
La señorita C., empeñada en estudiar la trascendencia de lo inútil, terminó reparando en que los besos que resultan más leves son los que nunca se han dado.
Imagen: Antiqva Photo

Todo sugiere que los portugueses consideran a la ciudad de Coimbra la capital cultural de su país. Es una ciudad, dicen, especialmente “romántica”, que destaca por su ambiente “universitario”, cuyos fundamentos se remontarían a los tiempos del siglo XII, cuando –tras la Reconquista- con la construcción de un nuevo puente sobre el río Montego y la erección del monasterio de la Santa Cruz habría de comenzar una etapa de esplendor para la ciudad.
La Universidad de Coimbra, que hace que muchos consideren a esta ciudad como la “Atenas portuguesa”, habría sido fundada algo después, en 1230, por el rey don Dinis y desde entonces parece que sucesivas generaciones de estudiantes habrían ido perfilando el estilo de vida y la fama de Coimbra.
Con estos antecedentes, cuando visitamos la ciudad en julio pasado la verdad es que uno, esperanzado, confiaba encontrarse con algo similar a nuestra querida Salamanca castellana. Pensábamos que el recorrido por Coimbra iba a ser uno de los “platos fuertes” del itinerario que estábamos realizando por las tierras de Portugal.
Pues bien, nos equivocábamos. A medida que fuimos conociendo Coimbra, tomamos pronto conciencia de que actualmente las huellas de su pasado esplendoroso han quedado diluidas en un contexto de decadencia y suciedad. Nos llamó poderosamente la atención el pésimo estado de conservación de las zonas universitarias “más nobles” de Coimbra: suelos en mal estado, desconchones en las paredes, los azulejos de las paredes rotos en miles de pedacitos… y sobre todo, una sensación inmensa de suciedad y abandono que lo invadía todo.
En fin, que lo más grato que recordamos de Coimbra es el paseo que hicimos por lo que es su centro comercial, en donde –al menos- el abandono no es tan evidente. Los monumentos de su casco histórico, por el contrario, tenían adherida una capa de “mugre”, que no dejaba de llamarnos la atención.
El resto de la jornada, ya por la tarde, tras el almuerzo, lo dedicamos a visitar el yacimiento arqueológico de Conimbriga, en donde estuvo asentada la antigua ciudad romana, conocida en sus primeros momentos como Aeminium. Sus vestigios están situados a pocos kilómetros de Coimbra y merece la pena su visita, ya que las partes más nobles de la ciudad, es decir las lujosas mansiones en las que residieron los patricios, han sido adecuadamente restauradas y se manifiestan en un atractivo estado de conservación, adornadas con abundantes jardines.
Pudimos completar la visita a las propias ruinas de Conimbriga con la que realizamos también a su modesto pero atractivo museo arqueológico, en el que –como siempre que tenemos ocasión- compramos una pieza cerámica, con cuya imagen hemos “ornamentado” estas palabras. Se trata de una lucerna romana de barro, de una sola piquera, que nos brinda uno de los temas usuales en este tipo de piezas: una diosa alada que porta una gran espiga en su mano izquierda y nos enseña una medalla que sujeta con su mano derecha. Todo ello es símbolo y deseo de prosperidad y lo usual es que en la medalla existiera alguna inscripción confirmatoria de ese deseo.
En suma, no nos gustó nada el estado de conservación del casco histórico de Coimbra; nos llamó la atención la razonable “buena presencia” de algunas de las villas más nobles de Conimbriga, y nos encantó –finalmente- la bella lucerna de barro que pudimos adquirir en su interesante museo arqueológico.
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