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miércoles, 12 de mayo de 2010

EL FANTASMA DE LOS OJOS TRISTES (Y II)

Imagen: Antiqva



Cuando había pasado más de un año de la muerte de Tasio la mujer decidió consultar con un brujo cubano el asunto de las apariciones nocturnas. El brujo, que se hacía llamar Monsieur Burdeos y que presumía de haber realizado en esa ciudad francesa ciertos estudios de psicoanálisis con un afamado discípulo de Freud, tras llevar a cabo diversos conjuros e invocaciones que habrían atraído al local al espíritu de Tasio, habló:

-Mujer –dijo-, Tasio me ha hecho saber que él siempre tuvo miedo a las lluvias. Sentía pánico cuando las aguas embravecidas de las tormentas caían sobre su cuerpo. Ese miedo a la lluvia le acompaña todavía en su vida en el más allá. Creo –prosiguió Monsieur Burdeos- que Tasio no es consciente de que ha fallecido. Tenga en cuenta –le dijo- que murió en un accidente y es posible que todavía no sepa que está muerto…

La mujer interrumpió al brujo:

-Monsieur –exclamó temblorosa- pero si Tasio murió hace más de un año…

-El tiempo allí no sigue nuestros patrones, señora –fue la respuesta del cubano-. Todo sugiere que Tasio no es consciente de su muerte, por eso sigue teniendo miedo de las tormentas… Teme que el agua empape su cuerpo, como lo temía cuando estaba vivo. Ese es el motivo de que cuando siente que se acerca la lluvia él se manifieste. Debe saber que él la quería de un modo especial. Ahora, él desea protegerla y le anticipa que sucederá eso que el tanto temía: la tormenta, con las aguas resbalando por la piel…

La mujer pagó los cincuenta euros que Monsieur Burdeos percibía por cada sesión de “palabrería”… Con una mezcla de sentimientos alborotados salió a la calle. Antes de llegar a su casa había tomado una decisión.

Así fue como la siguiente vez que Tasio, con sus ojos tristes, se le manifestó en sueños ella reaccionó enérgicamente:

-¡Maldita sea…! –exclamó- ¡Quieres dejarme tranquila de una vez…! ¡Yo no tengo miedo a las tormentas…! ¡Déjame tranquila, Tasio…! ¡Ya está bien de tantas apariciones…! ¡Aléjate, amigo…! ¡Busca la luz…! ¡Quiero vivir en paz…!

Ante las palabras de Silvia el fantasma de Tasio se esfumó de inmediato. La mujer suspiró aliviada.

Desde entonces, Tasio, el gato de los ojos tristes, nunca más volvió a manifestarse en los sueños a Silvia, la mujer que había sido su ama.


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