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lunes, 6 de septiembre de 2010

DEL JAPÓN Y DE LOS MARES

Imagen: Antiqva



Hace unas semanas, leyendo una entrada en el blog de Susana, entrañable amiga, supe que en el siglo XI había vivido en Japón una mujer llamada Murasaki Shikibu que habría escrito una novela titulada “Historia de Genji”. Uno nunca había escuchado nada acerca de esa mujer pero la defensa que Susana hacía de su obra hizo que me sintiera atraído por ella, de modo que hace unos días me desplacé a la Biblioteca Provincial y consulté si disponían en sus archivos de esa novela.

Resultó que en la base de datos aparecían dos ejemplares de la “Historia de Genji”, pero para mi decepción los dos estaban prestados en ese momento. Hice otra consulta y finalmente me facilitaron una obra titulada “Libro de Amor de Murasaki - Poesía de la historia de Genji”, libro editado por Alberto Silva que según pude comprobar brindaba una colección de poemas que estarían engarzados en la novela de Murasaki Shikibu.

Varios de esos poemas me atrajeron especialmente. Veamos algunos:

“tú que compartes
los mismos sentimientos
podrás entender, mejor que nadie,
cuánto me arrastra
el viento de la tarde de otoño”

“si el barco no amarra
ni hay cita en el muelle,
entonces, mañana,
el hombre que espero
llegará de vuelta”

He de reconocer que la lectura de este libro de poemas, comentados con rigor por Alberto Silva, que va explicando en cada caso el ambiente de la novela en el que cada poema se integra, me ha brindados bellos momentos de disfrute y reflexión. Aquel mismo día, en mi visita a la biblioteca, me hice también con un ejemplar de “Océano mar”, de Alessandro Baricco. Se trata de una novela que en una primera ojeada me pareció compleja por ir desarrollando tramas diversas que se insertan todas ellas en ambientes marinos. Pensé que esta obra me podría resultar idónea para leerla en las orillas del Mediterráneo, donde íbamos a pasar unos días de vacaciones.

Como uno, a veces, actúa movido por desconocidos impulsos, “Océano mar” se quedó finalmente en lo alto de la mesita del dormitorio, aguardando turno para su lectura. Había decidido, al fin, llevar a la playa, “Tartessos”, una novela del historiador Jesús Maeso que evoca las andanzas de las gentes de aquel mítico Reino del Fin del Mundo, en los tiempos en que reinaba Argantonio. La novela describe con interesantes detalles históricos los viajes de los tartesios (los antiguos andaluces) a las islas Casitérides (Gran Bretaña) en busca del estaño que necesitaban para fabricar los productos de bronce, atravesando las aguas tenebrosas del Océano. También se ocupa de los ambientes de las costas del Mediterráneo Oriental (Grecia y Fenicia) en donde se desarrolla una buena parte de la acción. Compré “Tartessos” hace varios años y siempre había encontrado excusas para demorar su lectura. Posiblemente porque tiene casi 500 páginas y a uno, a estas alturas, los libros de dimensión desmesurada le producen ciertos sudores. La novela, aunque muestra una trama un tanto repetitiva (marinos antiguos que van recalando por diversos lugares de las costas atlánticas y mediterráneas) me está resultando interesante, sobre todo, porque por su carácter de novela añade algo de vida a lo que sería pura historia. A veces, a la historia le falta la vida y una buena novela histórica puede aportarla. No puedo sino evocar ahora aquel magnífico estudio sobre “Tartessos” publicado en 1922 por Adolf Schulten, el arqueólogo alemán que abrió la visión de nuestra historia acerca de los orígenes de Andalucía. Conservo, como “oro en paño”, una edición publicada hace demasiado tiempo en la prestigiosa Colección Austral.

Cuando regresamos en estos días pasados de las costas de Málaga, bien aprovisionadas las mochilas digitales con multitud de fotografías de mares e hibiscos, decidí que podría dedicar algo de tiempo a “fabricar” uno de esos cuadernos de fotografías que de vez en cuando hago llegar a las personas que habitualmente dejáis vuestros comentarios en el blog, personas a las que considero amigas. En esta oportunidad, las palabras serían algunos de esos poemas japoneses del libro que venimos comentando.

Por cierto, la imagen que ilustra esta entrada corresponde a la decoración de una vieja caja japonesa de madera que ha estado desde siempre en la casa familiar de María. Nadie recuerda hoy las circunstancias en que esa bella caja llegó a la casa… Siempre la han visto en ella…