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viernes, 17 de julio de 2015

Las palabras del mar





Le hablaba ella del mar y eran sus palabras, que le llegaban a él envueltas en el rumor no lejano de las olas, como la letra vaga de un canto de cuna para el alma.

Miguel de Unamuno – La tía Tula





martes, 3 de diciembre de 2013

Dorada y adorada Salamanca




Salamanca se manifiesta especialmente bella en los atardeceres. Es entonces cuando los rayos de sol empapan la piedra arenisca con que están construidos sus edificios, que adquieren una singular tonalidad dorada. Su Plaza Mayor, bellísima, sigue siendo el punto de encuentro de las gentes.

Salamanca, la ciudad a la que “dora” el sol, la dorada y adorada Salamanca, es esa “jaula dorada y hermosa” que cantó Miguel de Unamuno, que vivió en la ciudad castellana y que tanto la amó.

“¡Oh Salamanca!, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes,
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta, cuando yo me muera,
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo
di tú que he sido.”

Miguel de Unamuno



miércoles, 29 de mayo de 2013

Lo real y lo soñado

Apertura f/16
Tiempo de exposición 1/30 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 52 mm.
Compensación de la exposición -0,30
HDR




La realidad no importa; lo que importa es nuestro ensueño.
Azorín, La voluntad


Yo he soñado sin dormir...
Acaso sin despertarme,
Manuel Machado, En sueños


-De razones vive el hombre.
-Y de sueños sobrevive.
Miguel de Unamuno, Sobre la filosofía española



jueves, 23 de agosto de 2012

El sentimiento de la naturaleza

Apertura f/20
Tiempo de exposición 1/2 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 50 mm
Compensación de la exposición  -0,30
HDR
 
 
 
Y yo mismo, ¿cómo podría vivir una vida que merezca vivirse, cómo podría sentir el ritmo vital de mi pensamiento si no me escapara así que puedo de la ciudad, a correr por campos y lugares, a comer de lo que comen los pastores, a dormir en cama de pueblo, o sobre la santa tierra si se tercia? A sacudir, en fin, el polvo de mi biblioteca. Si yo fuera el hombre de libros que me creen los que no me conocen; si yo no anduviera de un sitio a otro, hablando con todo el mundo; si el sol no me hubiera mudado muchas veces la piel de la cara, ¿creéis que podría conservar esta caudal de pasión que a las veces se vierte, dicen, en injusticia? No, no ha sido en libros, no ha sido en literatos donde he aprendido a querer a mi patria: ha sido recorriéndola, ha sido visitando devotamente sus rincones.

Miguel de Unamuno, Excursión, Bilbao (1909)


-La fotografía la hice este verano en una zona de bosque de galería en el río Piedra, en la provincia de Zaragoza. Se trata de un espacio ideal para perderse y aquella mañana venía intentando captar sus saltos de agua produciendo en la imagen eso que llaman “efecto de seda”, es decir, buscando conscientemente que al agua saliera movida, desenfocada, como si fuera seda. 


viernes, 24 de abril de 2009

DEL MEDITERRÁNEO

Imagen: Petita Petitesa



Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.

Se quedan las que se quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las olas, las humanas emociones,
el poso de la espuma.

Leer, leer, leer, ¿seré lectura
mañana también yo?¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

Miguel de Unamuno



-Ayer, día de Sant Jordi, recibí de Petita Petitesa (entrañable amiga y fotógrafa de prodigios) el regalo de esa bellísima flor y de los versos magníficos de don Miguel.

-¡Gracias, amiga, de todo corazón!

“Alguien diría que el Mediterráneo concede a las gentes una sensibilidad especial."





