Por la ventana, encima de la mesa, entraba la tarde madura, y sin embargo adolescente, del otoño. El cielo, de un azul sin mancha, se alzaba falto de gravidez… Se oyó una risa de niño, el ruido de un mueble ligero al caer, otra risa, las voces de una mujer en mitad de la tarde, tersa como la piel de una manzana…
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lunes, 26 de octubre de 2015
Otoño en Santorini
Por la ventana, encima de la mesa, entraba la tarde madura, y sin embargo adolescente, del otoño. El cielo, de un azul sin mancha, se alzaba falto de gravidez… Se oyó una risa de niño, el ruido de un mueble ligero al caer, otra risa, las voces de una mujer en mitad de la tarde, tersa como la piel de una manzana…
viernes, 21 de agosto de 2015
Esperando en Santorini
martes, 28 de octubre de 2014
Café Classico de Santorini
jueves, 14 de agosto de 2014
Cuando el amor comienza
lunes, 26 de noviembre de 2012
Cuento fantástico
sábado, 13 de agosto de 2011
Noche de amor
que tiernamente hieres…
¡Oh Noche que guiaste!
¡Oh Noche amable más que la alborada!
¡Oh Noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
…/…
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado:
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
San Juan de la Cruz
Imagen: Antiqva Photo
martes, 31 de mayo de 2011
UN MUNDO DE TINIEBLAS

Habrían de saber pronto los hombres que el peligro que el oráculo de Hathor había vaticinado habría de materializarse en las cercanas aguas del Egeo cuando entró en erupción el volcán Thera, que causó la inmediata destrucción de la cultura cretense. La colosal explosión hizo que un inmenso hongo de cenizas cubriera el cielo. Dejó de ser de día y las tinieblas reinaron en el mundo. Los campos de cultivo, como devastados por una plaga de langosta, se consumieron. Muchas personas, sobre todo niños y ancianos, murieron asfixiados. En Egipto, una lluvia inusual que vomitó un mar de agua y ceniza sobre la Tierra Roja del desierto hizo que el Nilo se convirtiera en un río de sangre. El faraón, atemorizado ante lo que estaba sucediendo, quiso congraciarse con la divinidad y permitió que todos los esclavos fueran liberados. A cambio, ellos deberían dirigir sus plegarias a sus dioses para que el Sol volviera a brillar. Todos debían orar para que las desgracias cesaran.
Mucho tiempo después, los griegos habrían de afirmar que aquella colosal explosión que había destruido los palacios cretenses había sido producida por Vulcano, el dios del fuego, que habría recibido de Zeus la orden de fabricar en su fragua del inframundo los rayos más poderosos que nunca nadie hubiera podido contemplar. El gran dios deseaba poseer esos rayos para atemorizar a los hombres.
Los fortísimos golpes de Vulcano en su fragua habrían terminado ocasionando, según narrarían los poetas helenos, el derrumbe del techo del inframundo, que se habría desplomado siendo sus escombros consumidos por el fuego. La explosión que produjeron las llamas al llegar a la superficie de la tierra habría de sacudir las aguas del Egeo, aniquilando la vida en sus islas y causando un inmenso pavor a las gentes que poblaban sus riberas. Habrían sido, en suma, los terribles golpes de Vulcano, si creemos a los griegos, los que hicieron que el volcán Thera reventara.
Gracias a esa explosión descomunal, cuyas cenizas cubrieron de tinieblas todo el mundo conocido, causando en Egipto la muerte y el dolor, un pueblo de esclavos, los hebreos, acaudillado por Moisés, habría de arribar a la tierra que desde la noche de los tiempos su dios les tenía prometida.
NOTAS
Este cuento es una fabulación en la que hemos mezclado momentos históricos o míticos no coincidentes en el tiempo. Hemos de dejar constancia, no obstante, de que en 1948 el arqueólogo Claude Schaeffer descubrió entre los escombros del palacio real de Ugarit una tablilla de arcilla, que fue catalogada como KTU 1.78. En ella, en signos cuneiformes, alguien había escrito una inscripción en la que se hablaba de cierto suceso astronómico. Decía: “En el sexto segmento del día de la luna nueva del mes iyya, el Sol se escondió. Su portero es Resheph. Se examinaron dos hígados. ¡Peligro!”. En nuestro relato hemos reproducido ese texto, si bien adaptando su contenido al mundo egipcio. Citada tablilla fue fechada en el año 1192 a.C. Eran los tiempos terribles de las invasiones de los Pueblos del Mar. La explosión del volcán Thera (isla de Santorini) habría sucedido en torno al 1600 a.C.
