Ella le había pedido al Dios de la Lluvia que las aguas, aquel otoño, se llevaran sus lágrimas.
Él había pensado que si conseguía hablar con ella en sueños quizás pudiera recuperarla.
Mientras tanto, los murmullos que emitían sus almas encontraban su reflejo en los ruidos nocturnos que producían los insectos.
.