Héctor Abad Faciolince – Tratado de culinaria para mujeres tristes
Páginas
Mostrando entradas con la etiqueta blanco y negro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta blanco y negro. Mostrar todas las entradas
viernes, 5 de febrero de 2016
A propósito del tiempo
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Ciudad de provincia
Honoré de Balzac – Eugenia Grandet
miércoles, 21 de octubre de 2015
Los payasos son hombres tristes
Nelle Harper Lee – Matar a un ruiseñor
lunes, 5 de octubre de 2015
Venecia
Thomas Mann – La muerte en Venecia
viernes, 25 de septiembre de 2015
Y la vida fue dos...
Eduardo Galeano – Espejos
domingo, 6 de septiembre de 2015
Retrato
Jorge Luis Borges – El libro de arena
sábado, 8 de agosto de 2015
La imagen del tiempo
Joseph Brodsky – Marca de agua
martes, 26 de mayo de 2015
viernes, 22 de mayo de 2015
El viajero enamorado
El viajero, tras haber visitado una torre museo de raíces medievales disfrutaba ahora de las delicias primaverales del otoño del sur. Estaba paseando por un viejo puente cuyos orígenes se remontaban a otros tiempos en que los héroes de los antiguos mitos habían vivido en la tierra. Dirigía sus pasos a la Mezquita Aljama de la ciudad, cuya silueta se alzaba majestuosa al otro lado del río.
Cuando llegó a la altura de una estatua pétrea de San Rafael, protector de la ciudad en otros tiempos en que había más devoción, fue cuando le llamó la atención una muchacha morena, de rasgos agitanadamente bellos, que estaba haciendo ejercicios de malabarismo con una pequeña antorcha. Supo que la chica no actuaba para nadie salvo él, ya que en ese momento no había allí ninguna otra persona. Echó una moneda en el plato de plástico que estaba en el suelo y al mirar a la muchacha reparó en que también ella lo estaba mirando y le sonreía. En ese mismo instante, en ese cruce de miradas, fue cuando la magia lo envolvió todo y el viajero supo que esa chica iba a ser la mujer de su vida. El también la sonrió. Tenía la certeza de que el amor había atracado en el cuerpo de su alma, tan desolado por tantos naufragios anteriores. Se dijo que iba a hacer lo imposible para conseguirla. No podía permitirse que como en tantas otras ocasiones esa mujer terminara esfumándose.
Unos instantes después una pareja se les acercó. Estuvieron observando las acrobacias y echaron también una moneda. La muchacha, ante este gesto, y para desesperanza del viajero, también les sonrió como antes le había sonreído a él. El viajero se sintió traicionado. Quedó inmóvil, entristecido, mientras ellos se fueron alejando y la chica se agachaba para recoger las monedas. Ya no le prestaba ninguna atención.
Pasó un tiempo antes de que el viajero, al fin, saliera de su letargo. Estaban llegando ahora a sus oídos los sones melodiosos del Adagio de Albinoni. Alguien los estaba interpretando. El viajero quiso saber quién era y al alzar sus ojos observó que algo más allá una muchacha de aspecto eslavo, rubia, menuda de cuerpo pero de bellas facciones estaba tocando el violín.
El viajero no lo dudó. Sacó otra moneda de su bolsillo y con ella en la mano, sonriendo de amor, se dirigió a la violinista.
miércoles, 22 de abril de 2015
El mejor de los mundos
Paul Auster – El Libro de las Ilusiones
viernes, 9 de enero de 2015
De las cosas que suceden
El presentimiento de haber vivido ya lo que nos ocurre ahora mismo y de no saber cuándo ni dónde, de soñar algo que hemos soñado otras veces…
Antonio Muñoz Molina – Epílogo y Arqueología de un Libro
martes, 22 de julio de 2014
Soledades
Rosa Montero – La ridícula idea de no volver a verte
viernes, 13 de diciembre de 2013
Un rayo de luz
A finales de los años ochenta Antonio Muñoz Molina recibió el encargo de escribir un libro que acercara al hombre moderno lo que había sido la cultura y la sensibilidad de la Córdoba de los omeyas, por lo que para documentarse se desplazó a la ciudad. Fue entonces, cuando recorría el espacio sagrado de la sala de oración de la Mezquita Aljama, cuando fue consciente de que una y otra vez se estaban desplegando ante él las perspectivas móviles de unas columnas que simulaban un bosque sagrado, y de unas bellísimas floraciones blancas y rojas que se manifestaban en sus arquerías. Dejó escrito entonces que tenía el convencimiento de que Baudelaire estaba aludiendo a la Mezquita de Córdoba cuando escribió que la naturaleza es un templo de vivientes pilares.
