Diego Marín Galisteo - El vigía
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martes, 26 de enero de 2016
El niño del pozo
viernes, 8 de mayo de 2015
Paisajes y miradas
La memoria y el tiempo, mientras yo recordaba, se habían destruido mutuamente –como cuando dos ríos se unen-, convirtiendo mis recuerdos en fantasmas y confirmando una vez más aquella vieja queja del viajero de que nada sirve para regresar a los orígenes porque, aunque los paisajes permanezcan inmutables, una mirada jamás se repite.
Julio Llamazares – El río del olvido
martes, 14 de abril de 2015
Cuando el mundo renace
Alvaro Cunqueiro – Viajes imaginarios y reales
lunes, 9 de febrero de 2015
En el País de las Hadas
Arthur Machen – La colina de los sueños
lunes, 26 de enero de 2015
Aguas de seda
El mundo se presenta de tal manera que, al contemplarlo, el hombre religioso descubre los múltiples modos de lo sagrado y, por consiguiente, del Ser. Ante todo, el mundo existe, está ahí, tiene una estructura: no es un caos, sino un cosmos; por tanto, se impone como una creación, como una obra de los dioses. Esta obra divina conserva siempre cierta transparencia; desvela espontáneamente los múltiples aspectos de lo sagrado…
Mircea Eliade – Lo sagrado y lo profano
martes, 19 de agosto de 2014
El niño que se perdió en el bosque
El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté:
.¿Qué soñaste anoche?
Me contestó:
-Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta y saliste vos.
Con súbita curiosidad me preguntó:
-Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?
Francisco Acevedo – Memorias de un bibliotecario
martes, 5 de agosto de 2014
Donde las aguas corren...
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.
San Juan de la Cruz – Cántico espiritual
miércoles, 26 de marzo de 2014
Crónica del fin del mundo
El día de la aniquilación el Mensajero me dijo que el clan de los Hombres Rojos iba a ser destruido y que solo nosotros nos salvaríamos. No sabía yo entonces que se sentían atraídos por la belleza de mis hijas y que estaban tramando su plan. Me insistió en que cuando se iniciara el ataque debíamos escapar. No debíamos enfrentarnos a ellos. No debíamos siquiera mirar atrás. Teníamos que olvidarnos de nuestro mundo y huir.
Unos instantes después de que el Mensajero hablara, pude escuchar el trueno de sus Pájaros de Fuego, que ya resonaba sobre la aldea. Al momento comenzaron las explosiones y la ira de las llamas lo arrasó todo. Llamé a gritos a Pies Ligeros y a nuestras hijas. Les pedí que corrieran. Debíamos escapar, sin volver la vista atrás. Sé que mis hijas me oyeron, pero Pies Ligeros, sorda por los truenos, no debió escucharme. Aterrado por lo que estábamos viviendo, sentí que se volvía y miraba como nuestros hermanos estaban siendo aniquilados. Nunca hemos vuelto a verla. Algunos días después, los Hombres del Cielo, cuando nos encontraron, me dijeron que se había consumido en una llama de luz.
Esta noche ellos volverán a hacerme dormir y cuando esté en el mundo de la niebla mis hijas tendrán que soportar otra vez sus abrazos de deseo. Los tres sabemos que cuando pasen las lunas y engendren a sus hijos, el clan de los Hombres Rojos habrá sido sustituido por otro en el que los humanos, que los Hombres del Cielo dicen que serán más sabios, llevarán una sangre nueva.
jueves, 20 de marzo de 2014
Llegó a mi corazón una caricia
Desde el umbral de un sueño me llamaron...
Era la buena voz, la voz querida.
-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?...
Llegó a mi corazón una caricia.
-Contigo siempre....Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.
Antonio Machado - Soledades, galerías y otros poemas
martes, 18 de marzo de 2014
Aquel calor tenue
Ha pasado un rato y la niña, que está cansada por el esfuerzo, se ha distraído unos momentos al escuchar el griterío que se ha formado en el poblado cuando los cazadores han regresado del Gran Arroyo de Aguas Saltarinas. Al volver la cabeza para mirar a los que llegan, sus dientes han soltado el extremo de la piel y en un movimiento involuntario su mano derecha también me ha soltado a mí, con tal mala fortuna que he ido a estrellarme contra su boca.
