Por la ventana, encima de la mesa, entraba la tarde madura, y sin embargo adolescente, del otoño. El cielo, de un azul sin mancha, se alzaba falto de gravidez… Se oyó una risa de niño, el ruido de un mueble ligero al caer, otra risa, las voces de una mujer en mitad de la tarde, tersa como la piel de una manzana…
Antonio Gala – El imposible olvido