La fotografía que he titulado “Un rayo de luz”, de la que brindo ahora una edición renovada en blanco y negro, fue consecuencia de un pequeño “milagro”, ya que es una imagen casual, en absoluto preparada. Era una mañana de invierno, a primera hora, y yo estaba recorriendo la soledad de la inmensa galería de columnas cuando en cierto momento reparé en que un rayo de luz atravesaba la techumbre del templo y venía a caer sobre el enlosado del suelo. Hice algunas mediciones y cuando estaba enfocando escuché un alboroto a mi alrededor. Era un grupo de niños, que al poco se había colocado providencialmente en el espacio que yo deseaba fotografiar. Iban dirigidos por dos jóvenes profesoras y una de ellas, durante unos segundos, los estuvo contando. Cuando se cercioró de que no faltaba ninguno, siguieron todos caminando en dirección al mihrab, el espacio más sagrado del templo. Esos segundos son los que yo aproveché para hacer la imagen. De hecho, al momento tomé una segunda fotografía, pero el grupo ya se estaba dispersando. Hice la fotografía a pulso, ya que en el interior de la Mezquita no está permitido el uso de flash.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Chispas de colores
Me han deseado muchos y por diversas causas: porque soy un monstruo y porque soy perfecta, porque soy muy vieja o porque parezco una niña. Todos quisieron mi cuerpo y lo han tenido; algunos, más bestiales y crueles, también tuvieron mi dolor o mi miedo. Pero sólo un hombre obtuvo mi voluntad y mi tiempo. Aquel hombre me hizo su esclava, porque le amé y le amo. Y la pasión es una enfermedad del alma que te hace perder la libertad irremisiblemente. No hay pasión sin esclavitud; y si quieres a alguien sin ese sentido de derrota, sin esa dependencia ansiosa del ser amado, entonces es que no le amas de verdad. El amor es la droga más fuerte y más perversa de la naturaleza; es un mal luminoso, que te engaña con sus chispas de colores mientras que te devora. Pero una vez que has conocido la vida febril de la pasión, no puedes resignarte a regresar al mundo gris de la pasión sensata…"
Rosa Montero, Bella y oscura
jueves, 21 de noviembre de 2013
El tiempo sin relojes
Apertura f/11
Tiempo de exposición 1/320 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR
El día que los relojes se pararon Angélica suspiró. Pensó que al fin iba a tener un tiempo para descansar. Se sentía agotada, y sin relojes no podía saber a que hora llegaría Tasio. Tumbada en el sofá, mientras se esforzaba en seguir el último capítulo de “El tiempo entre costuras” que había grabado la noche anterior, se sintió invadida por el sueño. Poco a poco fue cerrando los ojos. Fue algún tiempo después, cuando despertó, cuando sintió que la casa estaba impregnada de un desagradable olor a chumusquina. Reparó entonces, perpleja, en que la pizza que estaba horneando se había achicharrado. Maldita sea, se dijo, lo de los relojes no ha sido un sueño. Todos los relojes de la casa se han parado realmente y también ha dejado de funcionar el temporizador del horno. Ha faltado poco para que saliéramos ardiendo. Ay, Señor, la que he podido liar. Y Tasio tiene que estar ya a punto de llegar. Hoy, si queremos comer, tendremos que picar algo en el bar de la plaza.
Fue él, cuando llegó, quien le dijo que la gente, alborotada, estaba fantaseando acerca del asunto de los relojes, que al parecer había afectado a todo el pueblo. Algunos argumentaban que la culpa la habría tenido la empresa que estaba haciendo prospecciones en el subsuelo buscando donde alojar los sobrantes de gas natural; otros, sin embargo, entre ellos Cándida, la quiosquera, sostenían que era cosa de los americanos, que esa mañana habrían estado espiándolo todo desde sus aviones invisibles. La mujer, a voces, había insistido en que muchas veces, mirando al cielo, había distinguido sus reflejos metálicos entre las nubes. Lo que pasaba, a fin de cuentas, había sentenciado la portera, siempre en palabras de Tasio, era que en estos tiempos de locura la modernidad estaba corriendo tanto que hasta los relojes, derrotados de puro esfuerzo, estaban dejando de funcionar.
