Cuando le hicieron saber que Tasio había fallecido en un accidente, atropellado por un motorista que se había dado a la fuga, Silvia supo que nunca podría olvidarlo. Varios meses de una relación peculiar habían terminado generando claros sentimientos de cariño. Ella, que siempre había presumido de la independencia de su carácter, no pudo evitar llorar por él cuando supo la noticia. También lloró, por las noches, durante las semanas que siguieron al fatal accidente. Pronto tomó conciencia de que con su bondad Tasio la había atrapado. Lamentablemente se había dado cuenta de ello demasiado tarde.
Un par de meses después, cuando el otoño estaba a punto de irrumpir en las vidas de las gentes, todo se complicó. Esa noche Tasio, con sus ojos azules de tristeza, se manifestó en el sueño de Silvia. La mujer, atemorizada, pudo contemplar como él la miraba de frente, muy cerca. Nada sin embargo pudo escuchar. Al poco, la mujer despertó sobresaltada, llorando, con el claro recuerdo de la fantasmagórica visión grabada en su alma.
-¡Por Dios…!, –pensó- que querrá de mi… Por qué se habrá manifestado así… ¡Ay, que ojos tan tristes tenía…!
Aquel día llovió a cantaros, pero Silvia –angustiada por el recuerdo del sueño- ni siquiera reparó en ello.
Hubieron de pasar varios meses y sucesivas apariciones de Tasio para que la mujer se diera cuenta de que cuando el fantasma se le manifestaba, su aparición era una advertencia de que a la mañana siguiente llovería. Silvia reparó en que cuanto más cercana sentía la presencia de Tasio, más intensamente habría luego de producirse la caída celeste de las aguas. Estaba perpleja. No sabía el motivo, pero lo cierto es que antes de llover, la noche anterior, Tasio irrumpía en sus sueños. Siempre en silencio y con los ojos tristes.
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Cuando había pasado más de un año de la muerte de Tasio la mujer decidió consultar con un brujo cubano el asunto de las apariciones nocturnas. El brujo, que se hacía llamar Monsieur Burdeos...
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Cuando había pasado más de un año de la muerte de Tasio la mujer decidió consultar con un brujo cubano el asunto de las apariciones nocturnas. El brujo, que se hacía llamar Monsieur Burdeos...
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