Aquella noche me llegué al café “Papillón” para tomar unas copas. Estaba acodado en la barra cuando ella llegó. Palomares, el regente del “Papillón”, es un viejo amigo. Es un tipo entrañable que ama el blues como solo los locos pueden amar algo. En su local siempre está sonando esa música triste, lo sé desde hace años y ese es el motivo de que un par de veces al mes termine arribando a su barra atraído por la certeza de que en alguna hora inconcreta de la noche, mientras mi cuerpo esté saboreando una copa de licor de café, mi alma tendrá ocasión de escuchar la voz, atormentada por el fuego, de Janis Joplin. Todos sabemos que en el “Papillón”, en algún momento, los blues de Janis Joplin arribarán de quien sabe donde para acompañar a nuestros sueños de alcohol y soledad.
La mujer se había sentado a mi lado en la barra...