Mónica Carrillo – La luz de Candela
Páginas
Mostrando entradas con la etiqueta retratos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta retratos. Mostrar todas las entradas
miércoles, 17 de febrero de 2016
Esa manera de mirar y escuchar
domingo, 31 de enero de 2016
Un retrato callejero
Susana Fortes – Esperando a Robert Capa
jueves, 21 de enero de 2016
Retrato andalusí
Mónica Carrillo – La luz de Candela
domingo, 22 de noviembre de 2015
Miradas
Susana Fortes – Esperando a Robert Capa
domingo, 1 de noviembre de 2015
La mujer oriental
Banana Yoshimoto – Sueño profundo
domingo, 6 de septiembre de 2015
Retrato
Jorge Luis Borges – El libro de arena
jueves, 26 de febrero de 2015
Caperucita en el palacio
domingo, 22 de febrero de 2015
La mirada
Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado.
Julio Llamazares – El día de mañana
viernes, 13 de febrero de 2015
Muchas veces sueña
Mario Cuenca Sandoval – Los hemisferios
miércoles, 11 de febrero de 2015
Tiempo de carnaval
Ramiro Pinilla – Los cuentos
lunes, 24 de noviembre de 2014
El hombre inmóvil
A las once y media de la noche, cuando ya nadie paseaba por el parque, las luces se apagaron y todo quedó sumido en la oscuridad. Para entonces, sus ojos lloraban. Si hubiera podido hablar, habría chillado hasta enronquecer pero no podía hacerlo. El hombre inmóvil estaba solo. El mundo se había desentendido de él.
A eso de las cuatro de la madrugada, cuando estaba exhausto, fue cuando tomó conciencia de que lo que estaba viviendo no podía ser real. En un instante, pleno de gozo, su mente pareció despertar y descubrió al fin que todo tenía que ser una pura fantasía. Lo que sucedía, sin duda, era que él seguía durmiendo. Estaba, simplemente, soñando. Eso es lo que pasaba, todo era una pesadilla, y se sintió feliz ante esa esperanza. “Tengo que despertar, pensó. Todo es un sueño, solo es un mal sueño.” Pero no pudo hacerlo. El hombre inmóvil, por más que lo intentó, no pudo despertar. Y lo que él pensaba que era una pesadilla prosiguió.
Sus ojos solo se abrieron, al fin, a las 6.30 de la mañana, cuando, como todos los días, mecánicamente puntual, el reloj le sobresaltó con su chirriante sonido.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Un vacío indiferente
La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia…
Milán Kundera – El libro de la risa y del olvido
viernes, 29 de agosto de 2014
De los goces del Paraíso
Los pobres de espíritu y los ascetas están excluidos de los goces del Paraíso porque no los comprenderían.
Jorge Luis Borges – El libro de los Seres Imaginarios
lunes, 25 de agosto de 2014
Miradas
En los ojos de la gente puede verse lo que verán, no lo que han visto.
Alessandro Baricco – Novecento
martes, 22 de julio de 2014
Soledades
Rosa Montero – La ridícula idea de no volver a verte
jueves, 12 de junio de 2014
Alegoría de Hispania
Se ha sugerido que podría tratarse de una representación de la ninfa Hispania.
Es mi obra preferida del museo sevillano (y eso que se exhiben en él muchas piezas magníficas procedentes de Italica).
miércoles, 28 de mayo de 2014
Retrato en rojo
-¡Cójela, coje la rosa!
-¡Que no, que es el sol!
La rosa de llama,
la rosa de oro,
la rosa ideal.
-¡Que no, que es el sol!
-La rosa de gloria,
la rosa de sueño,
la rosa final.
-¡Que no, que es el sol!
¡Cójela, coje la rosa!
Juan Ramón Jiménez, Rosa última
jueves, 24 de abril de 2014
Sueños
Gabriel García Márquez - Ojos de perro azul
viernes, 18 de abril de 2014
domingo, 13 de abril de 2014
La mujer de Oriente
Madame Blanche estaba sentada en una gran butaca, junto a la ventana. Vestía un kimono de tela ligera completamente blanco. En los dedos, como si fueran anillos, llevaba unas pequeñas flores de color azul intenso. El cabello negro, reluciente; el rostro oriental, perfecto.
-¿Qué os hace pensar que sois lo suficientemente rico como para acostaros conmigo?
Hervé Joncour permaneció de pie, frente a ella, con el sombrero en la mano.
-Necesito que me hagáis un favor. No me importa el precio.
Después sacó del bolsillo interior de la chaqueta una pequeña hoja de papel, doblada en cuatro, y se la tendió.
-Tengo que saber qué es lo que hay escrito.
Madame Blanche no se movió ni un milímetro. Tenía los labios entrecerrados, parecían la prehistoria de una sonrisa.
-Os lo ruego, madame.
No había ningún motivo en el mundo para que lo hiciera. Sin embargo, cogió la hoja de papel, la abrió, la miró. Levantó los ojos hacia Hervé Joncour, volvió a bajarlos. Dobló de nuevo la hoja, lentamente. Cuando se adelantó para devolvérselo, el kimono se le entreabrió apenas, a la altura del pecho. Hervé Joncour vio que no llevaba nada debajo, y que su piel era joven y de un blanco inmaculado.
-Regresad o moriré.
Lo dijo con voz fría, mirando a Hervé Joncour a los ojos y sin dejar escapar el menor gesto.
-Regresad o moriré.
Hervé Joncour volvió a meter el papel en el bolsillo interior de la chaqueta.
-Gracias.
Esbozó una pequeña reverencia, después se dio la vuelta, se dirigió hacia la puerta y quiso dejar algunos billetes en la mesa.
-Dejadlo estar.
Hervé Joncour dudó un instante.
-No hablo del dinero. Hablo de esa mujer. Dejadlo estar. No morirá y vos lo sabéis.
Sin volverse, Hervé Joncour depositó los billetes en la mesa, abrió la puerta y se marchó.
Alessandro Baricco - Seda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















