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domingo, 3 de enero de 2010

YO MISMO

Imagen: Antiqva




Yo mismo
me encontré frente a mí en una encrucijada.
Vi en mi rostro
una obstinada expresión, y dureza
en los ojos, como
un hombre decidido a cualquier cosa.

El camino era estrecho, y me dije:
“Apártate, déjame
paso,
pues tengo que llegar hasta tal sitio.”

Pero yo no era fuerte y mi enemigo
me cayó encima con todo el peso de mi carne,
y quedé derrotado en la cuneta.

Sucedió de tal modo, y nunca pude
llegar a aquel lugar, y desde entonces
mi cuerpo marcha solo, equivocándose,
torciendo los designios que yo trazo.

Ángel González (Yo mismo)



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domingo, 1 de marzo de 2009

ESOS DÍAS AZULES...

Imagen: Antiqva



La brisa del mar próximo
abrió un espacio de luz en el invierno.

Regresaban a ti,
en la hora mas triste,
como el milagro de otra primavera
que nunca llegaría,
esos días azules y ese sol de la infancia.

Qué habrán iluminado en tu hondo sentimiento,
qué imágenes de patios olorosos a azahar,
qué perfume a jazmín traerían a tu ensueño
entre un rumor de fuentes
esos días azules…

¿Ensueño todavía, o tan sólo memoria?

No; allá en el fondo de la mar no sueñan
los frutos de oro:
sólo estéril arena, piedras negras,
anémonas amargas, sin aroma.

(Mañana es nunca ya, tal vez pensabas)

Y sin embargo,
piadosa luz,
y muerte más piadosa que la vida,
que detuvo en los lienzos del recuerdo
contigo hacia la sombra,
tan lejanos y claros,
tan imposibles ya,
pero contigo, en ti al fin para siempre

-mañana es nunca, nunca, nunca-

esos días azules y ese sol de la infancia.

Ángel González (A.M.: Recuerdo y homenaje en un aniversario)
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(Antonio Machado, exiliado republicano, falleció en Francia en los momentos trágicos de la Guerra Civil. Fue entonces cuando alguien, en uno de los bolsillos de su chaqueta, encontró un papelito en el que el poeta había escrito el primer verso de su último poema: “Esos días azules y ese sol de la infancia”. Se cumplen ahora 70 años)



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jueves, 1 de enero de 2009

A VECES...

Imagen: Antiqva



Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y se hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Ángel González (A veces, en octubre, es lo que pasa…)

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sábado, 20 de diciembre de 2008

AYER

Imagen: Antiqva


Ayer fue miércoles toda la mañana.

Por la tarde cambió:

se puso casi lunes,

la tristeza invadió los corazones

y hubo un claro

movimiento de pánico hacia los

tranvías

que llevan los bañistas hasta el río...

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Ángel González (Ayer)

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lunes, 11 de febrero de 2008

CAÍDA


Y me vuelvo a caer sobre mí mismo
al vacío,
a la nada.

¡Qué pirueta!
¿Desciendo o vuelo?
No lo sé.

Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
más no me encuentro.
Mi cuerpo ¿dónde está?
Me duele sólo el alma.
Nada grave.

Ángel González (Caída)


jueves, 24 de enero de 2008

DÍAS INCIERTOS


“Ayer fue miércoles por la mañana,
por la tarde cambió, se puso casi lunes…”

De un poema de Ángel Gónzalez, fallecido en días pasados.

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viernes, 18 de enero de 2008

A SUSANA RIVERA



Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.

Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.

Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.

Ángel González (Quise)

domingo, 13 de enero de 2008

ASÍ PARECE



Acusado por los críticos literarios de realista,
mis parientes en cambio me atribuyen
el defecto contrario;
afirman que no tengo
sentido alguno de la realidad.

Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo:
analistas de textos, parientes de provincias,
he defraudado a todos, por lo visto;
¡qué le vamos a hacer!

Citaré algunos casos:
Ciertas tías devotas no pueden contenerse,
y lloran al mirarme.

Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche,
como cuando era niño,
y sonríen contritas, y me dicen:
qué alto,
si te viese tu padre…,
y se quedan suspensas, sin saber qué añadir.
Sin embargo, no ignoro
que sus ambiguos gestos
disimulan
una sincera compasión irremediable
que brilla húmedamente en sus miradas
y en sus piadosos dientes postizos de conejo.
Y no sólo son ellas.
En las noches,
mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba
para agitar ante mi rostro sus manos sarmentosas
y repetir con tono admonitorio:
¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida?

Por su parte,
mi madre ya difunta, con voz delgada y triste,
augura un lamentable final de mi existencia:
manicomios, asilos, calvicie, blenorragia.

Yo no sé qué decirles, y ellas
vuelvan a su silencio.
Lo mismo, igual que entonces.
Como cuando era niño.
Parece
que no ha pasado la muerte por nosotros.

Ángel González (Así parece)