La Profetisa de Hathor, la reverenciada Set-Net-Inheret, Único Ornato Real, fue también un personaje real. Según una estela fechada en el Primer Periodo Intermedio que fue hallada en Naga-Ed-Deir, esta mujer habría sido la esposa de Ibu, que fue un “Noble Hereditario, Príncipe, Canciller del Rey del Bajo Egipto, Compañero Único del Rey del Bajo Egipto, Sacerdote Lector, reverenciado ante el gran dios, Señor del Cielo, que hace lo que su señor desea cada día”. Cuando Ibu murió, Inheret le dedicó esa estela funeraria.
Imagen: Antiqva Photo
jueves, 26 de mayo de 2011
EL ORÁCULO DE HATHOR

Set-Net-Inheret, Único Ornato Real, reverenciada Profetisa de Hathor, había dejado escrita en una tablilla de arcilla su honda preocupación:
-En el sexto día de la luna nueva del mes de la Inundación, el Sol se ocultó. Su portero es Anubis. Se examinaron dos hígados. ¡Peligro!
Los hombres del valle del Nilo estaban poseídos por el miedo. En la Tierra de los Dioses se había producido un eclipse total de Sol. Parecía que había llegado el fin de todas las cosas. El Sumo Sacerdote de Amón había hablado:
-Anubis, el díos que cada anochecer abre al Sol el acceso al inframundo ha decidido que esta mañana el astro dios quede oculto a los ojos de los hombres. Nuestro rey ha ordenado que se sacrifiquen dos ovejas y que sus hígados sean estudiados por los augures. Estos, temblorosos, me han hecho saber que un inmenso peligro amenaza a nuestro país.
-Han afirmado –prosiguió el Sumo Sacerdote- que Amón, el gran dios, está ahora preso en el inframundo. Desprovistos de su luz, los hombres veremos como las plantas pierden el aliento de la vida. La Tierra Negra debe saber que está amenazada por el infortunio. Momentos de escasez y de hambre nos acechan.
-He podido contemplar –dijo la Profetisa Inheret, arrodillada ante su rey- que han de venir tiempos en que en los ríos correrá la sangre en lugar del agua. La langosta aniquilará las cosechas de los campos. Nuestros hijos morirán. Antes habremos de ver como la oscuridad lo ensombrece todo. Los días pasarán a ser noches. Apresado el Sol en el infierno, las tinieblas cubrirán la tierra.
Habrían de saber pronto los hombres que el peligro que el oráculo de Hathor había vaticinado habría de materializarse en las cercanas aguas del Egeo cuando entró en erupción el volcán Thera, que causó la inmediata destrucción de la cultura cretense…
(Continuará en una segunda parte…)
Imagen: Frente a la caldera del volcán Thera, en la isla de Santorini – Antiqva Photo
martes, 19 de enero de 2010
EL NACIMIENTO DE VENUS
De las abundantes uniones sexuales de una madre y su hijo, de Gea y Urano, de la Tierra y el Cielo, habrían de nacer, primero, el Océano, de remolinos profundos, y más adelante el taimado Cronos y la primera generación de dioses. Cronos, uno de los titanes, doce en total, seis varones y seis hembras, fue el más terrible de los hijos del Cielo y de él decían las ninfas que siempre sintió un odio floreciente hacia su padre. También parió Gea a los Cíclopes, semejantes a dioses pero con un solo ojo en la frente, que fueron arrojados al Tártaro por su padre, Urano, que temía que le arrebatasen su poder. De allí habrían de ser liberados más adelante por Cronos y los Titanes, sus hermanos.
A medida que Gea iba pariendo los hijos que sus frecuentes relaciones con Urano producían este en vez de dejar que salieran a la luz, los encerraba en el seno de la Tierra, gozándose en su mala obra, lo que motivó una creciente aflicción de Gea que, henchida de ellos, suspiraba interiormente y al fin ideó una pérfida y engañosa trama. Según las ninfas contaron al hombre, Gea habría construido una gran hoz de afilado acero y la habría mostrado a sus hijos, a los que con el corazón apesadumbrado les habría dicho:
-¡Hijos míos y de un padre malvado! Si quisierais obedecerme vengaríamos el ultraje inicuo que nos infirió vuestro padre. Él fue el primero en maquinar acciones indignas.
Así se habría expresado Gea y todos se sintieron poseídos por el miedo. Ninguno osaba hablar. Habría de ser el taimado Cronos quien cobrando ánimos habría de responder a su madre veneranda:
-¡Madre! Yo prometo ejecutar esta obra, pues nada me importa nuestro padre de aborrecido nombre. Como tu bien dices, él fue el primero en maquinar acciones indignas.
