Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta damaso alonso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta damaso alonso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un tren a ninguna parte...

Apertura f/13
Tiempo de exposición 1/160 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -1,00
HDR




¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
…/…




Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo…

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren, de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie…


Dámaso Alonso, Hijos de la ira


martes, 27 de noviembre de 2007

INSOMNIO


Madrid(*) es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,

las tristes azucenas letales de tus noches?

Damaso Alonso (Hijos de la Ira) - (*) Poema escrito hacia 1940

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

jueves, 11 de octubre de 2007

MADRE


No me digas
que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño,
que se te han caído los dientes,
que ya no puedes con tus pobres remos hinchados, deformados por el veneno del reuma.

No importa madre, no importa.
Tú eres siempre joven,
eres una niña,
tienes once años.
Oh, sí, tú eres para mí eso: una candorosa niña...

Dámaso Alonso (Hijos de la ira)

domingo, 30 de septiembre de 2007

COMPAÑERA


Amor mío,
dulce amor mío,
hoy es treinta de septiembre de 2007,
hace ya 32 años
que te amo.

Inspirado en los poemas (*) de otro hombre,
de un hombre que también amó,
he escrito estos versos.

Él también buscó a Dios,
como yo.

Ante Dios y ante ti
solo puedo decir: “gracias”.
Gracias por estos 32 años de amor.

En ti, dulce amor, y en nuestras hijas,
también están mis alas,
las alas que algún día me llevarán a Dios,
las alas que algún día me llevarán a ese lugar
en el que mis padres, dormidos,
escuchan la música oculta que rige el universo.

Allí, ellos sueñan y aguardan,
en un lugar sin tiempo,
la llegada de su hijo.

Gracias, dulce amor;
gracias por acompañarme.

(*) Esos poemas de los que se habla, de Dámaso Alonso, son “Yo”, “Las alas” y “La madre”, que se integran en su obra “Hijos de la ira”.