
Dice la voz del narrador:
“Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en el mundo subterráneo, donde no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos. Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol...
Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó. Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado.
La princesa olvidó quién era, de dónde venía... Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor. Y al correr de los años... murió.
Sin embargo, su padre, el Rey, sabía que el alma de la princesa regresaría, quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar. Y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar.”
“Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en el mundo subterráneo, donde no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos. Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol...
Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó. Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado.
La princesa olvidó quién era, de dónde venía... Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor. Y al correr de los años... murió.
Sin embargo, su padre, el Rey, sabía que el alma de la princesa regresaría, quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar. Y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar.”
Realidad y fantasía
La acción de “El laberinto del fauno”, película dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, se sitúa a mediados de los años 40 en algún lugar montañoso de España al que llega una mujer y su hija, una niña de nombre Ofelia. La mujer viene para unirse al hombre con el que ha contraído matrimonio, un oficial franquista que en aquellos parajes dirige de manera despiadada la lucha contra la guerrilla republicana.
Ofelia, en su huida de una realidad que se le manifiesta insufrible, tomará contacto, en el mundo de los ensueños, con una criatura insólita, un fauno, que le hará saber que ella, realmente, es la princesa de un reino mágico (el mundo de fantasía que el narrador nos ha presentado) y que sólo podrá regresar a él si consigue superar diversas pruebas a las que tendrá que someterse.
A partir de ese momento, producida la interrelación entre la niña y el fauno, los mundos de la realidad y de los ensueños se irán entrelazando de manera brillante de modo que, finalmente, Guillermo del Toro nos brinda un argumento fascinante en el que la realidad atroz de los rescoldos de la Guerra Civil española y el mundo fantástico en el que se refugia Ofelia consiguen sorprender al espectador.
Hacía ya varios años que una película no me enganchaba del modo que lo hizo “El laberinto del fauno”. Su final –para mi inesperado- me resultó tremendamente evocador de antiguas creencias. Estos días pasados he tenido oportunidad de contemplar de nuevo esta película.
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