Tal dijo; y el corazón se le llenó de alegría a la vasta Tierra, la cual ocultó a Cronos, poniéndolo en acecho con la aguda hoz en la mano, y le refirió íntegramente la dolosa trama. Vino luego el gran Cielo, seguido de la Noche; y deseoso de amar, se acercó a la Tierra extendiéndose por todas partes. Entonces el hijo, desde el lugar en que se hallaba apostado, echó la mano izquierda a su padre; y, asiendo con la diestra la grande hoz le cortó en un instante las partes verendas y las tiró hacia atrás. No en balde salieron de su mano: las gotas de la sangre derramada las recibió la Tierra, la cual parió en el transcurso de los años a las tres Furias (Alecto, Tisífone y Megera), divinidades infernales que desde entonces habrían de perseguir sin descanso a los criminales causándoles una eterna angustia; habría también de parir a los enormes Gigantes, que vestían lustrosas armaduras y manejaban ingentes lanzas, y a las Ninfas llamadas Melias en la tierra inmensa......
Las partes verendas de Urano, que habían sido cortadas por su hijo Cronos, fueron arrojadas luego al undoso Ponto, donde durante mucho tiempo fueron llevadas de acá para allá en el piélago. Mucho tiempo después, de esas desgajadas porciones de la carne de Urano, que habían terminado siendo cubiertas por la blanca espuma del mar, habría de nacer una bellísima diosa, que sería conocida por todos como Afrodita y que se encaminó a la isla sagrada de Citera, entre Creta y el Peloponeso, cerca de las costas de Laconia. Desde entonces esa isla habría de verse reflejada en la literatura como un lugar maravilloso consagrado al amor y los placeres. Más tarde la diosa, si hemos de creer a las ninfas, se habría dirigido a Chipre:
“Al salir del mar la veneranda hermosa deidad, brotaba la hierba doquier que ponía sus tiernas plantas. Dioses y hombres la llaman Afrodita, porque se nutrió en la espuma; Citerea, la de hermosa diadema, porque se dirigió a Citera; Ciprogénea, porque nació en Chipre, la isla azotada por las olas; y Filomédea, porque brotó de las partes verendas. Acompañábala Eros y la seguía el hermoso Deseo, cuando, poco después de nacer, se presentó por vez primera en el concilio de los dioses. Tal honra tuvo Afrodita desde un principio y le cupiéron en suerte, entre los hombres y los inmortales dioses, los paliques de las doncellas, las risas, los engaños, los dulces placeres, el amor y las ternezas”.
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jueves, 14 de enero de 2010
LOS SECRETOS DE LAS NINFAS
“¡Oh hijas de Zeus!, yo os saludo. Dadme vuestro delicioso canto. Celebrad la sagrada familia de los sempiternos dioses, así los que son oriundos de la Tierra, del Cielo estrellado o de la Noche oscura, como los criados por el salobre Ponto.
Decidme cómo empezaron a existir las deidades y la tierra, los ríos, el ponto inmenso de hirvientes olas, los fúlgidos astros y por cima de todo el anchuroso cielo, qué dioses, dadores de los bienes, se originaron de los mismos y de cual modo se repartieron las riquezas, se distribuyeron los honores y fueron a establecerse en el Olimpo, en valles abundosos. Contadme estas cosas desde sus comienzos, oh Musas que poseéis olímpicos palacios, y decidme cuál de ellas existió primero…”
A pesar de lo inusual de la petición, las ninfas –siempre amables con los humanos- accedieron a brindar al hombre sus cantos deliciosos. Con ellos le transmitieron los saberes ocultos por los que él estaba interesado. Así fue como gracias a la benevolencia de las ninfas todos hemos podido conocer que el Caos, inmenso vacío que precedió a la formación del Universo, existió antes que ninguna otra cosa. Antes de la creación, todo era un inmenso desierto vacío, de modo que en aquellos tiempos las tinieblas reposaban sobre la superficie del abismo.
De ese primer principio, el Caos, -cantaron las ninfas- habría surgido Gea, la Tierra, que desde la Nada se habría dado la vida a si misma, siendo más adelante morada perenne y segura para todos los inmortales que habitan las cumbres del nevado Olimpo. Si hemos de hacer caso a las ninfas, todo parece sugerir que el mundo no habría sido la obra creadora de un Dios de poderes inmensos sino que, siempre según ellas, se habría formado por sí solo, espontáneamente.
De lo más profundo de la espaciosa Tierra habría surgido luego el tenebroso Tártaro, un lugar subterráneo que, como todos saben, está separado de la superficie terrestre por la misma distancia que existe entre el cielo y la tierra. En tiempos posteriores, el Tártaro habría de transformarse en un lugar de sufrimiento donde tendrían que padecer horribles suplicios las almas de los seres perversos.
Eros, el más bello de los inmortales dioses, que libra de cuidados a todas las deidades y a todos los hombres, habría llegado a la vida tras la Tierra y el Tártaro. Eros, gran dios del Amor –decían las ninfas- habría de ser una de las fuerzas primordiales de la naturaleza. Gracias a él los seres sienten el anhelo de unirse y crear vida, con lo que se asegura la reproducción de las especies.
