
Si, como estamos considerando, la magia impregnaba la vida en Egipto, en el caso de los niños esa continua presencia de las creencias mágicas era especialmente intensa. Los misterios que rodeaban los conocimientos sobre la concepción de los niños (embarazo, gestación y alumbramiento) y la situación de gran debilidad con que estos llegaban al mundo, sometidos a peligros que amenazaban sus vidas, hacían que la necesidad de ritos mágicos propiciatorios resultase imprescindible. Ante esa necesidad fueron surgiendo diversos prácticas y conjuros que pretendían evitar, por ejemplo, que la mujer quedase embarazada en el acto sexual, o que buscaban pronosticar si la concepción se iba a producir o no. Existían también otras fórmulas con las que se pretendía conocer el sexo del feto que se estaba gestando.
En el primer caso, para evitar el embarazo, las fórmulas mágicas utilizadas pretendían impedir que Hathor, diosa del amor, o Ta-Urt, diosa de la maternidad, intervinieran en el acto sexual. Adicionalmente las mujeres egipcias utilizaban como medios anticonceptivos unos pesarios que se introducían en la vagina y que actuaban como diafragmas muy rudimentarios. Eran también frecuentes las irrigaciones vaginales con esencias de plantas y con estiércol de cocodrilo, algo que nos causa especial sorpresa en nuestros tiempos.
En el Papiro Carlsberg se nos ha transmitido una fórmula curiosísima que permitía pronosticar si el embarazo se iba a producir o no: “Un diente de ajo humedecido... lo tendrá en la vagina toda la noche hasta que amanezca. Si el olor del ajo le sale por la boca es que dará a luz. Si no, es que no dará a luz”.
Otra fórmula también muy llamativa es la que se conserva en el Papiro de Berlín (199), que permitía conocer el sexo del futuro niño: “Medio para saber si una mujer dará o no a luz. Se coloca cebada y trigo, y la mujer los regará todos los días con su orina. Pondrás asimismo dátiles y arena en los dos sacos. Si germinan los dos, dará a luz. Si germina la cebada (antes), será niño. Si germina el trigo (antes), será niña. Si no germina (ninguno), no dará a luz.