Declaro formalmente que nací
y que mi padre colocó un cerco de azahar sobre mi boca,
que mamé la leche de los pechos de mi madre
y que era blanca y tibia y blanda y buena.
Le informo, asimismo, con respeto, de que yo tuve una infancia
y de que hollé con mi triciclo
la nieve del invierno en el patio del colegio,
que dos y dos son cuatro y que cuatro y dos son seis.
Prometo que miré a través de los cristales las tardes que llovía
y que mi corazón, como un suicida adolescente,
se arrojo desde mi pecho hasta el polvo de la tierra.
Ítem más que olí las flores y escuché
el canto de las aves que emigraban
y que fui un niño hasta aquel día y desde aquello
a ese día siguió la noche y a la noche el otro día.
Otrosí que mi alma ya era entonces una araña
y que tejió este cuerpo alrededor como una tela
donde el tiempo se apresó y fue devorado.
Le añado que he besado y que he amado, lo confieso,
y que ella era todas y que todas eran ella
y que era blanca y tibia y blanda y buena,
y que, mientras, en lo oscuro, mi hijo duerme
con un ramo de azahar sobre sus labios.
Tomás Gutiérrez Buenestado (Árida bestia, Currículo I)
-El autor, poeta cordobés que alcanzó el doctorado cum laude en “Musarañas y Vestigios” con una tesis sobre “Los Manuales de Adán y sus secuaces”, viene actuando como impertérrito y altivo profesor de “Aliteraciones bajo el ala aleve del leve abanico”. Tras prolongados estudios ha tomado conciencia de que el saber ocupa lugar y de que algún día dejará su cuidado entre las azucenas olvidado.
-Estas notas biográficas están tomadas de ciertos rumores que corren en la calle, de las que se hace eco una reciente edición de su obra poética. Al margen de todo, desea Antiqva dejar constancia de que disfruta del privilegio de ser amigo tanto del hombre que hace muchos años colocó un cerco de azahar sobre la boca del autor como de la mujer de cuyos pechos se alimentó.
y que mi padre colocó un cerco de azahar sobre mi boca,
que mamé la leche de los pechos de mi madre
y que era blanca y tibia y blanda y buena.
Le informo, asimismo, con respeto, de que yo tuve una infancia
y de que hollé con mi triciclo
la nieve del invierno en el patio del colegio,
que dos y dos son cuatro y que cuatro y dos son seis.
Prometo que miré a través de los cristales las tardes que llovía
y que mi corazón, como un suicida adolescente,
se arrojo desde mi pecho hasta el polvo de la tierra.
Ítem más que olí las flores y escuché
el canto de las aves que emigraban
y que fui un niño hasta aquel día y desde aquello
a ese día siguió la noche y a la noche el otro día.
Otrosí que mi alma ya era entonces una araña
y que tejió este cuerpo alrededor como una tela
donde el tiempo se apresó y fue devorado.
Le añado que he besado y que he amado, lo confieso,
y que ella era todas y que todas eran ella
y que era blanca y tibia y blanda y buena,
y que, mientras, en lo oscuro, mi hijo duerme
con un ramo de azahar sobre sus labios.
Tomás Gutiérrez Buenestado (Árida bestia, Currículo I)
-El autor, poeta cordobés que alcanzó el doctorado cum laude en “Musarañas y Vestigios” con una tesis sobre “Los Manuales de Adán y sus secuaces”, viene actuando como impertérrito y altivo profesor de “Aliteraciones bajo el ala aleve del leve abanico”. Tras prolongados estudios ha tomado conciencia de que el saber ocupa lugar y de que algún día dejará su cuidado entre las azucenas olvidado.
-Estas notas biográficas están tomadas de ciertos rumores que corren en la calle, de las que se hace eco una reciente edición de su obra poética. Al margen de todo, desea Antiqva dejar constancia de que disfruta del privilegio de ser amigo tanto del hombre que hace muchos años colocó un cerco de azahar sobre la boca del autor como de la mujer de cuyos pechos se alimentó.