Del Caos habrían luego surgido la negra Noche (Nicte) y su hermano Érebo, personificación de las Tinieblas del Infierno, ese mundo subterráneo en cuyas profundidades más recónditas se sitúa el Tártaro. De la incestuosa unión amorosa de ambos hermanos nacerían luego dos hijos, el Éter y el Día. En el Éter, en la zona más elevada del Cielo, donde llegan los rayos solares más puros, se encontraría la morada preferida de Dios.
Las ninfas, en su canto, hablaron también de cómo Gea, la Tierra, habría llegado a engendrar, por si misma, a Urano, el estrellado Cielo, de igual extensión que ella, con la finalidad de que la cubriese toda y fuera una morada perenne y segura para los bienaventurados dioses. Creó también Gea las elevadas Montañas, en cuyos bosques, bailando y cantando, encontrarían una vida apacible las divinales ninfas, que personifican la fecundidad. Habría dado también a luz, pero sin mediar el deseable amor, al Ponto, estéril piélago de hinchadas olas.
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martes, 16 de junio de 2009
DE ALMAS Y CUERPOS
Platón, que había nacido en 427 a.C. y que había vivido ocho años como discípulo de Sócrates, nos ha transmitido en su obra Fedón las enseñanzas del maestro, que está a punto de morir, acerca de la inmortalidad del alma, lo que permite que nos brinde una interesante información acerca de la teoría de la reencarnación así como sobre las moradas que aguardan al alma después de la muerte.
En un primer momento (Fedón, XXI) Sócrates nos dice que a pesar de que el vulgo piensa que con la muerte el alma se disipa y llega al fin de su existencia, lo cierto es que el alma ya existía antes de estar bajo una concreta forma humana y también existirá después de la muerte. Solo los ignorantes pueden pensar que cuando muere el cuerpo al alma lo abandona y los vientos se la llevan y la disipan.
El alma, que es inmortal, se sirve no obstante del cuerpo, es decir de la materia (XXVII) para a través de los sentidos entrar en contacto con las cosas. El alma siente atracción por las cosas de la naturaleza y es a través del cuerpo como consigue entrar en relación con ellas. De algún modo, nos dice Sócrates en el diálogo platónico, el alma siente la tentación de lo inestable y se siente atraída por las cosas materiales, lo que produce en ella sensación de confusión y vértigo, como si estuviera ebria. De todos modos, precisará el maestro, cuando el alma entra en esa relación con la materia tiende a dirigirse hacia las cosas más puras, eternas, inmortales e inmutables. Ese estado del alma que se encamina a esas “cosas puras” es lo que Sócrates llama pensamiento.
El destino del alma
En las creencias socráticas, tal como las expone Platón, el elemento material del hombre, su cuerpo, se asemeja a las cosas que son mutables y cambiantes, en suma, a las cosas que son mortales, en tanto que el alma guarda estrecha relación con lo que es inmutable, inmortal e indisoluble, es decir, con lo eterno y lo divino.
“Si (el alma) , al dejar el cuerpo, es pura y no arrastra con ella nada del cuerpo (XXIX), porque durante su vida no tenía con él ninguna comunicación voluntaria sino que por el contrario le huía y se recogía en si misma, por un ejercicio continuo; y el alma que así se ejercita no hace otra cosa que filosofar en el verdadero sentido de la palabra y prepararse realmente para morir…”, entonces, el alma se dirigirá a lo que es semejante a ella, a lo invisible, a lo inmortal, a lo sabio. Y en ese destino el alma será feliz, ya que habrá quedado liberada del error y “como se dice de los iniciados, pasará verdaderamente con los dioses el resto de su existencia.”
Sin embargo, sigue exponiendo Sócrates (XXX) si en ese momento de dejar el cuerpo el alma está manchada o es impura, es decir si tuvo una existencia terrena equivocada, pensando que lo unico cierto es la materia, lo tangible, lo que se puede ver y tocar, entonces el alma estará impregnada totalmente de elementos agobiantes, terrestres y visibles, estará acostumbrada a los placeres, a los odios, a los temores y en ese caso “el alma estará entorpecida y arrastrada hacia atrás, hacia el mundo visible por el temor a lo invisible y, por lo tanto, al Hades. (El alma, así) frecuentará los monumentos y las tumbas, donde se han visto incluso tenebrosos fantasmas de almas, parecidos a los espetros de esas almas que no eran puras al dejar su cuerpo y a las que se puede ver, precisamente, porque participan de lo visible.”
