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miércoles, 29 de mayo de 2013

Lo real y lo soñado

Apertura f/16
Tiempo de exposición 1/30 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 52 mm.
Compensación de la exposición -0,30
HDR




La realidad no importa; lo que importa es nuestro ensueño.
Azorín, La voluntad


Yo he soñado sin dormir...
Acaso sin despertarme,
Manuel Machado, En sueños


-De razones vive el hombre.
-Y de sueños sobrevive.
Miguel de Unamuno, Sobre la filosofía española



lunes, 28 de diciembre de 2009

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS

Imagen: Antiqva


El claustro del monasterio de San Juan de Duero, emplazado a pocos metros de este río tras haber salido de Soria por el puente medieval, es un espacio que se brinda al visitante envuelto en la magia y la irrealidad.

El monasterio, de estilo románico, fue fundado en el siglo XII por los caballeros hospitalarios de San Juan de Acre. Las arquerías entrelazadas de su claustro, dotadas de estremecedora belleza y que acusan la influencia de los alarifes del Islam, se alzan desnudas a los cielos casi gritando en el silencio de Castilla. Las envuelve un entorno mágico que no es sino lo que los sorianos denominaron el Monte de las Ánimas.

Aquí, en este paraje sobrecogedor, habría de ambientar Gustavo Adolfo Bécquer una de sus más populares leyendas. En otros tiempos, nos dejó escrito, este monte fue el escenario donde se desarrolló una sangrienta batalla entre los Templarios, que tenían su convento en el cercano monasterio de San Polo, y los nobles sorianos. Fue un enfrentamiento despiadado entre dos grupos de cristianos que tenían intereses contrapuestos. Desde entonces, como Alonso habría de decir a su prima Beatriz, todos sabían del peligro que entrañaba acercarse al Monte de las Ánimas en la noche de Todos los Santos, cuando los fantasmas de los muertos volvían a cabalgar con sus espadas ensangrentadas. Bécquer, en su narración, recreaba como Alonso habría de encontrar la muerte en una noche de terror cuando intentaba complacer una desafortunada petición de su prima.

Por un camino que transcurre en paralelo al río, que nace en San Juan de Duero y que tras dejar atrás San Polo conduce a la cercana ermita de San Saturio, gustaba de pasear Antonio Machado, de la mano de Leonor, la niña esposa, en sus felices años sorianos…


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jueves, 19 de noviembre de 2009

LAGUNA NEGRA DE SORIA

Imagen: Antiqva




Cuando Antiqva tuvo antes sus ojos la Laguna Negra de Soria no pudo sino evocar los versos que Antonio Machado nos había plasmado en “Campos de Castilla”:

“…agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas…”

Pensó Antiqva entonces que quizás algún día intentara escribir alguna ensoñación que le ayudara a recordar ese mágico lugar…





En las tierras altas de Urbión,
recordando a Antonio Machado





Cuando encontraron su cuerpo arropado en el barro,
nadie reparó en que su alma,
entre las negras aguas,
observaba.

Nunca, compañera fiel, había huido
de las frías honduras en las que el hombre
había dormido.

Cuentan todavía, tantos años pasados,
que a veces, por la noche, con las estrellas,
en el agua la han visto jugando.

Dicen que esas noches la Luna
refleja su sonrisa
en la negra laguna.


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martes, 4 de agosto de 2009

DONDE MACHADO NACIÓ AL AMOR

Claustro románico de San Juan de Duero

Ermita rupestre de San Saturio

El Duero desde la ermita de San Saturio
Por aquí traza el río su curva de ballesta en torno a Soria
Paralelo al río trascurre el camino por el que Machado y Leonor paseaban

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Imágenes: Antiqva




Antonio Machado, catedrático de Lengua Francesa, llegó a Soria en 1907, cuando contaba 32 años de edad. El 30 de julio de 1909 se casó con Leonor Izquierdo Cuevas, hija de la dueña de la pensión donde Machado había encontrado alojamiento. Cuando la conoció, Leonor era una niña de 15 años. José Tudela dejó escrito: “Antonio era alto, corpulento, fuerte, reposado y de familia burguesa, y Leonor era baja, menuda, muy femenina, nerviosa y de familia humilde.”