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jueves, 19 de marzo de 2009

ALAMEDAS DE LIBERTAD

Imagen: Antiqva



Corría entonces el año 1971. En aquellos tiempos estaba matriculado en el curso Preuniversitario en el Instituto José Zorrilla, en el turno de noche. Los alumnos simultaneábamos el estudio con el trabajo. Eran los tiempos postreros del franquismo y entre clase y clase los compañeros más concienciados políticamente hablaban con frecuencia de ciertos acontecimientos que en esos momentos se estaban viviendo en Chile. Me refiero a lo que se llamó entonces “Vía chilena al socialismo”, novedosa experiencia surgida de la llegada a la presidencia de ese país de un médico cirujano, Salvador Allende, que declarado marxista estaba arropado por un conglomerado de partidos de izquierda estructurados en torno a aquello que se había dado en llamar “Unidad Popular”.

Recuerdo que entonces, entre clases, algunos hablaban de esas pretensiones de Salvador Allende de nacionalizar la minería del cobre, y de las amenazas de la CIA y de la ITT (multinacional norteamericana), que veían peligrar sus privilegios. No cabe duda de que el conocimiento que aquellos jóvenes teníamos de los problemas chilenos era ciertamente nulo, pero lo cierto es que en el entorno del franquismo en el que nos habíamos criado, sin libertades, una experiencia socialista democrática se nos manifestaba, al menos a primera vista, como algo francamente ilusionante. Y es que como Miguel de Unamuno dejó escrito alguna vez: “Quien a los veinte años no ha sido socialista, es que no tiene corazón…”

Fue pasando el tiempo, y lo cierto es que la utopía chilena no marchó bien. Algunos años después, en 1973, el ejército de ese país, al parecer tradicionalmente democrático, cometió un acto de infamia despiadada alzándose en armas contra el gobierno legítimamente constituido.

Desde entonces, la fecha del 11 de septiembre quedó grabada en mi memoria de manera indeleble. Es sabido que cercado por los militares en el palacio presidencial, Salvador Allende, a las 10:15 de la mañana, dirigió a los chilenos a través de Radio Magallanes su último discurso político. Incluía una frase que cuando la escuche entonces en la radio me produjo una sensación inmensa de pena:

“…Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor...”

Poco después de pronunciar estas palabras, a las 10:30 horas, los carros de combate sublevados comenzaron a bombardear el palacio. Después se uniría la aviación…

Han pasado muchos años desde aquel día desgraciado, sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, cuando paseo por alguna de las grandes avenidas de mi ciudad, sobre todo cuando lo hago por la Avenida del Gran Capitán, en alguno de esos días soleados de primavera, gozando al fondo con las vistas de la cercana Sierra Morena, no puedo sino pensar: “¡Que razón tenía aquel hombre!”

Y es que ahora, pasado tantos años de oscuridad, chilenos y españoles podemos pasear –sintiéndonos algo más libres, sin duda- por esas grandes alamedas que profetizó aquel soñador.
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domingo, 13 de julio de 2008

EN SALAMANCA

Calle de la Compañía (Salamanca)




Hay viejas calles, como la de la Compañía, al pie de palacios y templos dorados por los siglos, en que puede uno ir soñando, en una España celestial, colgada para siempre de las estrellas…

Miguel de Unamuno (Andanzas y visiones españolas)



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viernes, 30 de noviembre de 2007

ESTUDIANTES DE SALAMANCA


De doctos labios recibieron ciencia
más de otros labios palpitantes, frescos,
bebieron del Amor, fuente sin fondo,
sabiduría.

Como en los troncos vivos de los árboles
de las aulas así en los muertos troncos(*)
grabó el Amor por manos juveniles
su eterna empresa.

Sentencias no hallaréis del Triboniano,
del Peripato no veréis doctrina,
ni aforismos de Hipócrates sutiles,
jugo de libros.

Allí Teresa, Soledad, Mercedes,
Carmen, Olalla, Concha, Blanca o Pura,
nombres que fueron miel para los labios,
brasa en el pecho.

Así bajo los ojos la divisa
del amor, redentora del estudio,
y cuando el maestro calla, aquellos bancos
dicen amores.

Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos...

