Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta homero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta homero. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de febrero de 2014

Mediterraneo







Anoche, arrastrado por el mar, llegó al pueblo un loco. Decía que era nuestro rey pero se cubría con unas calzas pardas y con una capa teñida de mugre. Dando gritos, se empeñó en hablar con la reina y los soldados tras expulsarlo del palacio, al ver que no se iba, tuvieron que azuzarle los perros. Huyendo de las fieras, el loco encontró refugio en la taberna de Aristo, donde se sintió confuso al ver que nadie reconocía su majestad. Alguien le ofreció un vaso de vino caliente y él, con ademanes exaltados, habló de sus viajes por mares por los que nunca antes habían navegado los hombres, de sus hazañas en guerras de fantasía que ya nadie recordaba, de sus amores con sirenas que devoraban a los marinos y de cómo había matado a un ser monstruoso que tenía un solo ojo en la frente y que criaba cabras en los riscos de un islote que ni siquiera tenía nombre. Escuchando sus palabras de majadero todos reían. Solo el ciego Homero, con el semblante adormecido por el vino, dijo que quizás alguna de esas hazañas mereciera ser fabulada algún día por los poetas.


A la mañana siguiente, el loco insistió en hablar con la reina y los soldados, cansados de tanto alboroto, lo apalearon. Algo después se le vio abandonar el pueblo tambaleándose, camino nuevamente del mar. Una bandada de chiquillos lo acompañaba. Mientras caminaban a su lado, se reían de él y le tiraban piedras. Dicen que a Safo, una niña que no le insultaba y que lo miraba con aire de tristeza, le dijo, entre los ladridos de los perros y las risotadas de los niños, que se llamaba “Nadie”.




viernes, 22 de agosto de 2008

CONSORCIOS AMOROSOS

Helena y Paris
Eduardo García Benito (Art Déco)


HELENA:

¡Vienes de la lucha, y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Ares, en fuerza, en puños y en el manejo de la lanza; pues provócale de nuevo a singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que en seguida sucumbas, herido por su lanza.

Respondióle Paris con estas palabras:

PARIS:

Mujer, no me zahieras con amargos baldones. Hoy ha vencido Menelao con el auxilio de Atenea; otro día le venceré yo, pues también tenemos dioses que nos protegen. Más, ea, acostémonos y volvamos a ser amigos. Jamás la pasión se apoderó de mi espíritu como ahora; ni cuando, después de robarte, partimos de la amena Lacedemonia en las naves surcadoras del ponto y llegamos a la isla de Cránae, donde me unió contigo amoroso consorcio: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera.

Dijo, y empezó a encaminarse al tálamo; y en seguida le siguió la esposa.

Acostáronse ambos en el torneado lecho…


Homero (Ilíada, rapsodia III)
.

jueves, 21 de agosto de 2008

POEMAS HOMÉRICOS


Las sirenas cantaron, dejando oir su hermosa voz
(Odisea, canto XII)
Eduardo García Benito (Art Déco)




Ningún poeta ha ejercido tanta influencia sobre las letras occidentales como Homero. Su “Ilíada”, poema de guerras y batallas, está escrita con entusiasmo, con un vigor heroico y apasionado. En su “Odisea”, en cambio, ese vigor se hace reflexivo, la reflexión se torna moral, la moral, artificio, y el artificio, sentimiento.

Lo que en la “Ilíada” es poesía bélica, en la “Odisea” es aventura novelesca. Si en la “Ilíada” el paisaje se reduce a la vasta llanura que separa la playa de los muros de Troya, en la “Odisea” el poeta despliega ante nosotros toda una colección de paisajes legendarios por los que discurre Ulises u Odiseo, el héroe novelesco por excelencia. Si en la “Ilíada” aparece la aristocracia heroica en la cumbre de su poder, en la “Odisea” la vemos seriamente quebrantada, y hasta satirizada en las personas de los pretendientes.

La “Ilíada” es, sin duda, más antigua que la “Odisea”. Así lo demuestran el lenguaje y el estilo narrativo. Parece lógico y verosímil que Homero compusiera la primera en sus años juveniles, y que reservara para más adelante la redacción de la “Odisea”, un poema de curso menos tenso y más sosegado. De cualquier forma, las diferencias de estilo y de temperamento entre “Ilíada” y “Odisea” no excluyen, de manera alguna, su comunidad de origen. El poeta, como diría Borges, puede ser, a la vez, “otro y el mismo”.

