El hombre, que caminaba abatido, suspiró con fuerza.
Fue entonces cuando algunos vieron como su alma, aprovechando el momento del suspiro, salía de su cuerpo y corría deslumbrado tras los ojos de una mujer con la que poco antes se había cruzado.
Parece que el alma, poseído por una extraña fascinación, nunca regresó, pero cuentan algunos que el hombre, tan abatido, nunca llegó a reparar en ese abandono.
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