Con un gesto de dolor y furia, Pies Ligeros, gritando, se ha levantado y, sin pensarlo, me ha lanzado tan lejos como le ha sido posible. La anciana, indignada, se ha alzado también y está emitiendo feroces gruñidos con los que está expresando a la niña su repulsa por la torpeza de su actuación.
Al momento, Pies Ligeros y la anciana han intentado buscarme, pero no es cosa fácil encontrar una lasca de sílex entre tantos cantos rodados como hay en este pedregal. No han tenido suerte. No han sido capaces de verme. Los cazadores, además, han llegado con hambre y ya no hay tiempo para que ellas lo pierdan buscándome.
En este momento, Pies Ligeros no sabe que dentro de cuarenta mil años un hombre, paseando por esta terraza próxima al Gran Arroyo, habrá de encontrarme fortuitamente, sí, a mí, a esa lasca de sílex que ella, gruñendo, ha arrojado tan lejos como su furia le ha permitido. Entonces, cuando eso suceda, el hombre, al tomarme en sus manos, todavía podrá sentir, a pesar del tiempo que habrá pasado, el calor tenue que los dedos de esta niña neandertal han dejado impregnado en mí.
martes, 28 de enero de 2014
Ausencias
He vuelto a tu jardín, a tus nuevos rosales;
allí los mismos pinos y nuestro viejo roble,
pero tu voz no estaba en la luz de la fuente.
Nadie riega las flores ni esparce las semillas,
los pájaros se callan sin tus pasos
y la tierra te invoca con su sed y amargura.
El aire está vacío, la casa está vacía,
sólo madre te busca todavía en los sauces,
y todo me contempla desolado
con la carencia extraña de tus ojos.
Justo Jorge Padrón, Elegía por Justo Jorge Aguiar
miércoles, 2 de octubre de 2013
El nudo del diablo
Tiempo de exposición 1/100 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 75 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Precedidas por Polonia, la Gran Rezadora, una turba de mujeres entonaba con dosis similares de fervor y alegría festiva la oración de las cien Aves María. La tarde caía. Todas sabían que un incierto peligro se cernía sobre Iris e intentaban conjurarlo.
Esa mañana, Iris, adolescente de belleza cobriza, había amanecido con el camisón desabrochado y con el cabello enredado. Cuando Felicia, su madre, al despertarla, la había visto así había recordado que en estos casos todos decían que se trataba de señales de que alguna bruja se había introducido en los sueños y había causado el enmarañamiento. La mujer no intentó desenredar el cabello. Sabía que si lo hacía, su hija corría el peligro de quedar hechizada. La niña no debía peinarse hasta que alguien con conocimiento disipara el conjuro.
Sin perder tiempo, Felicia informó del suceso a la vieja Polonia y esta sostuvo que el modo más fiable de eludir el hechizo era utilizando para deshacer la maraña de pelos una soga en la que se hubiera ahorcado a alguien. Deshaciendo el nudo de esa soga ella podría desenredar sin peligro el cabello de Iris. Bastaría luego con arrojar la soga y los restos del pelo que se hubieran desprendido a un fuego de purificación en el que habrían de consumirse. Nadie en la aldea tenía, sin embargo, una soga de ahorcado de modo que la vieja le dijo que tendría que hacer otro ritual, dirigido ahora, si tenía éxito, a amarrar los testículos del demonio, señor indiscutible de las brujas. Atándolos convenientemente, el conjuro que pesaba sobre la niña sería vencido. Fue así como todas las mujeres de la aldea salieron al campo aquella tarde en procesión entonando las cien Aves María y haciendo nudos en todas las plantas silvestres con las que se fueron topando, espartos, lentiscos, incluso anudando con trapos y pañuelos las ramas de los árboles. Mientras hacían eso, la Gran Rezadora repetía una y otra vez las palabras mágicas de prendimiento:
“Diablo, diablo, de los huevos te ato, hasta el año que viene, no te los desato.”
Cuando anocheció, Polonia desenredó los cabellos de Iris y después las mujeres, entonando ahora canticos desvergonzados, regresaron a la aldea. Felicia se sentía alborozada. El peligro que amenazada a su hija había sido conjurado. Suspirando, agradeció a las mujeres la ayuda que le habían prestado y prometió a Polonia que a la mañana siguiente le regalaría uno de sus gallos.
