Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta juan ramón jiménez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juan ramón jiménez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de mayo de 2015

La soledad sonora





Vive una mujer dentro de mi carne de hombre;
siete ríos de plata prestan ritmo a mi lira;
la boca se me inunda de un encanto sin nombre
cuando sonríe a la ilusión, cuando suspira…
 
Juan Ramón Jiménez – La soledad sonora
 
 
 
 
 

jueves, 19 de marzo de 2015

Anticipo de la primavera





Como ya las visitas a sus hermanas en el convento le aburrían, otro día, por distraerse, Jonás le pasó a la hermana tornera la Segunda Antolojía de Juan Ramón, libro que tanto leía por entonces, como ya se ha dicho, a modo de obsequio para su hermana Paquita. Y la tornera, hojeando el tomo, dio con aquello de:

“La primavera, niña errática y desnuda…”

Arrojó el libro como alacrán malva, la hermana tornera, y Jonás se lo metió en el bolso, sonriendo, y ya ni siquiera pasó al letárgico refectorio. Volvía por el largo paseo con sol tibio, leyendo al poeta:

“De un incoloro casi verde,
vehemente e inmenso cual mi alma…"


Francisco Umbral – El fulgor de África





miércoles, 28 de mayo de 2014

Retrato en rojo





-¡Cójela, coje la rosa!
-¡Que no, que es el sol!

La rosa de llama,
la rosa de oro,
la rosa ideal.

-¡Que no, que es el sol!

-La rosa de gloria,
la rosa de sueño,
la rosa final.

-¡Que no, que es el sol!

¡Cójela, coje la rosa!


Juan Ramón Jiménez, Rosa última





viernes, 13 de septiembre de 2013

Tarde de domingo en Castilla

Apertura f/11
Tiempo de exposición 1/80 segundos
Velocidad ISO - 200
Distancia focal 18 mm.
Compensación de la exposición -0,70
HDR




Solamente silencio a lo largo del camino…

Alessandro Baricco, Seda




¡Que tristes son los caminos
polvorientos, por la tarde!,
el sol, los dora, no sé
cómo, ni nadie lo sabe…

Juan Ramón Jiménez, La tristeza del campo


miércoles, 29 de agosto de 2012

Fantasías

Apertura f/4,5
Tiempo de exposición 1/20 s
Velocidad ISO – 2.000
Distancia focal 30 mm
Compensación de la exposición  0,00
HDR
.
 Silencioso, el corazón navega,
cual un niño fantástico, por la luna desierta…

Juan Ramón Jiménez - Melancolía, Tercetos melancólicos


La imagen la hice en la sala de oración de la que fue Mezquita Aljama de Córdoba.

 

jueves, 28 de junio de 2012

Viaje con nosotros...


Apertura f/9
Tiempo de exposición 1/2 s
Velocidad ISO – 1.000
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición  0,00
Tomada a mano alzada
  
Somos andarines de órbitas. No podemos llegar a fin alguno...

Juan Ramón Jiménez, Cuadernos.




sábado, 5 de mayo de 2012

Autorretrato en los patios de Córdoba

Apertura f/7,1
Tiempo de exposición 1/40 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 18 mm
Compensación de la exposición  -0,70 
 
 
Me rodean los sueños más claros, más divinos,
jardines inmortales maravillan mis ojos…

Juan Ramón Jiménez



¡Y cuando se extinguieron los llantos del piano,
caí, como una hoja marchita, entre sus brazos,
casi sin vida, herido, de niebla, sollozando!

-…¡Qué tienes! –su voz bella, apagada, me dijo.
-…¡Tengo… que sé yo… nada… el corazón partido…
y he visto lo infinito… y he visto lo infinito!

Juan Ramón Jiménez - Melancolía


Estos días de primavera se está celebrando en Córdoba la fiesta de los patios, lo que nos dio ocasión de hacer el autorretrato que presentamos ahora.

 

martes, 1 de noviembre de 2011

Tarde de otoño

Apertura f/18
Tiempo de exposición 1/60 s
Velocidad ISO – 250
Distancia focal 18 mm
Tonos HDR


Esparce octubre, al blanco movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento.

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina.

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.


