Apertura f/10
Tiempo de exposición 1/30 s
Velocidad ISO – 1.000
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
“No me podrán quitar el
dolorido sentir…"
Garcilaso
“En el primer balcón de la izquierda, allá en la casa de
piedra que está en la plaza, hay un hombre sentado. Parece abstraído en una
profunda meditación. Tiene un fino bigote de puntas levantadas. Está el
caballero, sentado, con el codo puesto en uno de los brazos del sillón y la
cara apoyada en la mano. Una honda tristeza empaña sus ojos…
¡Eternidad, insondable eternidad del dolor! Progresará
maravillosamente la especie humana; se realizarán las más fecundas
transformaciones. Junto a un balcón, en una ciudad, en una casa, siempre habrá
un hombre con la cabeza, meditadora y triste, reclinada en la mano. No le podrán quitar el dolorido sentir.”
Azorín, Castilla
- Esta fotografía la hice en una placita de Burgos, cuando ya
estaba anocheciendo, hace unos meses con motivo de un viaje por Castilla. No
reparé entonces en que en uno de los ventanales estaba una mujer. Si os fijáis,
podréis ver que ella está en la casa colorada, en el balcón cubierto de
cristalera de la planta de arriba. En ese momento estaba yo distraído con tres
cuestiones. De un lado, recordaba una conversación reciente con una amiga de
América que me había contado que una de sus bisabuelas había vivido, antes de
emigrar, en Burgos. De otro lado, tenía especial interés en captar al grupo que
está conversando, iluminado por una farola, en el rincón izquierdo de la
imagen. Finalmente, mi mente estaba también evocando el viejo texto de Azorín,
que he reproducido más arriba. Recuerdo ahora, cuando escribo estas palabras de
presentación de la fotografía, que hace ya mucho tiempo alguien me aconsejó:
“Lee a Azorín… No lo dudes, lee a Azorín…”, buen consejo, pienso.
Ha de decir, finalmente, que esta placita burgalesa está situada
en uno de los costados de la catedral. De hecho, en la zona de derecha de la
imagen, que expresamente no he querido recortar, se puede apreciar como surge
el edificio adornado con pináculos de este impresionante templo burgalés. Ese
anochecer, por si todo lo dicho fuera poco, el cielo que se alzaba por encima
de la placita se mostraba espectacularmente bello. El sol de la noche, al
reflejarse en las nubes bajas, las había teñido de unas tonalidades rojizas
espectaculares.











