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domingo, 10 de enero de 2016

El viaje imaginario





¿Se pueden tener memorias y nostalgias de un lugar donde nunca se estuvo?

Alvaro Cunqueiro – Viajes imaginarios y reales





lunes, 19 de octubre de 2015

La casa azul





Se me ocurre que aquí puede residir una de las diferencias entre la juventud y la vejez: cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás.

Julian Barnes – El sentido de un final





jueves, 6 de agosto de 2015

Soledades





Siempre hay para nosotros una vida mejor que la nuestra en algún sitio, pero hay que saber encontrarla.

Francisco Umbral – La forja de un ladrón





martes, 28 de julio de 2015

Junto al camino





Detrás, junto al camino, existe un cementerio de cosas gastadas, en donde yacen el hierro sarroso, pedazos de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos, cajetillas de cigarrillos vacios, aserrín y cinc, plástico envejecido, llantas rotas, esperando como nosotros la resurrección.

Ernesto Cardenal – Gethsemaní


-Esta imagen la hice cuando caía la tarde en Simancas, un pueblecito de Castilla la Vieja, próximo a Valladolid. En un primer plano, se aprecia lo que fue una antigua fábrica harinera. Más allá, un viejo puente de origen medieval salva las aguas del Pisuerga.





viernes, 19 de junio de 2015

Noche de verano

 
 
 
Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus sombras negras en la arena blanca.
En el cenit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.
 
Antonio Machado – Campos de Castilla
 
 
Esta fotografía la hice en la Plaza Mayor de Ávila.
 
 
 
 
 

viernes, 12 de junio de 2015

Nuestra Señora de la Antigua

 
 
 
 
Vida tras vida, fueron
olvidando los hombres
aquella diosa virgen
que misteriosamente, desde el cielo,
con amor apacible
asiste a sus vigilias
en el silencio dulce de las noches.
 
Luis Cernuda – Noche de Luna
 
 
 
- Nuestra Señora de la Antigua es un templo en el que se aúna lo románico y lo gótico. Alza su torre a los cielos de Valladolid.
 
 
 
 
 

miércoles, 10 de junio de 2015

Noche de Luna

 
 
 
 
Definitivamente frente a frente
el silencio de un mundo que ha sido
y la pura belleza tranquila de la nada.
 
Luis Cernuda – Noche de Luna
 
 
Esta imagen está tomada en la Basílica de San Vicente, en Ávila.
 
 
 
 
 

martes, 7 de abril de 2015

La viajera asombrada







Este grupo escultórico, obra de Juan de Juni, se exhibe en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.





domingo, 12 de octubre de 2014

El mundo de los espejos





En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz; se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Este rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.

Jorge Luis Borges – El libro de los Seres Imaginarios





viernes, 26 de septiembre de 2014

El otoño y su luz





El arte es una herida hecha luz, decía Georges Braque. Necesitamos esa luz, no sólo los que escribimos o pintamos o componemos música, sino también los que leemos y vemos cuadros y escuchamos un concierto. Todos necesitamos la belleza para que la vida nos sea soportable. Lo expresó muy bien Fernando Pessoa: “La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta.” No basta, no. Por eso estoy redactando este libro. Por eso lo estás leyendo…

Rosa Montero – La ridícula idea de no volver a verte





lunes, 18 de agosto de 2014

Una luna llena estaba siniestra en el cielo





De repente Lori no aguantó más y llamó por teléfono a Ulises:

-Qué hago, es de noche y estoy viva. Estar viva me está matando poco a poco, y estoy toda alerta en la oscuridad.

Hubo una pausa, llegó a pensar que Ulises no había oído. Entonces él dijo con voz calmada y apaciguante:

-Aguanta.

Cuando colgó el auricular, la noche estaba húmeda y la oscuridad suave, y vivir era tener un velo cubriendo el pelo. Entonces con ternura aceptó estar en el misterio de ser viva.

Antes de acostarse fue a la terraza: una luna llena estaba siniestra en el cielo. Entonces se bañó toda ella en los rayos lunares y se sintió profundamente tranquila.

Poco a poco fue adormeciéndose de dulzura, y la noche estaba bien adentrada. Cuando la noche madurase vendría el velo más lleno de brisa de madrugada. Mientras tanto, estaba delicadamente viva, durmiendo.