Los poemas homéricos han admitido gozosamente a lo largo de la historia traslaciones iconográficas de todo tipo. Esta de García Benito, de 1939, nos regala un Homero exquisitamente “déco”. Benito acierta tanto en la factura de las ilustraciones como en la elección de los pasajes ilustrados. Se merecía este homenaje.

Luis Alberto de Cuenca (Homero Déco)




.

lunes, 16 de junio de 2008

DE CUERPOS Y ALMAS



(Habla el alma de Patroclo)

¿Duermes, Aquileo, y me tienes olvidado? Te cuidabas de mí mientras vivía, y ahora que he muerto me abandonas. Entiérrame cuanto antes, para que pueda pasar las puertas del Hades; pues las almas, que son imágenes de los difuntos, me rechazan y no me permiten que atraviese el río y me junte con ellas; y de este modo voy errante por las alrededores del palacio, de anchas puertas, de Hades. Dame la mano, te lo pido llorando; pues ya no volveré del Hades cuando hayáis entregado mi cadáver al fuego…

Respondióle Aquileo, el de los pies ligeros:

-¿Por qué, cabeza querida, vienes a encargarme estas cosas? Te obedeceré y lo cumpliré todo como lo mandas. Pero acércate y abracémonos, aunque sea por breves instantes, para saciarnos de triste llanto.

En diciendo esto, le tendió los brazos, pero no consiguió asirlo: disipóse el alma cual si fuese humo y penetró en la tierra dando chillidos…

Homero (La Ilíada – Canto XXIII)
.
------------------------

.
En este pasaje de la Ilíada, muerto Patroclo, Homero nos habla de algunas de las creencias de los antiguos griegos acerca de la muerte y del más allá. Ante todo, nos confirma la necesidad de que el cadáver sea adecuadamente honrado tras la muerte (funerales) ya que en otro caso, el alma del difunto no podrá atravesar las puertas del Hades ni, por tanto, encontrar el descanso.

Pensaban los griegos, y también –luego- los romanos, que los muertos a los que no se tributaban unos adecuados ritos fúnebres al no poder acceder al Hades se veían convertidos en sombras errantes que disgustadas con los hombres solían ocasionarles males de todo tipo. Estas almas errantes (los démones) eran objeto de prácticas de tipo maléfico por parte de los magos.

En el último párrafo, Homero nos confirma la imposibilidad de que un humano pueda estrechar en sus brazos al alma de un difunto, que se disipará en el aire como humo. Tambien se nos dice que es en el momento del sueño cuando los difuntos pueden ponerse en contacto con los hombres, ya que entonces es cuando con los sentidos corporales dormidos el alma del durmiente está más abierto a ese tipo de percepciones.



.

jueves, 31 de enero de 2008

LOS FUNERALES DE HÉCTOR




En “La Ilíada”, Homero nos brinda una sugerente información acerca de cómo se realizaban los funerales de los griegos en los tiempos antiguos:

“Así habló, llorando, y todos, al oírla, se hicieron eco de sus gemidos. Y el anciano Príamo dijo al pueblo:

-Troyanos, id a por leña al Ida sin temor a las emboscadas de los aqueos, pues Aquiles me prometió en su tienda no causaros daño hasta que llegue la duodécima aurora.-

Oyéndole, la gente del pueblo unció a los carros bueyes y mulos y salió de la ciudad. Por espacio de nueve días acarrearon abundante leña; y cuando por décima vez apuntó la Aurora que trae la luz a los mortales, sacaron, sin poder mitigar el llanto, el cadáver del esforzado Héctor, lo pusieron en la pira y la prendieron fuego.

Al día siguiente, apenas la Aurora apareció trayendo la mañana, congregase el pueblo en torno a la pira. Extinguieron con vino la ceniza aún ardiente, y los parientes y amigos de Héctor recogieron sus huesos blanqueados por las llamas, los pusieron en una urna de oro y los cubrieron con un velo de púrpura. Luego depositaron la urna en un hoyo profundo, que cubrieron con muchas piedras enormes, y amontonando tierra encima erigieron un túmulo. Entretanto habían puesto centinelas en las torres por si los aqueos les atacaban. Levantado el túmulo, el pueblo se congregó en el palacio de Príamo, donde se celebró el espléndido banquete fúnebre. Así terminaron los troyanos los funerales del valerosísimo Héctor, domador de caballos.”

Homero (La Ilíada – Canto XXIV)