Juan Ramón Jiménez

jueves, 11 de noviembre de 2010

LA MALMONJADA

Imagen: Antiqva



Leía un libro de poesía lírica medieval cuando me topé con un poema que me llamó la atención:

“No me las enseñes más,
que me matarás.

Estávase la monja
en el monesterio,
sus teticas blancas
de so el velo negro.

Más,
que me matarás.”

El poema es una composición anónima que pertenece a lo que se ha dado en llamar “ciclo de la malmonjada”, que nos hablaría de los devaneos amorosos de ciertas muchachas que en los tiempos del Medievo, presionadas por sus familias, habrían tomado los hábitos religiosos sin demasiado convencimiento.

En esos amores “ilegítimos” de las siervas del Altísimo encontraría su justificación un “dicho” de la Vieja Castilla que uno, cuando era niño, escuchó decir alguna vez a un invitado que estaba comiendo un plato de cocido que mi madre había cocinado. El hombre, feliz mientras saboreaba los garbanzos, ante la sorpresa de todos, habría de decir: “Uhm…, esto está riquísimo, es teta de novicia…”

Estas reflexiones me hicieron recordar "Libros de amor", poemario de Juan Ramón Jiménez que se publicó hace unos años y en el que llama la atención la sexualidad explícita del poeta. Parte de los poemas nos remiten al periodo comprendido entre 1901 y 1903, cuando Juan Ramón, enfermo, estuvo ingresado en el sanatorio madrileño del Rosario. En esos años, de los más felices de su vida, habría de decir el poeta, tuvo relaciones sentimentales con tres jóvenes religiosas: con la hermana Amalia Murillo, que fue trasladada de inmediato a Barcelona; con la hermana Filomena, y, sobre todo, con Pilar Ruberte.

Veamos algunos de los poemas que consagró a esta última novicia:

“¡Hermana!
Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes
en una profusión sin fin y sin sentido...
era otoño y el sol -¿te acuerdas?-
endulzaba tristemente la estancia
de un fulgor blanquecino...”

...

“Cuando huía, en un vuelo de tocas trastornadas
de la impetuosa voluntad de mi deseo
se refugiaba en un rincón, como una gata...
Pero sus uñas eran más dulces que mis besos...
y en la proximidad ardiente del placer de su carne
me incendiaba el olor de todos sus secretos...”

Todo parece sugerir que los modos de ser de los hombres y las mujeres no han cambiado mucho desde los tiempos medievales…

martes, 12 de febrero de 2008

AMOR




¡Le he visto el cuerpo al sol,
-¡amor!-, el encojido cuerpecillo oscuro
que tiene dentro de su alma en llamas!

Juan Ramón Jiménez (Enero)

martes, 8 de enero de 2008

POETA Y PALABRA



Cuando el aire, suprema compañía,
ocupa el sitio de los que se fueron,
disipa sus olores, sus gestos, sus sonidos
y vuelve único a llenar
el orden natural de su silencio,
él, a cuyo infinito alrededor se ciñen
la medianoche, el mediodía
(horizontes de ausente plata o más allás de oro)
se queda con el aire en su lugar,
dulcemente apretado por la atmósfera
de la azul propiedad eterna.

Puede olvidar, callar, gritar entonces dentro
la palabra que llega del redondo todo,
redondo todo solo;
que el centro escucha en círculo
resuelto desde siempre y para siempre;
que permanece leve y firme sobre todo;
la vibrante palabra muda,
la inmanente,
única flor que no se dobla,
única luz que no se extingue,
única ola sin fracaso.

De todos los secretos blancos, negros,
concurre a él en eco, enamorada,
plena y alta de todos sus tesoros,
la profunda, callada, verdadera
palabra,
que sólo él ha oído, oye, oirá en su vigilancia.
La carne, el alma unas de él, en su aire,
son entonces palabra:
principio y fin,
presente sin más vueltas de cabeza,
destino, llama, olor, piedra, ala, valederos,
vida y muerte,
nada o eternidad: palabra entonces.

Y él es el dios absorto en el principio,
completo y sin haber hablado nada;
el embriagado dios del suceder,
inagotable en su nombrar preciso;
el dios unánime en el fin,
feliz de repetirlo cada día todo.