-Esta fotografía la hice en Oña, un pueblecito de Burgos, hace algunos meses. El edificio del fondo es el monasterio de San Salvador. Hace algún tiempo debí subir la imagen en color. Ahora la he editado de nuevo y la he trabajado solo en escala de grises...
-Esta fotografía la hice en Oña, un pueblecito de Burgos, hace algunos meses. El edificio del fondo es el monasterio de San Salvador. Hace algún tiempo debí subir la imagen en color. Ahora la he editado de nuevo y la he trabajado solo en escala de grises...
domingo, 17 de noviembre de 2013
Contraluz con mujer
Apertura f/16
Tiempo de exposición 1/160 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 22 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR
La señorita C. cree que algún día volverá a ser la niña que fue. Es cuestión de tiempo. Sabe que la trama de la vida consiste en irla deshaciendo.
-Esta fotografía la hice en Madinat al-Zahra un día que había amanecido poblado de bellísimas nubes. Era una de esas mañanas que brindan una luz espectacular, muy matizada por las nubes, así que cogí la máquina y me acerqué al conjunto arqueológico, que está situado a unos ocho kilómetros de Córdoba, en la estribaciones de Sierra Morena. Una vez allí, estaba haciendo las primeras fotografías cuando llegó la chica, una desconocida, y se colocó en esa postura tan sugerente. Supongo que habré publicado antes la imagen original en color, pero quien sabe donde estará...
martes, 22 de octubre de 2013
El sol del otoño
Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/160 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 75 mm.
Compensación de la exposición -0,30
HDR
La señorita C. quería eludir los negros rincones de las pesadillas extraviadas y para conseguirlo, cada noche, al acostarse, se concentraba en el recuerdo de su niñez. Quería soñar sus recuerdos, vivirlos de nuevo, y noche tras noche soñaba con la niña que había sido, y en sus sueños sentía que la niña estaba soñando, feliz, con la mujer que algún día habría de ser, con la mujer que ahora era, y en ese vértigo de sueños llegó a sentirse tan inerme como confortada. Solo el calor de la niñez le arropaba en el frío de la noche.
miércoles, 5 de junio de 2013
Indiferencia
Apertura f/13
Tiempo de exposición 1/320 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 34 mm.
Compensación de la exposición -0,70
Creo que nuestra sociedad se está insensibilizando del dolor de los jóvenes...
Cuando hice la foto no tuve tiempo de pensar mucho, ni siquiera reparé en la actitud de la "gente de bien" de la tribuna, fue después, cuando la editaba en el ordenador, cuando sentí una pena inmensa al tomar conciencia de la "soledad" de los más desfavorecidos...
sábado, 13 de diciembre de 2008
DE CIERTAS TRISTEZAS
Hace unos días, Antiqva, paseando por el campo, quizás un poco melancólico por las lluvias, decidió tomar algunas imágenes en blanco y negro. En ellas vemos las ramas de una higuera que despojadas de sus hojas y solitarias se recortan al cielo con unas desangeladas nubes de fondo.
Petita Petitesa, una buena amiga, reparando en que todo sugería que Antiqva ese día no estaba demasiado animado, publicó en su cuaderno lo siguiente:
“Creo que Antiqva me ha dado permiso para “sustraerle” unas fotos; digo creo, porque no he querido insistir mucho, no fuera que lo del permiso no estuviera muy claro.
Suelo sustraer fotografías de vez en cuando, solo las tomo y las guardo, después, en ocasiones las observo; no son fotografías “artísticas” de esas fabulosas que hay por la red, suelen ser imágenes que me llaman la atención, que creo, que de alguna manera ocultan más de lo que muestran. Me recuerdan a esas creencias indígenas que piensan, que si les tomas una fotografía, el alma del individuo fotografiado quedara presa irremediablemente en la imagen.
