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martes, 19 de enero de 2010

EL NACIMIENTO DE VENUS

Imagen: Antiqva



De las abundantes uniones sexuales de una madre y su hijo, de Gea y Urano, de la Tierra y el Cielo, habrían de nacer, primero, el Océano, de remolinos profundos, y más adelante el taimado Cronos y la primera generación de dioses. Cronos, uno de los titanes, doce en total, seis varones y seis hembras, fue el más terrible de los hijos del Cielo y de él decían las ninfas que siempre sintió un odio floreciente hacia su padre. También parió Gea a los Cíclopes, semejantes a dioses pero con un solo ojo en la frente, que fueron arrojados al Tártaro por su padre, Urano, que temía que le arrebatasen su poder. De allí habrían de ser liberados más adelante por Cronos y los Titanes, sus hermanos.

A medida que Gea iba pariendo los hijos que sus frecuentes relaciones con Urano producían este en vez de dejar que salieran a la luz, los encerraba en el seno de la Tierra, gozándose en su mala obra, lo que motivó una creciente aflicción de Gea que, henchida de ellos, suspiraba interiormente y al fin ideó una pérfida y engañosa trama. Según las ninfas contaron al hombre, Gea habría construido una gran hoz de afilado acero y la habría mostrado a sus hijos, a los que con el corazón apesadumbrado les habría dicho:

-¡Hijos míos y de un padre malvado! Si quisierais obedecerme vengaríamos el ultraje inicuo que nos infirió vuestro padre. Él fue el primero en maquinar acciones indignas.

Así se habría expresado Gea y todos se sintieron poseídos por el miedo. Ninguno osaba hablar. Habría de ser el taimado Cronos quien cobrando ánimos habría de responder a su madre veneranda:

-¡Madre! Yo prometo ejecutar esta obra, pues nada me importa nuestro padre de aborrecido nombre. Como tu bien dices, él fue el primero en maquinar acciones indignas.

Tal dijo; y el corazón se le llenó de alegría a la vasta Tierra, la cual ocultó a Cronos, poniéndolo en acecho con la aguda hoz en la mano, y le refirió íntegramente la dolosa trama. Vino luego el gran Cielo, seguido de la Noche; y deseoso de amar, se acercó a la Tierra extendiéndose por todas partes. Entonces el hijo, desde el lugar en que se hallaba apostado, echó la mano izquierda a su padre; y, asiendo con la diestra la grande hoz le cortó en un instante las partes verendas y las tiró hacia atrás. No en balde salieron de su mano: las gotas de la sangre derramada las recibió la Tierra, la cual parió en el transcurso de los años a las tres Furias (Alecto, Tisífone y Megera), divinidades infernales que desde entonces habrían de perseguir sin descanso a los criminales causándoles una eterna angustia; habría también de parir a los enormes Gigantes, que vestían lustrosas armaduras y manejaban ingentes lanzas, y a las Ninfas llamadas Melias en la tierra inmensa......

Las partes verendas de Urano, que habían sido cortadas por su hijo Cronos, fueron arrojadas luego al undoso Ponto, donde durante mucho tiempo fueron llevadas de acá para allá en el piélago. Mucho tiempo después, de esas desgajadas porciones de la carne de Urano, que habían terminado siendo cubiertas por la blanca espuma del mar, habría de nacer una bellísima diosa, que sería conocida por todos como Afrodita y que se encaminó a la isla sagrada de Citera, entre Creta y el Peloponeso, cerca de las costas de Laconia. Desde entonces esa isla habría de verse reflejada en la literatura como un lugar maravilloso consagrado al amor y los placeres. Más tarde la diosa, si hemos de creer a las ninfas, se habría dirigido a Chipre:

“Al salir del mar la veneranda hermosa deidad, brotaba la hierba doquier que ponía sus tiernas plantas. Dioses y hombres la llaman Afrodita, porque se nutrió en la espuma; Citerea, la de hermosa diadema, porque se dirigió a Citera; Ciprogénea, porque nació en Chipre, la isla azotada por las olas; y Filomédea, porque brotó de las partes verendas. Acompañábala Eros y la seguía el hermoso Deseo, cuando, poco después de nacer, se presentó por vez primera en el concilio de los dioses. Tal honra tuvo Afrodita desde un principio y le cupiéron en suerte, entre los hombres y los inmortales dioses, los paliques de las doncellas, las risas, los engaños, los dulces placeres, el amor y las ternezas”.





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