





Las plantas oyen
si uno las lisonjea
se hinchan de verde.

Mario Benedetti – Rincón de haikus





sábado, 17 de octubre de 2015

Nubes de algodón





Pasan las nubes
y el cielo queda limpio
de toda culpa.

Mario Benedetti – Rincón de haikus





lunes, 28 de septiembre de 2015

De los placeres





Creen que todo placer es pecado. ¿No sabías que un sábado vinieron unos cuantos de los campos, pasaron por aquí delante y me dijeron que yo y mis flores iríamos al infierno? -¿Sus flores también? –Si, señora. Arderían en mi compañía. Opinaban que paso demasiado tiempo en el aire libre de Dios y no el suficiente dentro de casa, leyendo la Biblia.

Nelle Harper Lee – Matar a un ruiseñor





viernes, 18 de septiembre de 2015

La pureza de los ángeles





No es la pureza de un ángel lo que es tan valioso. Es el hecho de que pueda volar. Un ángel puede romper la pauta en cualquier momento y encontrar su cielo. Tiene poder para descender hasta la materia más baja y para salir de ella cuando quiera.

Henry Miller – Trópico de Capricornio





viernes, 28 de agosto de 2015

Verde sobre blanco





Muchachas que algún día leáis emocionadas
estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano.

Ernesto Cardenal – Muchachas que algún día





miércoles, 24 de junio de 2015

Érase de un marinero...





Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor
y el marinero se fue
por esos mares de Dios.
 
Antonio Machado – Campos de Castilla




martes, 2 de junio de 2015

Constelaciones





Cang Jie tenía cuatro ojos. Se ganaba la vida leyendo estrellas y adivinando destinos. Él creó los signos que dibujan palabras, después de mucho estudiar el diseño de las constelaciones, el perfil de las montañas y el plumaje de las aves. En uno de los libros más antiguos, hecho de tablillas de bambú, los ideogramas inventados por Cang Jie cuentan la historia de un reino donde los hombres vivían más de ocho siglos y las mujeres eran del color de la luz, porque comían sol.

Eduardo Galeano – Espejos




viernes, 8 de mayo de 2015

Paisajes y miradas





La memoria y el tiempo, mientras yo recordaba, se habían destruido mutuamente –como cuando dos ríos se unen-, convirtiendo mis recuerdos en fantasmas y confirmando una vez más aquella vieja queja del viajero de que nada sirve para regresar a los orígenes porque, aunque los paisajes permanezcan inmutables, una mirada jamás se repite.

Julio Llamazares – El río del olvido




jueves, 30 de abril de 2015

Cuento Mínimo





Creemos que cada día es único, pensó la señorita C., pero no es así. Sencillamente, no queremos reconocer que el pasado sigue vivo y que en nuestras vidas el pasado siempre está pasando.




viernes, 17 de abril de 2015

El perfume del azahar





El primer día de clase, el profesor trajo un frasco enorme: “Esto está lleno de perfume –dijo a Miguel Brun y a los demás alumnos-. Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano.” Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas. “¿Me permite abrir la ventana, profesor?” –suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varios voces le hicieron eco. El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos. Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno. El frasco estaba lleno de agua.

Eduardo Galeano – El libro de los abrazos





martes, 14 de abril de 2015

Cuando el mundo renace





Por muy feliz que fuese el verano de Tirnanoge, el verano perpetuo, yo no lo cambiaría por la rueda de las cuatro estaciones del país en que vivimos. Si no hubiese oído el viento del otoño, y visto las hojas secas arremolinarse en los caminos del bosque, y si no hubiese conocido mi país bajo la nieve y amado el fuego paterno en el hogar, y recibido en el rostro el primer aire de abril, cuando el mundo renace y se viste… Latir debe el hombre con el corazón del mundo, acompasarse a él. Y asombrarse de los días. Realmente en Tirnanoge no había nada de que sorprenderse. Tengo para mí que allá no cantan los pájaros, porque es sabido que los pájaros cantan porque se asombran. La filosofía, dijo el griego, nació del asombro. La verdad es que nació del asombro y de la melancolía.

Alvaro Cunqueiro – Viajes imaginarios y reales





lunes, 23 de marzo de 2015

Renacer





Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen nuestras manos, y hay
una amorosa voz
que nos dice: “Despierta.
Estoy yo aquí. Levántate.” Y vivimos.

Antonio Gala – Enemigo íntimo





jueves, 19 de marzo de 2015

Anticipo de la primavera





Como ya las visitas a sus hermanas en el convento le aburrían, otro día, por distraerse, Jonás le pasó a la hermana tornera la Segunda Antolojía de Juan Ramón, libro que tanto leía por entonces, como ya se ha dicho, a modo de obsequio para su hermana Paquita. Y la tornera, hojeando el tomo, dio con aquello de:

“La primavera, niña errática y desnuda…”

Arrojó el libro como alacrán malva, la hermana tornera, y Jonás se lo metió en el bolso, sonriendo, y ya ni siquiera pasó al letárgico refectorio. Volvía por el largo paseo con sol tibio, leyendo al poeta:

“De un incoloro casi verde,
vehemente e inmenso cual mi alma…"


Francisco Umbral – El fulgor de África





miércoles, 11 de marzo de 2015

Balbuceos





Las cosas reales e irreales mudaban de lugar y cuando un pájaro rompió a trinar sintió que en aquella garganta se escondía un primer balbuceo de la primavera.

Dylan Thomas – El ratón y la mujer





miércoles, 4 de marzo de 2015

En el jardín con Clare





Cuando era niño nunca me interesó demasiado la naturaleza. Donde viví mis andanzas de chaval y experimenté mis epifanías juveniles fue en la calle; dudo que pudiera reconocer un narciso si viera uno. Así que cuando Clare Cavendish me propuso que diéramos un paseo por el jardín, me esforcé en ocultar lo poco que me apetecía ese plan y, por supuesto, acepté. Si me hubiera pedido que nos fuéramos de excursión al Himalaya, me habría calzado un par de botas de montaña y la habría seguido.

Benjamín Black – La rubia de ojos negros





martes, 30 de diciembre de 2014

Tiempo de cambios





Y aquel árbol soñado por Chesterton, que devoró los pájaros que habían anidado en sus ramas y que, en la primavera, dio plumas en lugar de hojas.

Jorge Luis Borges – El libro de los Seres Imaginarios