Yo estoy convencida, de que muchas fotografías tienen un alma dentro. Estas en particular, me parecen hechas a propósito para acompañar este poema de Dario Jaramillo Agude:
Bienvenida vieja amiga, te creí ausente y aquí estabas escondida, confundida conmigo;
bienvenida, ahora que te veo, bienvenida a tu más propia casa, el latido de mi sangre,
a ti te acojo en el tiempo largo del poema, en el suave sueño, en el hormigueo de mi mano izquierda,
ven, báñate conmigo, una ducha caliente que golpee la espalda,
-ah, desnudos sí que tú y yo somos uno solo-,
préstame una de tus camisas blancas de algodón,
ven, tomemos café, sin azúcar: así lo bebo solamente contigo,
amiga, ladilla, sombra,
y fumemos viendo el cambio de color de la montaña, fúndete conmigo para que pueda mirar cómo amanece,
ven, cántame una canción, aguántame la risa de gozarte hasta el tuétano, generosa mía,
llévame así, apacible, a este o aquel libro, deja que te lea en voz alta y dime si te aburres,
vuélvete música, almohada; convierte, maga, tu sustancia en humo, en el umbral de las visiones,
liba conmigo la euforia santa del silencio,
alucina, muchacha de mi vida, y cuenta tu cuento mientras yo, torpe, tomo tu dictado:
tacha siempre toda espera o esperanza, que no sienta el tiempo,
y baila conmigo la danza de la sonrisa en el ojo de la mente hasta caer inseparablemente
juntos, fulminados.”
Petita Petitesa, una buena amiga, reparando en que todo sugería que Antiqva ese día no estaba demasiado animado, publicó en su cuaderno lo siguiente:
“Creo que Antiqva me ha dado permiso para “sustraerle” unas fotos; digo creo, porque no he querido insistir mucho, no fuera que lo del permiso no estuviera muy claro.
Suelo sustraer fotografías de vez en cuando, solo las tomo y las guardo, después, en ocasiones las observo; no son fotografías “artísticas” de esas fabulosas que hay por la red, suelen ser imágenes que me llaman la atención, que creo, que de alguna manera ocultan más de lo que muestran. Me recuerdan a esas creencias indígenas que piensan, que si les tomas una fotografía, el alma del individuo fotografiado quedara presa irremediablemente en la imagen.
Yo estoy convencida, de que muchas fotografías tienen un alma dentro. Estas en particular, me parecen hechas a propósito para acompañar este poema de Dario Jaramillo Agude:
HOLA SOLEDAD
Bienvenida vieja amiga, te creí ausente y aquí estabas escondida, confundida conmigo;
bienvenida, ahora que te veo, bienvenida a tu más propia casa, el latido de mi sangre,
a ti te acojo en el tiempo largo del poema, en el suave sueño, en el hormigueo de mi mano izquierda,
ven, báñate conmigo, una ducha caliente que golpee la espalda,
-ah, desnudos sí que tú y yo somos uno solo-,
préstame una de tus camisas blancas de algodón,
ven, tomemos café, sin azúcar: así lo bebo solamente contigo,
amiga, ladilla, sombra,
y fumemos viendo el cambio de color de la montaña, fúndete conmigo para que pueda mirar cómo amanece,
ven, cántame una canción, aguántame la risa de gozarte hasta el tuétano, generosa mía,
llévame así, apacible, a este o aquel libro, deja que te lea en voz alta y dime si te aburres,
vuélvete música, almohada; convierte, maga, tu sustancia en humo, en el umbral de las visiones,
liba conmigo la euforia santa del silencio,
alucina, muchacha de mi vida, y cuenta tu cuento mientras yo, torpe, tomo tu dictado:
tacha siempre toda espera o esperanza, que no sienta el tiempo,
y baila conmigo la danza de la sonrisa en el ojo de la mente hasta caer inseparablemente
juntos, fulminados.”
.
Creo que todos entenderéis que ahora Antiqva, pasados unos días, haya decidido incluir todo esto en su sección de "Premios", porque, sin duda, las palabras de Petita Petitesa son un bellisimo premio que uno ha recibido.
.
jueves, 11 de diciembre de 2008
ABRAZADA
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















