Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta juan luis arsuaga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juan luis arsuaga. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de marzo de 2009

LA SANGRE DE LA TIERRA

Imagen: Antiqva



Este sábado, cuando recorríamos el yacimiento minero sevillano del “Cerro del Hierro”, tuvimos oportunidad de acceder a la denominada “Cueva del Ocre”. Allí, en una inmensa oquedad que penetra en el ocre de la tierra, pudimos sentir el pálpito del agua que se filtraba por las paredes chapoteando en unos charcos que nunca llegan a secarse. Alguien nos habló entonces de lo que el ocre significó en los tiempos remotos del Paleolítico, cuando los chamanes, quizás, pensaron que este mineral férrico venía a ser “la sangre petrificada de la tierra”. Gracias al ocre el rubor de la vida parecía retornar a los cuerpos de los fallecidos. No podemos sino recordar las palabras que Juan Luis Arsuaga (que dirige el equipo arqueológico de Atapuerca) pone en boca de un brujo del Paleolítico en su novela “Más allá de la niebla”:

“…la única manera que se conoce de formar parte del Pueblo Eterno después de la muerte es que el ocre sagrado le devuelva a la carne el color de la vida…”
.

jueves, 3 de enero de 2008

EL OCRE Y LA MUERTE EN LA PREHISTORIA

Ocre - Cerro del Hierro, Sevilla

.

Una vez que todas las ceremonias concluyeron, se cavaron tres profundas fosas y en ellas se depositaron los cuerpos de Espiga en Verano, Álamo Temblón y, en medio de los dos, el de la mujer que había dormido con uno de los dos hombres y soñado con el otro durante tantos soles.

Entonces sacaron los hechiceros de sus bolsas de cuero grandes piedras de ocre rojo, que machacaron hasta convertir en polvo. Lo arrojaron luego sobre los cadáveres hasta cubrirlos con una fina capa encarnada que dejaba traslucir sus rasgos, y el chamán principal dijo:

-Con este almagre que es la sangre petrificada de la tierra os devolvemos el rubor de la vida, para que vuestro corazón vuelva a latir en la nueva existencia hacia la que os encamináis.

Entonces empezaron a rellenar de tierra las fosas y los rostros de los fallecidos fueron poco a poco desapareciendo. Cuando terminaron de hacerlo, y antes de irse de aquel lugar, el viejo chamán volvió a hablar…

…la única manera que se conoce de formar parte del Pueblo Eterno después de la muerte es que el ocre sagrado le devuelva a la carne el color de la vida…

Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla – Gata)

.

miércoles, 22 de agosto de 2007

EL BESO

Necesitaba verlo y tocarlo para que desapareciera la sensación de irrealidad que la embargaba. Su boca le decía que sólo un beso es real, que es posible soñar con imágenes y con palabras, pero que no se puede sentir de verdad un beso, ni un abrazo, si no se juntan los cuerpos...

Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla - Suelas de Viento)

miércoles, 8 de agosto de 2007

LOS ENSUEÑOS Y LA PREHISTORIA

Bifaz
.
Estrellas en las Manos, hay otra cosa en la que ese pueblo del norte de que te hablé cree, y de hecho es su única creencia verdadera, aunque yo no acierto a entenderla. Ellos dicen que todo lo que le pasa a la tierra se queda grabado en ella, que nada se pierde en realidad, que todo permanece. Que la tierra tiene memoria y conserva el recuerdo de cuanto acontece, como si se acordara de ello. Es como si las huellas en la arena no se borraran jamás.

-Y creen también, por eso mismo, que algún día vendrá alguien que recuperará nuestra historia. Y que cuando ya no haya renos, ni bisontes, ni mamuts, ni uros, ni caballos, ni cabras, ni leones en este territorio que ahora pisamos, alguien averiguará que lo han habitado. Y aunque los glaciares desaparezcan, y el hielo del invierno se funda en los días largos de los soles altos, vendrá alguien que reconocerá en las rocas el correr del antiguo hielo.

-Y esas personas especiales que existirán dentro de incontables generaciones y que reconocerán nuestra historia en las señales que permanecerán, sin duda serán Soñadores como nosotros, el mismo tipo de Soñadores, aunque los llamen de otra manera. Serán personas diferentes, como tú y yo, que se harán preguntas acerca de lo que no es visible, de lo que está oculto, y descubrirán los secretos de la naturaleza.

-¿Y cómo será eso?- dijo él, pero esta vez preguntaba de verdad, no se estaba riendo de las palabras de la mujer; su tono no era sarcástico, sino ingenio, casi infantil.

No lo sé, Estrellas en las Manos. Ellos creen que en lo más crudo del invierno las palabras que se pronuncian se congelan en el aire, como el agua, como el aliento que sale de la boca y se hace humo, y así se conservan durante todo el invierno, hasta que en la primavera se funden los hielos y entonces pueden escucharse si se presta la debida atención. Supongo que de alguna manera lo que hacemos y decimos también quedará congelado en el tiempo...

Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla - Ojos Glaucos)

viernes, 27 de julio de 2007

SANTUARIOS EN LA PREHISTORIA

Lasca de sílex
.
Para unirse de verdad al terruño el hombre necesita tener lugares sagrados; eso es lo que hemos aprendido de los pueblos que hemos ido conociendo desde que, siguiendo el vuelo de las grullas en el otoño, decidimos emigrar a estos parajes del mediodía. Esta tierra no nos habla, o más bien nosotros no oímos sus voces. Un santuario, Suelas de Viento, eso es lo que necesitamos para que nuestros hijos se sientan también hijos de la tierra que pisan. Esta cueva ha sido nuestro principal refugio y tiene una sala en la que podrías, si quisieras hacernos ese inmenso servicio, pintar figuras de animales para que podamos invocar sus espíritus...

Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla - Los soñadores)

ALTAMIRA

Cuón se adelantó con una antorcha que le pasaron y penetró en la oscuridad. Suelas de Viento y Gata lo siguieron. Detrás iban los demás. Enseguida entraron en un anchurón de techo bajo. Suelas de Viento tomó la antorcha de la mano de Cuón y se fue al centro de la sala. Recorrió con la vista las paredes, despacio, y su cara no se inmutó. Todas las miradas se dirigían a él, expectantes, acechando una palabra o por lo menos un gesto de aprobación. Pero Suelas de Viento no tenía nada que decir. Se lo temía. Ya había pasado antes por esa frustrante experiencia. Pero esta vez era peor. ¡Sentía tanto decepcionar a sus amigos! Pero ¡qué podía hacer! ¿Pintar de cualquier manera, sin ton ni son? Inaccesible e indiferente, el mundo de las figuras a las que él invocaba desesperadamente también parecía estar, como el de los sueños, el de los espíritus y el de los muertos, al otro lado de la niebla.

Entonces, mecánicamente, levantó la vista para completar la inspección y marcharse, derrotado como siempre. La antorcha proyectaba luces y sombras en los relieves del techo. De pronto Suelas de Viento se quedó esculpido, con los músculos del cuello en tensión y el semblante mudado: envueltos en gasas de niebla, al galope, poderosos, venían hacia él. Graves ellos, serenas y tiernas ellas.

Todos notaron el cambio y se interrogaron unos a otros con la mirada en la penumbra de la caverna.

Suelas de Viento se paseaba ahora por la sala y exploraba los bultos del techo con la luz de la antorcha. Luego extendió su mano izquierda para acariciarlos. Se cambió la antorcha de mano y dibujó largos trazos imaginarios con la derecha. Había una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... muchas formas en aquel techo.

Se encontraba como fuera de sí, pintando en el aire. De pronto se detuvo y volvió a la realidad, sonriente y en paz. La obra ya estaba terminada en su cabeza. Se giró hacia Gata, que lo miraba con los ojos llenos de lágrimas y de orgullo.

Nadie decía nasa, hasta que Cuón se decidió finalmente a romper el silencio:

-¿Ves algo, Suelas de Viento?

Él asintió sin despegar los labios, moviendo arriba y abajo la cabeza varias veces.

-¿Qué espíritus habitan la cueva, Suelas de Viento?

Con los ojos húmedos y la voz quebrada, Suelas de Viento respondió:

-Veo bisontes.

Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla - Los soñadores)

domingo, 22 de julio de 2007

ASTRONOMÍA EN LA PREHISTORIA

Sílex
.
... Sin embargo yo creo que además la naturaleza obedece a una ley más profunda e invisible que es aún más potente que las fuerzas de esos antepasados del Tiempo de los Sueños. No sé aún cuáles son las costumbres que gobiernan el mundo, pero percibo que existen. Son normas a las que nada ni nadie puede oponerse y que están en el fondo de todas las cosas. Esas cuerdas que tiran de cuanto existe deben de ser la creación de unos pocos grandes dioses, o tal vez de uno solo.

“Aunque a lo mejor”, añadió para sí, “ni siquiera hay dioses y las cosas son simplemente así desde el principio del mundo”.

-He pensado mucho sobre el tema –prosiguió- y durante un tiempo creí que el sol era el dios jefe. Pero luego me di cuenta de que sigue siempre el mismo camino y por lo tanto también obedece una ley. ¿De quién?

-Pero el sol no siempre sale por el mismo punto, ni se mete por el mismo lugar, ni sube en el cielo tanto en la invernia como en el tiempo de las sombras cortas –contestó Gata, que aunque nunca había reflexionado a fondo sobre ello tenía muy buena cabeza para razonar.

-Es verdad, Gata –se atrevió a llamarla por su nombre, aunque nadie se la había presentado y ella no se lo había dado, y le gustó escuchar el nombre en sus propios labios-. Ya se me había ocurrido, por eso precisamente pensaba que el sol tenía voluntad propia y era libre para decidir su camino, pero luego supe que no era así.

-¿Cómo lo descubriste? –preguntó una Gata, más que interesada, fascinada por la conversación.

-En una ocasión nos cruzamos, me cruce –Piojo se corrigió-, con un viejo hechicero que llevaba tres soles meditando en lo alto de una colina. Los que pasaban cerca le dejaban comida y leña porque todo el mundo sabía que sus visiones eran muy importantes. Pude hablar con él y le pregunté qué estaba mirando. Me contestó que quería conocer cómo giraban los cielos, tanto el diurno como el nocturno, y con ellos las estrellas y el sol. Aquel hombre había seguido sus movimientos, y me contó que cuando nace un sol nuevo en el invierno, sale por un punto y que ese nacedero se va moviendo al alargarse los días, y que se corre hacia la parte del cielo donde están la estrella fija y sus compañeras las estrellas permanentes, las que nunca desaparecen del cielo por la noche. Y que luego, cuando los días empiezan a acortarse, el sol se mueve en dirección contraria, hasta que llega un sol nuevo, que sale por el mismo punto en el que nació el sol anterior, y la historia vuelve a empezar.

-¡Asombroso! Nunca lo hubiera imaginado. ¿Así que, según tú, tampoco el sol es libre?

-No, y ésa es la gran diferencia con nosotros. Yo no creo que nada de lo que nos sucede sea irremediable. Lo que acontece se puede explicar cuando ha ocurrido, pero no hay forma de saber lo que va a pasar porque el mañana no existe; sólo hay ayer y hoy...

.
Juan Luis Arsuaga (Al otro lado de la niebla - Entrambasaguas)