Antonio y Leonor fueron felices hasta que la muerte de ella, tres años después del matrimonio, los separó. Leonor “tan breve esposa como musa permanente” dejó una huella indeleble en el alma del poeta. En los momentos en que Leonor, gravemente enferma, caminaba hacia la muerte, pedía Machado un milagro que salvara su vida:

“Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

Mi corazón, espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.”

El milagro, desgraciadamente, no se produjo, y la jovencísima Leonor falleció. Sería entonces cuando Machado habría de escribir el que para nosotros es su poema más estremecedor:

“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.”

En estos días pasados Antiqva ha tenido ocasión de recorrer, entre sueños, los lugares por los que dos enamorados, Machado y Leonor, solían pasear. Antiqva ha caminado por las orillas sorianas del Duero, entre las ruinas románicas del monasterio de San Juan de Duero, los vestigios de la Orden del Temple en San Polo y la ermita de San Saturio. Allí, entre las aguas del Duero y los roquedos escarpados que serpentean en sus orillas, leímos algunos poemas a los amigos que nos acompañaban.

Recordemos ahora aquellos versos en los que, tras la muerte de Leonor y estando el poeta en Andalucía, Machado, con el corazón en sueños, evoca a la Soria en la que había nacido al amor. Machado, en su ensoñación, se siente de la mano de Leonor. Cuando salga de ella, se verá solo, caminando entre los polvorientos olivares de Jaén:

“Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…

¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco: dame
tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.”



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viernes, 31 de julio de 2009

EL RELOJ DE LA AUDIENCIA

Imagen: Antiqva




¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.


Este poema de Antonio Machado (Campos de Soria, VI) nos permite evocar a un soñador que gustaba de pasear por las calles y plazas de la mística y noble ciudad castellana acompañado por ese hombre que siempre iba consigo…

Cuando Antiqva captó la imagen de este reloj de la Audiencia soriana no pudo sino sentir un cierto estremecimiento. Parece que algunas cosas se nos brindan especialmente revestidas de Historia y sentimiento. Posiblemente nadie, salvo Antonio Machado, había reparado antes en la fuerza poética de lo que no es sino un simple artefacto mecánico…

Ahora, Antiqva se imagina la ciudad, en una noche fría, a la una de la madrugada… La luna llena lo alumbra todo y Soria, siempre sola, está bellísima. Es ahora cuando el breve sonido de la campana de la Audiencia marca la hora solitaria. Antiqva, incluso, puede contemplar como a lo lejos, camino de los soportales, Machado, retraído en sus sueños, las manos en los bolsillos de su abrigo, se aleja…



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lunes, 6 de julio de 2009

CAMPOS DE CASTILLA

Imagen: Antiqva



El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.

¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

Antonio Machado (Campos de Castilla)


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domingo, 5 de abril de 2009

ÉRASE DE UN MARINERO


Imágenes: Antiqva



Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor
y el marinero se fue
por esos mares de Dios.

Antonio Machado (Parábola)


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lunes, 23 de marzo de 2009

ROSAS

Imagen:Antiqva



Campanero es mi novio
y a su campana,
porque Rosa me llamo,
Rosa la llama…

Antonio Machado (Caminos del Alto Duero)




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domingo, 1 de marzo de 2009

ESOS DÍAS AZULES...

Imagen: Antiqva



La brisa del mar próximo
abrió un espacio de luz en el invierno.

Regresaban a ti,
en la hora mas triste,
como el milagro de otra primavera
que nunca llegaría,
esos días azules y ese sol de la infancia.

Qué habrán iluminado en tu hondo sentimiento,
qué imágenes de patios olorosos a azahar,
qué perfume a jazmín traerían a tu ensueño
entre un rumor de fuentes
esos días azules…

¿Ensueño todavía, o tan sólo memoria?

No; allá en el fondo de la mar no sueñan
los frutos de oro:
sólo estéril arena, piedras negras,
anémonas amargas, sin aroma.

(Mañana es nunca ya, tal vez pensabas)

Y sin embargo,
piadosa luz,
y muerte más piadosa que la vida,
que detuvo en los lienzos del recuerdo
contigo hacia la sombra,
tan lejanos y claros,
tan imposibles ya,
pero contigo, en ti al fin para siempre

-mañana es nunca, nunca, nunca-

esos días azules y ese sol de la infancia.

