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martes, 5 de agosto de 2014

Donde las aguas corren...





Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

San Juan de la Cruz – Cántico espiritual





viernes, 8 de noviembre de 2013

Una llamada de amor

Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/160 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 48 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR




¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres…!




Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado:
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

San Juan de la Cruz, Canciones de la Noche Oscura



sábado, 13 de agosto de 2011

Noche de amor





¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres…


¡Oh Noche que guiaste!
¡Oh Noche amable más que la alborada!
¡Oh Noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

…/…

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado:
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

San Juan de la Cruz


Imagen: Antiqva Photo

lunes, 24 de marzo de 2008

UN NO SÉ QUÉ




Por lo que por el sentido
puede acá comprenderse
y todo lo que entenderse,
aunque sea muy subido
ni por gracia y hermosura
yo nunca me perderé,
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.

San Juan de la Cruz (Glosas a lo divino)


.

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

LA LUZ QUE ES AMOR


Los poemas de San Juan de la Cruz tendrían algunos puntos de inspiración en el Cantar de los Cantares bíblico, texto ante cuyo aparente simbolismo erótico los comentaristas hebreros y cristianos habían quedado tan desconcertados. En efecto, Juan usa el simil del encuentro amoroso entre el esposo y la esposa para hablarnos de la unión mística entre el alma y la divinidad. Todo reposaría, siguiendo a José Jiménez Lozano, en que en el proceso de elevación propio del éxtasis místicos cuando el hombre llega finalmente a la Luz percibe que, esencialmente, Dios se le revela como Amor. El atributo principal de la Luz sería un Amor intenso, sin limitaciones, que los hombres no podemos conocer en nuestro mundo terrenal. ¿Podrá el místico expresar en palabras esa intensa experiencia de Luz y de Amor?. En principio, no existen palabras para poder traducir al lenguaje de los hombres esa elevada vivencia. Ese es el motivo de que Juan, que además de místico es también poeta, decida utilizar, como en el Cantar de los Cantares, el lenguaje del amor humano, del erotismo. No existen palabras para expresar el Amor divino y Juan decidirá expresarse a través del amor humano.

Veamos, a modo de ejemplo, el momento en que el alma abandona la materia y sale al encuentro de Dios:

En una Noche obscura
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada...


Reproducimos otro texto que nos habla de la Luz divina:

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.


Veamos, finalmente, como Juan nos habla del Amor, a través del cual se accede a la vida celestial:

Y, aunque tiniebles padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal,
porque, si de Luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor (da) tal vida.

LA LUZ DE DIOS


Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero.


La experiencia mística supone una vivencia íntima del hombre que pretende acceder al conocimiento de la Realidad última. San Juan de la Cruz, a través del éxtasis místico, tomaba contacto con lo que él denominaba “subido sentir de la divinal Esencia”, es decir, con la Luz de Dios, con la “oscuridad superluminosa” de que nos hablaba el Pseudo-Dionisio.

Siglos antes Hildegard von Bingen, la mística alemana, ya nos había transmitido noticias de esa Luz divina (Vita Sanctae Hildegardis), que milenios antes también habían buscado los iniciados en los misterios egipcios:

Sin embargo, siempre he percibido esta visión
en mi alma, desde la niñez,
cuando aún no se habían fortalecido
mis huesos y nervios, hasta el momento presente,
cuando tengo más de setenta años...

Desde el tercer año de vida,
he visto una Luz tan intensa
que me causa temblor en el alma.


San Juan de la Cruz, en ese proceso místico de elevación a la Luz divina, llegó a tomar conciencia de que lo religioso no deja de ser sino una construcción humana y que es necesario despojarse de ella para gracias solamente a la fe desnuda alcanzar la fusión mística con Dios.

miércoles, 11 de julio de 2007

EL ALMA Y DIOS

San Juan de la Cruz decidirá recurrir a las imágenes del amor carnal, del encuentro entre la esposa y el esposo, porque no existen palabras adecuadas para poder comunicar la experiencia de la unión mística entre el alma y la divinidad. No es posible expresar en palabras todo lo que el acercamiento místico a la Luz supone. Cuando la madre Ana de Jesús y doña Ana de Peñalosa pidieron a Juan que les comentara el Cántico espiritual y la Llama de amor viva, “en lo uno y en lo otro se procuró excusar, diciendo que estas canciones se avían hecho estando el espíritu levantado sobre si mismo, en participación de aquello que en ellas significaba, y, que aunque después de vuelto de aquella contemplación sublime le quedaba una como memoria confusa de lo que allí le avían comunicado, no era con tanta distinción como avía menester para escribirlo hasta que el Señor le volviera a dar las mismas elevaciones de espíritu”.

A través de la elevación mística, Juan llegó a acceder a un conocimiento que trasciende a todo aquello a lo que el hombre puede llegar con sus sentidos. El místico, en el éxtasis, siente unas vivencias que no es capaz de expresar en palabras. Esa Luz inmensa, que es inmenso Amor, superaría la capacidad de entendimiento del hombre. Solamente gracias a la clemencia de la divinidad el místico alcanza ese conocimiento de la Realidad última que luego ni siquiera será capaz de recordar en plenitud y mucho menos de expresar en palabras.