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martes, 11 de junio de 2013

Cebollas para unas nanas

Apertura f/3,8
Tiempo de exposición 1/60 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 24 mm.
Compensación de la exposición -2,00



"En la cuna del hambre 
mi niño estaba. 
Con sangre de cebolla 
se amamantaba. 
Pero tu sangre, 
escarchada de azúcar, 
cebolla y hambre…” 



Cantadas por Juan Manuel Serrat, las “Nanas de la cebolla” habían sido escritas por Miguel Hernández, preso en las cárceles franquistas, en septiembre de 1939. Antes había recibido una carta de su mujer en la que le decía que falta de recursos no comía más que pan y cebolla. Miguel, desde la madrileña prisión de Torrijos, le envió las “Nanas” junto con una carta conmovedora: 

“Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles te mando estas coplillas que le he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme.” 

Las “Nanas de la cebolla” fueron calificadas por C. Zardoya como las más trágicas canciones de cuna de toda la poesía española. Miguel Hernández falleció en la cárcel en 1942. Tenía 32 años.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Campos de Andalucía

Apertura f/22
Tiempo de exposición 1/60 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
.
 
“Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.”

Miguel Hernández, El rayo que no cesa


Acerca de este poema Juan Cano Ballesta decía que a la hora del atardecer, cuando los hortelanos, agotados por el trabajo, volvían al descanso y el amor conyugal, Miguel Hernández sentía más hondamente su soledad “que no conduce al beso aunque es la hora” y veía en el toro que pace en la ribera, “de frente trágica y tremenda”, el espejo o símbolo de su propia existencia alejada en esos tiempos de los gozos del beso y del amor.

La fotografía está tomada en la Andalucía profunda, en el valle del Genil, en las inmediaciones de Cuevas de San Marcos (Málaga).



domingo, 23 de mayo de 2010

DE LAS AUSENCIAS

Imagen: Antiqva



“Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.”



Hubo un tiempo en que en España no había primaveras. Fue entonces cuando, en la cárcel, terminada la guerra, Miguel Hernández (“sólo por amor odiado, sólo por amor…”) habría de escribir “Cancionero y romancero de ausencias”.

Privado de libertad y sintiendo la cercanía de la muerte, Miguel Hernández, con unos versos desnudos, carentes de artificios, nos habló del amor a la esposa y al hijo, de la guerra, de la cárcel, de las heridas de la vida, de la muerte…

Sería entonces, en esos tiempos en que los hombres desconocieron lo que era la piedad, cuando el poeta habría de escribir sus conmovedoras “Nanas de la cebolla”.

Miguel Hernández había nacido el 30 de octubre de 2010. Murió en la cárcel de Alicante, enfermo de tuberculosis, cuando tenía 31 años.


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martes, 4 de noviembre de 2008

MIGUEL HERNÁNDEZ




Preso desde la primavera de 1939, a mediados de septiembre de ese mismo año, por motivos que no conocemos demasiado bien, Miguel Hernández es puesto en libertad.

Arrastrado por el amor hacia su familia, el poeta se dirige a Orihuela, donde muy pronto será de nuevo encarcelado en el seminario de San Miguel, que ha sido convertido en prisión.

En los breves días de libertad Miguel Hernández dirigió una carta a José María de Cossío, en cuya obra sobre los toros había colaborado el poeta en tiempos pasados.

En esa carta, fechada el día 19 de septiembre de 1939, Miguel Hernández, apesadumbrado por la situación económica de su familia, solicita abiertamente la ayuda del escritor, del que presume que ha intervenido en la concesión de su libertad:

“Querido Cosío:

Desde ayer en Cox, no me queda otro remedio que recurrir inmediatamente a nuestra vieja amistad y a sus no muy viejas proposiciones de resolución de la situación mía. Libre de aquella carga que pesaba sobre mí en Madrid, ahora me encuentro atado a la vida de mi libertad frente a mi indefensa familia. Como no me encuentro bien de salud, ya que mi cabeza se resiste a mejorar, no me será posible dedicarme a un trabajo como el que hacía en Espase Calpe a su lado. Pienso en su tierra de Tudanca, y estoy dispuesto a trabajar en ella, a pastorear sus vacas, a lo que sea un trabajo manual, con tal de sacar mi familia, numerosa y necesitada, adelante. Si puede enviarme algún anticipo, o como quiera llamarle, por mi futuro trabajo en su tierra, hágalo sin demora, porque el hambre apremia, y me he encontrado a mi familia bastante agotada de salud y de recursos. No he podido aclarar con Llosent en Madrid de dónde ha provenido el favor de reintegrarme a mi familia. Si me puede orientar, aunque presumo que algo hay de parte de su interés, dígame para agradecérselo más todo su interés vigilante por mí...”

Poco después de escribir esta carta, Miguel Hernández volvería a ingresar en prisión. Ya no saldría con vida.

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lunes, 3 de marzo de 2008

HUERTO

Acelgas y habas


Haciendo el hortelano,
hoy en este solaz de regadío
de mi huerto me quedo.
No quiero más ciudad, que me reduce
su visión, y su mundo me da miedo.