Miguel de Unamuno (Salamanca)

(*) Nos habla el autor de los troncos de madera de los bancos. Hasta tiempos no demasiado alejados las mesas de los estudiantes no eran sino troncos de árboles en los que el alumno apoyaba sus libros. En ese sentido, en la Universidad de Salamanca se ha podido conservar un aula tal y como era en los tiempos en que impartía sus clases Fray Luis de León. Allí todavía están grabados los nombres de las muchachas por las que aquellos estudiantes suspiraron de amor.

domingo, 11 de noviembre de 2007

FUSIÓN


Querría, Dios, querer lo que no quiero:
fundirme en Ti, perdiendo mi persona,
este terrible yo por el que muero...

Miguel de Unamuno (Rosario de sonetos líricos)

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

MORIR SOÑANDO


(Último poema de Unamuno, muerto el 31-XII-1936)


Au fait, se disait-il à lui-meme, il parâit que
mon destin est de mourir en rêvant.
Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX, “La tranquilité”


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Morir soñando, sí, más si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar, nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿Y esto qué enseña?

Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿a qué poner en ello tanto empeño:

aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?

28 –día de los Inocentes- de diciembre de 1936

domingo, 23 de septiembre de 2007

DULCE SILENCIOSO PENSAMIENTO


Sweet silent thought
Shakespeare, Sonnet XXX

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En el fondo, las risas de mis hijos;
yo, sentado al amor de la camilla,
Heródoto me ofrece rica cilla
del eterno saber y entre acertijos
de la Pitia venal, cuentos prolijos,
realce de la eterna maravilla
de nuestro sino. Frente a mí, en su silla
ella cose y teniendo un rato fijos
mis ojos de sus ojos en la gloria
digiero los secretos de la historia,
en la paz santa que mi casa cierra,
al tranquilo compás de un quieto aliento,
ara en mí, como un manso buey la tierra,
el dulce silencioso pensamiento.

Miguel de Unamuno

MIGUEL DE UNAMUNO Y SALAMANCA


Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,
di tú que he sido.

Miguel de Unamuno

lunes, 11 de junio de 2007

MIGUEL DE UNAMUNO

Sierra de Cazorla
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Y yo mismo, ¿cómo podría vivir una vida que merezca vivirse, cómo podría sentir el ritmo vital de mi pensamiento si no me escapara ásí que puedo de la ciudad, a correr por campos y lugares, a comer de lo que comen los pastores, a dormir en cama de pueblo o sobre la santa tierra si se tercia? A sacudir, en fin, el polvo de mi biblioteca. Si yo fuera el hombre de libros que me creen los que no me conocen; si yo no anduviera de un sitio a otro, hablando con todo el mundo; si el sol no me hubiera mudado muchas veces la piel de la cara, ¿creéis que podría conservar esta caudal de pasión que a las veces se vierte, dicen, en injusticia? No, no ha sido en libros, no ha sido en literatos donde he aprendido a querer a mi patria: ha sido recorriéndola, ha sido visitando devotamente sus rincones...
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Miguel de Unamuno (Por tierras de Portugal y España).

lunes, 28 de mayo de 2007

LO REAL Y LO SOÑADO



La realidad no importa; lo que importa es nuestro ensueño.

Azorín (La voluntad)



Yo he soñado sin dormir...
Acaso sin despertarme.


Manuel Machado (En sueños)



- De razones vive el hombre.
- Y de sueños sobrevive.


Unamuno (Sobre la filosofía española)

jueves, 24 de mayo de 2007

GREDOS

Río Pozas, Sierra de Gredos


En mi vida olvidaré una noche en que, durmiendo sobre el santo suelo de mi patria, sobre la tierra misma, en una de las cumbres españolas, me sorprendió antes del alba una tormenta. Viendo ceñir los relámpagos a los picachos de Gredos se me reveló el Dios de mi patria, el Dios de España, como Jehová se les reveló a los israelitas tronando y relampagueando en las cimas del Sinaí. La revelación de Dios baja de las montañas.

Cumbres de Guadarrama y de Fuenfría,
columnas de la tierra castellana,
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cantó García Tassara en su inmortal soneto. Columnas de mi tierra, columnas que sostenéis su cielo: quién nunca se abrazó a vosotras ¿cómo va a sentir la patria?
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Miguel de Unamuno, Excursión (1909)