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miércoles, 17 de febrero de 2016

Esa manera de mirar y escuchar





Esa especial sensibilidad para captar las emociones de la gente, esa manera de mirar y escuchar, todo eso la llevó a su profesión: fotógrafa. Mirar la vida a través de una lente la acerca a la realidad, la ve al detalle, pero también la aumenta, la magnifica. En el fondo, es lo que ella hace de manera innata.

Mónica Carrillo – La luz de Candela





miércoles, 21 de octubre de 2015

Los payasos son hombres tristes





Cuando sea mayor, creo que seré payaso –dijo Dill. Jem y yo nos paramos en seco. –Si, señor, payaso –repitió él-. En relación a la gente, no hay cosa alguna en el mundo que pueda hacer si no es reirme; por lo tanto, ingresaré en el circo y me reiré hasta volverme loco. –Lo tomas al revés, Dill –advirtió Jem-. Los payasos son hombres tristes; es la gente la que se ríe de ellos. –Bien, yo seré un payaso de una especie nueva. Me plantaré en mitad del círculo y me reiré de la gente.

Nelle Harper Lee – Matar a un ruiseñor





lunes, 16 de marzo de 2015

De los artificios





Le gustaba mirarlo todo desde lejos, las cosas inmóviles, el tránsito de la luz en los vidrios de la cúpula, y sin que nadie notara su presencia –era tan sigilosa y delgada que sólo un oído muy atento, y ya avisado, podía descubrirla- reclinaba en el cristal la nariz y la frente y dibujaba líneas o palabras en el vaho de su aliento, regresada a un tiempo lentísimo que era el de su infancia, perdida en él, inmune a las voces que la llamaban.

Antonio Muñoz Molina – Beatus Ille





jueves, 26 de febrero de 2015

Caperucita en el palacio





Este domingo pasado el Lobo me invitó a visitar la casa palaciega en la que vive la abuela de Caperucita (eso de que malvive, abandonada por todos, en una casita en medio del bosque es un puro cuento). Después del almuerzo la abuelita y él decidieron echarse a dormir la siesta. A fin de cuentas ya tienen cierta edad y se les veía cansados después de haberme enseñado las cincuenta y tres habitaciones del palacio y los catorce cuartos de baño. Fue entonces, cuando yo, para distraerme, hacía fotos en el salón del baile, cuando llegó Caperucita, cogida del brazo de un guapísimo cazador. Menuda se lió cuando ella escuchó los aullidos del Lobo y los gemidos de su abuelita.





domingo, 22 de febrero de 2015

La mirada





Mis padres se pasaron la vida pensando en el día de mañana. Tú piensa en el día de mañana; tú ahorra para el día de mañana, me decían. Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los meses y los años y el día de mañana no llegaba.

Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado.

Julio Llamazares – El día de mañana





domingo, 15 de febrero de 2015

Un tiempo de felicidad





La infancia es el lugar en el que habitas el resto de tu vida, pensó Zarza…

Rosa Montero – El corazón del tártaro





viernes, 13 de febrero de 2015

Muchas veces sueña





Confiesa que muchas veces sueña que es niña otra vez, que está amasando pan a su lado, que su abuelo y ella extienden la masa sobre una encimera de piedra, y le fascina la sensación de los dedos deslizándose sobre la masa. En sus sueños, dice, no quieren comer el pan, quieren darle forma, tomar la materia entre las manos y lograr que se convierta en una hogaza redonda e impecable, que el calor volverá crujiente por fuera y esponjosa por dentro. Asegura que el pan de su sueño es idéntico al de su infancia. Y que nunca ha vuelto a ver pan como el de entonces, casi espiritual, conmovedor, un alimento cuyo aroma parecía prometer la prosperidad eterna…

