Psicostasia - Juicio de los muertos
Ante Isis y Neftis, el corazón del difunto está siendo pesado.
En el otro platillo de la balanza se ha colocado una estatuilla coronada por una pluma que representa a la diosa Maat.
Sigue los dictados de tu corazón durante el tiempo de tu existencia,
no cometas excesos en relación con lo que está prescrito,
no abrevies el tiempo de seguir los dictados de tu corazón.
Desperdiciar el momento de acción del corazón es la abominación de la Ka.
No desvíes tu acción cotidiana
de manera excesiva en el mantenimiento de tu casa.
Las cosas advienen, sigue al corazón.
Las cosas no aprovecharán al negligente.
Ptahhotep (Libro de enseñanzas)
Comentarios
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Ptahhotep fue visir de Djedkare-Isesi, faraón de la V dinastía (mediados del tercer milenio a.C.).
Los egipcios pensaban que el corazón era el órgano en el que residía la conciencia del hombre. De algún modo, pensaban que el corazón era un vaso capaz de recoger las experiencias de lo sagrado. A través del corazón, el hombre entraba en contacto con lo espiritual. Ese es el motivo de que Ptahhotep nos aconseje que durante los días de nuestra existencia sigamos los dictados de nuestro corazón. El hombre que actúa de acuerdo con su corazón camina hacia lo sagrado, hacia lo espiritual.
A veces, en ciertos momentos, lo sagrado está especialmente cerca de los hombres. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se realizan determinados rituales. Entonces, la conciencia está muy cercana a lo sagrado y el corazón del hombre está “en su momento de acción”. Si el hombre no es consciente de ello y desperdicia ese momento ello supondrá “la abominación de la ka”, es decir desaprovechar la energía inmensa que se encierra en el ka de los hombres.
Nos dice luego Ptahhotep que el hombre que busca lo sagrado no debe desperdiciar su tiempo en el excesivo cuidado de las cosas puramente materiales. No se debe, nos dice, desperdiciar la energía en el excesivo mantenimiento de la casa. Ahora bien, ello no implica tampoco que se debe ser negligente en relación con las cosas materiales: ni pereza, ni agitación, cualquiera que sea el caso, el exceso es siempre una traba. Quien deje abandonadas sus tareas materiales será igualmente indigno de ser un sabio, pues sucumbiría bajo el peso de las tareas no cumplidas por su negligencia.