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miércoles, 5 de marzo de 2014

Cuando soy feliz






Esa noche dormí mejor. Las buenas acciones siempre me producen un raro bienestar. Por eso hago pocas: porque el bienestar es raro o me quita de escribir. Cuando soy feliz, odio escribir, que es lo que más me gusta. Se ve que no es posible ser feliz y hacer lo que a uno le gusta al mismo tiempo. Ésta es una contradicción que la filosofía no ha estudiado suficientemente. No sé quién decía que la gente suele triunfar en lo segundo para lo que está más capacitada, porque para triunfar en lo primero hay que alcanzar niveles de desgracia verdaderamente insuperables…


Juan José Millás – Un raro bienestar




jueves, 9 de enero de 2014

Un cuento con pájaros





Un pájaro negro, con el pico sonrosado (posiblemente un mirlo), entró en su alcoba mientras ella dormía, se dirigió al armario, abrió el cajón de la ropa interior y escogió la más frágil de sus braguitas. Se la llevó y volvió a por un sujetador con el que hacía juego. En siete u ocho viajes había vaciado la gaveta. Luego sustituyó toda aquella lencería por unas imitaciones perfectas, realizadas con hojas de roble, pétalos de flores diversas, porciones de raíces, tallos trenzados y plumones de ave. Cuando despertó, ella no se dio cuenta del cambio y se puso uno de los conjuntos con los que el mirlo había suplantado a los verdaderos. Eligió una camiseta muy ligera, con el escote en pico, por cuyos bordes se veían partes de las hojas de roble, de los pétalos, de las raíces, de las plumas. Al agacharse, dejaba ver el comienzo de sus pechos sostenidos por aquel entramado vegetal. A veces, se le desprendía un plumón, un tallo, una ramita.

En la oficina había un individuo, el director de contabilidad, al que apodaban el Hombre Pájaro porque tenía los ojos muy separados, casi en las sienes, lo que le obligaba a mover la cabeza hacia un lado y otro con movimientos que recordaban a los de un ave. Cuando ella entró ese día en su despacho para hacerle una consulta sobre unos asientos contables, se le desprendió, al inclinarse sobre su mesa, un pétalo del escote y el hombre palideció de amor. Ese mismo día comenzaron a salir y apenas siete meses después se casaron…


Juan José Millás - La ropa interior de las mujeres



viernes, 27 de diciembre de 2013

Un sueño extraviado







El problema de soñar un sueño que no es tuyo es que no sabes dónde entregarlo. No puedes presentarte en la oficina de objetos perdidos diciendo que te has encontrado un sueño perdido. Te tomarían por loco. Así que te lo tienes que quedar, te guste o no. Yo me lo quedé, pero puse un anuncio en el periódico, al que no respondió nadie, diciendo que tenía un sueño que no me pertenecía. He intentado desprenderme de él de mil maneras, pero no encuentro forma de sacarlo de mi cabeza. Hace poco, en un guateque que hubo en la oficina para celebrar que han aumentado las ventas, se lo comenté a un compañero y se rió de mí.


-Si lo has soñado tú, es tuyo –dijo.

No supe como explicarle que no, que no era mío, y desistí de hacerlo. Luego, mientras mi jefe soltaba un discurso de felicitación, comprendí de repente que tampoco aquella vida que llevaba era la mía. Fue como una iluminación. “Estoy viviendo la vida de otro”, me dije. Pero tampoco habría sabido a quién devolvérsela. El caso es que ahora tengo dos cosas que no me pertenecen: una vida y un sueño…


Juan José Millás – Una vida y un sueño





-En estos tiempos que vivimos la fotografía de las chicas jugando en el hielo, que hice hace unos días, siento que me aporta como algo de frescor...