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lunes, 5 de octubre de 2015

Venecia





Olía a almendras. Las escaleras de mármol de una iglesia descendían hasta mojarse en el agua; un mendigo, de pie en uno de los peldaños, presentaba su sombrero exponiendo su miseria, y mostraba el blanco de los ojos como si estuviera ciego; un vendedor de antigüedades, ante su tenducho, invitaba a los que pasaban, con gestos humildes, a entrar, con la esperanza de poder engañarlos. Así era Venecia, la bella insinuante y sospechosa; ciudad encantada de un lado, y trampa para los extranjeros de otro, en cuyo aire pestilente brilló un día, como pompa y molicie, el arte, y que a los músicos prestaba sones que adormecían y enervaban.

Thomas Mann – La muerte en Venecia





viernes, 29 de mayo de 2015

La luz de Venecia





Eran las siete y media de la mañana. Una mañana de mayo ya firme y muy diáfana. El barco iba a navegar, en consecuencia, por el canal de San Marco y el de la Giudecca. Para mostrarnos la primera imagen, la más teatral y lograda de Venecia. Volvíamos de las islas del Dodecaneso. Ahí acababa el viaje. El barco entraba ya por el puerto del Lido. Los islotes, la vegetación, las torres, todo hermoso. Más que nada la luz… Pero yo supe que todo también era una trampa.

Antonio Gala – Los papeles del agua




lunes, 2 de marzo de 2015

Venecia desde el cielo





Hay veces que la vida te coloca en el sitio adecuado para que todo encaje.

Mónica Carrillo – La luz de Candela





viernes, 11 de julio de 2014

Florencia de los Médicis





Éste es el prodigio. ¿Por qué en Florencia, en el siglo XV, bajo la égida de los Médicis, aparece una nutrida generación de genios que desencadenan el Renacimiento, cambian la faz de Europa y con ella el destino del mundo? Nadie ha sabido resolver este enigma, paralelo al presentado por Atenas en el siglo de Pericles. Parece como si la genialidad se concentrara en el espacio y el tiempo, y aún no se ha dado con las causas de tan portentoso fenómeno. ¿Cuál es el misterio de las épocas creativas?...

Luis Racionero – Florencia de los Médicis





martes, 1 de julio de 2014

Escena romana





Mi pasatiempo favorito es dejar pasar el tiempo, tener tiempo, tomarme mi tiempo, perder el tiempo, vivir a contratiempo.

Françoise Sagan




Esta fotografía la hice en Roma, en la Piazza della Rotonda. Estábamos en un restaurante y recuerdo que comimos ensaladas y pizzas. Solo ahora, al editar la imagen, me he dado cuenta de que en su parte izquierda se reflejan gentes en las que nunca había reparado.

De lo que si era consciente en aquel momento, y por eso hice la fotografía, era de que estábamos frente al edificio mejor conservado y más fascinante de la antigua Roma: el Panteón, construido por Adriano, aquel césar que tanto amó el mundo helenístico.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

La huella de Roma





¡Oh Roma, en tu grandeza, en tu hermosura
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura!

Francisco de Quevedo





-Esta fotografía de los foros de Roma la hice desde el Capitolio, unas de las siete colinas que envolvían a la ciudad primitiva.




sábado, 23 de febrero de 2013

Tarde de lluvia

Apertura f/9
Tiempo de exposición 1/110 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 6 mm
Compensación de la exposición 0,00
HDR
 
 
 
Mi corazón reposa junto a la fuente fría…



Sale el sol.

El jardín desangra en amarillo.
Late sobre el ambiente una pena que ahoga,
yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila,
mi ilusión de ser grande en el amor, los horas
pasadas como esta contemplando la lluvia
con tristeza nativa.

Caperucita roja
iba por el sendero…

Se fueron mis historias, hoy medito, confuso,
ante la fuente turbia que del amor me brota.

¿Todo mi sufrimiento se ha de perder, Dios mío,
como se pierde el dulce sonido de las frondas?

Vuelve a llover.
El viento va trayendo a las sombras.


Federico García Lorca, Meditación bajo la lluvía



miércoles, 23 de enero de 2013

Venecia

Apertura f/9
Tiempo de exposición 1/45 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 6 mm
Compensación de la exposición -0,00


Solo la belleza es a la vez visible y divina...

Aquel que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir...

Saludó al mar con los ojos, y su corazón se llenó de alegría al contemplarse tan cerca de Venecia...


Thomas Mann, La muerte en Venecia




domingo, 4 de noviembre de 2012

En el silencio dulce de las noches

Apertura f/9
Tiempo de exposición 1/75 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 6 mm
Compensación de la exposición 0,00
HDR


  
 
“Vida tras vida, fueron
olvidando los hombres
aquella diosa virgen
que misteriosamente, desde el cielo,
con amor apacible
asiste a sus vigilias
en el silencio dulce de las noches.”

