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domingo, 27 de marzo de 2016

Semana Santa






Dios también vio a su hijo desangrarse en un madero y asistió a su tortura como ningún padre lo hubiera hecho. “Tendrás un lugar junto a mí en el Cielo”, le susurró con las garras de pontífices y escribas ya enganchadas en sus talones. Pero, entre el prendimiento y el Calvario, el Hijo tuvo tiempo de ver malograrse la esperanza. El Padre no estaba allí…


Jesús Carrasco – La tierra que pisamos





martes, 22 de marzo de 2016

De la ciudad y su alma






Hay ciudades que se agotan en su cuerpo. Otras, al contrario, diríase en constante trascendencia de sí mismas: la materia es signo en ellas de ingrávida alma; parecen hechas de sentimiento, de poesía, de nostalgia; ciudades por las que circula un alma casi visible, palpable, que se adentra en ti y se funde a tu vida en un instante, creando en el más recóndito vergel de tu conciencia, la flor del perdurable recuerdo. A este grupo de ciudades pertenece Córdoba.


Ricardo Molina





miércoles, 10 de febrero de 2016

Anochecer





La luz cede poco a poco… El panorama se oscurece lentamente, como un dibujo sobre el cual se acumulan demasiadas líneas. Una campana deja caer el comienzo de la noche. Asustado, palpo mi cuerpo y echo a correr temeroso de disolverme en el crepúsculo.

Juan José Arreola – Confabulario definitivo





domingo, 7 de febrero de 2016

Alegría en la calle





No tenemos tiempo de ser nosotros mismos, sólo tenemos tiempo de ser felices.

Albert Camus





viernes, 5 de febrero de 2016

A propósito del tiempo





El peso de los años, como una piedra antigua, un día caerá del insondable tiempo hasta tus pies. Siéntate si estás echada; levántate si estás sentada y corre a un arroyo de aguas (si las encuentras) puras y transparentes. Inclínate y bebe en la cuenca de tu mano hasta sentir, irrefrenable, la invertida sed del vómito. No manches el arroyo, enjuágate la cara sin ensuciar su cauce. Regresa a tu casa y ayuna hasta el alba siguiente. Guarda toda la orina de la noche y muy temprano riega, con ella, la mata de albahaca. Sin recobrar la juventud, serás más joven.

Héctor Abad Faciolince – Tratado de culinaria para mujeres tristes





domingo, 17 de enero de 2016

Espacios





Ya lo decía el poeta Leopardi: “como el aire llena los espacios entre los objetos, así la melancolía llena los intervalos entre un gozo y otro”.

Héctor Abad Faciolince – Tratado de culinaria para mujeres tristes





domingo, 3 de enero de 2016

Foto de familia





“El ser humano ama la compañía, así sea la de una vela encendida”, escribió Lichtenberg durante un crepúsculo del siglo XVIII. Aunque algunos ermitaños conciben la felicidad como el retiro a un desierto donde se alimentan de raíces, la mayoría de nuestros congéneres son gregarios. El problema es que no siempre encuentran la compañía que desean.

Juan Villoro - ¿Hay vida en la Tierra?





miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ciudad de provincia





En ciertas ciudades de provincia se encuentran casas cuya vista inspira una melancolía igual a la que producen los claustros más sombríos, los páramos más desolados o las ruinas más tristes. Y es que tal vez en esas casas se unen el silencio de los claustros, la aridez de las landas y la osamenta de las ruinas. La vida y el movimiento permanecen en ellas en un estado tal de tranquilidad que se las creería inhabitadas si no fuese porque de pronto se da con la mirada inexpresiva, fría, de una persona inmóvil cuyo rostro poco menos que monástico se alza sobre el alféizar de la ventana, al ruido de un paso desconocido.

Honoré de Balzac – Eugenia Grandet





domingo, 27 de diciembre de 2015

Soledades





Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba un negocio colosal.

El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?

-¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.

-Sí, ¿por qué lo duda?

-Me esperaba al príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.

-A tal alma, tal diablo –contestó-. Vayamos al negocio.

Slawomir Mrozek – La vida para principiantes





martes, 15 de diciembre de 2015

A propósito del amor





Amor s. Insania temporaria curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las cuales ha contraído el mal. Esta enfermedad, como las caries y muchas otras, sólo se expande entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras, que respiran el aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación. A veces es fatal, aunque más frecuentemente para el médico que para el enfermo.

Ambrose Bierce – El diccionario del Diablo





jueves, 3 de diciembre de 2015

Atardecer en la Casa Grande





Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro… Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba entonces que tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios. Quizás por eso elegiste aquella casa, a dos kilómetros de la ciudad, perdida en el campo, sin vecino alguno. Era muy grande para nosotros.

Adelaida García Morales – El Sur





martes, 1 de diciembre de 2015

El Sur





Yo entonces no sabía nada de tu pasado. Nunca hablabas de ti mismo ni de los tuyos. Para mí eras un enigma, un ser especial que había llegado de otra tierra, de una ciudad de leyenda que yo había visitado sólo una vez y que recordaba como el escenario de un sueño. Era un lugar fantástico, donde el sol parecía brillar con una luz diferente y de donde una oscura pasión te hizo salir para no regresar nunca más.

Adelaida García Morales – El Sur





martes, 17 de noviembre de 2015

Judería de Córdoba





Aquél era su pueblo, el lugar en el que había vivido más años de su vida. Formaba parte de ella como una huella genética, era el lugar al que volvía cuando soñaba.

Dolores Redondo – El guardián invisible





miércoles, 11 de noviembre de 2015

Fotógrafos





No eran más que fotógrafos, gente que se dedica a mirar.

Susana Fortes – Esperando a Robert Capa





jueves, 5 de noviembre de 2015

La espera






Había algo en todo aquel juego que la fascinaba. Nunca se había interesado por la fotografía, pero adivinar el movimiento invisible de la mente que elegía el encuadre de cada foto le pareció un ejercicio de precisión absoluta. Igual que cazar.


Susana Fortes – Esperando a Robert Capa





viernes, 25 de septiembre de 2015

Y la vida fue dos...





La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna. Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos. Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.

Eduardo Galeano – Espejos





lunes, 22 de junio de 2015

De las emociones

 
 
 
 
En esta soledad
que sólo puebla
el recuerdo,
estuvo la choza
donde vivíamos
en agosto.
Y por estas lindes
andaban la mula,
el perro
y las gallinas.
 
Todo me lo han cambiado
por un nudo
en la garganta
 
Antonio Hernández – Población del recuerdo
 
 
 
 
 

martes, 9 de junio de 2015

Canción de jinete

 
 
 
 
Córdoba.
Lejana y sola.
 
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
 
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
 
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
 
Córdoba.
Lejana y sola.
 
Federico García Lorca – Canción de jinete
 
 
 
 
 

lunes, 1 de junio de 2015

El sol de Andalucía

 
 
 
 
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
 
Joaquín Sabina – Noches de boda