La reencarnación
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En ese segundo supuesto, cuando el alma está manchada y es impura, como castigo a su forma de vida apegada a la materia –sigue exponiendo el Fedón- las almas de los malos estarían forzadas a vagar errantes en los lugares de castigo del Hades y allí estarían hasta que su atracción por el elemento corporal las encadena de nuevo en otro cuerpo, a través de lo que conocemos como reencarnación.
En ese proceso (XXXI) las almas se encarnarán en naturalezas que mantendrán una relación estrecha con la conducta que habían tenido en su vida corporal anterior, así los glotones o violentos se encarnarán en asnos; los tiranos y los injustos, en lobos o halcones, …
Sostiene Sócrates que solamente las almas virtuosas que han alcanzado la virtud sin haber practicado la filosofía sino por el ejercicio de la costumbre serán las que podrán encarnarse en animales de tipo social, como las hormigas o los abejas, o incluso nuevamente en hombres. Estas almas serían las de aquellos que han practicado la virtud civil y social que llamamos temperancia y justicia, pero lo han conseguido por la costumbre y el ejercicio, sin el auxilio de la filosofía ni de la inteligencia.
Solamente los hombres que han tenido una existencia terrena impregnada por el amor a la filosofía podrán gozar de cómo sus almas, tras la muerte, se unen a la raza de los dioses. Es decir, para Sócrates, solamente los filósofos son plenamente puros, es decir se asimilan las ideas de pureza de vida y amor a la filosofía, de modo que solo los amigos del saber podrán, tras la muerte, eludir la amenaza terrible de la reencarnación. Ese es el motivo de que el verdadero filósofo, que conoce todo lo que estamos exponiendo, tiene muy claro que debe abstenerse de las pasiones del cuerpo. El alma está encadenada al cuerpo de un modo cruel, ya que esa prisión está motivada por el deseo del alma de estar en contacto con las cosas, de modo que, en suma, esa prisión no es sino consecuencia del deseo, de modo que es el mismo preso (el alma) el que contribuye a apretarse las ataduras en la medida en que cree erróneamente que es benéfico estar en relación con la materia.
Gracias a la filosofía, las almas son animadas dulcemente a conseguir su propia liberación de la materia, evitando la agitación que producen los sentidos (placer, dolor, temor, pasión…), que son los clavos que sujetan el alma al cuerpo. El verdadero filósofo, evitando las pasiones, conseguirá contemplar lo verdadero, lo divino y lo inmutable.
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miércoles, 14 de enero de 2009
EL ORIGEN DEL ALMA
En las antiguas creencias órficas griegas el alma tendría sus raíces en el éter, que era el espacio celeste más elevado y puro, donde residía la divinidad. El alma venía de esa divinidad y se encarnaba en la materia, pero después de un proceso de purificación cuya duración habría de ser más o menos larga podría conseguir recuperar esa esencia divina y reintegrarse nuevamente en el éter.
Filósofos posteriores como Aristóteles afirmaban que en los llamados poemas órficos se decía que el alma, que procedía del universo exterior, llegaba a nuestro mundo arrastrada por los vientos y penetraba luego en nuestro cuerpo a través de la respiración. Esta idea de que la divinidad ha creado los vientos para que traigan el aire que penetrando por la nariz llena de vida, es decir anima, a hombres y animales, era sostenida por los antiguos egipcios, de los que posiblemente pudo ser tomada por los órficos griegos.
En sintonía con esas creencias pensaban también los clásicos que cuanto el hombre moría, en su último suspiro, el alma salía por su boca y abandonada el cuerpo. Una versión poética de esta creencia la encontramos en el Arte de Amar de Ovidio, en un episodio en el que el poeta nos narra las funestas consecuencias que pueden acarrear los celos, todo ello en relación con el drama mítico de Céfalo y Procris. Veamos ese momento en que Procris muere atravesada accidentalmente por la jabalina de su amado Céfalo:
“El (Céfalo) abraza contra su pecho entristecido el cuerpo moribundo de su amada y lava con sus lágrimas las crueles heridas. Sale el espíritu y al escaparse del pecho temerario (de Procris), la va recogiendo la boca del infeliz marido (en un último beso).”
Pensaban, pues, los antiguos griegos que cuando se aspiraba el aire, don de la divinidad, se estaba de algún modo recolectando una parte del propio alma del Supremo.
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viernes, 22 de agosto de 2008
CONSORCIOS AMOROSOS
HELENA:
¡Vienes de la lucha, y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Ares, en fuerza, en puños y en el manejo de la lanza; pues provócale de nuevo a singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que en seguida sucumbas, herido por su lanza.
Respondióle Paris con estas palabras:
PARIS:
Mujer, no me zahieras con amargos baldones. Hoy ha vencido Menelao con el auxilio de Atenea; otro día le venceré yo, pues también tenemos dioses que nos protegen. Más, ea, acostémonos y volvamos a ser amigos. Jamás la pasión se apoderó de mi espíritu como ahora; ni cuando, después de robarte, partimos de la amena Lacedemonia en las naves surcadoras del ponto y llegamos a la isla de Cránae, donde me unió contigo amoroso consorcio: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.