Luis Cernuda, Noche de Luna




Una noche de julio de 1984, en sueños, hice el amor con la Dama del Lago. Desde entonces nunca he vuelto a soñar con ella. Fue ayer, cuando esperaba en la estación de autobuses la llegada de unos familiares, cuando la he visto en el vestíbulo del edificio. He dado unos pasos para alcanzarla y hubiera querido saludarla pero ella ni siquiera se ha fijado en mi. Reconozco que me he sentido triste al saber que las damas de los lagos de los sueños también envejecen. Tenía aspecto de estar cansada. Sin embargo, conforme se alejaba, he pensado que las canas le sientan maravillosamente bien.

Ojala pueda volver a soñar con ella…


miércoles, 24 de octubre de 2012

El vaporetto

Apertura f/9
Tiempo de exposición 1/210 s
Velocidad ISO – 400
Distancia focal 6 mm
Compensación de la exposición 0,00
HDR

Sabía que solamente despertando del sueño podría escapar de los golpes de aquel hombre, pero no podía hacerlo. Una y otra vez me decía: “Debes despertar…  Debes despertar…”, pero no conseguía despertarme. Estaba angustiado. Quería salir de la pesadilla y escapar de aquel hombre, pero no sabía cómo.

Todo en el sueño aparecía envuelto en las brumas de un atardecer invernal. Estaba en un vaporetto que surcaba las aguas del Gran Canal de Venecia. No tenía ni idea de cómo había llegado allí. Estaba fumando en la cubierta cuando una mujer, avanzando a grandes pasos, se acercó a mí: “Sálveme…” –me dijo cuando llegó a mi lado. Sin tiempo siquiera para pensar reparé en que unos pasos más allá alguien que empuñaba una navaja se acercaba a nosotros. Inesperadamente, la mujer, que iba vestida solamente con un camisón transparente de seda, me abrazó y me besó.

Estaba desconcertado. “Que imágenes tan extrañas nacen en las pesadillas” –pensé. En el irreal mundo de la noche puede uno enfrentarse a las más insólitas irrealidades. En la noche, en el tiempo de los monstruos, todo es posible.

Para entonces la mujer y yo nos estábamos besando. Ella había cerrado los ojos y apretaba sus pechos contra mi cuerpo. “Oh, un sueño erótico…” –pensé. Pero no lo era. Al momento el tipo llegó y me clavó la navaja en el vientre. Conmocionado supe que debía despertar si no quería perder la vida. Siempre he pensado que es mala cosa verse morir en un sueño y solamente podría eludir a aquel hombre y sus golpes si conseguía arribar al mundo de la vida. Una y otra vez me esforcé por abrir los ojos, mientras él me seguía clavando, también una y otra vez, la navaja. Sentía que mi cuerpo era un manantial de sangre. En algún momento supe que la hoja de acero se había roto al chocar con alguno de mis huesos. Entonces, él, con un gesto de contrariedad, me dio una bofetada que hizo que mi cuerpo rodase por el suelo. Después me envolvió en sus brazos y me arrojó por la borda. “Vamos cariño, volvamos, ya ha pasado todo” -escuché que le decía a la mujer mientras yo me hundía arropado por las aguas del canal.

Para entonces, ya había renunciado a despertar. Todo había terminado. Sentía que ya no me amenazaba ningún peligro. En aquellas aguas sentía que al fin podía descansar. El sueño había terminado. Solo me restaba dormir profundamente, liberado de la pesadilla.

No se cuanto tiempo pasó, pero en algún momento conseguí despertar. Me parecía que seguía soñando. Sentía que mi cuerpo estaba dolorido, magullado por decenas de heridas, y que apenas podía respirar. Estaba en un lugar que no conseguía identificar. Tuvieron que pasar unos minutos para que fuera tomando conciencia. Se trataba de la habitación de un hospital. Un médico le decía a una enfermera que estaba tomando notas que yo había sido apuñalado y que la operación de urgencia había sido satisfactoria, si bien todavía tenía los pulmones encharcados de sangre y de agua. “Tendrá que estar unas semanas inmóvil –habló el hombre-. No deje usted que se levante. Está sondado y lo alimentamos con suero, de modo que no tiene porqué levantarse.”

Así fue como supe, ya despierto, que aquello no había sido un sueño.