Sobresaltada con estos sucesos, aquella noche Iris ni siquiera pudo terminar su cena. Algo después, ya acostada, decidió que esa noche no iba a permitir que su primo Héctor, cuando llegase de madrugada para amarla, volviera a enredarla el pelo con sus manos ansiosas de tocamientos y caricias. Desde ahora, se juró, ni siquiera se desabrocharía el camisón.
A Estrella Altair, a quien le gustan las fotografías de las "cosas" de la naturaleza, que suele robarme con frecuencia, y que me había pedido que le contase un cuento...
Ah, y por su inmensa simpatía...
jueves, 19 de septiembre de 2013
Preludio del otoño
Apertura f/16
Tiempo de exposición 1/40 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR
El resto de su tiempo lo consumía en una liturgia de costumbres que conseguía preservarle de la infelicidad. De vez en cuando, en los días de viento, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.
Alessandro Baricco, Seda
lunes, 2 de septiembre de 2013
Crepúsculo
Apertura f/10
Tiempo de exposición 1/200 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,3
HDR
El coronel comprobó que cuarenta años de vida común, de hambre común, de sufrimientos comunes, no le habían bastado para conocer a su esposa. Sintió que algo había envejecido también en el amor.
Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba
-Esta imagen la hice a finales de agosto, cuando estaba anocheciendo, en un campo de maíz en las inmediaciones de la población cordobesa de Palma del Río. En aquel momento, el sol, amenazado por unas nubes que guardaban en sus entrañas todas las lluvias del mundo, desprendía unos tímidos rayos que simulaban una espectacular pirámide de luz. Horas después una tromba de agua causó inundaciones en diversos rincones del Valle del Guadalquivir.
domingo, 28 de abril de 2013
Ayer fue primavera...
Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/250 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 28 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Ayer sábado fue primavera... Luego, al poco, como diría el poeta, todo cambió, y hoy está siendo invierno. Así son las cosas.
Por fortuna, aprovechando que ayer todavía era primavera pude hacer algunas fotografías primaverales mientras hacía senderismo por Sierra Morena...
lunes, 4 de marzo de 2013
Luna en el agua
Apertura f/5,6
Tiempo de exposición 1/160 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 90 mm
Compensación de la exposición -0,70
Tiempo de exposición 1/160 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 90 mm
Compensación de la exposición -0,70
Acaricio
tu boca, con mis dedos acaricio tu boca, perfilo tus labios como si los crease
con mis dedos, como si tus labios existieran ahora por primera vez, entonces, cierro
los ojos y todo se deshace y todo puede comenzar de nuevo, siento que tus
labios nacen cuando yo los dibujo, son mis dedos los que hacen nacer tu boca,
perfilo tus labios y los dibujo en tu rostro, y luego por un misterio mágico
esos labios coinciden plenamente con tu boca, que sonríe debajo de la boca que
mi mano ha creado.
Me miras, me miras de cerca, cada vez más cerca, y jugamos a ser cíclopes que se miran de cerca y nuestros ojos se agrandan, se aproximan, se unen, y respiramos aturdidos, y nos buscamos, nuestros labios se encuentran y luchan tibiamente, apoyando apenas la lengua en los dientes nos mordemos la boca, jugamos en unas oquedades en las que nuestros alientos vienen y van dejando un silencio y un perfume ambiguo. Ahora mi mano quiere tocar tu cabello, acariciar la frondosidad de tu pelo mientras nos besamos sintiendo que nuestras bocas están llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de oscuras fragancias. Y al mordernos, el dolor es dulce, y sin aliento nos sumergimos en un instante breve y terrible, y saboreamos esta muerte pasajera, tan bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Me miras, me miras de cerca, cada vez más cerca, y jugamos a ser cíclopes que se miran de cerca y nuestros ojos se agrandan, se aproximan, se unen, y respiramos aturdidos, y nos buscamos, nuestros labios se encuentran y luchan tibiamente, apoyando apenas la lengua en los dientes nos mordemos la boca, jugamos en unas oquedades en las que nuestros alientos vienen y van dejando un silencio y un perfume ambiguo. Ahora mi mano quiere tocar tu cabello, acariciar la frondosidad de tu pelo mientras nos besamos sintiendo que nuestras bocas están llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de oscuras fragancias. Y al mordernos, el dolor es dulce, y sin aliento nos sumergimos en un instante breve y terrible, y saboreamos esta muerte pasajera, tan bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
(Este texto es una "traducción libre" de una versión italiana de un fragmento del capítulo séptimo de "Rayuela", de Julio Cortazar.)
jueves, 14 de febrero de 2013
El Cañón del río Bailón
Apertura f/10
Tiempo de exposición 1/400 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
Tiempo de exposición 1/400 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Ver todo y no rechazar nada, ni una sola de esas mil transformaciones en que lo absoluto se disfraza, se envilece y se oculta. Soy como un hombre que recoge hierbas medicinales, que parece ocupado en cosas menudas, mientras los árboles se alzan en torno a él,orando.