Dijo, y empezó a encaminarse al tálamo; y en seguida le siguió la esposa.
Acostáronse ambos en el torneado lecho…
Homero (Ilíada, rapsodia III)
jueves, 21 de agosto de 2008
POEMAS HOMÉRICOS

Ningún poeta ha ejercido tanta influencia sobre las letras occidentales como Homero. Su “Ilíada”, poema de guerras y batallas, está escrita con entusiasmo, con un vigor heroico y apasionado. En su “Odisea”, en cambio, ese vigor se hace reflexivo, la reflexión se torna moral, la moral, artificio, y el artificio, sentimiento.
Lo que en la “Ilíada” es poesía bélica, en la “Odisea” es aventura novelesca. Si en la “Ilíada” el paisaje se reduce a la vasta llanura que separa la playa de los muros de Troya, en la “Odisea” el poeta despliega ante nosotros toda una colección de paisajes legendarios por los que discurre Ulises u Odiseo, el héroe novelesco por excelencia. Si en la “Ilíada” aparece la aristocracia heroica en la cumbre de su poder, en la “Odisea” la vemos seriamente quebrantada, y hasta satirizada en las personas de los pretendientes.
La “Ilíada” es, sin duda, más antigua que la “Odisea”. Así lo demuestran el lenguaje y el estilo narrativo. Parece lógico y verosímil que Homero compusiera la primera en sus años juveniles, y que reservara para más adelante la redacción de la “Odisea”, un poema de curso menos tenso y más sosegado. De cualquier forma, las diferencias de estilo y de temperamento entre “Ilíada” y “Odisea” no excluyen, de manera alguna, su comunidad de origen. El poeta, como diría Borges, puede ser, a la vez, “otro y el mismo”.
Los poemas homéricos han admitido gozosamente a lo largo de la historia traslaciones iconográficas de todo tipo. Esta de García Benito, de 1939, nos regala un Homero exquisitamente “déco”. Benito acierta tanto en la factura de las ilustraciones como en la elección de los pasajes ilustrados. Se merecía este homenaje.
Luis Alberto de Cuenca (Homero Déco)
lunes, 16 de junio de 2008
DE CUERPOS Y ALMAS

(Habla el alma de Patroclo)
¿Duermes, Aquileo, y me tienes olvidado? Te cuidabas de mí mientras vivía, y ahora que he muerto me abandonas. Entiérrame cuanto antes, para que pueda pasar las puertas del Hades; pues las almas, que son imágenes de los difuntos, me rechazan y no me permiten que atraviese el río y me junte con ellas; y de este modo voy errante por las alrededores del palacio, de anchas puertas, de Hades. Dame la mano, te lo pido llorando; pues ya no volveré del Hades cuando hayáis entregado mi cadáver al fuego…
Respondióle Aquileo, el de los pies ligeros:
-¿Por qué, cabeza querida, vienes a encargarme estas cosas? Te obedeceré y lo cumpliré todo como lo mandas. Pero acércate y abracémonos, aunque sea por breves instantes, para saciarnos de triste llanto.
En diciendo esto, le tendió los brazos, pero no consiguió asirlo: disipóse el alma cual si fuese humo y penetró en la tierra dando chillidos…
Homero (La Ilíada – Canto XXIII)
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En este pasaje de la Ilíada, muerto Patroclo, Homero nos habla de algunas de las creencias de los antiguos griegos acerca de la muerte y del más allá. Ante todo, nos confirma la necesidad de que el cadáver sea adecuadamente honrado tras la muerte (funerales) ya que en otro caso, el alma del difunto no podrá atravesar las puertas del Hades ni, por tanto, encontrar el descanso.
Pensaban los griegos, y también –luego- los romanos, que los muertos a los que no se tributaban unos adecuados ritos fúnebres al no poder acceder al Hades se veían convertidos en sombras errantes que disgustadas con los hombres solían ocasionarles males de todo tipo. Estas almas errantes (los démones) eran objeto de prácticas de tipo maléfico por parte de los magos.
En el último párrafo, Homero nos confirma la imposibilidad de que un humano pueda estrechar en sus brazos al alma de un difunto, que se disipará en el aire como humo. Tambien se nos dice que es en el momento del sueño cuando los difuntos pueden ponerse en contacto con los hombres, ya que entonces es cuando con los sentidos corporales dormidos el alma del durmiente está más abierto a ese tipo de percepciones.