Ha sido después, no se cuanto tiempo ha pasado, cuando estoy sintiendo que alguien está abriendo la puerta de la habitación. Es una mujer. Es la mujer que me había besado en el vaporetto. Veo que ahora viste una bata verde de médico. Se está acercando a mi y me susurra algo: "Vida mía, te amo, cuidaré siempre de ti..." Con una mezcla de emoción y temor siento que me está besando. Creo que piensa que estoy dormido, y quizás sea cierto...

sábado, 30 de julio de 2011

Grafiti de Pompeya





Primero con el embrujo de tus ojos me has hecho arder de pasión,
y ahora das rienda suelta a las lágrimas por tus mejillas,
pero las lágrimas no pueden apagar mis llamas:
ellas me queman el rostro y me consumen el corazón.
(Esta es una composición poética de Tiburtino.)

Este poema, fechado en época de Sila, fue encontrado garabateado en la pared de un teatro de Pompeya. Se trata de uno de tantos grafitos amatorios pompeyanos con los que las gentes de aquella ciudad habrían de hablarnos de las ansias de amor que impregnaban sus cuerpos y sus almas.


Imagen tomada en Pompeya: Antiqva Photo

miércoles, 27 de julio de 2011

En Florencia





Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida…

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego.


Imagen: Antiqva Photo

domingo, 22 de mayo de 2011

DE LA UTILIDAD DE LOS ABRAZOS







La señorita C. siempre dormía abrazada a un espejo. Pensaba que así, reflejándolos en el cristal, podría rechazar los sueños inoportunos.


Imagen: Venecia en azul - Antiqva Photo

domingo, 24 de abril de 2011

ANTIQVA ERÓTICO





Aquí fue donde Equicia,
mujer negra,
de complacientes maneras,
me enseñó a odiar a las mujeres blancas.

Quien ame a Equicia
arderá en negros carbones.


Este poema es el que hace algunos días anuncié que había enviado al “Primer Premio de Poesía Amatoria, Gozosa y Erótica” que había convocado la editorial Hipálage. El poema fue seleccionado y ha sido publicado en un libro titulado “De versos encendidos”. Ya comenté que había olvidado que poema era el que había enviado, de modo que he tenido que esperar a que el libro tomara forma.

El poema en el que se aúnan erotismo y odio, está inspirado en la lectura de diversos grafitos amatorios que se han conservado en las paredes de Pompeya. Lo publiqué en el blog, hace ya mucho tiempo, al regreso de un viaje a esa antigua ciudad romana, en el que habíamos tenido ocasión de visitar uno de sus lupanares. El nombre de lupanar hace referencia a las “lupas” (prostitutas), que con sus aullidos nocturnos buscaban atraer clientes.

El poema lo pensé como si hubiera sido escrito en la pared de uno de los cuartos de algún antro pompeyano.

Debemos dejar constancia de que cuando visitamos el lupanar de Pompeya el local llevaba unos 2000 años cerrado al público…


Imagen: Escena erótica en el lupanar de Pompeya – Antiqva Photo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

PUENTE VIEJO DE FLORENCIA

Imagen: Antiqva



… al principio éramos jóvenes pero no lo sabíamos
cuando nos dimos cuenta ya no éramos jóvenes…

Mario Benedetti (Bodas de perlas)

viernes, 16 de octubre de 2009

GRAFITOS DE POMPEYA

Pintura en una casa de Pompeya
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Imagen: Antiqva


“Primero con el embrujo de tus ojos me has hecho arder de pasión,
y ahora das rienda suelta a las lágrimas por tus mejillas,
pero las lágrimas no pueden apagar mis llamas:
ellas me queman el rostro y me consume el corazón.

Ésta es una composición poética de Tiburtino.”

(Este poema fue escrito hace dos mil años en una de las paredes de un teatro de Pompeya. Hoy día, como se aprecia en la imagen, los gráfitos son ciertamente deplorables. Los modernos turistas no dudan en garabatear sobre los preciosos frescos romanos...)


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martes, 30 de junio de 2009

LA PRIMAVERA





Analicemos algunos de los aspectos mitológicos y simbólicos con los que Botticelli supo envolver una de sus obras más prodigiosas: “La Primavera”.

Ante todo, reparemos en que el idílico marco que rodea a los personajes es un bosque de manzanos, quizás en referencia al mítico “Jardín de las Hespérides”. Las flores, por doquier, crecen en la tierra.

En la parte derecha de la composición podemos apreciar como el viento Céfiro está soplando sobre una mujer, Flora, a la que está insuflando la vida. A su lado, vemos una nueva representación de Flora (Simonetta Cattanei), con signos claros de su embarazo, que se nos manifiesta derramando flores sobre la tierra. Se nos está haciendo saber que es la acción del Céfiro la que fecunda la tierra y hace que surja la primavera, símbolo de la vida.

En el centro de la composición, Botticelli ha situado a Venus, la diosa del Amor. Sin el Amor no habría posibilidad de primavera, es decir de fecundidad. Situado sobre Venus, un “Amorcillo” está apuntando con su arco a una de las tres figuras que están situadas en la parte de la izquierda de la obra.