Clarice Lispector – Aprendizaje o El Libro de los Placeres




jueves, 26 de junio de 2014

De los paisajes sagrados





Y, sin embargo, en esta experiencia del espacio profano siguen interviniendo valores que recuerdan más o menos la no homogeneidad que caracteriza la experiencia religiosa del espacio. Subsisten lugares privilegiados, cualitativamente diferentes de los otros: el paisaje natal, el paraje de los primeros amores, una calle o un rincón de la primera ciudad extranjera visitada en la juventud. Todos estos lugares conservan, incluso para el hombre más declaradamente no religioso, una cualidad excepcional, “única”: son los “lugares santos” de su universo privado, tal como si este ser no religioso hubiera tenido la revelación de otra realidad distinta de la que participa en su existencia cotidiana…

Mircea Eliade – Lo sagrado y lo profano





jueves, 27 de febrero de 2014

De otros tiempos






El administrador le entregó la correspondencia. Metió el resto en el saco y lo volvió a cerrar. El médico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres miró al coronel. Luego miró al administrador.

-¿Nada para el coronel?

El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza:

-El coronel no tiene quien le escriba.

Contrariando su costumbre no se dirigió directamente a la casa. Tomó café en la sastrería mientras los compañeros de Agustín hojeaban los periódicos. Habría preferido permanecer allí hasta el viernes siguiente para no presentarse esa noche ante su mujer con las manos vacías. Pero cuando cerraron la sastrería tuvo que hacerle frente a la realidad. La mujer lo esperaba.

-Nada –preguntó.

-Nada –respondió el coronel.

El viernes siguiente volvió a las lanchas. Y como todos los viernes regresó a su casa sin la carta esperada. “Ya hemos cumplido con esperar”, le dijo esa noche su mujer. “Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años.” El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos.

-Hay que esperar el turno –dijo-. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés.

-Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería –replicó la mujer.


Gabriel García Márquez - El coronel no tiene quien le escriba




sábado, 8 de febrero de 2014

Melancolía






Tu imagen melancólica
en el cristal tan tenue
borrado por la lluvia
es la imagen de un niño
que aún se asoma a su adentro
buscando a tientas la quebrada imagen
de lo que quiso ser.

José Ángel Valente – Retorno





- La fotografía la hice en la Plaza Mayor de Valladolid, este verano pasado.




jueves, 16 de enero de 2014

El hombre y la sombra






Esa noche, al apagar la luz, Santiago Pardo se disolvió en la sombra como si alguien hubiera dejado de pensar en él. Por eso cuando sonó el teléfono su cuerpo y su conciencia cobraron forma otra vez, y buscó la luz y descolgó el auricular para descubrir en seguida que se trataba de un error. “¿Mario?”, dijo una voz que aún no era Nélida, y Santiago Pardo, sintiendo de un golpe toda la humillación de haber sido engañado, contestó agriamente y se dispuso a colgar, pero la mujer que hablaba no pareció escucharle. “Soy yo, Nélida”, dijo, y hubo un breve silencio y acaso otra voz que Santiago Pardo no escuchaba. “Te he estado esperando hasta media noche. Imagino que se te olvidó que estábamos citados a las nueve.” No pedía, y tampoco acusaba, sólo enunciaba las cosas con una especie de irónica serenidad. El otro, Mario, debió urdir una disculpa inútil, una prolija coartada que no alcanzaba siquiera la calidad de una mentira, porque Nélida decía sí una y otra vez como si únicamente el desdén pudiera defenderla, y luego, abruptamente, colgó el teléfono y dejó a Santiago Pardo mirando el suyo con el estupor de quien descubre su mágico don de transmitir voces de fantasmas.


Antonio Muñoz Molina, El hombre sombra




- La fotografía la hice en Burgos, cuando estaba anocheciendo.



miércoles, 15 de enero de 2014

Viajeros





Una conspiración secreta justifica los libros, los que escribimos y los que leemos. Quien lee es tan poseído como quien escribe, y también, al leer, nada nos maravilla tanto como el descubrimiento de lo que ya sabíamos. Cada día nos roza la convicción platónica de que aprender es recordar, y de que todo amor y toda amistad encubren un reconocimiento, el de las dos mitades escindidas que se encuentran después de un largo destierro en el acto mutuo de la posesión.