Mario Cuenca Sandoval – Los hemisferios





miércoles, 11 de febrero de 2015

Tiempo de carnaval






A su hijo, Don Cándido Baskardo Lapaza del Divino Cuerpo del Redentor, lo empezaron a llamar de Don desde la cuna. Era un niño ceniciento que miraba a distancia y que nunca aprendió a jugar porque creció vigilado por un ejército de criados de polainas rojas y criadas de pechos aplastados bajo almidones por prescripción de la condesa, y por otros ejércitos de profesores particulares que eran desinfectados en la puerta. A los diez años lo enviaron a Inglaterra y a los quince volvió convertido en lord. Cuando su mayordomo se asomaba a la playa haciendo sonar una campañilla, el pueblo la desalojaba y lo veía llegar escoltado por una guardia personal con uniforme de húsar y tomar un baño vertical. Todo lo que supo de las cosas del mundo lo supo a través de un equipo de jesuitas que instaló en el palacio una dependencia universitaria. Aprendió de memoria los nombres de todas las dinastías y de todos los reyes habidos desde el Diluvio; se convirtió en una autoridad en glorias imperiales, en virreyes, en evangelistas, en conspiraciones, en colonias de indios y de negros, en códigos de esclavitud, en batallas de exterminio y en Cruzadas, pero nunca hizo el servicio militar y moriría creyendo que la Historia se cerró horas antes de la Revolución Francesa.


Ramiro Pinilla – Los cuentos





miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un vacío indiferente





La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia…


Milán Kundera – El libro de la risa y del olvido





lunes, 1 de septiembre de 2014

Imaginando la eternidad





Siempre, nunca, palabras absolutas que no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo. ¿No jugaste, en la niñez, a intentar imaginar la eternidad? ¿La infinitud desplegándose delante de ti como una cinta azul mareante e interminable…


Rosa Montero – La ridícula idea de no volver a verte





viernes, 29 de agosto de 2014

De los goces del Paraíso





Los pobres de espíritu y los ascetas están excluidos de los goces del Paraíso porque no los comprenderían.


Jorge Luis Borges – El libro de los Seres Imaginarios





miércoles, 5 de marzo de 2014

Cuando soy feliz






Esa noche dormí mejor. Las buenas acciones siempre me producen un raro bienestar. Por eso hago pocas: porque el bienestar es raro o me quita de escribir. Cuando soy feliz, odio escribir, que es lo que más me gusta. Se ve que no es posible ser feliz y hacer lo que a uno le gusta al mismo tiempo. Ésta es una contradicción que la filosofía no ha estudiado suficientemente. No sé quién decía que la gente suele triunfar en lo segundo para lo que está más capacitada, porque para triunfar en lo primero hay que alcanzar niveles de desgracia verdaderamente insuperables…


Juan José Millás – Un raro bienestar




domingo, 2 de marzo de 2014

Tiempo de carnaval






Santiago Nasar tenía un talento casi mágico para los disfraces, y su diversión predilecta era trastocar la identidad de las mulatas. Saqueaba los roperos de unas para disfrazar a las otras, de modo que todas terminaban por sentirse distintas de sí mismas e iguales a las que no eran. En cierta ocasión, una de ellas se vio repetida en otra con tal acierto, que sufrió una crisis de llanto. “Sentí que me había salido del espejo”, dijo…


Gabriel García Márquez – Crónica de una muerte anunciada




martes, 25 de febrero de 2014

Una mujer soñada







A Nélida algunas veces podía verla con absoluta claridad, sobre todo después de una noche que soñó con ella. No sus rasgos exactos y no siempre el color de su pelo o la forma de su peinado, pero sí el alto perfil, el paso rápido, sus delgados tacones, la manera lenta y tan dulce que tenía de echar a un lado la cabeza y sujetarse el pelo con una mano mientras se inclinaba para encender un cigarrillo. Lo encendió, contra un fondo de cortinas azules, con el mismo mechero que a la mañana siguiente encontró Santiago Pardo sobre la mesa de noche, y que fue la súbita contraseña para el recuerdo del sueño. Aún en el despertar le había quedado un tenue rescoldo de la figura de Nélida, y para avivarlo le bastaba pronunciar su nombre y recordarla a ella, desnuda, en una habitación de su infancia en la que nada sucedía sino la felicidad. “Aunque sólo sea eso –pensó, enfilando la última calle que debía recorrer antes de llegar a la plaza donde la estatua, y tal vez Nélida, lo estaban esperando-, le debo al menos un sueño feliz.”



Antonio Muñoz Molina, El hombre sombra




lunes, 20 de febrero de 2012

Carnaval en la calle

Apertura f/5,6
Tiempo de exposición 1/250 s
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 105 mm

"En la pared de una fonda de Madrid, hay un cartel que dice: Prohibido el cante.
En la pared del aeropuerto de Río de Janeiro, hay un cartel que dice: Prohibido jugar con los carritos porta-valijas.

O sea: todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega."

Eduardo Galeano