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martes, 6 de enero de 2015

Cuesta del Bailio





Muchachas que buscabais
el gran amor, el gran amor terrible,
qué ha pasado, muchachas?

Tal vez
el tiempo, el tiempo!

Pablo Neruda – Los versos del capitán





lunes, 2 de junio de 2014

Las soledades y el pájaro





Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tu no huyes…


Pablo Neruda – Veinte poemas de amor y una canción desesperada





jueves, 16 de febrero de 2012

Claroscuro en Sevilla

Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/250 s
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm
Modo de mediación: diseño
Compensación de la exposición -0,7


"He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos…

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?"

Pablo Neruda

domingo, 16 de noviembre de 2008

ROBOS



En la noche entraremos
a robar
una rama florida.

Pablo Neruda (La rama robada)



-El acebuche (olivo silvestre) de la imagen, traído de la sierra en las entrañas de algún pájaro, fue robado por Antiqva a la naturaleza hace unos años y plantado en una maceta. Algo de cariño debe de haberle llegado cuando pasado tanto tiempo sigue viviendo, tan feliz como destartalado, a pesar de que es sabido que las plantas silvestres no suelen admitir el cautiverio. Esa prisión, para tranquilidad de las mentes sensibles, salvó sin duda la vida de la planta, que en otro caso habría sucumbido a los herbicidas de uso agrícola.

.

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.