Estas tres figuras femeninas son precisamente las tres Gracias: Pulchritudo, Amor y Voluptas, que están danzando de manera delicada. El arma del genio está apuntando, precisamente, a una de ellas, Amor, cuya mirada, a su vez, vemos que se dirige a un personaje masculino que tiene alas en sus pies (Hermes - Mercurio) y que porta en su mano derecha un caduceo. Hermes, el conductor de las almas, está señalando con ese caduceo a los cielos, destino final de las almas.

Afirmaba Luis Racionero, en relación con esta obra, que: “La atmósfera de estos cuadros es difícil de catalogar: son paganos en parte, pero teñidos de una brillantez que los frescos antiguos –la Villa de los Misterios, en Pompeya, por ejemplo- no tienen. Los ropajes son extrañamente sui géneris, las tres gracias llevan clámides, pero no las tomaríamos por griegas. En el conjunto hay un ambiente autóctono y original que, en mi opinión, solo puede catalogarse como florentino y que comunica con fuerza el talante y la sensibilidad del Renacimiento.”



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jueves, 25 de junio de 2009

FLORENCIA SOÑADA

El río Arno desde el Ponte Vechio
Imagen: Antiqva




En Florencia, en los tiempos que precedieron al Renacimiento, la vida de la ciudad estaba regida por una oligarquía de comerciantes que había decidido proteger las artes. Los grandes hombres de la ciudad, poderosos y acaudalados, se sentían atraídos por las creaciones de la antigüedad clásica y no es extraño que uno de esos hombres, un banquero ilustrado, encargara a un erudito llamado Marsilio Ficino que tradujera las obras de Platón y las difundiera en los ambientes intelectuales florentinos.

En palabras de Luis Racionero “la alianza del dinero y del talento, repetida en otras ciudades italianas, dio lugar a una cultura que se extinguió cuando, en el siglo XVII, se invirtieron los papeles y el dinero compró al talento, desapareciendo el mecenas para dar paso al mercader de arte. El estado nacional centralista y la Iglesia hicieron el resto.”

¡Que tiempos aquellos del siglo XV en que personas como Lorenzo Valla, en “De voluptate”, llegaron a afirmar que el único objetivo de la voluntad humana era el placer…! Habrían de venir luego los tiempos del puritanismo nórdico, inspirador del capitalismo, que habrían de convertir el trabajo en un mérito para el cielo, y el dinero en la medida del éxito.








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lunes, 1 de junio de 2009

VENUS, FLORA, SIMONETTA

El nacimiento de Venus, detalle


Galería de los Uffizi
Imagen: Antiqva




En Florencia, la ciudad en la que el Renacimiento tuvo su cuna, en la Galería de los Uffizi, se exponen dos creaciones pictóricas que nunca dejan indiferente al espectador. Nos referimos a la “Primavera” y al “Nacimiento de Venus”, de Botticelli.

En Florencia, en los tiempos de los Médicis, creció una corriente de neopaganismo que envolvió la vida de la corte. Tras los tiempos del Medievo venían ahora unos años en que la pasión por la mitología y por las letras de la antigüedad clásica imperaba en la vida. Botticelli, uno de los pintores de la refinada corte humanista de los Médicis, atraído por esos asuntos paganos, habría de renacer en su obra a los dioses antiguos y al simbolismo que los envolvía. Supo, también, el artista encontrar a una mujer, bellísima, que tomó como modelo en las dos obras que antes hemos citado. Hablamos de Simonetta Cattanei, cuyo rostro, envuelto en la emoción, nos remite a un mundo en el que el ansia de conocimiento y la inquietud de la vida estaban entrelazados.

Simonetta, la mujer en la que encontró inspiración Botticelli cuando representó a Venus naciendo de las aguas del mar o a Flora, en el cuadro de “La Primavera”, quedará para siempre como símbolo del Renacimiento. En la obra de Botticelli, esta bellísima y sugerente mujer nos ha transmitido el inmenso secreto del humanismo renacentista, reflejando en su mirada un estado de ánimo embargado a la vez por la sabiduría que brinda el conocimiento y por el sentimiento gozoso de la vida.







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domingo, 31 de mayo de 2009

ANTIQVA ERÓTICO

Escena erótica representada en Pompeya
Imagen: Antiqva



Aquí fue donde Equicia,
mujer negra,
de complacientes maneras,
me enseñó a odiar a las mujeres blancas.

Quien ame a Equicia
arderá en negros carbones.



(Este poema, realmente un “Cuento Mínimo” en el que se aúnan erotismo y odio, está inspirado en la lectura de diversos grafitos amatorios que se han conservado en las paredes de Pompeya. Los versos, en concreto, intentan evocar lo que algún personaje anónimo habría escrito en la pared de uno de los cuartos de alguno de los "lupanares" que había en la ciudad.)


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