Ángel González (A.M.: Recuerdo y homenaje en un aniversario)
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(Antonio Machado, exiliado republicano, falleció en Francia en los momentos trágicos de la Guerra Civil. Fue entonces cuando alguien, en uno de los bolsillos de su chaqueta, encontró un papelito en el que el poeta había escrito el primer verso de su último poema: “Esos días azules y ese sol de la infancia”. Se cumplen ahora 70 años)



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jueves, 25 de diciembre de 2008

EVOCACIÓN ENSOÑADORA

Antiqva de la mano de su madre



“El poeta es el hombre que sabe soñar y expresar bellamente sus sueños; y el lector de poesía sueña, porque el poeta, mediante la expresión de sus propios sueños, ha sabido hacerle soñar un sueño a la vez repetido e inédito.

Tú sabes las secretas galerías
del alma, los caminos de los sueños,
y la tarde tranquila
donde van a morir...

Son éstos los sueños que conducen a los hombres hacia un modo de vivir en que la vida no pasa ni se consume; ese vivir transtemporal a que el hombre llega cuando recupera por evocación el tiempo perdido y al que llegará con su muerte cuando se acabe el tiempo de su vida:

Allí te aguardan
las hadas silenciosas de la vida,
y hacia un jardín de eterna primavera
te llevarán un día.

Mediante la evocación ensoñadora vuelve el alma a nacer y recupera el tiempo y la vida perdidos en el pasado:

¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre... Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.

Por eso puede decir Antonio Machado, dando ceñida expresión a su doctrina sobre la fugacidad y la repetibilidad del instante temporal:

De toda la memoria solo vale
el don preclaro de evocar los sueños.”

Pedro Laín Entralgo (La generación del Noventa y Ocho)





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viernes, 30 de noviembre de 2007

ESTUDIANTES DE SALAMANCA


De doctos labios recibieron ciencia
más de otros labios palpitantes, frescos,
bebieron del Amor, fuente sin fondo,
sabiduría.

Como en los troncos vivos de los árboles
de las aulas así en los muertos troncos(*)
grabó el Amor por manos juveniles
su eterna empresa.

Sentencias no hallaréis del Triboniano,
del Peripato no veréis doctrina,
ni aforismos de Hipócrates sutiles,
jugo de libros.

Allí Teresa, Soledad, Mercedes,
Carmen, Olalla, Concha, Blanca o Pura,
nombres que fueron miel para los labios,
brasa en el pecho.

Así bajo los ojos la divisa
del amor, redentora del estudio,
y cuando el maestro calla, aquellos bancos
dicen amores.

Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos...

Miguel de Unamuno (Salamanca)

(*) Nos habla el autor de los troncos de madera de los bancos. Hasta tiempos no demasiado alejados las mesas de los estudiantes no eran sino troncos de árboles en los que el alumno apoyaba sus libros. En ese sentido, en la Universidad de Salamanca se ha podido conservar un aula tal y como era en los tiempos en que impartía sus clases Fray Luis de León. Allí todavía están grabados los nombres de las muchachas por las que aquellos estudiantes suspiraron de amor.

domingo, 11 de noviembre de 2007

FUSIÓN


Querría, Dios, querer lo que no quiero:
fundirme en Ti, perdiendo mi persona,
este terrible yo por el que muero...

Miguel de Unamuno (Rosario de sonetos líricos)

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

MORIR SOÑANDO


(Último poema de Unamuno, muerto el 31-XII-1936)


Au fait, se disait-il à lui-meme, il parâit que
mon destin est de mourir en rêvant.
Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX, “La tranquilité”


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Morir soñando, sí, más si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar, nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿Y esto qué enseña?

Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿a qué poner en ello tanto empeño:

aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?

28 –día de los Inocentes- de diciembre de 1936

domingo, 14 de octubre de 2007

AIRES NACIONALES


Se pegó muy a conciencia... Se zurró con tan generosa voluntad y se quebraron en la fiesta tantas varas, que se peló de florestas Castilla.

Valladolid estuvo tres días con tres noches tartamuda bajo las ráfagas del tiroteo, con las manos en las orejas, medio ojo abierto sobre la soldadesca tiznada de pólvora, que penetraba a culatazos en las tabernas y hacía servicio de retén a la custodia de conventos y Bancos.