Rainer María Rilke
martes, 25 de diciembre de 2012
Andrea y los pescadores
Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/200 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Tiempo de exposición 1/200 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Andrea
contempla las aguas que se ondulan con el viento mientras siente el regusto
agridulce que impregna su boca. Después de lo que ha pasado, se siente
intranquila. Es consciente de que todo se ha complicado. Ahora, cuando ya es media
tarde, el sol desciende sobre el horizonte y está a punto de ser devorado por
las suaves barranqueras que llegan hasta las márgenes del lago. Con el reflejo
del astro en las aguas se ha creado una imagen que resplandece y en la que
tienen también cabida las tenues sombras de los árboles. Los tonos rojizos y
verdes, al conjuntarse, brindan una visión de ensueño. Contemplándola, ella
siente que su mente se está sosegando.
Unos
instantes después de hacerlo, se había dado cuenta, angustiada, de que en medio
del lago, en una barca, dos hombres ocupaban las últimas horas de la tarde en
pescar con caña. Todo se había desarrollado de un modo imprevisto y tenía miedo
de que aquellos pescadores hubieran contemplado lo que había sucedido. Luego,
Andrea ha estado sentada en el suelo rocoso más de una hora, intentando captar
algún posible gesto de los hombres que le permitiera intuir que saben algo,
pero esa señal no se ha producido. Ellos, ocupados en la pesca, no parecen
mostrar interés en lo que sucede en las orillas.
Ahora,
el sol está a punto de ocultarse y sus últimos rayos de luz, al incidir en las
nubes, producen unos tonos saturados de rojo que contribuyen con sus reflejos a
brindar una visión espectacular. Antes de irse, ella ha hecho incluso un par de
fotografías con su teléfono móvil. Se ha sentido atraída por esas nubes que
simulan mantenerse a flote sobre las aguas. La silueta oscura de la barca, a
contraluz, con los dos hombres faenando, potencia el dramatismo de la escena.
Tras
tomar las fotografías, Andrea fija su mirada por última vez en los pescadores y
se dirige luego a su coche, que cuando llegaron habían dejado aparcado en el
arranque de la pista forestal que conduce al lago. Sabe que a pesar de todo lo
que ha sucedido en los últimos meses, la ausencia de Alessandro le va a
resultar insufrible. Tiembla al pensar en que no sabe como se lo va a explicar
a los niños.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Manantiales de luz
Apertura f/13
Tiempo de exposición 1/15 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 30 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
.
.
Desde muy joven, a la señorita C. siempre le han atraido los manantiales de los que brotan los versos, y los besos...
jueves, 6 de septiembre de 2012
Campos de Andalucía
Apertura f/22
Tiempo de exposición 1/60 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
.
.
“Por una senda van
los hortelanos,
que es la sagrada
hora del regreso,
con la sangre
injuriada por el peso
de inviernos,
primaveras y veranos.
Vienen de los
esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción,
y van al beso,
y van dejando por
el aire impreso
un olor de
herramientas y de manos.
Por otra senda yo,
por otra senda
que no conduce al
beso aunque es la hora,
sino que merodea
sin destino.
Bajo su frente
trágica y tremenda,
un toro solo en la
ribera llora
olvidando que es
toro y masculino.”
Miguel Hernández,
El rayo que no cesa
Acerca de este
poema Juan Cano Ballesta decía que a la hora del atardecer, cuando los
hortelanos, agotados por el trabajo, volvían al descanso y el amor conyugal,
Miguel Hernández sentía más hondamente su soledad “que no conduce al beso
aunque es la hora” y veía en el toro que pace en la ribera, “de frente trágica
y tremenda”, el espejo o símbolo de su propia existencia alejada en esos
tiempos de los gozos del beso y del amor.
La fotografía está
tomada en la Andalucía profunda, en el valle del Genil, en las inmediaciones de
Cuevas de San Marcos (Málaga).
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