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miércoles, 3 de septiembre de 2008

COSAS DE LOS ÁNGELES



I

Aquella tarde, el hombre, sintiéndose indolentemente feliz, sesteaba; era consciente, en su estado de “dormivela”, de que las nubes y la luna habían accedido a iluminar su leve sueño. Se sentía volar.

Durante unos segundos, unas vibraciones hicieron que retornara “al mundo”. Escuchó el ruido que producían los pasitos de la niña, que se acercaba. Sintió su bellísima “energía” cuando pasó junto a él y se dio cuenta de que se había sentado en la cercana mesa de trabajo en la que estaba instalado el equipo informático. El ordenador estaba apagado, de modo que nada podía temer. Durante un tiempo escuchó como ella jugueteaba en el teclado con sus deditos. El hombre, envuelto en las “lunas”, no sabría concretar cuanto duró aquello. Cuando despertó, la niña “de las coletas” ya no estaba. Se le escuchaba, a lo lejos, correteando por el pasillo.


II


Algunas horas después, nuestro hombre, “trasteando” en Internet en los blogs de sus amigos, sintió un pequeño sobresalto cuando llegó a “UN PAÍS EN LA LUNA”:

“Señor –pensó- eso es lo que quería Natacha, conocer los ordenadores de sus amigos…” “Nos está pidiendo, en su última entrada, que nos animemos a colocar una imagen de nuestros equipos en nuestros respectivos cuadernos… ¿quién sabe lo que tramará esta entrañable amiga?”

Pronto, nuestro hombre fue consciente de que no podía sino acceder a esa petición.


III


Fue una de sus hijas la que dio la voz de alarma:

“Mamá, corre, ven a ver esto… Papé ha cogido una bayeta “antipolvo” y un plumero y está limpiando su guarida…”

“Vaya –pensó nuestro amigo-, lo que faltaba…”

Acompañado por el jolgorio de las espectadoras, que no se creían lo que estaban viendo, Antiqva, que emitía sonrisas circunstanciales, proseguía mientras tanto con su abrillantadora tarea, que pronto culminó. Persona detallista, nuestro hombre terminó colocando una nueva y más sugerente imagen “salvapantallas” en la “pantalla” del P.C. y situó, finalmente, junto al teclado, si ese teclado en el que la niña había jugado, algunos detalles decorativos que pudieran resultar apropiados a esa tan curiosa “naturaleza muerta” que pretendía inmortalizar.



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