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martes, 3 de junio de 2008
OTROS MUNDOS

En relación con la posible existencia de otros mundos y su reflejo en informaciones antiguas no podemos sino evocar una noticia del filósofo griego Demócrito:
“Decía que hay innumerables mundos, diferentes en tamaño. En algunos no hay sol ni luna, en otros son menores que los nuestros y en otros mayores. Las distancias entre los mundos son desiguales y en unos sitios hay más mundos, en otros, menos, y unos están creciendo, otros en su plenitud, otros están decayendo. Aquí nacen, allí desaparecen, pues se destruyen por colisión mutua. Hay algunos mundos desiertos, sin animales, ni plantas, ni agua en absoluto.”
Este párrafo de Demócrito es citado por A. Bernabé en su obra “Textos órficos y filosofía presocrática” (pag. 64).
Pero es que, incluso, algunos autores antiguos nos dicen, en un pasaje de las “Rapsodias” (ver ese mismo texto citado, pag. 63) que en la propia Luna existen ciudades y casas con tejados. Veamos:
“Concibió también otra tierra inmensa, a la que llaman Luna los inmortales, y Mene los habitantes de la tierra, ella que tiene muchos montes, muchas ciudades y muchos tejados.”
Pensamos que todo esto es realmente curioso.
jueves, 28 de febrero de 2008
MUSEOS CAPITOLINOS DE ROMA
Pues bien, con ese pretexto podemos ver ahora algunas de las imágenes que tomamos hace un par de años en los Museos Capitolinos de Roma, uno de esos lugares donde uno (Antiqva, a fin de cuentas) pasaría días y días. Para esta oportunidad he seleccionado cuatro fotografías:
Las dos primeras, la Venus Esquilina, nos ofrecen la estampa de una bellísima mujer, no olvidemos que se trata de una diosa, que se está recogiendo el cabello en un complicado peinado antes de sumergirse en el baño. Algunos detalles, como un jarrón egipcio en torno al cual se enrosca una cobra y sobre el que reposa un paño, permiten pensar, según los expertos, que esta mujer podría simbolizar a la triada Isis-Afrodita-Venus que surgió de la síntesis religiosa elaborada en el Egipto helenizado (¡que bellísima conjunción la de los mundos egipcios, griego y romano!). La verdad es que cuanto tomé la imagen, fascinado por la belleza de la mujer, no reparé en ese detalle egipcio, pero luego, documentándome, si me di cuenta del símbolo.
La tercera imagen nos brinda un espectacular sarcófago decorado de época imperial. Estos sarcófagos no se enterraban sino que su destino era ser exhibidos de modo que frecuentemente nos han transmitido espectaculares imágenes de asuntos, sobre todo, mitológicos. Algún día, con más calma, tendré que escribir algo de los sarcófagos romanos, algunos paganos y otros paleocristianos, que se han conservado en Córdoba.
Vemos en esta imagen el momento en que Meleagro, hijo de los reyes de Calidón y sobrino de Leda (¡que bella la historia de Leda y el cisne!), está clavando su lanza entre los ojos de un feroz jabalí, que tenía atemorizados a todos los habitantes del reino. El animal, realmente, no era sino un castigo divino, ya que Artemisa estaba harta de que en Calidón sus cultos hubieran caído en el olvido, de modo que para cazarlo fue preciso invitar a todos los héroes que en aquellos tiempos poblaban el mundo; parece que solamente Hércules declinó acudir.
En Córdoba, muy deteriorados, se han conservado diversos fragmentos escultóricos de este mismo asunto mítico que parece que resultaba especialmente atractivo en la antigüedad.
Y la última imagen que he seleccionado (todas ellas fueron tomadas sin flash) nos remite de nuevo a la diosa Isis egipcia, que en esta ocasión está representada como una matrona romana que porta en sus manos un sistro, instrumento musical del tipo de un sonajero que frecuentemente aparece representado en los templos del antiguo Egipto. Se sabe que en los cultos de Isis y de Hathor las mujeres bailaban frenéticamente y hacían tocar de manera rítmica y repetitiva los sistros, de modo que iban siendo poseídas por eso ue podríamos llamar una experiencia de trance místico.
Ahora, mientras termino de escribir estos breves comentarios a estas imágenes, no puedo sino recordar las noticias que acerca del culto a Isis en el mundo romano nos transmitió Apuleyo en su novela “Las metamorfosis”, también conocida como “El asno de oro”. En esta obra, Lucio, el protagonista, que se ha visto transformado en asno, solicita la ayuda de Isis, de modo que cuando, al fin, consigue retornar a su forma humana el hombre se hará iniciar en los cultos mistéricos de la diosas y gracias al placer que supone acercarse al conocimiento de la divinidad terminará desechando los placeres puramente carnales que durante toda su vida había perseguido.