Miguel Hernández (El silbo de afirmación en la aldea)


martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

MIGUEL HERNÁNDEZ, HERIDO POR EL RAYO


El rayo que no cesa nos revela por primera vez la inmensa herida de su interior poblado de inquietudes y presentimientos, encarnada en el fatídico cuchillo amenazante, símbolo preferido de su cosmovisión trágica, que marca en sangre hasta los temas del amor y de la vida...

“Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida.”

La angustia y el desasosiego de estos versos iniciales nos recuerdan el momento de grave crisis ideológica y estética en que fueron escritos...

Aquel Miguel Hernández del que decía Neruda:

“Me traías...
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares...”

Pronto se sentirá en Madrid internamente desgarrado entre dos modos muy dispares de ver la realidad y de entender la poesía. El acercamiento a Neruda, Alberti, Aleixandre, provoca hacía fines de 1935 casi la ruptura con Ramón Sijé y todo lo que él significaba: catolicismo, lecturas del Siglo de Oro, gusto clásico, conservadurismo político. Si el 8 de febrero de 1934 en La Verdad de Murcia Miguel alentaba a los campesinos al trabajo y a no dejarse cegar por la “ira envidiosa” en un artículo que casi parece el panfleto de un partido agrario conservador, en el otoño de 1935 comienza a entender “la trágica vida del campesino”, que trabaja diecinueve horas diarias y que cita indignado las palabras de un político que había declarado: “la gente del campo tiene para vivir suficientemente con tres pesetas”. En año y medio ha tenido lugar un vuelco total de sus actitudes...

Juan Cano Ballesta (Miguel Hernández. El hombre y su poesía)

EL RAYO QUE NO CESA


Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida.

Rayo de metal crispado
fulgentemente caído,
picotea mi costado
y hace en él un triste nido.

Mi sien, florido balcón
de mis edades tempranas,
negra está, y mi corazón,
y mi corazón con canas.

Tal es la mala virtud
del rayo que me rodea,
que voy a mi juventud
como la luna a la aldea.

Recojo con las pestañas
sal del alma y sal del ojo
y flores de telarañas
de mis tristezas recojo.

¿A dónde iré que no vaya
mi perdición a buscar?
Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.

Descansar de esta labor
de huracán, amor o infierno
no es posible, y el dolor
me hará, a mi pesar eterno.

Pero al fin podré vencerte,
ave y rayo secular,
corazón, que de la muerte
nadie ha de hacerme dudar.

Sigue, pues, sigue cuchillo
volando, hiriendo. Algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía.

Miguel Hernández (El rayo que no cesa)

viernes, 14 de septiembre de 2007

COSSÍO Y MIGUEL HERNÁNDEZ


Miguel Hernández, que había nacido en 1910, murió en la cárcel de Alicante el día 28 de marzo de 1942. En la primavera de 1934 el poeta había llegado por segunda vez a Madrid, buscando un puesto en el mundo de la poesía. Para cubrir sus gastos trabajaba para José María de Cossío, que le había encargado recabar información y redactar historias de toreros con destino a la obra que estaba preparando.

Miguel Hernández tuvo así una relación de dependencia y amistad con Cossío, de modo que cuando en septiembre de 1939 fue liberado de la cárcel por unos pocos días no dudó en solicitar la ayuda de este hombre, en unos momentos en que la familia del poeta pesaba por penalidades económicas insufribles.

En septiembre de 1949, pocos años después de la muerte de Miguel en la cárcel, José María de Cossío se ocupó de que la editorial para la que Miguel había trabajado, Espasa Calpe, publicase una edición de El rayo que no cesa que él mismo habría de prologar.

El libro tiene una dedicatoria inquietante:

“A ti sola, en cumplimiento
de una promesa que habrás
olvidado como si fuera tuya.”

Del prólogo de Cossío destaca –estamos en momentos muy duros del franquismo- la valiente presentación de Miguel Hernández:

“Miguel Hernández había nacido en Orihuela. Fue un auténtico educador de sí mismo. Criado en la humildad honrada de un hogar de cortísima fortuna, su afán de espiritualidad, aún más que de cultura o saber, le hace intimar con religiosos y con los hombres de letras que sienten inquietudes intelectuales en su ciudad natal. De este contacto y relación nació El Gallo Crisis, que, entre las revistas excéntricas que vieron la luz aquellos años anteriores a nuestra guerra, ocupa un lugar distinguidísimo.

En 1935 llega Miguel Hernández a Madrid e intima con lo más granado y conocido de la poesía y la literatura de aquellos momentos. En Cruz y Raya publica un auto sacramental que revela a los atentos la aparición de un poeta de excepcional fuerza y valía. Y en efecto, Miguel Hernández prueba ser el poeta de más fuerte personalidad y dd mayor aliento de toda su promoción.