Juan Ramón Jiménez (La estación total - Poeta y palabra)

-El poeta nos habla del silencio con que se expresa el alma del universo, un alma que es una especie de conciencia general de la humanidad, constituido por la suma de conciencias individuales “de los que se fueron”.

-La actividad poética no sería sino una conciencia vigilante que escucha en la “profunda, callada, verdadera palabra…, que llega del redondo todo”, un “todo” que es el alma del universo.

-El “todo”, en suma, se concreta como la conciencia conseguida “de los que se fueron”, de modo que a través del poeta, que ha escuchado a ese “todo”, se está expresando la “conciencia total” de la humanidad.


domingo, 4 de noviembre de 2007

ETERNO


Yo solo Dios y padre y madre míos,
me estoy haciendo, día y noche, nuevo
y a mi gusto.

Seré más yo, porque me hago
conmigo mismo,
conmigo solo,
hijo también y hermano, a un tiempo
que madre y padre de Dios.

Lo seré todo,
pues que mi alma es infinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.

¡Qué gloria, qué deleite, qué alegría,
qué olvido de las cosas,
en esta nueva voluntad,
en este hacerme yo a mí mismo eterno!.

Juan Ramón Jiménez (La estación total)

- El poeta nos dice que está construyendo sobre su “yo histórico” un “yo eterno”. Aquí está implícita la idea de origen krausista de que el hombre es siempre un hombre en sucesión hacia una perfección que atribuimos a Dios. Vivir es permanente olvido del yo alcanzado ayer y permanente búsqueda de un yo superior para mañana.

Ese “yo último”, construido día a día, puede identificarse con Dios, de modo que el poeta, que es el creador de ese “yo último”, puede llamarse padre y madre de dios, de ese “yo último” que es a la vez hermano e hijo del “yo temporal”.

Fuente: Antología poética de Juan Ramón Jiménez, en edición de Javier Blasco. Cátedra. Madrid (1995).

martes, 16 de octubre de 2007

DULCE OTOÑO


En un otoño dulce, sentado en el jardín,
contemplo como el sol, más allá de la sierra,
tras el jazmín,
se funde con la tierra.

Los pájaros, por miedo de la noche,
bajan de las nubes.
Temen las tinieblas. Presurosos,
los veo entre las ramas.

Mi pensamiento,
clamor de ruidos de pájaros,
preso en la lectura,
volando está en un libro.
Es un poemario.

Anochece,
los pájaros callan,
cierro el libro.
Pienso en los hombres
que soñaron esos versos.
Recuerdo algunos:

Federico,
una España ilusionada,
asesinada;
Juan de la Cruz,
el hombre que alcanzó la Luz;
Góngora,
amigo, cultísimo,
de las bellaquerías;
Dámaso Alonso,
con él me acerco a Dios;
Berceo,
¡esa viejísima Castilla!;
Unamuno,
¡quijotesco don Miguel!;
Machado,
bondadoso maestro,
poeta de los sentimientos;
Ibn Hazm de Córdoba,
cantor del Amor;
Neruda,
las nuevas formas;
Fray Luis de Granada,
nos habló de la quietud;
Miguel Hernández,
perseguido por el rayo
en una España en guerra;
Gustavo Adolfo,
golondrinas, amor, leyendas;
y Juan Ramón,
continuo buscador del yo.

Con las palabras de estos hombres
mi espíritu, libre,
entre los versos vuela,
como el sol en el cielo,
como la luna,
como los pájaros bajo las nubes,
en este otoño delicioso,
en este dulce otoño.

martes, 2 de octubre de 2007

OCTUBRE


Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.

Juan Ramón Jiménez (Sonetos espirituales)

-Como habría de recordar el propio Juan Ramón Jiménez, este soneto impresionó a los hombres de la Institución Libre de Enseñanza y desde luego no pasó desapercibido para el propio Ortega y Gasset. Sus dos tercetos sintetizan a la perfección el meollo de la filosofía que preside al proyecto pedagógico de la Generación de 1914.

domingo, 30 de septiembre de 2007

RENACERÉ YO


Renaceré yo piedra,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo viento,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo ola,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo fuego,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo hombre,
y aún te amaré mujer a ti.

Juan Ramón Jiménez (La estación total)