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domingo, 14 de junio de 2009

FANTASÍAS



Este domingo, en Andalucía, el cielo estaba encapotado, de modo que Antiqva, al contemplar como las nubes jugueteaban con el sol, decidió salir a dar un paseo por el campo con el ánimo de disparar algunas imágenes.

Estaba en ello, tomando fotos del cielo, cuando reparó en ciertas “yerbas” de las que emergían unas bellísimas “bolas” que de inmediato atrajeron su atención, de modo que nuestro hombre se olvidó de las nubes. Quede constancia de que Antiqva no sabe demasiado de botánica, ni tiene tampoco a estas alturas mayor interés en saber, de modo que no podría deciros el nombre que reciben esos “jaramagos” tan bellos… El interés de Antiqva por las plantas es exclusivamente fotográfico. Es sabido que le encanta tomar imágenes de las flores, pero no se molesta en saber algo de ellas. Solamente algunos comentarios “vuestros” han permitido que uno sepa distinguir, con ciertas dificultades, lo que sea un “diente de león” o una “rosa de alabastro”.




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Pues bien, en esas estaba Antiqva, tomando imágenes de esa sugerente “bola” cuando algo que brillaba en el suelo distrajo de nuevo su atención. Atraído por los brillos dejó de disparar la cámara y tomó en sus manos un trozo de sílex negro que el disco de alguna grada había partido limpiamente en el curso de las habituales tareas agrícolas. La piedra era bella, sin duda, y desprendía un resplandor brillante de un tono negro intenso. Antiqva se la echó al bolsillo.

Al coger el trozo de sílex, por cierto, Antiqva había reparado en que a su lado había una moneda deteriorada, que también tomó en sus manos. Tras contemplarla un momento, sin prestarla especial atención, también la guardó. Pensaba que se trataba de una “peseta” recubierta de óxido. Continuó luego con su paseo, tomando alguna que otra imagen de las flores que salían a su encuentro.

Fue cuando llegó a casa cuando Antiqva tomó conciencia del prodigio. Lavó, con una mezcla de agua y delicadeza, la moneda. Esperaba ver emerger la cabeza de Franco, pero no fue la silueta del viejo “caudillo” la que se hizo visible, sino la de alguien que de perfil nos brindaba una llamativa nariz. Debajo, claramente, se veía una fecha: 1879. En principio, parece que se trataba de una moneda emitida en tiempos de Alfonso XII.

Antiqva, algo tembloroso, se percató de que de nuevo, otra vez, se había topado con la Historia:

-¡Señor –pensaba- como es posible que habiendo salido simplemente a pasear y a tomar imágenes de los cielos, me halla encontrado una moneda de 1879!

Cuando María, poco después, tuvo noticias “del hallazgo” no dudo, por su parte, en exclamar:

-Vaya, otra vez te veo medio loco, como cuando hace tiempo te encontraste aquella vieja moneda romana de bronce… Te veo escribiendo otro cuento.

Y es que María, como la mayoría de los mortales, a este tipo de cosas no le concede especial atención, pero Antiqva, sin embargo…

Amig@s, seamos claros, Antiqva piensa que es bastante mas sencillo, en términos de probabilidades, que a uno le toque la lotería a que se encuentre, a cuatro pasos de su casa, depositada en superficie, en medio del campo, una moneda que circuló en 1879.

Pero claro, diría María, “es que Antiqva no juega a la lotería”.

NOTA AÑADIDA



Después de escribir estas líneas Antiqva ha reparado en que ayer sábado, en el transcurso de otro paseo, estuvo tomando fotografías del Guadalquivir y su entorno. Cuando caminaba por un viejo puente de hierro llamó su atención una inscripción a la que dedicó una imagen. La hemos reproducido. En ella figura, pienso, el nombre de la compañía que habría construido el puente. Se menciona también una ciudad, París, y una fecha, 1885…

¡Ay, Señor –dice ahora Antiqva-, otra sugerente coincidencia...!

En los tiempos en que se colocó esa inscripción en el viejo puente nuestra moneda, de 1879, estaba en pleno uso…!

¡Solo seis años las separan…!

¿Como es posible que Antiqva, ayer, tomase la imagen del puente y hoy haya encontrado la moneda?
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Uno llega a pensar: ¿será que la moneda la encontraron los gatos que Antiqva tiene “arrecogidos” y han sido ellos, agradecidos, los que la han colocado en un lugar visible, junto a una bella “bola” floral y una magnífica pieza de sílex negro, para que su “amigo humano” terminara topándose con ella…?

¿Será que, al fin, los asilvestrados gatos no son sino la encarnación en la materia de ciertas hadas bondadosas…?

Porque si no es así, no lo entiendo…


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