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martes, 20 de enero de 2009

EL AMOR Y LOS SUEÑOS

Conjunto arqueológico de Madinat al-Zahra

Imagen: Antiqva



Por fuerza ha de tener todo amor una causa que le sirva de origen. Al hablar de estas causas, empezaré por la más remota de todas las posibles para que la declaración siga su orden, aunque siempre suele empezarse por lo más fácil y común.

Entre estos motivos hay uno que, de no haberlo visto con mis propios ojos, ni siquiera hablaría de él, por su extrema rareza.

La cosa fue así: Un día fui a ver a nuestro amigo Abu-l-Sari Ammar ibn Ziyad, mawla de al-Muayyad, y lo hallé pensativo y muy acongojado. Le pregunte qué le pasaba y, si bien se resistió un tanto a decírmelo, al cabo rompió: “-Lo más raro que nunca has oído.” “-¿Qué es?”, le atajé. Y me contestó: “-Esta noche he soñado con una esclava, y, al despertarme, noté que mi corazón se había ido en pos suyo, y que me había enamorado perdidamente de ella. Por culpa de su amor me veo en el más penoso estado.”

Durante muchos días –más de un mes- continuó acongojado y triste; tan enamorado, que nada le divertía, hasta que al fin yo se lo reproche y le dije: “-No tiene perdón de Dios el que estés pensando en esa nonada y que tengas la imaginación pendiente de algo irreal, que no existe. ¿Sabes acaso quién es?” “-No, por Dios”, me dijo. “-Flaquea tu juicio –le atajé entonces- y cegado está tu entendimiento, si amas a quien nunca has visto, que ni ha sido creado ni anda por el mundo. Si te hubieras enamorado de una de las imágenes de los baños, tendrías más disculpa a mis ojos.” Y no le dejé en paz hasta que se le pasó con grandes fatigas.

Es éste, a mi parecer, un caso de sugestión anímica o de pesadilla, que entra dentro del campo de los deseos reprimidos y de las fantasías del pensamiento.

Ibn Hazm de Córdoba (El collar de la paloma)