Antonio Muñoz Molina



-Esta fotografía la hice en Almazán, un pequeño pueblo de Soria.




sábado, 11 de enero de 2014

Ensoñación con mujer






Ayer, a la hora del anochecer, vi a una mujer sentada sobre las gradas del templo.

La miraban dos hombres sentados, uno a su derecha y a su izquierda el otro.

Observé asombrado que su mejilla derecha estaba pálida y rosada la otra.


Khalil Gibran, Sobre las gradas del templo



- En la imagen, la mujer está paseando por el claustro del monasterio leonés de San Isidoro.





martes, 3 de diciembre de 2013

Dorada y adorada Salamanca




Salamanca se manifiesta especialmente bella en los atardeceres. Es entonces cuando los rayos de sol empapan la piedra arenisca con que están construidos sus edificios, que adquieren una singular tonalidad dorada. Su Plaza Mayor, bellísima, sigue siendo el punto de encuentro de las gentes.

Salamanca, la ciudad a la que “dora” el sol, la dorada y adorada Salamanca, es esa “jaula dorada y hermosa” que cantó Miguel de Unamuno, que vivió en la ciudad castellana y que tanto la amó.

“¡Oh Salamanca!, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes,
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta, cuando yo me muera,
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo
di tú que he sido.”

Miguel de Unamuno



jueves, 21 de noviembre de 2013

El tiempo sin relojes

Apertura f/11
Tiempo de exposición 1/320 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR




El día que los relojes se pararon Angélica suspiró. Pensó que al fin iba a tener un tiempo para descansar. Se sentía agotada, y sin relojes no podía saber a que hora llegaría Tasio. Tumbada en el sofá, mientras se esforzaba en seguir el último capítulo de “El tiempo entre costuras” que había grabado la noche anterior, se sintió invadida por el sueño. Poco a poco fue cerrando los ojos. Fue algún tiempo después, cuando despertó, cuando sintió que la casa estaba impregnada de un desagradable olor a chumusquina. Reparó entonces, perpleja, en que la pizza que estaba horneando se había achicharrado. Maldita sea, se dijo, lo de los relojes no ha sido un sueño. Todos los relojes de la casa se han parado realmente y también ha dejado de funcionar el temporizador del horno. Ha faltado poco para que saliéramos ardiendo. Ay, Señor, la que he podido liar. Y Tasio tiene que estar ya a punto de llegar. Hoy, si queremos comer, tendremos que picar algo en el bar de la plaza.

Fue él, cuando llegó, quien le dijo que la gente, alborotada, estaba fantaseando acerca del asunto de los relojes, que al parecer había afectado a todo el pueblo. Algunos argumentaban que la culpa la habría tenido la empresa que estaba haciendo prospecciones en el subsuelo buscando donde alojar los sobrantes de gas natural; otros, sin embargo, entre ellos Cándida, la quiosquera, sostenían que era cosa de los americanos, que esa mañana habrían estado espiándolo todo desde sus aviones invisibles. La mujer, a voces, había insistido en que muchas veces, mirando al cielo, había distinguido sus reflejos metálicos entre las nubes. Lo que pasaba, a fin de cuentas, había sentenciado la portera, siempre en palabras de Tasio, era que en estos tiempos de locura la modernidad estaba corriendo tanto que hasta los relojes, derrotados de puro esfuerzo, estaban dejando de funcionar.




-Esta fotografía la hice en Oña, un pueblecito de Burgos, hace algunos meses. El edificio del fondo es el monasterio de San Salvador. Hace algún tiempo debí subir la imagen en color. Ahora la he editado de nuevo y la he trabajado solo en escala de grises...


viernes, 13 de septiembre de 2013

Tarde de domingo en Castilla

Apertura f/11
Tiempo de exposición 1/80 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR




Solamente silencio a lo largo del camino…

Alessandro Baricco, Seda




¡Que tristes son los caminos
polvorientos, por la tarde!,
el sol, los dora, no sé
cómo, ni nadie lo sabe…

Juan Ramón Jiménez, La tristeza del campo