Imagen: Antiqva
En Florencia, la ciudad en la que el Renacimiento tuvo su cuna, en la Galería de los Uffizi, se exponen dos creaciones pictóricas que nunca dejan indiferente al espectador. Nos referimos a la “Primavera” y al “Nacimiento de Venus”, de Botticelli.
En Florencia, en los tiempos de los Médicis, creció una corriente de neopaganismo que envolvió la vida de la corte. Tras los tiempos del Medievo venían ahora unos años en que la pasión por la mitología y por las letras de la antigüedad clásica imperaba en la vida. Botticelli, uno de los pintores de la refinada corte humanista de los Médicis, atraído por esos asuntos paganos, habría de renacer en su obra a los dioses antiguos y al simbolismo que los envolvía. Supo, también, el artista encontrar a una mujer, bellísima, que tomó como modelo en las dos obras que antes hemos citado. Hablamos de Simonetta Cattanei, cuyo rostro, envuelto en la emoción, nos remite a un mundo en el que el ansia de conocimiento y la inquietud de la vida estaban entrelazados.
Simonetta, la mujer en la que encontró inspiración Botticelli cuando representó a Venus naciendo de las aguas del mar o a Flora, en el cuadro de “La Primavera”, quedará para siempre como símbolo del Renacimiento. En la obra de Botticelli, esta bellísima y sugerente mujer nos ha transmitido el inmenso secreto del humanismo renacentista, reflejando en su mirada un estado de ánimo embargado a la vez por la sabiduría que brinda el conocimiento y por el sentimiento gozoso de la vida.
.
