Antiqva, perplejo y asustado, viendo que el hombre no se marchaba, descerrojó el fusil y con un golpe seco introdujo la primera bala en la recámara. Luego lo encañonó. Les separaban unos ocho metros. Él hombre, aturdido, le miró… Durante unos interminables segundos no hizo nada… La lluvia los estaba empapando a los dos…
.