En Madrid le sorprende la guerra, y su torbellino le arrebata, como arrebató a todos los españoles. No es una advertencia, preliminar de unos versos, el lugar de hacer la biografía del poeta. Tengo contraído conmigo mismo el compromiso de escribirla con la extensión y cuidado que merece. Su conducta exaltada en el conflicto fue digna del respeto de todos, por su humanidad y limpieza. Así fue reconocido unánimemente, y si la muerte no hubiera truncado la vida que había respetado la guerra, sin duda que hoy oiríamos su canto de poeta libre en esta misma España presente siempre en su verso y en su vida. Los mismos brazos piadosos que le asistieron en su iniciación espiritual recogieron su aliento último en aquel mismo Levante, su cuna y su sepultura.

La importancia de la obra de Miguel Hernández y su influencia en la poesía española posterior piden estudio detenido y completo. Lo mismo que a su biografía, me ilusiona dar cima a este estudio para el que me abonaría tan sólo la amistad entrañable que en toda vicisitud y en toda circunstancia me unió al poeta. Hoy, al frente de este libro, el más puro y desinteresado de sus frutos poéticos, quiero tan sólo dejar con su noticia, mi recuerdo más conmovido y cordial.

José María de Cossío.”

Miguel Hernández (El rayo que no cesa)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

POEMAS PARA UN HIJO


En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hernández intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades españolas. Así comienza su larga peregrinación por cárceles: Sevilla, Madrid. Difícil imaginarnos la vida en las prisiones en los meses posteriores a la guerra. Miguel, con un humor entre amargo y esperanzado, escribe a su esposa el 12 de septiembre de 1939 esta carta conmovedora, que nos revela su hondura humana y la atmósfera singular en que nacieron tantos poemas impresionantes, entre ellos las “Nanas de la cebolla”:

“Estos días –escribe Miguel a su esposa- me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles te mando estas coplillas que le he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos expulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo. Todo se acabará a fuerza de riña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca...”

Juan Cano Ballesta (Miguel Hernández. El Hombre y su poesía)

lunes, 20 de agosto de 2007

MIGUEL HERNÁNDEZ, SÓLO POR AMOR ODIADO

El poeta, en su periplo por las cárceles, había insistido en la profunda injusticia de su desgracia:

“Sólo por amor odiado,
sólo por amor.”

MUERTE DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Detenido de nuevo en septiembre de 1939, tras un breve paréntesis de libertad, Miguel Hernández iniciará un nuevo recorrido por las cárceles de Madrid, Ocaña y Alicante, “hasta que en su indefenso organismo se declara una tuberculosis pulmonar aguda que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible. Entre dolores, acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos, Miguel Hernández se va consumiendo inexorablemente. El 28 de marzo de 1942 expira a los treinta y un años de edad.

Algún fervoroso admirador le ha atribuido aquel hermoso pareado (cuya autenticidad resulta más que dudosa), donde el poeta moribundo se despide cantando la fraternidad con los hombres y con todo lo más bello del universo:

¡Adios, hermanos, camaradas, amigos;
despedidme del sol y de los trigos!”

Juan Cano Ballesta (Miguel Hernández. El Hombre y su poesía)

sábado, 9 de junio de 2007

NANAS DE LA CEBOLLA

Preso en las cárceles franquistas en los momentos posteriores a la guerra civil de 1936, Miguel Hernández, compuso la más triste canción de cuna que jamás se haya escrito.

Su mujer le había hecho saber que pasaban hambre: a veces solo tenían cebollas para comer. En su poema, Miguel Hernánez nos transmite como en esos momentos tan amargos piensa en la risa de su hijo y ello le hace sentirse libre.

La risa del niño, ajeno a todo lo que ocurre, es para el poeta "la luz del mundo": "soledades me quita, cárcel me arranca":

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

"Finalmente, en la carcel compone la mayor parte del "Cancionero y romancero de ausencias" (1938-1941). Miguel Hernández depura de nuevo su expresión, inspirándose ahora en las formas más escuetas de la lírica popular. Así alcanza una nueva cima poética. Otra vez nos habla del amor: ahora del amor a la esposa y al hijo (y es de nuevo un amor frustado por la separación). Otros temas son su situación de prisionero y las consecuencias de la guerra. La desnudez y la concentración formal, unida a la índole del contenido, dan como resultado un libro conmovedor como pocos.
.
De esta misma época son otros poemas entre los que destacan las estremecedoras "Nanas de la cebolla", poema al hijo en que Miguel Hernández, con gesto sobrehumano, aún encuentra fuerzas para pedir la sonrisa"
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Tusón y Lázaro (Literatura del siglo XX).

domingo, 3 de junio de 2007

NO ME CONFORMO


No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.

Besarte fue besar un avispero
que me clava al tormento y me desclava
y cava un hoyo fúnebre y lo cava
dentro del corazón donde me muero.

No me conformo, no: ya es tanto y tanto
idolatrar la imagen de tu beso
y perseguir el curso de tu aroma.

Un enterrado vivo por el llanto,
una revolución dentro de un hueso,
un rayo soy sujeto a una redoma.

Miguel Hernández (El rayo que no cesa)