En Santa Clara, de Valladolid, la monja organista quedó loca para muchos días, suceso no extraño si se atiende a que una bala le rozó las tocas cuando sacaba agua del pozo. En aquel tiroteo hubo cinco muertos en la calle y un lorito en el balcón de Capitanía. Todo lo acarreaba la judaica pasión por los bienes terrenales, ahora más temosa con la quiebra fraudulenta del Banco de Castilla. Eran muchos los que lloraban arruinados, y unánimes en el rencoroso clamor por el castigo del presidente y los consejeros, santones de la opinión moderantista en las riberas del Pisuerga. Una providencia judicial, alzando el auto que los tenía en cárcel, sirvió de pretexto a los enemigos del orden. Comenzó la jarana con pedrea y rotura de cristales, alarma de gritos y susto de carreras. Salió la tropa, resbaló un caballo, holgóse el motín callejero alternando chifles y vayas, abroncáronse con estos los pechos militares, sonaron cornetas, encendió el aire la fusilada, y entre cirrus de pólvora, en charcas de sangre, cantaron su triunfo las ranas del orden. Cinco paisanos muertos, y aquel verdigualda cotorrín antillano, que las furias populares inmolaron a pedradas en el balcón de Capitanía. El restablecimiento del orden nunca se logra sin el sacrificio de vidas inocentes. La muerte de su cotorrín desconsoló a la señora generala. Recibía visitas de pésame en el estrado, y con mimos de cuarterona solicitaba del veterano esposo un castigo ejemplar para los crímenes de la demagogia. El general, marido complaciente, dictó un bando de farrucas retóricas y extremó ternezas conyugales disponiendo que fuese disecado el cotorrín para consuelo de su dueña y adorno de la consola. La generala, entre soponcios y congojas, con beata simplicidad, prometía donárselo a las monjas de Santa Clara: Su mitológica fantasía de criolla cuarterona ambicionaba que la maravilla verdigualda del cotorrín, emulase en los limbos monjiles a la blanca paloma del Espíritu Santo.

Ramón del Valle-Inclán (La Corte de los Milagros)

domingo, 23 de septiembre de 2007

DULCE SILENCIOSO PENSAMIENTO


Sweet silent thought
Shakespeare, Sonnet XXX

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En el fondo, las risas de mis hijos;
yo, sentado al amor de la camilla,
Heródoto me ofrece rica cilla
del eterno saber y entre acertijos
de la Pitia venal, cuentos prolijos,
realce de la eterna maravilla
de nuestro sino. Frente a mí, en su silla
ella cose y teniendo un rato fijos
mis ojos de sus ojos en la gloria
digiero los secretos de la historia,
en la paz santa que mi casa cierra,
al tranquilo compás de un quieto aliento,
ara en mí, como un manso buey la tierra,
el dulce silencioso pensamiento.

Miguel de Unamuno

MIGUEL DE UNAMUNO Y SALAMANCA


Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,
di tú que he sido.

Miguel de Unamuno

lunes, 23 de julio de 2007

DEMÓFILO

Don Antonio Machado padre, Demófilo, había sido folklorista insigne: ahí siguen sus Cantes Flamencos... Esos Cantes que habían de inspirar alguna obra teatral de los dos hijos poetas:

A Sebiya ba la Lola,
Consolación se ba ar Puerto,
La Nena la ejan sola.

En la colección de Demófilo está la tendencia popularista que luego cultivarán Antonio y Manuel y Fernando Villalón. Pero no ignoremos algo fundamental: el abuelo paterno, don Antonio Machado Núñez, catedrático, político, alcalde de Sevilla, etc., había sido trasladado a Madrid en 1883; siguiendo sus pasos marchó toda la familia. Las cosas no rodaron bien y Demófilo fue a parar a Puerto Rico como registrador de la propiedad. Regresó en 1893 con el tiempo justo para morir en Sevilla, donde había ido a recogerlo su mujer: contaba cuarenta y cinco años.

El recuerdo paterno dejó un emocionante testimonio en la obra de su hijo Antonio... en un soneto admirable (Nuevas canciones): el recuerdo de Sevilla, la casa donde nació y, ya, la presencia del padre, “aún joven”, que lee, escribe, hojea sus libros y, desde su tiempo intemporal, contempla el hijo envejecido.

Manuel Alvar (Prólogo a las Poesías completas de Antonio Machado)

ENSUEÑO POÉTICO DEL PADRE MUERTO

Antonio Machado y Álvarez, Demófilo

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Esta luz de Sevilla... Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. –La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio-,
mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta:
Va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.

Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.

Antonio Machado (Nuevas canciones)