jueves, 31 de enero de 2008
LOS FUNERALES DE HÉCTOR
En “La Ilíada”, Homero nos brinda una sugerente información acerca de cómo se realizaban los funerales de los griegos en los tiempos antiguos:
“Así habló, llorando, y todos, al oírla, se hicieron eco de sus gemidos. Y el anciano Príamo dijo al pueblo:
-Troyanos, id a por leña al Ida sin temor a las emboscadas de los aqueos, pues Aquiles me prometió en su tienda no causaros daño hasta que llegue la duodécima aurora.-
Oyéndole, la gente del pueblo unció a los carros bueyes y mulos y salió de la ciudad. Por espacio de nueve días acarrearon abundante leña; y cuando por décima vez apuntó la Aurora que trae la luz a los mortales, sacaron, sin poder mitigar el llanto, el cadáver del esforzado Héctor, lo pusieron en la pira y la prendieron fuego.
Al día siguiente, apenas la Aurora apareció trayendo la mañana, congregase el pueblo en torno a la pira. Extinguieron con vino la ceniza aún ardiente, y los parientes y amigos de Héctor recogieron sus huesos blanqueados por las llamas, los pusieron en una urna de oro y los cubrieron con un velo de púrpura. Luego depositaron la urna en un hoyo profundo, que cubrieron con muchas piedras enormes, y amontonando tierra encima erigieron un túmulo. Entretanto habían puesto centinelas en las torres por si los aqueos les atacaban. Levantado el túmulo, el pueblo se congregó en el palacio de Príamo, donde se celebró el espléndido banquete fúnebre. Así terminaron los troyanos los funerales del valerosísimo Héctor, domador de caballos.”
Homero (La Ilíada – Canto XXIV)
domingo, 23 de diciembre de 2007
PASEANDO POR ROMA
A la hora del almuerzo estábamos situados en la Plaza del Panteón, de modo que como todavía era temprano tuvimos la posibilidad de sentarnos en la terraza de uno de los restaurantes que la circundan. Allí, cómodamente instalados, podíamos disfrutar de una bellísima perspectiva tanto de la propia plaza como del colosal edificio con el que Roma quiso rendir culto a todos los dioses reconocidos en su imperio.
Recuerdo nítidamente que en ese momento, mientras nos tomábamos unas ensaladas y unas pizzas, éramos los dos plenamente conscientes del inmenso privilegio que suponía poder estar en ese momento en aquel tan atractivo lugar, en un día “primaveral” de finales de septiembre, disfrutando con la contemplación de los viajeros, buena parte de ellos jóvenes, que continuamente entraban y salían del Panteón y que luego, muchos de ellos, se tomaban cervezas y bocadillos sentados en el centro de la plaza. El ambiente era gratísimo.
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Tras los cafés, también nosotros entramos en el templo de la cúpula inmensa. Habíamos estado allí hacía ya varios años y entonces la afluencia de público era mucho menor. Ahora, desde que el Panteón era uno de los edificios en los que transcurría parte de la acción de “Ángeles y Demonios”, la afluencia de público se había incrementado de manera exponencial y lo cierto es que el bullicio de los viajeros en el interior de lo que en otros tiempos había sido un espacio sagrado producía un estruendo continuo. La verdad es que dentro del Panteón, a las cuatro de la tarde, con tanta gente, nos sentíamos agobiados.
Sin duda, lo especialmente grato para nosotros había sido el poder almorzar al aire libre disfrutando con la contemplación tanto de la fachada del viejo templo como del ambiente de la plaza. Una vez dentro, es preciso reconocer que el bullicio de las personas restaba encanto al lugar.
Mientras María se afanaba en recorrer los puestecillos, yo aproveché el momento para seguir disparando fotografías de la plaza y de la gente. Pronto reparé en una monja que corría de un lado para otro, aparentemente buscando algo, y a la que inmortalicé en alguna de esas instantáneas.
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miércoles, 28 de noviembre de 2007
LA DESPEDIDA

lágrimas diciéndome:
“¡Ay, Safo, cuánto sufrimos!
¡Con cuanto pesar te abandono!
Y yo le contesté:
¡Adiós, y sé feliz! ¡Sólo recuérdame,
pues sabes cuan atada estoy a ti!
Acuérdate al menos
(¡oh, no lo olvides!)
de las amadas y hermosas cosas que vivimos.
De tantas guirnaldas de violetas
y de rosas, y también de azafrán,
...con qué a mi lado te ceñiste.
De tantos collares tejidos
con dulces flores
que rodeaban tu tierno cuello.
De las muchas veces que con abundante
mirra de flores y de reyes
ungiste tu cabeza de hermoso peinado.
Del blando lecho
en que tú, a mi lado,
dejando que la ternura saliera...
Y no hubo colina profana
o sagrada, ni fuentes de aguas
a donde no hayamos ido...
Safo (Poemas)





