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miércoles, 4 de junio de 2014
Sobre la unión amorosa
viernes, 8 de enero de 2010
NADA COMO EL AMOR
Yo, que he gustado los más diversos placeres y he alcanzado las más variadas fortunas, digo que ni el favor del sultán, ni las ventajas del dinero, ni el ser algo tras no ser nada, ni el retorno después de una larga expatriación, ni la seguridad después del temor y de la falta de todo refugio tienen sobre el alma la misma influencia que la unión amorosa, sobre todo si la han precedido largos desabrimientos y ásperos desdenes que han encendido la pasión, alimentado la llama del deseo y atizado la hoguera de la esperanza...
Ibn Hazm de Córdoba (El collar de la paloma, XX)
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martes, 20 de enero de 2009
EL AMOR Y LOS SUEÑOS
Conjunto arqueológico de Madinat al-Zahra
Imagen: Antiqva
Por fuerza ha de tener todo amor una causa que le sirva de origen. Al hablar de estas causas, empezaré por la más remota de todas las posibles para que la declaración siga su orden, aunque siempre suele empezarse por lo más fácil y común.
Entre estos motivos hay uno que, de no haberlo visto con mis propios ojos, ni siquiera hablaría de él, por su extrema rareza.
La cosa fue así: Un día fui a ver a nuestro amigo Abu-l-Sari Ammar ibn Ziyad, mawla de al-Muayyad, y lo hallé pensativo y muy acongojado. Le pregunte qué le pasaba y, si bien se resistió un tanto a decírmelo, al cabo rompió: “-Lo más raro que nunca has oído.” “-¿Qué es?”, le atajé. Y me contestó: “-Esta noche he soñado con una esclava, y, al despertarme, noté que mi corazón se había ido en pos suyo, y que me había enamorado perdidamente de ella. Por culpa de su amor me veo en el más penoso estado.”
Durante muchos días –más de un mes- continuó acongojado y triste; tan enamorado, que nada le divertía, hasta que al fin yo se lo reproche y le dije: “-No tiene perdón de Dios el que estés pensando en esa nonada y que tengas la imaginación pendiente de algo irreal, que no existe. ¿Sabes acaso quién es?” “-No, por Dios”, me dijo. “-Flaquea tu juicio –le atajé entonces- y cegado está tu entendimiento, si amas a quien nunca has visto, que ni ha sido creado ni anda por el mundo. Si te hubieras enamorado de una de las imágenes de los baños, tendrías más disculpa a mis ojos.” Y no le dejé en paz hasta que se le pasó con grandes fatigas.
Es éste, a mi parecer, un caso de sugestión anímica o de pesadilla, que entra dentro del campo de los deseos reprimidos y de las fantasías del pensamiento.
Ibn Hazm de Córdoba (El collar de la paloma)
martes, 18 de diciembre de 2007
SUEÑOS

¿Era la faz del Sol o era la Luna?
¿Era una idea que la razón alumbró en sus reflexiones?
¿Era una imagen espiritual que hizo surgir ante mí el pensamiento?
¿Era un espectro forjado con las esperanzas del alma
y que la vista tuvo la ilusión de alcanzar?
Tal vez no era nada de eso, sino una desgracia
que el destino me trajo como causa de mi muerte.
Ibn Hazm de Córdoba (El collar de la paloma – Sobre quien se enamora en sueños)
martes, 16 de octubre de 2007
DULCE OTOÑO

contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.
Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.
Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.
Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:
Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.
Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.
